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6 min
La carta
Drama |
06.03.20
  • 4
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Sinopsis

¿Qué pasa cuando hombre lo puede perder todo?

- ¿Buenos días en que puedo ayudarle?

-  Vine a ver a Consuelo.

-  Por favor tome asiento. Voy a buscarla.

La joven mujer de traje negro, llevó sus tacones por el suelo hacia un pasillo en el fondo y entró en la oficina a la derecha.

- Consuelo un chico apuesto te está esperando afuera- Se escuchó a lo lejos.

- Dile que pase- Le dijo.

El chico cabizbajo y un poco meditabundo atravesó el pasillo. Se lo notaba muy ansioso por su forma de andar y sus precipitados gestos.

- Siéntate. ¿En qué te puedo ayudar? - Le dijo desde el fondo de una gran silla una mujer de ojos brillantes y algunas arrugas en el rostro.

- Me llamo Alonso. Dijo el chico en voz baja.

- Bien Alonso. ¿Necesitas ayuda con algún problema legal?

- No. La verdad la vine a ver a usted.

- ¿En serio? Y a que debo tu interés.

- Sabe, durante muchos años la estuve buscando. Es hasta que pude verla en las noticias que pude encontrarla.

- Te refieres al reconocimiento ese. La verdad no es nada- Dijo la mujer sonriendo.

- Para mí es muy justo.

- Sí. La verdad eso no es lo que estoy buscando. Estoy buscando algo más.

- Lo sé. Dijo el chico.

El chico se incorporó. Dio un par de vueltas por la blanca oficina y sacó una nota de su abrigó.

- Me intrigas- Le dijo ella – ¿Puedes decirme a que has venido?

El puso la nota en el escritorio de madera y se la acercó con sus dedos.

- No la lea aún, esto es muy importante para mí. Le voy a contar una historia:

Mi padre y mi madre eran una pareja normal, se querían mucho. Vivián en una modesta casa a las afueras de la ciudad. Un día un escandalo sacudió a la escuela. Mi padre fue acusado de agresión sexual a una de las alumnas del colegio cercano. Mi padre dada clases ahí.

La denuncia llego a los oídos de la directora, quién inmediatamente separó a mi padre de sus funciones. Él daba clases de filosofía y arte, para él era el peor escenario.

Mi madre la enterarse entró en shock, la ingresaron al hospital y permaneció ahí casi hasta el final del juicio. Mi padre estuvo muchos días recluido. Yo era pequeño no entendía que estaba pasando.

Él juraba que era inocente, pero nadie le creía. Era la palabra de una de las mejores alumnas del curso contra su versión de los hechos. Mi padre, nunca había sido un hombre demasiado sociable y le costaba mucho responder a las preguntas de los reporteros, pero siempre dijo que era inocente que quizás la chica se había confundido.

La chica por su parte juraba que el la había ofrecido llevarla lejos y cuando ella rechazó la oferta él se enfureció y trato de tomarla a la fuerza.

Mi padre entró en desesperación. Buscó muchos abogados y no muchos querían defenderlo. “Es una situación delicada. No creo poder ayudarle” Le dijo uno de los abogados más conocidos del lugar.

Ya casi sin esperanza llamó a la Universidad cercana. Buscó los registros de los recién graduados y llamó a todos y cada uno de los graduados de derecho. Así después, de buscar…

- Espera- Le interrumpió la mujer- Recuerdo a aquel hombre. Fue mi primer caso.

- ¿Sí?

- Tú eres…

- Soy su hijo.

- Tú padre me contó la historia juraba que era inocente. Yo quería la experiencia y vi algo en él. Me pareció sincero.

- Como ya sabe usted, mi padre fue declarado inocente gracias a su defensa.

- Yo solo hacía mi trabajo.

- No solo su trabajo. Demostró que mi padre era inocente y que la chica hizo una denuncia falsa.

- Sí. Lo sé- Dijo la mujer mientras sus ojos se humedecían.

- Solo quería…

- Mira. Gracias a ese juicio yo me hice muy conocida, tuve mucho trabajo y pude salir adelante.

- Sí. Pero se fue de la ciudad y bueno mi padre ya no pudo encontrarla más.

- La verdad fue un trabajo duro y necesitaba alejarme de todo eso.

- Yo entiendo. Pero, por eso estoy aquí.

- No entiendo- Dijo la mujer después de secarse una lágrima.

- Mi padre murió hace dos años, mi madre la semana pasada. Juntos escribieron una nota y pues solo vine a entregarla.

- ¿Es este papel?

- Cómo usted sabe mi padre era profesor así que prefirió escribirla a mano.

 

La mujer abrió la carta, con mucha delicadeza.

 

“Consuelo, no sabes como te buscamos. Hicimos hasta lo imposible por encontrarte, pero no fue posible.

Tú me creíste. Solo tú.

Nadie en el pueblo me miraba. Evitaban hasta darme la mano. Los niños del pueblo me temían y decían cosas horribles de mí y de mi esposa.

Luego que pasó todo, le conté a mi esposa lo que hiciste por mí mientras estuvo internada. Ella dice que fuiste un ángel enviado desde el cielo o algo así.

Yo la verdad solo sé que te debo toda mi vida. Mi matrimonio y la salud de mi hijo.

Puedo decirte que nos salvaste, pero sería poco decir. Quizá lo correcto sea decir que nos volviste a la vida. Es gracias a ti que nuestra familia pudo llegar hasta el final con la frente en alto y con el honor intacto.

Sé que ya la gente nunca me volvió a ver de igual manera, pero el hecho de recuperar mi inocencia fue siempre suficiente para mí.

Con respecto a la chica, si quieres saber, la perdoné por todo. Hoy es una gran profesional sin duda, espero que alguien la ame como yo amo a mi esposa y a mi hijo.

Quisiera decirte que tanto hiciste por mí, que hubiera querido devolverte todo de alguna manera. Pero nada sería suficiente.

Espero que cada una de las letras en esta carta sean una estrella en tu camino. Y que todo el amor del mundo llegue a ti a través de ella.

¡Gracias por siempre!

Alfredo y Dalila”

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