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7 min
La Aventura Maya. - II parte.
Históricos |
07.07.13
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Sinopsis

Una habitación enorme llena de tumbas doradas del color de la sala, seguramente por la mezcla de la luz amarilla de las antorchas, hacía iluminar todo con majestuosidad. A Los Aventureros parecía echarles para atrás el simple hecho de que hubiese algo parecido a tumbas y que estuviese llena de unos cuantos escarabajos, algunos de los cuales iban volando, se podían ver reflejados de distinta forma sobre tres tumbas centrales que había. El Gordo debía tener delante algún tipo de reflexión que le hacía más delgado porque se veía como orgulloso a diferencia de La Chica, que se vería como más gorda, aunque puede que se estuviesen viendo en un mismo tipo de reflejo. 
A las tumbas las diferenciaban tres colores por la parte del torso, como si lo tuviesen de camiseta. Los mismos que habían incrustados sobre unos agujeros a la otra parte de por donde habían entrado. Es decir, no había salida. Cuando miraron hacia atrás, no pudieron ver la entrada. La habría bloqueado con facilidad, lentitud y silencio otra puerta de la misma forma que la otra: de abajo a arriba. “¿Cómo puede ser esto? Habrá algún mecanismo bastante avanzado a la época para algo así” puntualizó El Arquitecto sin recibir respuesta alguna. El Gafas parecía concentrado. Alguien estaba protegido por El Ciego sin que éste se diese cuenta. Se oyó un crujido que hizo saltar a La Chica para protegerse a espaldas de El Gordo, ya que se había percatado de que estaban bastante llenos de escarabajos de varias especies. El Gordo cayó sobre una de las tumbas. A su vez, un escarabajo volador se acercó posándose sobre la nariz de éste. 
El Gafas despertó de su concentración tras ver que una suela de las zapatillas blancas de La Chica tenía una mancha reciente de color verde, algo al parecer no muy corriente. Pero antes de decir nada se quedó viendo tranquilamente la escena que montaban los dos. A El Gordo, con miedo a gritar por si le entraba en la boca el escarabajo, se le podía ver sufrir y sudar, algo que a La Chica le daba un asco notable pero sin la intención de bajar, aunque se fue resbalando a medida que seguía el insecto sobre la cara de El Gordo. Seguramente, La Chica entendía perfectamente que quería que le quitara el bicho, pero no le hacía mucha gracia tocarlo. Había más por la zona y el pánico de que se le enredaran en el pelo aumentó junto a la posibilidad de que si caía, acabaría con un bonito estampado de escarabajos de todo tipo de formas y colores. El escarabajo se fue por suerte, pero ella aguantó a espaldas de El Gordo. 

– ¿Sabíais que se usaba insectos como colorante? 
– ¿De qué puñetas estás hablando?, ¿para qué sueltas eso? No, ¿no? No, jaja, no. –Rió La Chica de sí misma, creyendo comprender la situación sin que le gustase un pelo. 
– Rojo, verde y azul. Igual que las tumbas. No hay salida. Según El Arquitecto hay algo abajo. Escarabajos, lo siento Chica, de dichos colores. No estoy seguro, pero como por los agujeros de la pared no cabemos, diría que hay que introducir algún número de escarabajos por estos para que podamos continuar hacia abajo. 
– Uff. Es eso... ¡Ah! Eso, también es asqueroso. No pienso tocar ningún bicho de esos con la mano –decía bajando de El Gordo y protegiéndose detrás de El Ciego, quien de momento no ha tenido nada que decir–. Ya me había imaginado lo peor antes, no sé… voy de blanco. 
– Gafas, ¿de dónde salen y cómo viven aquí los escarabajos? ¿Qué comen? 
– Buena pregunta Gordi, y la verdad no estoy seguro. Es que hay muchos tipos. Pero no es lo importante ahora mismo. Si algo sé de la cultura Maya, es que algunos de estos símbolos nos dirán la respuesta. 
– ¿Eso es lo que sabes de la cultura Maya? –preguntó burlonamente El Arquitecto. 
– Acabo de recordar que algunos son coprófagos. 
– ¿Qué? 
– Nada, que me dejes pensar… A ver, id localizando los escarabajos de los tres colores: rojo, azul y verde. No he dicho que los cojáis ¿vale?... perdona, Ciego, tu quédate quieto y espera órdenes. Fijaos, quien pueda. ¡Joder!, es que me cuesta no ofenderte, lo siento. El símbolo que hay encima sobre el primer agujero es como un ojo mirando hacia la izquierda. 
– A mi me parecen tres barras dobladas, como de una celda, que parece que simbolice la libertad, es buena señal ¿no? 
– Se traduce como el número cero. Creo que no hay que introducir ningún escarabajo rojo. Aunque podría estar hablando de la sangre de los insectos. No estoy seguro. Hay muchos, pero creo recordar que usaban larvas para el color rojo, por eso, aunque algún escarabajo pueda ser rojo, es más probable que tenga la sangre de otro color: verde o azul, supongo. Tenemos por ahí escarabajos y artrópodos, que no es lo mismo que insectos. Pero no creo que lo supieseis. No usan sangre, usan hemolinfa, creo que de color verde. Depende de si son celomados… Creo que lo mejor será probar antes de volverme loco. Sobre el color verde hay una raya negra y sobre esta dos puntos. 
– ¡Una cara! 
– Otro número, el siete. Siete insectos verdes, o de sangre verde. Y tres puntos negros, tres insectos azules, seguramente serán los artrópodos los de la sangre azulada. Así que basta con coger estos e introducirlos en sus respectivos agujeros. 
Todos escuchaban perplejos a El Gafas. Quien tras su comida de tarro, su monólogo y sus soluciones, parecía más feliz que un pez en el agua. 
– Si me equivoco me corregís… 
– No, no. 
– No, así está bien. 
– Te apoyo. 
–…bien, pues en marcha. 

Y así lo hicieron. Aunque más bien lo hizo mientras observaba quien podía. El Gordo aprovechó su facilidad para que se le adhirieran ciempiés y escarabajos para ayudar involuntariamente a El Gafas. Y cuando finalizaron, esperaron alguna reacción de las tumbas. Se oyó algún ruido, pero aquellas tumbas parecían pesar mucho como para que pudiesen moverse por viejas palancas. Pesaban bastante, pero no para El Gordo, que con una naturaleza instintiva que podría ser motivada por la adrenalina de la escena que ha montado o por la ausencia de alimentos en su estómago, consiguió levantar la tumba roja. Creo que se decidieron a entrar por esta porque tenía dibujada en la piedra el símbolo de la suma de los dos de antes, o la resta del segundo y el tercero, o vete tu a saber cual. El caso es que pasaron sin morir en el intento, ya que por las otras dos habían trampas. 
 

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Artista autodidacta, músico callejero, poeta embelesado, actor del método y escritor que filosofa con la vida en el arte. Director de mis propios guiones, dos cortos con la escuela de dirección cinematográfica y con muchas ideas por delante entre cuentos y relatos que espero que disfrutéis. "Si un actor tiene que saber sentir ser otra persona, un escritor ni te imaginas cómo tiene que estar para pensar como todas esas personas..." "Si no tienes la sensación de que pierdes el tiempo a cada segundo de tu vida que no estás escribiendo, no te mereces llamarte escritor." No acepto muy bien las críticas negativas... y menos sin argumentar.

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