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19 min
La Caja de Pandora: As We Are Now.
Drama |
07.07.19
  • 5
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Sinopsis

4. "As We Are Now" — Saint Raymond.

And we may never have another like today,
tomorrow is a brand new start away,
and we'll never be as young as we are now.


— Tenemos que hablar.
Las palabras de Shawn se desvanecieron en el ambiente cargado de luces de neón, ahogadas por la suave melodía de "As We Are Now" de Saint Raymond.
— De acuerdo, pero hagámoslo bien. — dijo Gary, quitándole el delantal e invitándolo a salir fuera de la barra. — Te sentarás en ese taburete y yo te serviré un vaso de agua, tu historia es muy importante, no solo porque vaya a formar parte de este lugar. Quiero saberlo todo, quiero que hablemos con tranquilidad.
Shawn aceptó y tomó asiento.
Gary nunca había prestado tanta atención a una historia como lo hacía aquella vez, no había cliente ni persona más importante que Shawn allí.
Atendió a cada detalle y se percató del dolor que estos guardaban, de la desesperación en sus palabras, de cómo creyó que amar de forma diferente podría matarle. De cómo ser humano podría, siquiera, decepcionar a alguien.
Por un momento, la mente de Gary se nubló, se sentía impotente ante la idea de no haber podido ver aquello antes. Siempre había sido escéptico con las personas que aseguraban estar ciegos y perdidos en situaciones así; no era fácil captar las señales, que la portada de un libro sea preciosa no significa que la historia deba ser perfecta.
Nunca creyó aquellas declaraciones, solo las veía como excusas, y le quemaba comprobar por su propia mano que no pudo tener el control de lo que Shawn estaba pasando; que no podía leerle tan bien como él creía, que nunca podría saber las guerras que se perderían y ganarían en la mente de Shawn.
— ¿Cómo no nos dijiste esto antes?
— No quería decepcionaros, no quería estropear lo que tenemos. Nunca he sido una persona sociable, capaz de hacer amigos. Aunque no lo creas, vosotros fuisteis un halo de luz en mi vida.
— ¿Cómo podrías decepcionarnos? Ninguno seríamos capaces de juzgarte por ser gay, es una idea descabellada. 
— No lo sé, por mucho tiempo me vi como un cliché. Un chico gay cuyo padre es entrenador de fútbol y siente pasión por el arte. Parece un argumento sacado de Glee. 
— Tienes un talento increíble, Shawn. No existe modo en el que pudiésemos sentirnos avergonzados de ti- Esto solo hace que te apreciemos más, que te respetemos más. Eres un luchador, tío, deberías estar orgulloso. Deberías ser libre de amar a quién quisieras.
Shawn sonrió. Se sentía arropado, y eso le provocaba un nudo en la garganta. Le emocionaba sentir aquello, ver que el mundo le apoyaba por primera vez, que no estaba tan solo como creía. El mundo le apoyaba por primera vez.
— ¿Y sobre ese chico...?
— No he vuelto a saber nada. Aunque entiendo por qué rompió conmigo, por mucho que me doliera. ¿Cómo puedo pedirle a alguien que me quiera si no soy capaz de quererme a mí mismo? Tengo que verme antes de mostrarme al mundo, no puedo ser tan necesitado.
— ¿Es la misma persona de la que hablaste el día que nos conocimos?
— Sí.
— Dios, ¿recuerdas aquel día? ¿Cómo puedes creer que criticaríamos tu forma de ser? No nos conocimos en la mejor de las situaciones.
— Lo recuerdo, además, sonaba la misma canción en el hilo musical.


Hace tres años.

Chicago se sumía en un día invernal, frío y lluvioso. La noche parecía más oscura de lo que era en realidad, la estrellas apenas brillaban por el espeso manto de nubes que parecían hechas de mármol.
Las calles estaban solitarias, dormitando, pintadas solamente por el pincel de luces neón formado espejismos por las gotas de agua.
Los callejones rezaban silencio, excepto uno, que compartía refugio con un bar deportivo. Era una noche crucial para los Chicago Bulls.
El bar rebosaba vida, gritos fanáticos y suspiros que se ahogaban en vasos de whisky.
Allí se encontraban dos amigos: Nathan y Joel. Ambos se conocieron en la universidad, mientras estudiaban arquitectura, y recientemente habían conseguido un trabajo fijo en una empresa de renombre. Pero no era aquello lo que rondaba por sus cabezas.
No se encontraban allí para brindar por su éxito ni para disfrutar del partido, a pesar de ser unos fieles seguidores del equipo, estaban allí para hablar como buenos amigos.
— No sé cómo voy a hacer esto. — dijo Nathan.
— ¿Hiciste una lista de "pros" y "contras"? Es lo que me ayuda cuando debo tomar una decisión importante.
— No hace falta una lista para ver que hay más "contras" que "pros". Pero eso no es lo que me preocupa, sino las consecuencias. El motivo por el que voy a hacer esto. ¿Y si me pregunta?
— Pues eres sincero con ella, intenta despedirte de forma amistosa y elegante.
— ¿Amistosa y elegante? — preguntó Nathan arqueando las cejas. — ¿Después de haberle engañado con su mejor amiga?
— No querías hacerle daño, no lo hiciste por despecho o venganza. Nadie es posible de aguantar el peso que una relación con más "contras" que "pros" conlleva.
— Aún así, aunque la relación empezase a romperse, estuvo mal. Lo que hice estuvo mal, no es tan fácil resumir todo a una lista. No soy como tú, no soy capaz de terminar una relación y pasar a otra.
Nathan y Joel eran muy diferentes. El primero era un romántico empedernido, amante de las rosas y los bombones en San Valentín; creyente de que todos merecen ser amados por su alma gemela, pues todos tienen una. Atendía cada detalle de sus parejas, era el novio perfecto, aquel que te besaba bajo la lluvia y te levantaba con un solo brazo.
En cambio, Joel era un vividor empedernido. Le gustaba disfrutar hasta la última hora del día, experimentar, viajar. Le gustaba ser independiente y libre, no tener que rendir cuentas a nadie. No quería echar de menos a ninguna persona, no quería contagiarse del sentimiento de no poder vivir sin otra persona, por eso todas sus relaciones se resumían a una misma cosa: encuentros de una sola noche.
Invitar a alguna joven bella y despreocupada que solo quiere pasarlo bien, a alguna chica que acabase de romper con su novio y necesitase consuelo a través del despecho o a cualquier mujer en general.
No quería compromisos, no quería ataduras porque solo se vivía una vez y no pensaba desperdiciar esa oportunidad compartiéndola con alguien.
Cada vez que Nathan acudía a él con un problema, ya fuese personal, laboral o sentimental, Joel le recomendaba hacer una lista. Es lo que más simplificaba las preocupaciones de Joel: "pros" de llamar a esa chica de nuevo, "contras" de permitir que esa otra chica se quedase a desayunar.
A pesar de ser una herramienta muy útil para él, no resultó ser idea suya, sino de su psiquiatra. Joel había sufrido el abandono de su madre desde muy pequeño, sus padres se divorciaron cuando él apenas sabía caminar y su madre se había dedicado a entrar en todas las casas donde se le ofrecía algo de amor. Eso, obviamente, no siempre trajo suerte, pues había hombres muy cariñosos y educados y hombres muy violentos y posesivos.
Tanto se repetía el último caso que su madre de cansó de buscar el amor y comenzó a buscar la diversión.
Joel nunca supo cómo gestionar aquello, ver que su madre desaparecía tras la puerta y no volvía hasta dos días después; vivir con su abuela y la constante preocupación de que le sucediese algo grave cuando su madre no estaba; llamar a su teléfono y no obtener respuesta o, en su defecto, recibir un "no lo sé" a cualquier pregunta que Joel formulase.
Reprimió todo lo que sentía y no lo dejó salir, eso le afectó demasiado y tuvo que asistir a varias sesiones. Después que su psiquiatra le ofreciese mil formas de liberar tensión y plasmar sus pensamientos optó por la lista: una forma sencilla de ver que tus problemas son reales, pues manchan el papel con su tinta, pero que son simples y pueden resolverse fácilmente ya que solo son frases escritas que pueden arder con facilidad.
— Pues deberías. — respondió Joel. — Deberías ser como yo, deberías vivir más y quitarte las cadenas del compromiso por un tiempo. Piensa en esta situación como una señal.
— ¿Qué tipo de señal?
— No lo sé, eres tú quien cree en el destino. Piensa que, quizá, el universo quería ayudarte y liberarte de una relación tan tóxica. 
El bullicio en el bar aumentaba, el partido resultaba emocionante. "As We Are Now" de Saint Raymond se ahogaba en aquel ambiente tan estridente.
Gary acababa de entrar, el calor condensado del lugar le atizó de golpe. Pidió una cerveza  como bien pudo y buscó un sitio donde ver el partido y olvidar los problemas que dejaba en la puerta. Apenas había sitios donde acomodarse, la barra estaba llena y estar de pie no era una opción, el local no era tan amplio como para evitar chocar con alguien.
Entre ese mar de cuerpos pudo vislumbrar una mesa cuya mayoría de sus asientos estaban vacíos, solo había dos chicos conversando.
— Perdonad, ¿os importa que me siente aquí? El bar está abarrotado.
— Sin problema, adelante, siéntate. — respondió uno de ellos.
— Gracias. ¿Estáis viendo el partido?
— No lo estamos viendo a pesar de ser unos fieles seguidores del equipo. ¿Tú has venido a verlo?
— Era una de mis intenciones pero no creo que pueda concentrarme en la jugada, tengo muchas cosas rondándome la cabeza últimamente.
— Genial, quizá podrías ayudarnos. Por cierto, mi nombre es Joel, un placer conocerte. — dijo Joel, tendiendo su mano.
— Igualmente, mi nombre es Gary. 
— Tío, ¿de verdad vas a contarle esto a un desconocido? — preguntó el otro joven.
— ¡Sí! No va a ver el partido y tiene problemas de los que, supongo, no querrá ocuparse ahora. Le servirá como distracción y además nos podrá dar un punto de vista diferente, lo necesitamos.
— De acuerdo. Mi nombre es Nathan.
— Un placer, Nathan. ¿En qué puedo ayudaros?
— He engañado a mi novia con su mejor amiga. Quiero dejar la relación, estoy enamorado de su amiga pero no sé cómo hacerlo.
— Yo le he recomendado que sea sincero con ella, así podrán tener una ruptura limpia. Es mejor que lo sepa por él ahora y no por una publicación en Instagram más tarde.
— ¡No bromees con eso, sabes que odio las redes sociales!
— Lo siento, Nathan, pero estoy de acuerdo con Joel. Deberías ser transparente respecto a lo ocurrido, va a doler, pero cuando pasen los años y las heridas se curen te seguirá viendo como el capullo que la engañó con su mejor amiga pero que pudo ser sincero y mostrar algo de madurez.
— Nunca he sido un capullo, no esa clase de capullo. Nunca he sido el típico tío que tiene novia y se acuesta con la mejor amiga de ésta por el "poder" que tener dos mujeres aporta, pero no pude evitarlo.
— Nathan nunca ha sido así, es más, es un novio digno de las comedias románticas. Ha colmado a todas sus novias con flores y veladas bajo las estrellas y ha hecho cosas que suenan inimaginables. Esto es algo propio de mí, soy alérgico al compromiso.
— ¿Y cuál ha sido el problema? ¿Por qué has hecho eso?
— Verás, mi novia adora las redes sociales. Cada día publica un nuevo post, sube una fotografía o escribe un tweet. En un principio no me importaba, si usas las redes sociales de forma correcta pueden beneficiarte, puedes conocer gente e interactuar con tus ídolos, incluso puedes ayudar a los demás. El problema es que ese hobby se volvió una adicción, llegamos a un punto en el que no quedábamos si su móvil no tenía la batería completamente recargada, en el que no había cita donde no nos hiciera una fotografía y la publicase. Solo quería verme para eso y una vez que había recibido comentarios o "me gusta" se iba. Su amiga también se dio cuenta de aquello y comenzamos a hablar, ella también sentía la frustración e impotencia de no poder disfrutar de un momento íntimo, era agotador ver cómo nuestras vidas se exponían. No entendíamos la necesidad de compartir todo, de no tener barreras. Comenzamos a hablar más y más, a quedar y es cuando nos vimos. Nos había negado tanto, nos había reducido a un par de píxeles en las pantallas de los móviles, que cuando tuvimos un momento humano nos enamoramos. Necesitábamos ser vistos como algo más, necesitábamos hablar y tocarnos, apagar los móviles y el mundo para sentirnos queridos. Y es así como nos sentimos cuando estábamos juntos, nos sentíamos despreciados por a ella, no podíamos más. Sé que todo esto no es excusa, que no servirá para defender lo que he hecho, nunca me había sentido tan culpable. Soy una mala persona.
— No creo que seas una mala persona. — dijo Gary. — Es cierto que no existe excusa para defender lo que has hecho, eso ha estado mal, pero estabas desesperado. Estabais desesperados. Os encontrasteis y visitéis aquello que ella no pudo ver en vosotros. No puedo juzgarte, nadie es perfecto. Todos cometemos errores, lo importante es enfrentarte a ellos y no esconderte.
— Gracias, estoy de acuerdo con Gary. Deberías decírselo. — dijo Joel.
Nathan evitó responder y cambió rápidamente de tema.
— Y, dime Gary, ¿cuáles son esos problemas que no te dejaban ver el partido? — preguntó Nathan.
— ¡No cambies de tema! — dijo Joel.
— No te preocupes. Él ha contado su historia, ahora debo contar la mía. Vivo con mi hermana desde hace ocho años, mi padre me echó de casa por estudiar hostelería. He trabajado en varios bares y ahorrado para abrir uno propio, incluso le pago un pequeño alquiler a mi hermana, pero me siento inútil. Duermo en la habitación de invitados, la situación es incómoda, al menos para mí. Ella vive con su prometido y aunque me aprecien siento como si estorbase, como si no pudiesen continuar su vida con normalidad por mi culpa. 
— ¿Por qué te echó tu padre de casa? Estudiar hostelería no está tan mal. 
— No era un hombre de provecho, debía haber estudiado algo grande, haber sido alguien importante. Pero, en cambio, vivo con la idea de abrir un bar donde historias como la tuya se puedan contar sin miedo a ser juzgado, un lugar feliz al que acudir y en el que te sientas seguro.
Gary les expuso su idea. Cómo llamaría a aquel local, como tenía previsto abrirlo el año que viene y el legado que quería dejar. Quería pertenecer a algo más grande que él, dejar una huella que significase algo y ayudar a aquellas personas que, como él, no tenía lugar al que acudir.
— Es una idea muy interesante. — admitió Joel.
— Gracias, pero hasta que eso ocurra evito los problemas. Estoy fuera de casa lo máximo posible, evito hablar con mi padre sobre lo ocurrido. Huyo de la realidad, algo que tú no deberías hacer. Enfréntate a tus miedos. — dijo Gary señalando a Nathan. — ¿Qué te parece si buscamos otro punto de vista? Puede que otra persona sea capaz de dar la vuelta a la situación y mirarla desde una nueva perspectiva.
Gary buscó entre la multitud y se fijó en un chaval escondido en un rincón, con una cerveza en la mano. Parecía tímido, alejado del mundo y de él mismo. Le llamó la atención su calma, a lo mejor él podría analizar la situación mejor.
— ¡Eh, perdona! ¿Puedes venir, por favor? — gritó Gary.
Aquel joven se acercó con inseguridad y algo confuso.
— ¡Hola! ¿Cómo te llamas? — preguntó Gary.
— Shawn, me llamo Shawn.
— Un placer, Shawn. Por favor, siéntate.
Shawn tomó asiento al lado de Gary.
— Verás, nos encontramos en un punto muerto. Mi amigo, Nathan, ha engañado a su novia con su mejor amiga ya que conectaron por la falta de atención de su novia y su adicción a las redes sociales. Joel y yo estamos de acuerdo en que debería contárselo, pero él cree que es un error. ¿Tú qué opinas?
Shawn no se había sentido tan confuso en toda su vida, era demasiada información en tan poco tiempo. Debía pensar en aquello con la mayor rapidez posible, aunque no se veía capaz, no después del día que había tenido.
— ¡Me encanta este tío! — dijo Joel, riendo.
Shawn era muy observador, había conseguido entender a todos con tan solo dos minutos de conversación.
La fluidez y sinceridad de Gary, su manera de expresarse; incluso su firma de sentarse le daba a entender que era una persona que trabajaba con personas, de cara al público.
Parecía una persona independiente, quizá con problemas parentales, problemas reales que le convertían en un hombre roto que pasaba las noches de días laborales en un bar, bebiendo, como todas las almas solitarias hacen.
Joel mostraba valentía y atrevimiento, iba demasiado arreglado en comparación con la gente del bar. Se le veía dispuesto a vivir aventuras, pero en soledad. La expresión que hizo cuando Gary le contó la historia de Nathan le dio a entender que para él, el compromiso es un error. Un chico como aquel era un galán que buscaba diversión de una sola noche.
En cambio, Nathan parecía dulce. Amable, un romántico empedernido. Desprendía sencillez, en su rostro se podía ver la culpabilidad, ojeras por la falta de sueño pensando en aquello. No quería herir a nadie pero no podía evitar sentir lo que sentía, Shawn entendía aquello.
— Agradezco que queráis conocer mi opinión, pero no sé si seré capaz de hablar con objetividad. Mi novia me ha dejado por ser una persona "demasiado necesitada".
Era obvio que Shawn no iba a decir que aquella mujer era un hombre, no iba a salir del armario. No así, no ahora, no en aquel lugar lleno de testosterona. Puede que nunca.
— Lo siento mucho, tío. Pero, dime, ¿no prefieres saber la verdad, saber el porqué? Tener la oportunidad de limar esa esquina que se clava en todos. ¿No crees que dentro de unos años podrías estar agradecido por su sinceridad, la cual te ayudó a reparar lo que estaba roto? — preguntó Gary.
— Puede que sí, puede que nos ayude a entender que no somos perfectos y tenemos defectos que deben ser revisados. Puede que eso nos sirva para ser mejores, para no repetir los mismos errores del pasado y hacer que esto dure más. Es doloroso, porque todas las rupturas lo son, pero sí, podría perdonar el daño y evolucionar para que las cosas vayan a mejor.
— Entonces, ¿estás de acuerdo en que debería decírselo? — preguntó Joel.
— Creo que debería ser sincero, transparente. Sé que la situación es complicada, pero somos humanos y nos equivocamos, no somos perfectos. Deberías decírselo no solo por respeto, también por ayudarle. Para que pueda reparar aquello que hizo que la relación se oxidara y así pueda evitar cometer los mismos errores y consiga ser feliz con alguien que la quiera de verdad. No deberías estar con una persona que te causa esa tristeza y ansiedad, eres joven, somos jóvenes. Puede que mañana no exista, y si lo hace, será un mañana completamente diferente donde se cometerá más errores y se vivirán nuevas experiencias. No hay nada constante en la vida, lo único que nos hace sentir como si el mundo no girase demasiado rápido son aquellas personas que amamos, pues el tiempo se para con ellas. Deberías estar con alguien que te quiera de verdad y tú quieras, como su amiga, te lo mereces. Y ella también debería estar con alguien así, también se lo merece.
— Supongo que tienes razón, no le puedo hacer esto, no puedo hacerme esto. Merecemos ser felices, aunque desearía que todo hubiese sido diferente.
— Entonces, ¿estamos todos de acuerdo? — preguntó Joel. Los tres asintieron. — ¡Estupendo! ¿Qué os parece si os invito a otra cerveza? Me habéis caído muy bien.
Todos aceptaron, creyendo que solo se trataba de una cerveza más y no de una amistad que duraría mucho más que aquel partido de los Chicago Bulls en una noche invernal, fría y lluviosa.

 

— No podríamos criticar tu forma de vivir o de amar, ¡no somos nadie! Eres el mejor de los cuatro: tú no has engañado a tu pareja con su mejor amiga, no te has acostado con todas las mujeres de un bar o has vivido con tu hermana por ocho años. No haya nada de lo que debas avergonzarte.
— Puede que sea el mejor, pero también soy el más roto.
— ¿No lo estamos todos?
"As We Are Now" terminaba de tocar las últimas cuerdas de su guitarra. La puerta del pub se abrió a las tres y media de la madrugada, era hora de volver al trabajo.

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