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6 min
La antesala del miedo
Suspense |
28.07.11
  • 4
  • 8
  • 2909
Sinopsis

Un escritor, acostumbrado a lidiar con el terror en la literatura, conocerá la sensación del miedo; aunque todo sea un McGuffin.

La emoción más antigua y más fuerte experimentada por el ser humano, es el miedo (Lovecraft). A Manuel, le arrancó el sueño el espectro de la resaca que visitó su almohada a altas horas de la noche. Hacía poco se dejó por clausurada la fiesta para celebrar por todo lo alto el éxito de la última novela, en su chalet de La Moraleja y aún sentía las nauseas de la bebida y un pesado dolor de cabeza cuando se desveló al fin. Se giró, se desperezó y rozó, en la oscuridad, algo que parecía papel tendido sobre las sábanas. Era un periódico, sin duda. Alcanzó el tirador de la lamparilla y alumbró tenuemente el cuarto, al deslizar sus dedos por la cadena para luego desplegar “El eco del pueblo”. Sintió un agradable calorcillo en el pecho. Un boceto, de dibujo seco y nervioso, representaba a un niño y se extendía un artículo a través de la página, en tres columnas. En grandes titulares: “El fin de la inocencia. El niño como un psicópata en el último éxito literario de Manuel Oliver”. Su mirada corrió al final de la página, cuando se sobresaltó. Había otra cosa publicada, a un lado del artículo. “Muere el escritor Manuel Oliver, en extrañas circunstancias, en su domicilio de La Moraleja”.    - ¡Antón, Antón! ¿qué esto? ¿has dejado tú el periódico?    Esto al principio no le preocupó, seguramente fue una broma de su editor, una nueva estrategia de ventas. Se apresuró en ponerse la bata y salir a fuera, llamando al mayordomo. Sin embargo, alguien había publicado el anuncio de su muerte y eso le desconcertaba. De repente, empezó a sentir un aliento helado deslizándose por su rostro, la amarga saliva emponzoñando la garganta a su paso y las trémulas manos palpitando. Un fogonazo apagó la luz de la casa, dándole un vuelco al corazón, pero logró alumbrar los pasillos con una linterna. Y atraído por el repiqueteo de una puerta, un desgarrado grito le caló en lo más profundo. El cuerpo ahorcado de Antón, el mayordomo, caía colgado de un ventilador, reflejando en la pared su negra e inerte sombra. La luz no tardó en llegar, pero una profunda sensación de horror, retumbaba en su cerebro: estaba en peligro. Por fin supo la ironía que aparecía descrita en sus novelas de terror: la reciprocidad del miedo.    Se dirigió a la cocina, agarró el pomo de la puerta y la atrancó con una silla. Fue a coger el auricular de un teléfono, pero no daba señal. Sin embargo, oía algo. Un ruido metálico, un goteo leve aunque persistente que venía de afuera. Pronto lo supo, procedía del sótano. Abrió la puerta atrancada y esforzándose en no perder la verticalidad de las piernas que titilaban, se propuso llegar al sótano. Atravesó una larga galería, luego otra, bajo unas escaleras y…    (¿Tienes miedo? S-Sí. Pues bienvenido al estado dos: MIEDO)    … de repente alguien pronunció su nombre, muy lentamente. Un niño, vestido de marinero, se acercó por detrás.    - Mira, papi, lo que tengo. Lo he hecho para ti.    Se retiró de él, pero este en cambio se volvió a acercar rápidamente, metiéndose una mano en el bolsillo.    - Lo he hecho para ti. – Repitió bruscamente, blandiendo un puñal. Alzó el arma y dando un grito que le heló la sangre, lo dejó caer sobre su cabeza, Tras esto desapareció. Manuel se sintió aliviado, pero al llevarse la mano a la frente, notó al frío y húmedo mojando la piel. Entre sus dedos, goteaba sangre mientras veía cómo la angustia le acobardaba, se oía el reído metálico cada vez más persistente y una música estridente que rompía sus tímpanos de pronto.    Todo parecía venir del sótano, pero se silenció una vez que alcanzó su fría puerta. La estudió durante unos instantes y luego tiró de la hoja de madera, hasta dejarla abierta como un solo brazo, con sus goznes y tornillos. Y como si sus pies hubieran tomado vida propia, empezó a bajar por las escaleras. Los escalones esta vez no chirriaban, no crujían a cada paso como siempre habían hecho. De pronto, vio un mazo en la oscuridad. Este se elevaba y caía, se elevaba y caía, cuando un hombre con gabardina apareció entre las sombras. Se fijó como su cabeza estaba machacada, con la señal de un fuerte impacto en la frente.   - ¿Te gusta mi fiesta?    Entonces, se oyó un disparo, el ruido de un cuerpo rodar. Las luces regresaron y a los pocos segundos, el griterío de una voz tronó en sus oídos: ¡CORTEN! Toma buena y a positivar.    Ahora, apareció gente de todas partes. Le fueron felicitando, mientras que él iba incorporándose del suelo. Alguien le dio una palmada en la espalda, una chica del equipo fue a darle un beso en la mejilla. Unos y otros se acercaban para complacerse por el buen resultado.   - Lo he sentido muy realista. – Dijo, al fin, queriendo tomar aliento.   - Lo haces tan bien que hasta parece fácil. – Contestó alguien.   Poco a poco se fue quedando solo, viéndose su reflejo en el espejo en donde estuvo desmaquillándose pero le envolvió una extraña sensación. Le sobrecogió el pecho cuando devolvió la mirada al cristal y le costó unos instantes reconocerse. El actor obsesionado con transmutarse en sus personajes había olvidado quien era en realidad. Entonces, una ráfaga de viento golpeó una ventana con saña y terminó abriéndola. Un ruido seco, unos golpes, una fresca brisa. El actor que se había convertido en personaje, que no sabía muy bien cuando caía el telón para volver a la realidad, si alguna vez concluía la historia…
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Comentarios
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  • Muy bueno.
    Con este relato me ha venido a la mente la película The Game, protagonizada por Michael Douglas, y ya a final, cuando nos muestras que realmente el susto que ha pasado en el cuerpo el protagonista no es un juego macabro de su editor, sino que él es un actor, probablemente esquizofrénico, que se mete tanto en sus papeles que ya no diferencia entre realidad o ficción, me ha recordado a la película el cisne negro con Natalie Portman. Ambas películas me apasionan. Aunque tu relato merecía 4 estrellas, realmente me ha gustado mucho, en mi humilde opinión, creo que no has conseguido darle ese toque narrativo que necesitaba para resultar verosímil y natural. Un ligero cambio y este relato es un 5*
    Brutal
    καλή νύχτα, ¡buenas noches, querido amigo Gonzalo. Aquí me tienes noctambuleando, a las 2 de la madrugada, en la paz y el sosiego bajo mi estrellado cielo mediterráneo. Hacía ya tiempo que no me asomaba por TR. Aquellos días en que formamos una estupenda piña o peña, jeje, amistosa, ¡qué lástima!, ya pasaron. Casi todos se fueron. Publiqué mi Jónico en plan nostálgico. Pero no para prodigarme aquí de nuevo. Esta noche, al ver tu valoración, sentí gran alegría (como cuando vi la del resto de amigos que lo hicieron). Entré en tu ficha. En julio anduviste por aquí, pero yo me fui en mayo, y no volví a entrar. Esta "ANTESALA DEL MIEDO" te ha salido bordada. Sigues siendo un narrador de primera y creando "clímaxs" sensacionales. Me alegro mucho de que hayas logrado canalizar tus narraciones por editorial. ¡Enhorabuena, pues te lo mereces con creces! Tu utilización del McGuffin es tan excepcionalmente literario como cinematográfico.(¿Recuerdas el McGuffin Janeth Leigh utilizado por Hitchcock en Psicosis? ¡Inolvidables McGuffins del Mago del Suspense!). Ha sido un placer leerte de nuevo, aunque me quedé a medias con tus "RECUERDOS DE ASIA". No importa, seguro que caerán en mejores manos que las de una web, y que tus lectores te lo agradecerán. En cuanto a Grecia, tienes razón, compañero, ¡yo siempre estoy en Grecia!, jeje, cuando no estoy en otros lares. Recibe un abrazo muy fuerte, y que la diosa Fortuna te conceda también a ti prosperidad y todos los éxitos literarios que tu buen hacer merecen. Otro gran abrazo y ¡hasta más ver, aunque sea virtualmente! (A lo mejor me vuelvo a asomar por aquí hacia Año Nuevo. Si tú asomas también, volveremos a saludarnos) καλí ανδαμοσí!-¡Hasta pronto!- Pablo
    coño pues tiene esa tensión necesaria para leer hasta el final,aunque yo le daría el toque definitivo, más contundente.
    Gran historia. Mantienes la tensión hasta elfinal
    Gonzalo... comparando un relato con otro... me hace desconfiar un poco de si eres tú el que los escribes pq no puede ser q todos estén tan bien narrados y el último sea tan malillo. Espero q no sean CORTAYPEGAS de otras personas pq sería caer muy bajo, eh? Saludos
    Escribe tus comentarios...
  • ¿Quién es el cazador y quién, la presa?

    Un escritor, acostumbrado a lidiar con el terror en la literatura, conocerá la sensación del miedo; aunque todo sea un McGuffin.

    Viajamos a Turquía de finales del XIX para acompañar a nuestros personajes por este pequeño periplo.

    Seguramente tengamos todos nuestros héroes más o menos preferidos, no tienen porque ser cinematográficos, ni imaginarios. Nuestra cotidianidad nos dan héroes que resultan anónimos, ahora sobre todo que ese personaje está tan desmitificado. A mí me gustan los héroes de siempre, los que luchan contra adversidades casi insalvalbles o los que salen de la realidad. Y estos son algunos de los momentos que me han llamado más la atención de los cinematográficos.

    En este viaje de Tokio a Turquía, conoceremos a nuevos protagonistas. Es como esas historias que cuentan un misma trama, desde el punto de visto de más de un personaje.

    Se ha conocido recientemente que Concha Piquer, esa grande de nuestra copla que emigró a los EEUU, protagonizo la primera película sonora de la historia. Quizás, esto escueza algo a los puristas de Hollywood: ni fue en inglés ni sobre un icono cultural, propiamente americano.

    Los dos mundos. En una ciudad conviven dos clases de personas, apenas coinciden unas y otras, y muchas menos son las veces que se comprenden. Pero ambas terminan por necesitarse, mutuamente.

    Esta pequeña entrega es un imprevisto, se aparta de la historia, para hacer tiempo y dedicarme a revisar la rigurosidad histórica del resto. Se lo dedico, por tanto, a Lázaro y espero que -como esta bagatela- sepa tomárselo con humor. Una forma de observar el optimismo y la autoestima, que en los tiempos que corren seguro que sigue teniendo su vigencia. Un saludo a todos.

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