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3 min
La Aventura Maya. - III parte.
Suspense |
09.07.13
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Sinopsis

Llegaron, tras caer y andar un rato a una sala lo suficiente iluminada como para acostumbrarse a ver bien. Iluminada por lo que seguramente sería una antorcha situada en un pasillo al que se llegaba por un agujero que había al fondo en la pared, unos ladrillos de piedra parecían haberse derrumbado permitiendo la iluminación. 
En el momento que El Gordo intentó pasar para llegar al siguiente pasillo, se oscureció todo, salvo una ranura en el techo que pasaba desapercibida, así como el color de una parte de esa misma parte del techo, que era del mismo color que el de los ladrillos de piedra que había desplazado El Gordo para llegar y atorarse por aquel hueco. 

– ¿Qué ves Gordi? –le gritó El Gafas 
– La antorcha, un pasillo que parece no llegar a ningún lado y algunos murciélagos que me están empezando a dar miedo –decía entrecortado y confesando estar un poco asustado. 
– No, tiene que haber algo más. 
– Más piedras. 
– ¿Llegas a cogerlas? 
– No Gafas, estoy atrapado… pero tienen una forma similar. Son bonitas. 
– Es posible que sea como una especie de juego con las piedras. Tiene que significar algo. 
– Sacadlo de ahí, anda –ordenó La Chica. 
– A ver si encontramos la forma de pasar todos sin quedarnos atascados –replicó El Arquitecto. 
– Mi intuición femenina me dice que es por ahí arriba. 
– Pero, ¿no será por ahí?, quiero decir… no sé, tiene sentido que sea por donde el grande no pasa. 
– ¡Tú! ¿Has mirado el techo? 
– Sabes cómo me llamo, ¡¿Porqué no me tratas como me merezco?! Me siento inútil aquí. No llevamos ni dos horas, jo, si nos conocemos desde hace ¿Cuatro, cinco años? Y a ti desde hace más Gafas, y no veo que me apoyes mucho. 
– No, es que creo que tiene razón. La intuición es bastante útil, hay que seguirla de vez en cuando. 


En cuanto ayudaron a salir a El Gordo, se pudo ver a La Chica con el brazo levantado y señalando con el dedo a la ranura, que se podría apreciar solo en la total oscuridad. Algo en lo que El Gordo no se pudo fijar. 
Antes de poder darse cuenta Nadie, Alguien habría tocado algo. Se notaba en el ambiente humedad y frescor. A cada pasito que daba Alguien sonaba un ruido sospechosamente similar a "chof chof" y en menos de 10 segundos la habitación entera llegó a inundarse por los tobillos... hecho que podían notar. 
Nadie debía estar buscando por donde salía el agua para intentar frenarla con las piedras. Pero por suerte y, aprovechando la luz de fuera, La Chica había dado con la clave. Y así, los tres chicos pudieron cavar su propia tumba acuática, pero vamos, voluntariamente. 
–Si conseguimos tapar el agujero, podremos flotar hasta arriba y pasar al siguiente piso. Esa es la solución. Venimos de arriba. Ahora hay que volver –. dijo El Gafas. 
Encajando cada piedra como un rompecabezas y sin olvidar Nadie las del otro lado de la pared, consiguieron tapar el agujero. 
Y así, flotando como mejor sabe hacer El Gordo, fue “dejando” caer apartando con su tacto las piedras del techo para poder salir (esta vez sí) el primero, como caballero que es. Seguramente porque siempre necesita la ayuda del resto para esa clase de esfuerzos. 
 

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Artista autodidacta, músico callejero, poeta embelesado, actor del método y escritor que filosofa con la vida en el arte. Director de mis propios guiones, dos cortos con la escuela de dirección cinematográfica y con muchas ideas por delante entre cuentos y relatos que espero que disfrutéis. "Si un actor tiene que saber sentir ser otra persona, un escritor ni te imaginas cómo tiene que estar para pensar como todas esas personas..." "Si no tienes la sensación de que pierdes el tiempo a cada segundo de tu vida que no estás escribiendo, no te mereces llamarte escritor." No acepto muy bien las críticas negativas... y menos sin argumentar.

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