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15 min
La Caja de Pandora: All I Want.
Drama |
30.06.19
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Sinopsis

2. "All I Want" — Dawn Golden.

And if there was a plan made
then we forgot about it
and if there was time
I could figure it out now
but life is short
and I don't care for most of it
because you're all that I want.

 

El reloj marcaba la una y media de la madrugada. El pub disfrutaba de la juventud perdida, de los errores cometidos y las palabras nunca dichas que se ahogaban en vasos de alcohol.
Entre los murmullos y risas de la gente, los pensamientos resonando en la cabeza y los secretos taconeando por el parqué se podía escuchar la voz de Dawn Golden entonando "All I Want."
Prometía ser una noche larga, Shawn ya había conocido a su primera clienta y había logrado ser su confidente, conectar con ella del modo que Gary llevaba haciendo tanto tiempo.
Shawn no lo entendía, como Gary era capaz de escuchar a cada uno y empatizar con ellos; de no juzgar y haber sido capaz de crear un espacio seguro para todos. Sinceramente, cuando Shawn escuchó su idea de abrir un pub con esa temática pensó que iba a fracasar, que era una idea estúpida. ¿Quién se acercaría todas las noches a un pub para contar sus mayores secretos y miedos a un completo desconocido? ¿Quién sería capaz de subirse a un escenario y narrarlo o tener la valentía de escribirlo?
Sonaba como una fantasía, algo improbable. Al parecer Shawn se equivocaba, la gente necesita ser escuchada. Puede que más de lo que él creía.
Las historias no habían hecho nada más que empezar, las puertas del pub se abrieron dejando entrar el frío y la soledad de las noches de Chicago acompañadas de un hombre adulto, demasiado. Pelo gris, alto y pose firme. Demasiadas experiencias a sus espaldas.
Se sentó con actitud cansada en la barra y pidió una copa.
— ¿Qué desea tomar, señor? — preguntó Gary.
— Un whisky, por favor. — respondió una voz ronca.
— ¿Aguado o con hielo? ¿O ambas?
— Oh, no, solo whisky.
— Vaya, ha debido tener un día muy duro. — dijo Gary mientras vertía el líquido ámbar en un vaso.
— ¿Perdone?
— La mayoría de clientes que piden un whisky suelen hacerlo porque han tenido un día demasiado duro como para seguir aguantando. Necesitan algo que los endurezca, que les queme y sea similar al dolor que están sufriendo. Muchos lo piden con agua o hielo, pues están dolidos, pero no lo suficiente como para cauterizar sus heridas internas con puro alcohol. Pero usted se atreve con el sabor amargo y el quemazón en la garganta, debe de estar muy jodido.
— No es su puto problema lo que me pase, si puede servirme el dichoso whisky y dejar de actuar como si lo supiese todo se lo agradecería.
— Entonces, ¿por qué ha venido aquí? Chicago está repleto de pubs y bares donde tomar una copa después del trabajo. ¿Por qué acude a un pub dedicado a los secretos y a las historias más oscuras? No le juzgo, no voy a negarle la copa ni a obligarle a hablar. Simplemente piense en porqué sus pies le han conducido hasta aquí.
Gary le sirvió la copa y se deslizó al otro lado de la barra. Estaba acostumbrado a aquel comportamiento, entendía que cada persona afrontaba las dificultades y los malos días a su manera. No todos estaban preparados para abrirse, de eso estaba seguro, pero también sabía que sus clientes iban a su pub por un motivo. Que nadie aparecía por allí de casualidad, y debía dejar a ese hombre pensar porqué estaba allí.
Todos tienen una razón y quién le dijese lo contario mentía.
A los pocos minutos el hombre levantó la mano y le hizo un gesto a Gary para llamar su atención.
— ¿Quiere algo más? — preguntó Gary.
— No, solo quería pedirle perdón por mi comportamiento. Usted no debe pagar las consecuencias de mi mal humor. No es su culpa que haya tenido un mal día.
— No se preocupe, le entiendo. Somos como una bomba, nunca sabemos cuando vamos a explotar y a quién le va a salpicar. Y, por favor, no me trate de usted. ¡Solo tengo veintiocho años! Puede llamarme Gary.
El hombre rió y le tendió la mano.
— De acuerdo. Puede que yo sea algo más mayor que tú, tengo cincuenta años, pero no es necesario que me trates de usted. Puedes llamarme Will.
Gary le apretó la mano.
— Un placer conocerte, Will.
— ¿Sabes qué? He estado pensando sobre lo que me has dicho antes y tienes razón. Debería pensar en por qué mis pies me han conducido hasta aquí, Chicago está lleno de bares donde beber sin mirar a los ojos, ¿por qué han elegido este lugar?
— Todos necesitamos un lugar feliz, ¿sabes? Un sitio donde nos veamos capaces de exteriorizar nuestros miedos y temores, de aceptar nuestros errores y dar voz a nuestros problemas. Por eso abrí este pub, quería demostrar que en un mundo como este aún hay lugares donde refugiarse y ser auténticos sin ser juzgados.
— Parece que hablas desde la experiencia.
— Y así es. Nunca había sido una persona muy social, el colegio no había sido un camino fácil y el instituto no iba a ser para menos. No pertenecía al grupo popular, era el típico niño obsesionado con videojuegos y películas que tenía problemas con papá.
Gary paró por un segundo. Sabía que, para ayudar a sus clientes, debía exponerse del modo que el pedía que se expusiesen. Debía ganarse su confianza, pero le costaba decir cada palabra.
— Los niños eran muy crueles, unos pequeños cabrones creyéndose los reyes del mundo por tener una autoestima más alta y un grupo de amigos más amplio. — prosguió Gary.— El instituto fue un infierno y no solo por mis compañeros, sino también por mi familia. Mi padre era un gran policía, el jefe para ser exactos, y mi madre una buena cirujana. Mi hermana siempre quiso ser psicóloga, no tuvo problemas para conseguirlo. Se podría decir que somos una familia exitosa, de grandes carreras y futuros brillantes, pero yo siempre he sido y seré la oveja negra. — Gary suspiró. — Siempre me ha gustado la informática, ¿sabes? Terminé el instituto con la idea de estudiar aquello pero mi padre se interpuso, siempre quiso que siguiese sus pasos o los pasos de mi madre o mi hermana, no quería verme delante de un ordenador. "Es una pérdida de tiempo, como mucho acabarás reparando ordenadores en alguna tienda" me decía. Debía ser un hombre de provecho, el hombre. Ser inteligente y fuerte, defender a las damas y ganar un buen sueldo, planear toda mi vida. Llegué a un punto muerto, mi padre no iba a pagar mi universidad y mi madre no hacía ningún movimiento sin que todos estuviésemos de acuerdo, no tenía ningún sitio al que acudir ni nadie con quién hablar, nunca lo había tenido. Así que decidí crear un lugar feliz, un sitio donde todos pudiesen ser ellos mismos y contar sus heridas. Trabajé de camarero para pagarme un curso de hostelería, era mucho más barato que la universidad, y ahorré lo suficiente para poder abrir este local. Obviamente, mi padre nunca lo aceptó y la relación se deterioró más, incluso cuando era imposible que lo hiciese.
Gary terminó su historia ahí. No quiso incluir que la mala relación de su padre se remontaba a su infancia y que cuando decidió estudiar hostelería su padre lo echó de casa y tuvo que mudarse con su hermana. Al fin y al cabo, debía abrirse a sus clientes, pero él no era el protagonista.
— Siento mucho oír eso. — dijo Will. Rió nerviosamente. — Lo siento, nunca sé cómo lidiar con problemas ajenos, con problemas de verdad. Y es una putada porque me dedico a ello, debo escuchar cada problema y ponerle un precio.
— ¿A qué te dedicas, Will?
— Trabajo en seguros de vida. Soy el que pone precio a las vidas de la gente. Estimo la cifra en caso de que alguien deba cobrar un seguro.
— ¿Y por qué decidiste trabajar en eso? No parece gustarte.
— Nunca he tenido claro a qué he querido dedicar mi vida, así que busqué aquello que daba dinero y estabilidad.
— Así que este no es el trabajo de tus sueños.
— ¿Es acaso este el tuyo? ¿No te hubiese gustado ser informático?
Gary rió.
— Bien dicho. Los ordenadores siempre han sido mi pasión, todo lo relacionado con la tecnología en realidad. Pero crear este espacio, ver cómo se llena cada noche y se inunda de historias trágicas y misteriosas, vivas, no tiene precio ni puede compararse con un ordenador. Debemos admitir que en la informática todo está automatizado, todo es frío y calculador, no hay nada humano. En cambio, este pub es un gesto humano, un legado del que puedo estar orgulloso. Así que, sí, podría decirse que es mi sueño.
Will sonrió.
— No puedo luchar contra esos argumentos, me gustaría poder decir lo mismo.
— ¿Cuál es tu sueño, Will? ¿Qué te hubiese gustado hacer o cambiar para ser más feliz?
— Nunca me he parado a pensar cual sería mi sueño, el motivo que me mueve a estar aquí. Simplemente me he dejado llevar hasta llegar a este punto... De todos modos, aquello que me hace feliz no puede cumplirse.
— ¿Cómo que no? Todo puede cumplirse si quieres, rendirse no es la solución aunque suene fácil.
— No creo que querer que tu hermana deje de estar enferma haga que ese problema desaparezca.
Gary calló y su rostro se endureció.
— Vaya, lo siento. No sabía que hablábamos de algo tan serio. Lo siento mucho. ¿De qué enfermó, si puedo preguntar?
— Cáncer de pecho. Esta es la segunda vez que le ocurre.
— Bueno, pero eso puede superarse, ¿no? Conozco casos que resultan con intervención quirúrgica y quimioterapia. No puedes perder la esperanza.
— El problema no es ese. — Will suspiró. — El problema reside en ella, no quiere hacer quimioterapia, no quiere hacer nada. Y yo no puedo dejarla morir.
— ¿Has pensado en por qué no quiere intentarlo?
— No quiere volver a pasar por aquello. Dijo que la primera vez fue horrible, no llevó bien el tratamiento, su cuerpo no podía soportarlo. Vomitaba a todas horas, y lo que más le dolía era ver a su hija sufrir. Los médicos no le aseguraron que la enfermedad estuviese erradicada para siempre, y tenían razón. En esta ocasión han dicho lo mismo.
Will bebió un largo sorbo de whisky.
— Lo he intentado todo, ¿sabes? Y cada vez que saco el tema ella se enfada y se aparta más de mí. No quiero estropear la relación, el tiempo ya no corre a su favor. No tenemos tiempo para disculparnos.
— Sé que no va a gustarte lo que voy a decir, pero, ¿por qué no intentas apoyarla? Es su decisión, tú le has otorgado las herramientas y las opciones para actuar, ahora está en su mano.
— Entonces, ¿debería dejarla morir? ¿Es eso lo que me estás insinuando?
— Mira, hay personas que no quieren ser salvadas, he aprendido eso hace poco. ¿Ves a ese chico de allí? — preguntó Gary, señalando a Shawn. — Se llama Shawn, es un amigo. Hace poco intentó suicidarse, de ahí las vendas en sus muñecas. Nunca vimos las señales, siempre fue un chico reservado y tímido, pero nunca dijo nada o hizo nada que hiciese saltar las alarmas. Puede que algún día estuviese decaído, pero todos lo hemos estado alguna vez. Antes de hacer lo que hizo nos mandó un mensaje a todos sus amigos, pudimos llegar a tiempo. El doctor nos dijo que los cortes no eran tan profundos, aunque perdió sangre. Todo aquello fue un grito de auxilio, quería ser escuchado una última vez, quería ser salvado. Quizá tu hermana no quiera, quizá quiera vivir hasta el último día como ella desea e irse habiendo dejado un bonito recuerdo, quizá piense que es su hora. Deberías disfrutar con ella y apoyarla porque, como has dicho, el tiempo no corre a vuestro favor.
Will volvió a beber e hizo una mueca mirando el fondo del vaso.
— ¿Sabes como funciona mi trabajo? Para poder estimar el precio del seguro trabajamos con las tasas de mortalidad, con la esperanza de vida de hombres y mujeres. Si son personas sanas, sin atencedentes, incluimos las enfermedades básicas. Las tres "c": cáncer, accidentes de coche y enfermedades cardiovasculares. Lo sumamos todo y obtenemos una media de horas que esas personas van a vivir y planteamos un precio en relación con esas horas. Si las personas tienen alguna enfermedad, añadimos esas enfermedades a la suma y sacamos la media. — Will tragó saliva, sentía un nudo en la garganta.— Hago eso todos los días, todas las semanas, toda la vida. A pesar de no enfrentar bien los problemas, se me dan bien los números y hago oídos sordos a las historias de la gente. A los problemas reales. He calculado las horas que he pasado con mi hermana y, cuando las ves en papel, son tan pocas que parecen nulas. Todos los momentos se reducen a un par de números sin sentido y tengo la sensación de que no son suficientes, de que nunca lo serán y de que no tengo tiempo para que lo sean.
Gary contuvo las lágrimas. Llevaba trabajando en aquel bar dos años y ninguna historia había transmitido tanto dolor y tanta pena como aquella. Nunca había visto la desesperación en su forma humana hasta aquella noche.
Y eso le mataba. Le mataba, no solo por su poder de empatizar demasiado bien con las personas, sino también porque nunca encontraba algo que decir. Sabía que cualquier cosa que dijese desde ese momento no valdría, pues nada podría ayudar a esa persona.
— No sé qué decir, Will, y me da mucha rabia. Sé que cualquier cosa que diga no será suficiente, no será la solución que buscas ni será suficiente consuelo para curar un poco esas heridas. Solo puedo estar aquí, escucharte, servirte una copa y esperar que cuando salgas de este sitio te encuentres algo mejor, pero no sé si eso será posible.
Will sonrió tristemente, entendía a Gary. Entendía la impotencia de quedarse en blanco, de encontrarse en una situación más grande que él, más grave y complicada. De ver que un simple "lo siento" nunca sería suficiente.
— Gracias por escucharme de todos modos. — respondió Will.
— Lo único que puedo añadir es que, si crees que todas esas horas junto a tu hermana no valen nada, haz que cuenten. Si cree que está cometiendo un error acudirá a ti y podréis buscar una solución, el tiempo está a vuestro favor si vosotros queréis que lo esté. Cread momentos, capturarlos porque al final del día lo único importante es eso, los momentos que te hacen feliz.
Will se levantó del taburete y abrazó a Gary. El corazón de Gary estaba tan lleno de ternura y gratitud que no pudo cobrar aquella copa.
Antes de salir, Gary llamó a Will.
— Espero que encuentres tu motivación y tu sueño, algo por lo que luchar. Todos tenemos un talento, solo hacer falta encontrarlo o querer verlo.
Will sonrió y se despidió de él.
Al salir del bar Will planeó tomarse un descanso de su trabajo y dedicar tiempo a aquello que le hacía seguir, día a día: su hermana.
Y Gary, en cambio, pensó en las palabras de Will. Sí, puede que aquello no fuese el trabajo de sus sueños, puede que su plan fuese dedicar su vida a estar delante de un ordenador, pero cuando una historia como aquella producía un cambio tan grande dentro de él sabía que había elegido bien.
Que esa era la razón por la que había venido aquí, por la que aquel pub existía.
Y no había mejor sensación que esa.

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