cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
La bolsa (y 2)
Suspense |
09.10.18
  • 0
  • 0
  • 194
Sinopsis

Aquí dejo el desenlace de esta historia, que parecía resistirse, pero al final salió. Qué aproveche.

.../...

Rogelio no respondió, de un salto se metió en su papel de gorrilla y en vista de que alguien estaba aparcando dentro de sus dominios, corrió presto para indicarle las maniobras oportunas y esperar a ver cuántos céntimos conseguía luego de saludar con amabilidad a la joven que descendía del coche. Por la noche no durmieron. Tendidos sobre un colchón de cartones y tapados con una manta, se acostaron como todas la noches, pero al poco, el hombre se levantó y se fue hasta el lugar que ocupaba Manuel, ¿tú crees que es justo las cosas que me pasan a mí?, supongo que en algún momento estarías sin dinero y luego casi de golpe te vino la fama, ¿siempre suele ocurrir así, no?, aunque claro, tus manos no son las mías, tú has sido maestro de guitarristas y yo ni siquiera fui maestro de mis hijos, a lo que tuve que abandonar por culpa de las tragaperras, ¿tú crees, Manuel, que yo seré capaz de seguir adelante teniendo ese dineral en las manos o tengo que llevarlo a la policía?, además está ella, que se lo merece todo y que ésta puede ser su gran oportunidad para que deje de arrastrarse conmigo y pueda dormir en un colchón de verdad y en una casa, no me mires así, ya sé que es culpa nuestra, pero los dos queremos salir de esta mierda, Manuel, créeme.

En la plaza nada se oía, Merche miraba al cielo, pero la luz de las farolas no le permitían ver las estrellas, las hojas del plátano fijaban su atención, ¿Qué será de mí, si no tuviese al menos esos lóbulos que mirar y ese tronco, que son como el papel pintado de mi habitación?, suerte la tuya, aquí plantado, dominándolo todo, sin temor ni al frío ni al calor, con ilustres vecinos, no lo digo por mí, que no soy más que una okupa, sino por el gomero, el Júpiter y las frondosas palmeras, en cierta medida soy afortunada de dormir contigo, pero ¿ahora que hacemos?, Rogelio estará hecho un lío con el dinero y yo no se que camino coger, casi mejor lo entregaría a los maderos, pero ¿quién nos iba a creer?, la tunda de palos la tendríamos asegurada para decir la verdad, nadie se creería la historia del hallazgo en plan tesoro redentor, a estas alturas ¿quién tiene fe en la providencia?, además podemos estar jodiendo a algún desgraciado que andará buscándolo como loco, tal vez venga a por nosotros y si nos encuentran con el dinero encima, vete tú a saber de qué será capaz Rogelio.

Bob también se mostraba inquieto, la ausencia del hombre a esas alturas de la noche no era normal, percibía que su dueña no dormía, de vez en cuando levantaba la cabeza, olfateaba y controlaba a su dueño, que seguía allí frente a aquel señor inodoro, temía que de un momento a otro ella se incorporase y lo dejara atado junto al carro de las pertenencias familiares, donde estaba oculta la bolsa que él rescató de los bajos de aquel vehículo. De poco le servía recordar la bonita historia que su dueña le contara de Argo, el perro de Ulises, de más sabe él de su capacidad olfativa, por eso es consciente que allí sigue la bolsa, que su dueño no está lejos y que ella parece formar un todo con él mismo de tan cerca como la tiene. Su misión es estar atento, es lo que le gusta, es lo que su madre, setter de ascendencia, le trasmitió y él no va a desmerecer a nadie por unas horas de sueño.

Rogelio no quería abandonar la plaza, como tampoco quería abandonar el hallazgo fortuito que podía devolverle la vida, pero sabía de las dificultades de la empresa, así  que como primera medida se deshizo de la bolsa arrojándola al camión de la basura y como segunda ocultó el dinero en una oquedad del plátano de sombra que les servía de cobijo. Se puso de acuerdo don Merche para negar todo lo concerniente a este asunto y se dispusieron a seguir su vida rutinaria para que nadie sospechase de ellos. Antes que llegase la policía recibieron la visita de unos individuos con malos humos, que bajo amenazas les obligaron a desembalar todos los envoltorios que portaban en su armario móvil. Rogelio contuvo su energía a base de contemplar a Merche y Bob prefirió mirar para otro lado, aunque con las uñas afiladas por si tenía que lanzarse al cuello de alguno de ellos. Miraron por los alrededores, observaron el plátano, pero no llegaron a descubrir el escondite secreto preparado por la pareja. Se fueron. Luego vino la policía nacional, le tuvieron que enseñar todo su documentación y responder a cuantas preguntas quisieron hacerles, pero se mantuvieron firmes en su convicción de ser un pequeño reducto de la última ocupación de la zona, en concreto de la casa que tenían al lado, la que aún conservaba alguna pintada al respecto, no sabemos donde ir, si nos proporcionan una vivienda seguro que recogeríamos nuestras cosas y nos marcharíamos –le decía Merche a los agentes -, aquí al menos sacamos unos cuartos y entre eso y las sobras del restaurante o alguna señora que pasa por aquí, vamos tirando ¿qué más quisiéramos nosotros? De nuevo tuvieron que poner patas arriba todas sus pertenencias y de nuevo registraron los alrededores. También se fueron. En otro momento llegó un viejo conocido que les trajo un recorte de prensa donde se hablaba de un atraco y se mencionaba esta plaza, los ladrones tiraron una parte del botín corriendo de la policía, ¿tú perro no os despertó? A Bob se le pusieron las orejas tiesas al escuchar esa frase, no es que entendiese de pe a pa lo que el hombre decía, pero la expresión de su cara, el tono de voz y los gestos que hacía con las manos, fueron más que suficientes para que el hijo de la setter, de padre desconocido, afinara el oído y le entrasen unas ganas incontrolables de echar una meada. Rogelio dejó al portavoz de la prensa en compañía de Merche y se fue con el perro con la excusa de atender el negocio; un vehículo abandonaba el hueco que le servía de alojamiento y no se podía permitir el lujo de propiciar la llegada de otro sin que él estuviese presente. Comenzaba a quemarle las entrañas tan espinosa situación. Se fue a hablar con Manuel, de mañana no pasa que vaya a buscar un alquiler en otro barrio ¿qué te parece Ricardo?,perdona la confianza, me pasaré por una barbería y me iré al jueves a comprarme otra ropa ¿cómo lo ves?, ¡que no hombre, que yo no devuelvo nada!, que no hago el gilipollas, que nos vamos los tres de aquí y me busco un currelo como dios manda, ¿las máquinas?, eso ya está olvidado, Manuel, perdí una familia, pero ahí tengo otra, no caeré otra vez en lo mismo, si todo sale bien te traeré a Paco de Lucía para que te toque algo.

El amigo se marchó y ella quedó sentada en su butaca contemplándose las uñas de las manos, pensando en lo bellas que podían ser yendo a una manicura, ahora podía, no había más que tirar de uno de esos billetes, ¿pero luego que haría: volver otra vez a la sombra del plátano, bien arreglada, bien pintada y con porte de señora?, quizás lo primero sería tomarse en serio las indicaciones de su médico y mandar a tomar por culo la botella, dejarse llevar y someterse a una de esas terapias que tal mal le sentaban, sacaría fuerzas de donde hiciera falta, él lo merecía, tenían la gloria en sus manos, en las entrañas de ese viejo amigo, ¿cuántos años tienes?, ¿cien, quinientos, mil?, anchura no te falta, espero que podamos resolver esto antes que a los de Parques y Jardines les de por venir a hacerte un revisión, no lo digo por ti, entiéndeme, pero es que esas palmeras están pidiendo a gritos que les corten unas cuantas hojas, aunque el Domingo de Ramos ya está lejos, en fin creo que estoy desvariando, ¡Bob, cuida de esto!, voy a trabajar un poco. El perro se puso a cuatro patas con tiempo de observar a su dueño que avanzaba diligente hasta un coche que iniciaba maniobras desde su aparcamiento.

Rogelio tomó una decisión en firme y antes que volvieran a molestarlo, por las buenas o por las malas, consiguió un alquiler en un barrio de extramuros que más bien parecía la ONU, a juzgar por la gran cantidad de personas extranjeras que lo poblaban, aunque eso no le importaba, allí le pusieron pocas pegas, su cambio de imagen le hacía pasar por un ciudadano llegado de una población vecina, trasladado por motivos laborales. Se instalaron los tres en aquel piso procurando transitar lo más desapercibidos posible y hasta Bob lucía un collar nuevo, que según el veterinario le libraba de cuanto parásito quisiera molestarle. En la consulta pudo alternar con algunos miembros de su especie, aunque tenía ciertas dudas sobre sus posibilidades amorosas, dado que sus dueños evitaban que anduviese suelto, salvo en la casa. El hombre comenzó a plantearse en serio la búsqueda de un trabajo decente, se recorrió todos los talleres mecánicos de la zona e incluso los concesionarios de vehículos y se las apañó para dejar un curriculo obtenido en un cibercafé, que podía ser la envidia de cualquier empleado engalanado de trienios. Merche tampoco se dejó llevar por la apatía y una vez que visitó la peluquería y una tienda de modas próxima a su domicilio, se fue al Centro de Salud dispuesta a pasar por cuentas pruebas fuesen necesarias. En el colchón de la cama de huéspedes habían hecho una incisión para llenar sus tripas con el dinero y luego una costura disimulada su acceso. Rememoraban al niño Ricardo, al plátano y al gomero, pero no caían en la nostalgia, ni siquiera Bob añoraba su libertad.

Una noche cuando Rogelio regresaba de sus correrías laborales, se dio cuenta de una marca colocada en el portal de la casa, que luego se repetía en el marco de entrada al piso. Su ánimo se alteró. Algo había leído al respecto en torno a esas señales, quizás en la Comisaría de Policía. Abrió el buzón de correos, recogió la correspondencia y se la echó al bolsillo de la chaqueta. Subió todo lo rápido que pudo hasta la tercera planta, abrazó a Merche, acarició a Bob…

—¿Qué te pasa, Rogelio? – le dijo la mujer.

—Tenemos que marcharnos de aquí.

Prepararon una maleta con lo más imprescindible, le pusieron la correa al perro y se fueron sin saber a dónde, pero lejos del piso que habitaban.

—Rogelio, tenemos que volver, no hemos cogido el dinero.

—Es igual, Merche, en la cartera llevo cuarenta euros.

La mujer lo escuchó sin dar crédito a sus palabras, pero al mirarlo a los ojos y observar su cara pudo darse cuenta que hablaba en serio y que tal vez eso fuese lo mejor para ellos, al fin y al cabo ninguno de los dos eran ya los mismos. Se cogieron de la mano y caminaron sin rumbo. Bob les seguía de cerca presumiendo de su nueva correa. La noche fue larga. El primer periódico gratuito que cayó en sus manos al día siguiente lo decía bien claro: “Desvalijan un piso en el que no estaban sus inquilinos, causando un gran destrozo en el mobiliario. No hay daños personales”. Era el suyo.

En el bolsillo interior de la chaqueta de Rogelio una carta le anunciaba su admisión en el departamento de ventas de una firma concesionaria de automóviles. Él aún no lo sabía. Momentos antes de leer la correspondencia, Merche lo abrazaba y Bob se moría de impaciencia por una caricia.

J.R. Infante

 

 

 

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Dejo a la consideración de todos la primera parte de este relato, que espero guste. Saludos navideños.

    Relato de la serie Breviario para tardes de lluvia, que espero sea bien recibido.

    Aquí dejo el desenlace de esta historia, que parecía resistirse, pero al final salió. Qué aproveche.

    Aquí os dejo la primera parte de este relato, que espero os guste e intrigue. Saludos a todos.

    Hola compañeros de letras, aquí os dejo este micro para vuestra consideración.

    Desenlace de esta historia que espero les haya gustado.

    Hacer turismo en esta época del año es algo muy corriente, pero no crean que siempre las cosas son lo que parecen...

    Del libro de microrelatos Breviario para tardes de lluvia

    Pues aquí está el desenlace de esta historia. Ha tardardo algún tiempo,pero al final está conseguido. Lo dejo para vuestra consideración, compañeros. Saludos

    Aquí les dejo la primera parte de un nuevo relato, que espero sea del gusto de unos y otros.

  • 120
  • 4.63
  • 127

Tengo a la Literatura por bandera dentro del convulso mundo que nos ha tocado vivir.

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta