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8 min
La Caperucita Roja
Drama |
29.07.13
  • 3
  • 7
  • 2540
Sinopsis

Tres personajes y una historia distinta.

Ya eran las tres de la madrugada y María Antonieta había terminado su trabajo por el día de hoy.

—Hola— Dijo una voz de presencia cercana.

María Antonieta sorprendida por tal acercamiento y se sintió cohibida.

 —¿Te conozco?

—La verdad no creo, aunque soy bastante conocido, sobre todo por estos territorios. Soy el Rodríguez pero no soy muy conocido por mi apellido, dime “el lobo”

Rodríguez no era especialmente un hombre muy apuesto; era macizo, velludo y de unas facciones espantosas, se le podía notar ciertas cicatrices en el rostro, era de una téz morena y al verlo causaba un cierto temor.

Era uno de los proxenetas más reconocidos dentro de los locales nocturnos, siempre buscando nuevas mujeres( o joyas como les decía él) para poder invertirlo en sus clientes. Hombres con dinero buscaban proxenetas como Rodríguez, siempre al tanto de cualquier tipo de jóvenes vírgenes a quien vender sus cuerpos puros.

       —¿Qué quieres?

—Solo vengo a ofrecerte un buen negocio.

 

—No creo necesitar ayuda de nadie.

 

—¿De nadie?

 

—¡De nadie! — Perdía la paciencia poco a poco.

 

—Yo sé que vives sola, que has trabajado en locales nocturnos durante meses y que tienes que cuidar a una maldita vieja que tiene sus días contados.

 

—No te refieras así de mi abuela, infeliz. Aparte quien te ha contado todo eso sobre mí.

 

—Oh no, no, no, tranquila pequeña María— En tono burlesco empezó a menear su dedo índice de un lado a otro— Yo se muchas cosas sobre ti, antes de encontrarte me informe, hay que estar al tanto de las joyas como tú.

 

—Qué tipo más asqueroso— Repudio María Antonieta escupiéndole la ropa.

 

—Que difícil eres, me han tocado peores. Pero no me puedo ir sin antes plantearte mi oferta y convencerte.

 

—Ya se lo que estás pensando y te digo un no anticipado, ya me he topado con tipos como tú.

 

—Solo que yo soy distinto, si dices no, te puede ir muy mal— Agarrándola del brazo fuertemente la empezó a jalar hacia él.

 

—¡Suéltame infeliz! ¡SUELTAME!

 

—Vamos maldita zorra haremos un buen equipo, ganaras mucho más que solo moviéndote en la pista.

 

María Antonieta saco una corta pluma de su cartera y se la clavó en el ojo izquierdo, corrían litros y litros de sangre, el ojo parecía sobresalir por un lado y pareciera como si en ese instante tuviera exoftalmia. Era la oportunidad de salir corriendo.

 

En el piso Rodríguez se quedó lamentándose de su dolor y entre el dolor y las lágrimas que corrían por su único ojo intacto susurraba un “ya veras, ya verás”

 

 

Durante meses María Antonieta había dedicado su tiempo y ganas a la vida de la noche, tras un trágico fallecimiento de su madre que la desmorono, tuvo que dedicarse a cuidar a su abuela, fue la promesa que tenía que cumplir, la promesa que le hizo a su querida madre antes de fallecer. Su abuela era lo único que le quedaba y a pesar de su amor incondicional, que era relativamente mutuo, ella iba a cuidarla cueste lo que cueste, cada día se planteaba su objetivo principal que era cuidar a la familia, la familia era lo primordial en cada asunto de importancia y en este caso su única familia era su abuela.

El estriptis era una baile erótico en donde se dispersaba toda la sensualidad en la pista de baile, un baile de seducción en el que se gozaba mediante la visualización de los consumidores, muchos, demasiados  pagaban para ver ese tipo de shows. Muchas jovencitas postulaban y exhibían sus cuerpos al público y participaban en casting para así llegar a los escenarios y recibir su mercancía, que era realmente la razón principal del por qué tanta joven se presentaba. Algunas terminaban su labor por el día y partían con algún tipo de la mano para así recibir más dinero, se volvía una obsesión y mezclaban el desplante sensual escénico con el acto del meretricio. Ahí era cuando Rodríguez entraba en acción y tenía un conjunto de contrabando con el sexo femenino durante las noches.

 

A María Antonieta no le importaba lo indignante que era su trabajo, sabía que no era la forma más honrada de ganar su sueldo pero estaba consiente que el dinero que ganaba como stripper no lo ganaría en otro lugar. A pesar de tener unos atributos físicos envidiables que deleitaba a cualquier hombre, por poseer ese blanco tono de piel con su candente melena dorada que se reponía en su espalda cada vez que tenía el sigilo de mover la cabeza de forma alocada y sus ojos que brillan a la luz de la noche, cualidades como esas hacían de María Antonieta fuera una mujer de fantasear y a pesar de sus cortos 19 años no aparentaba ni en lo más mínimo una inmadurez física, si no un cuerpo precoz.

 

La noche era oscura y tenía una matiz de neblina en ciertos rincones de la ciudad. María Antonieta tenía planeado irse tarde del local para así pasar directo del trabajo a ver a su abuela, en cual ella derivaba que estaría despierta a las 8:00 de la mañana, hora que normalmente cerraba el local.

Era una anciana de sueño ligero y se despertaba bastante temprano a pesar de  su edad. No le importaba que si nieta fuera una stripper más bien la apoyaba y María Antonieta nunca que se lo oculto que fue una satisfacción para ella, con eso quedaba tranquila de que podía haber confianza entre las dos.

Durante la noche María Antonieta hacia uno de sus particulares shows al público, en cual su “performance” era ya bastante conocida y también llevaba una particular vestimenta de color rojo con una capa larga con capucha y unas prendas bastante pequeñas y su canasto en donde  podían depositar dinero. Los hombres se volvían locos con tal acto, era casi siempre el baile de cierre, se movía por el escenario la chica de rasgos angelicales y juveniles y la noche ya iba a acabar.

 

—¡María! — Grito una de sus compañeras en los camarines.

—¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?

Las primeras dos preguntas que tanteo María Antonieta a su compañera; sabía que algo andaba mal.

—Llamaron de la casa de tu abuela, era la policía.

—¿Qué?

 —Al parecer…

—Al parecer que—No la dejo continuar.

—La encontraron muerta— Lentamente musito.

 

María Antonieta salió disparada hacia la casa de su abuela, con su traje rojo sin importarle del frio y la poca gente que se escaseaba a la hora de la madrugada. Más de un chiflido o hasta insultos le gritaban por la calle, cosa que no le importo porque lo único que quería era llegar lo antes posible a la casa de su abuela, no pensó y tampoco dedujo nada y no opto tomar una micro o un taxi, si no hizo lo que decía su instinto, y su poca razonabilidad en el instante. Corría y seguía corriendo hasta poder llegar a destino. Cuando finalmente llego, la policía le conto lo acontecido, acto seguido le mostraron la escena del crimen. Al momento de ver a su abuela de guata al sofá con los pantalones hasta abajo y rodeada de sangre,  dudo un instante en quien pudo haber hecho eso, luego borro ese pensamiento de su cabeza y pensó en “el lobo” Veía la escena del crimen de quien podría ser  capaz de tal acto, solo una mente desquiciada, llena de locura y despiadada podía hacerlo. Cuando vio a su abuela y que le hayan afirmado que fue violada no quiso imaginar nada, pero su mente lo hacía monótonamente y podía sentir el dolor que pudo haber sentido la anciana. Y al ver un cuchillo… más bien una corta pluma, clavada al centro del  ano de la vieja no le quedaron más duda, teniendo en cuenta de que ese era el corta pluma de María Antonieta.

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  • Me parece que eres muy mal escritor, no tiene sentido del bien y del mal, relatos como este hace que a la gente termine por no gustarle leer
    He seleccionado este relato para la propuesta de Umbrío :) http://www.tusrelatos.com/relatos/propuestas
    Hace tiempo que no leía nada tuyo en tu antiguo blog y por casualidad encontré esto. Te felicito por esta historia, una historia actualizada. Me pregunto si habrá alguna segunda parte (por el suspenso en que quedó el asunto con El Lobo Rodríguez). ¡Sigue así!
    La historia es muy triste pero está muy bien contada,me quedó con las ganas de leer una segunda parte en la que caperucita encuentra a un cazador y se vengan del "lobo"
    Un gran cuento, mientras queda suspenso el asunto de El lobo Rodríguez, nos adentramos en las delicias de la protagonista, donde se nos cuenta con gracia y amenidad sus afanes y cómo defiende su integridad; de modo que, cuando casi nos habíamos olvidado de él volvió a aparecer culminando su atroz venganza bien prometida. No deja de ser, en definitiva, un cuento para niños, que son los más terribles. Si relees tu texto verás que hay bastantes faltas de ortografía (por ejemplo tés por tez), omisiones de acentos y algunas inconcordancias; todo perfectamente reparable. Saludos.
    Hacía bastante tiempo que no leía nada tuyo! Este relato que nos traes me ha resultado bastante entretenido. Me ha gustado! Gracias por compartirlo! Saludos!
    Un relato actualizado del famoso cuento. Hay algunas palabras que corregir pero me gustó. Saludos.
  • La visión de 2 mentes en una cafetería, muy parecidas. Las miradas se hacen presente en el relato.

    Una historia donde se puede ver reflejado la preferencia de la superficialidad física de una persona.

    Literalmente lo del titulo. 5 días de sufrimiento puro.

    Un breve relato de la sensación de la sordera.

    Un amor que no se pudo concretar.

    El desorden en la cabeza.

    “Uno nunca sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”.

    Una forma sencilla de demostrar el dolor de un chico y el temor de decirle a la chica que le gusta que esta enamorado de ella, en donde se ve presente el dolor, el dolor que va mas haya del dolor físico el tortura miento psicológico.

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