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11 min
LA APUESTA
Terror |
18.07.19
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Sinopsis

Este relato me lo explicaron cuando era un niño, y yo lo he recuperado. Serena, no te asustes; pero cuando vayas a dormir mira antes debajo de la cama por si acaso.

En el año 1850 el joven estudiante de Derecho Jaime Baró salió en compañía de su hipocondriaco amigo Martín Freixes de la ya decadente Universidad de Cervera que era donde había estudiado el pensador Jaime Balmes, a causa de la Guerra de la Independencia, y de la pujanza del Instituto de Barcelona que es una pequeña ciudad de la provincia de Lérida, de estrechas y largas calles con sus casas pegadas las unas con las otras de entre las cuales sobresale el campanario de la iglesia Santa María.

El caso era que Jaime anhelaba intimar con la hermana de su amigo, llamada Teresa, puesto que desde que la había conocido un día en que había sido invitado a merendar en el domicilio de éste había quedado completamente subyugado por la singular belleza de la chica, la cual enía unos grandes ojos negros, un cabello del mismo color, y la piel blanca ya que esto era señal de distinción en muchas mujeres de aquel entonces.

- Me gusta tu hermana. Ya lo sabes - le dijo Jaime a su acompañante con una pícara sonrisa.

Mas su amigo Martín con una grave expresión en su semblante le confesó:

- Veras... Mi hermana sufre "visiones". Ella cree ver al fatal corregidor que hubo aquí durante la invasión francesa, el cual no dudaba en torturar y asesinar a quien no pagara los impuestos. Y cuando nuestras tropas lo capturaron y lo fusilaron, él poco antes de morir juró que de alguna manera se vengaría de aquel agravio. La cuestión es que cada vez que mi hermana tiene alguna de estas "visiones" en la ciudad se pruduce una desgracia; una muerte violenta.

-¡Bah, bah! Esto son historias de vieja. Supersticiones - respondió Jaime con esceptismo-. Seguro que tu hermana debe de sufrir alguna alteración nerviosa que le provoca estas alucinaciones, que ya están registradas en su memoria. Y en cuanto a las muertes violentas, no son más que pura coincidencia.

- Bueno... Pero te rogaría que lo que te acabo de contar no se lo digas a nadie. Mi familia y yo deseamos vivir calladamente, sin llamar la atención de nuestros conciudadanos.

- Descuida, hombre - convino Jaime.

Seguidamente los dos amigos se adentraron en una taberna, que ya era costumbre en ellos, dispuestos a tomar una jarra del mejor vino; aunque Martín pidió que se lo diesen aguado por temor a que le sentara mal, y éste le dijo con vehemencia al pretendiente de su hermana:

- Por lo visto tú solo confías en las cosas tangibles  que te rodean; en lo inmediato. Pero ignoras que en la vida hay muchos aspectos que desconoces, y que en cualquier momento te pueden sorprender; o misterios insondables que escapan de nuestro control.

A Jaime aquella observación le hizo pensar que él y su amigo habían sido educados en dos escuelas contrapuestas. Jaime era de una tendencia positivista surgida del Siglo de las Luces, mientras que Martín se movía en la ambivalencia del Romanticismo que contemplaba lo inexplicable.

- Querido Martín. Estos misterios de los que hablas llegará un día en que la Ciencia les descubrirá un causa natural. Piensa que lo que ayer era magia, hoy es Ciencia - replicó  Jaime condescendiente a su colega-. Y cuando el ser humano descubra la causa natural de estos misterios, se terminará la idea de Dios, y el indivíduo será el único dueño y señor de su destino-. Mira. Voy a demostraros tanto a tu bella hermana como a ti que estas apariciones del corregidor francés no tienen ningún fundamento.

-¿Ah si? ¿Y cómo lo harás?

- Voy a pasar esta misma noche en el cementerio de esta localidad, junto a la tumba de este corregidor, y verás como no pasa nada - dijo Jaime desafiante, con altanería.

-¡No serás capaz! ¡Esto es un farol!

- Claro que soy capaz. ¿Qué te apuestas?

- La mitad de mi paga del mes, que no es poco. Si no puedes estar toda la noche en el cementerio, pagas tú. Pero si superas esta prueba pago yo. ¿De acuerdo?

- ¡Vale, sí! - aceptó decidido Jaime.

Era noche cerrada cuando  aquellos dos estudiantes salieron de la taberna y se encaminaron envueltos en sus capas hacia las afueras de la ciudad que era donde se hallaba el camposanto. Una vez que hubieron llegado a su destino, Jaime con la ayuda de su amigo logró saltar la tapia de aquel recinto.

Una vez que el estudiante pisó aquel lugar, gracias al resplandor de la luna llena se vio rodeado de suntuosos mausoleos en muchos de los cuales se erguían esculturas de ángeles custiodando el sueño eterno de los que yacían allí, cuya expresión marmórea y espectral parecía que desde el trasmundo juzgara severamente la intrusión de aquel irrespetuoso visitante. Asimismo, surgían de vez en cuando viejas y tétricas capillas protegidas por sus oxidadas rejas con sus correspondientes criptas en las que descansaban familias ya extinguidas, que a su vez estaban rodeadas por un sinfin de de modestas tumbas.

A Jaime en aquellos momentos la apuesta con su amigo Martín se le antojó que había sido una insenatez. ¿Qué demonios hacía él paseando como un tonto por aquel inhóspito sitio sembrado de cipreses? A pesar de que hacía una noche luminosa al estudiante le dio la sensación que un lúgubre manto negro se cernía sobre aquel entorno, que le venía a sugerir que todas las ambiciones humanas no eran más que una vana ilusión, una estupidez de la Humanidad porque en último término todo quedaría reducido a la nada. Además, Jaime se preguntaba por la incógnita de nuestra existencia. ¿Por qué nacíamos, y por qué moríamos? ¿Se ocultaba alguna misteriosa Primera Causa detrás de nuestro efímero paso por este mundo? ¿O todo era fruto del azar del que nada se podía esperar, como si de una burla del destino se tratara? Quizás debido a esta incertidumbre el ser humano ansiaba encontrarse con una divinidad que lo rescatara de su pequeñez en el universo.

Jaime procuró pensar en algo más alegre que le aliviara de la triste postración que le embargaba derivada de aquel luctuoso espacio, y se aferró al recuerdo de la hermosa Teresa, la hermana de su amigo, mientras se sentaba en un banco de piedra a la vez que se encendía un cigarro.

En aquel instante Jaime notó que algo se movía a su lado; era como un rumor. Se giró con brusquedad y pudo comprobar que se trataba de la hojarasca que caía de un árbol que había cerca de una tumba que crepitaba al ser barrida por el viento. "¡Seré idiota de asustarme por esta tontería!" - se dijo a sí mismo.

Como se aburría se entretuvo en leer el epitafio que estaba escrito en una lápida que decía: "MI CUERPO DESAPARECERÁ, PERO MI AMOR HACIA TI TE SEGUIRÁ EN LA ETERNIDAD".

Cuando el estudiante se hartó de estar en aquel rincón, se levantó del asiento y se apercibió que a lo lejos había una silueta blanca que se izaba en la oscuridad. ¿Qué era aquello?

Bien podría ser el pazgüato de Martín que quería gastarle una broma pesada para ganar la apuesta. ¡Pero a él se la iban a pegar!

-¡Eh, Martín, deja de hacer el payaso que te he visto! - gritó Jaime en un tono histérico, y con el cabello erizado.

Mas no obtuvo respuesta, y la fantasmal silueta permanecía con una inmovilidad provocativa, grotesca; parecía un espantapájaros esperando la llegada del estudiante.

Jaime  corrió hacia aquel siniestro perfil dispuesto a enfrentarse con lo que fuese. A lo mejor podría ser un vagabundo que había ido allí a pasar la noche. De súbito la figura empezó a moverse; se diría que se inclinaba hacia un lado. Pero cuando Jaime hubo llegado hasta ella pudo percatarse que no era más que una simple cruz blanca, y que había dado lugar a que su percepción se alterase lo suficiente como para producirle una terrorífica impresión.

No obstante Jaime enseguida advirtió que efectivamente a sus espaldas había un escurridizo bulto que se movía con agilidad, por lo que se le secó la boca. ¡Luego sí que había alguien allí! Sin embargo aquel terror duró unos escasos segundos porque nuestro amigo descubrió que quien se movía era un gato. El animal por lo visto se había colado en el cementerio, y asustado de la presencia del hombre saltaba de una tumba a la otra.

Acto seguido Jaime se dirigió al pabellón donde estaban enterrados los más marginados de la sociedad como los herejes, los suicidas, los delincuentes... y también los más pobres. En aquel modesto departamento la mayoría de los difuntos se hallaban sepultados en una fosa común dando a entender que muchas de sus almas no podían acceder al Reino de los Cielos y podían estar deambulando errantes por este mundo.

Esta creencia podía tener su fundamento puesto que Jaime observó con estupor que desde dicha fosa común emergían de un modo etéreo, fantasmagórico unos vapores evanescentes de una ténue luminosidad que se elevaban en el aire. Pero este singular fenómeno lejos de ser entidades espectrales eran los "fuegos fátuos". Es decir, eran los gases que se desprendían de las sustancias químicas de los cuerpos en descomposición.

- ¿Dónde estará la tumba del famoso corregidor? - se preguntó Jaime en voz alta.

"¡Estoy aquííí! - susurró lo que parecía ser una lejana voz.

Jaime quiso abandonar aquel sombrío recinto, mas de pronto sintió que fatalmente "alguien" le tiraba con fuerza de la capa; era como si una potente y cadavérica mano que surgiese de una tumba se empeñase en retener, en atrapar al arrogante estudiante para llevarselo al infierno.

-¡Nooo! - gritó aterrado Jaime.

Pero la zarpa seguía tirando obstinadamente de la ropa del intruso.

El joven cayó de bruces al suelo, al tiempo que trataba inutilmente de librarse de aquel macabro asedio, cuando de entre las sombras Jaime creyó ver una presencia humana que parecía levitar en el aire.

Cuando aquella misteriosa presencia estaba frente al desafortunado estudiante éste distinguó unos ojos que le miraban con odio. ¿Sería el espectro del corregidor francés?

Y sin más dilación la figura agarró por el cuello al materialista Jaime.

Al día siguiente, el guarda de aquel cementerio descubrió el cuerpo sin vida de aquel joven y comprendió enseguida lo que había pasado.

Aquellas fuertes ráfagas del viento nocturno habían hecho que su capa se enrerara de tal manera con las rejas que protegían un mausoleo, que le causaron la nefasta sugestión - pues las sugestiones tienen más poder de lo que cabe imaginar- de que un alma en pena había agarrado la ropa de Jaime para llevárselo al otro mundo. Por tanto se puede decir que aquel joven había muerto literalmente de miedo.

¿Este relato es un caso real que sucedió en Cervera, o es una simple leyenda popular? No lo sé. Pero sí hay que subrayar que esta misma historia ha viajado a través del tiempo y del espacio como la luz circunscribiéndose en diferentes culturas del planeta como si de un inconsciente colectivo que afectase a la Humanidad.

Por eso yo aconsejo a los amigos lectores que no se les ocurra visitar los cementerios a altas horas de la noche.

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  • Diferente a lo que te había leído y entretenido amigo francesc,.., me hizo recordar un proverbio que dice "si oyes pisar a un león tras de ti acabará por comerte". Nuestra realidad es lo que percibimos, y lo que percibimos depende de nuestro estado,,, las sombras pueden ser simplemente sombras o algo más. un abrazo amigo :)
    Muy bien, nuestra mente es frívola y calculadora, traicionera también. Pobre hombre, gran relato. Saludos.
    Mí querido Francesc, ¿no será que el materialista Jaime se ahogó solo tirando de la capa enganchada en la verja? Divertido y sujerente relato. Pero sabe Vd... me quedo con la blanca piel de Teresa. Besos de su admiradora incondicional.
    Creo en el limbo o en el ascenso de nuestros muertos al Más Allá. Existe otro mundo, aunque quizá esté en éste y en la intuición como sexto sentido, que la ciencia aún no puede o no quiere explicar; así lo siento yo, creyente y escéptico. Maravilloso relato. kf.
    Muy buen relato de terror. Juegas con la ambiguedad delante de estas cuestiones y la insignificancia del ser humano delante de ellas. Un abrazo
    Jeje! Mira que me habias avisado! Pues el susto me lo he llevado! Sabes, yo creo que murió de miedo... pero realmente fue el espectro del corregidor que se materializó frente a èl lo que lo aterrorizó. Un tembloroso abrazo, Francesc!
  • Hace escasos días que un conocido mío me explicó esta historia que le había sucedido, y a otros tantos como él, con algunas variantes.

    Nos vanagloriamos de la libertad de opinón, pero ésta está sujeta a otros intereses.

    Este relato me lo explicaron cuando era un niño, y yo lo he recuperado. Serena, no te asustes; pero cuando vayas a dormir mira antes debajo de la cama por si acaso.

    Como me preocupa la sociedad en la que vivo, hago una reflexión sobre la tolerancia a partir de un incidente ocurrido en la población en la que vivo.

    Una reflexión acerca de este género musical.

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    Un hombre escéptico sobre la relación de pareja entre dos sexos, se ve atrapado en un inusitado sentimiento amoroso con una mujer singular.

    Continuación del anterior relato sobre los sueños, que me lo solicitó un amigo argentino psiquiatra.

    Los sueños son un reflejo de nuestro pálpito vital que tienen su significado.

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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