cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
la casa
Suspense |
24.11.18
  • 5
  • 2
  • 412
Sinopsis

cargamos con recuerdos y experiencias que marcan nuestra existencia de diversas formas y cimientan nuestra personalidad.

 

                                                          LA CASA

Se alza orgullosa en el corazón de la ciudad, flanqueada por construcciones modernas y edificios de altura, indiferente  y desafiante a lo que la rodea, como en otra dimensión, con la reja derruida de casi 2 metros de alto en fierro forjado, enlazada, por una cadena gruesa y desvencijada, de eslabones casi inexistentes en tramos,  un candado antiguo pesado y firme la sostiene.  A  6 metros de la reja, la mansión de dos pisos se levanta, siniestra y majestuosa, como salida de un cuento de terror, la puerta enorme de roble desgastada y descolorida, con una manija en forma de mano de bronce ya enverdecido y descascarado. Al extremo izquierdo, casi acabado el edificio, se ve un ciprés añoso , que bloquea el paso hacia el patio, lo mismo ocurre del lado derecho, donde un laurel hace lo mismo .L a entrada está cubierta de  laberínticos jardines estropeados y coronada por una pileta redonda cerca de la entrada, una escalinata con tres peldaños de marmoleada estructura sucia y desgastada   nos enfrenta con la puerta. El muro cubierto hacia la mitad con musgos, enredaderas y espinas, del otro lado un Ford 300 año 65, desarmado se vislumbra al lado derecho de la construcción,  semi-cubierto de maleza, basura y fierros retorcidos se adivina un color rojo. Desde hace mucho la investigo  y me pica la curiosidad , inmune a ya tres terremotos se mantiene erguida y medianamente en buen estado, a pesar de las condiciones adversas, en el piso superior dos ventanas de recuadros pequeños con los vidrios rotos y jirones amarillentos de algún visillo, bailan al compás de la brisa de esta hermosa tarde primaveral.

Parada a un par de metros de la entrada, recuerdo las innumerables veces, que  burlando al cuidador saltamos la reja, y espiamos por las ventanas , y las que correteamos por el jardín, ahora lleno de maleza, el cuidador ya no está y el deterioro desde la última visita es más que evidente.

Producto del misterio que la ronda, se han tejido  numerosas leyendas urbanas sobre ella, desde suicidios, hasta entierros en el patio, ninguna con un asidero suficientemente firme.  Hace muchos años un  mercedes Benz w 123 verde metálico se estacionó un par de veces en la entrada , pero nos fue imposible ver a los visitantes. Respiro profundo y el ciprés impregna el aire suavemente, del otro lado un laurel hace lo suyo, ambos arboles le dan un toque perfumado al lugar imposible de obviar, me acerco hasta rosar el candado con los dedos y poder oír el rechinar del metal a mi contacto, como engranajes gastados. Intento mover la cadena, pero está firmemente  sujeta y aparte del molesto sonido, no logro mi cometido.

 Ya en el hotel  no concilio el sueño, la  impaciencia y la curiosidad me juegan en contra, doy vueltas en la cama y termino por levantarme, servirme un vino y fumar un cigarrillo, en la terraza, desde donde puedo distinguir aquel punto oscuro entre las tupidas luces de la ciudad, me duermo pasadas las tres, cuando mi cuerpo es incapaz de soportar  la vigilia. Salto de la cama un cuarto para las ocho, tomo un desayuno ligero y me dirijo rauda hasta la casa en las afueras  de la ciudad del  hijo del cuidador, dato obtenido de mis arduas y exhaustivas investigaciones. Es pequeña, en realidad es una población de veinte o veinticinco casas, todas iguales. Un hombrón de unos 55 años me abre la puerta, distingo en los rasgos muy parecidos a los de su padre, que sorteábamos peligrosamente, me invita a pasar y descubro una decoración monocromática, el tono pastel  aplicado en el interior, no tiene variación alguna, un sillón gris perla mullido, una mesa con cubierta de vidrio, con una revista, una caja de puros y un cenicero, son todos los adornos que veo,  no hay plantas, ni cuadros, ni fotografías. el hombre se desaparece unos momentos, para volver con dos tazas pequeñas de café , no me ofrece azúcar así es que lo tomo tal cual, es amargo, pero huele bien, así que  apuro un solo trago al beberlo, cuando trato de  convencerlo  de que me facilite las llaves , él se mete la mano al bolsillo de su chaqueta y extrae de ella un manojo extraño ; una llave tiene una corona en la punta, debe ser de la entrada principal, la otra gruesa y redondeada presumo debe ser la del candado, porque es la más grande, me levanto rápido para recibirlas y las acaricio suavemente ,una emoción y una sensación de miedo y satisfacción ,me embargan. Salgo casi corriendo en la entrada,  sus ojos amarillos y su rostro frio y masculino me detienen

Devuélvalas lo antes posible - es todo lo que me dice .subo a mi coche y avanzo las ocho calles temblando, apurada y distraída, me bajo  mareada , me sostengo de la reja, que chirrea en un alarido largo y agudo,  pongo la llave en el candado y cierro un instante los ojos, No cede , al tercer intento logro abrirla, me lastimo las manos con la herrumbre de la cadena y hago el trayecto hacia la entrada en vilo, con mil pensamientos y voces en mi cabeza, la puerta de entrada presenta algunos escollos, la empujo fuerte y cede , me golpea de entrada un olor penetrante a húmedo y orines, se me revuelve el estómago, cortinas de telarañas cubren las esquinas y parte del techo, en donde una lámpara de cuentas  cuelga a punto de caer, los soportes han cedido , avanzo hacia la habitación que fuera living comedor, una espesa capa de hojas, tierra ,papeles y restos, cubre el piso, donde aún se adivinan los coloridos marrones de las pulidas baldosas. En la enmohecida pared, se ven marcas de tres cuadros y en la esquina una columna sostiene una  maceta con tierra seca en el interior. La escalera presenta el pasamano carcomido en sectores, los peldaños que deben ser cerca de 12 en madera oscura y gruesa manchados, hay dos o tres que se  han podrido. Sin precaución,  avanzo hasta la planta alta, allí la habitación principal iluminada y sin atisbos del olor nauseabundo del primer piso, presenta también innumerables daños, las paredes descascaradas , dejan ver las estructura  interior ,como entrañas , del  techo cuelgan telarañas  menos extensas, que las de abajo y  desordenadas , un catre de fierro de dos plazas puebla la mitad de la habitación, un somier cuyos oxidado y enredados alambres  cortados se levantan , el piso es una costra gruesa . Entre los cúmulos de hojas, alimañas sigilosas se mueven y me espantan, el chillido de una rata molesta por la intromisión, me crispa y doy un brinco de susto. Las habitaciones siguientes parecen en las mismas condiciones, pero un tocador  llama mi atención en la última, sobre la cubierta unos sobres o documentos amarillentos y húmedos, que no me atrevo a tocar, y una caja con una bailarina a la que le falta una extremidad, los cajones permanecen cerrados y el vértigo se apodera de mí, cuando en un impulso intento abrir uno, la idea  de que algún monstruoso bicho  me salte encima, me obliga a retroceder, pero  enseguida puede más la incertidumbre y la curiosidad y tiro de el , una caja metálica de galletas oxidada y algo como  un pañuelo ocupan el espacio, con la llave empujo despacio la tela y recupero la caja, hago presión sobre la lata hasta abrirla , me sorprende que las fotografías permanezcan en tan buen estado , cuando me topo con una en donde… estoy yo.  A mi lado un tipo igual al cuidador y del otro un joven de unos 16, los tres apoyados en el Ford rojo metálico impecable y brillante .una nube negra me cubre los ojos y me traslada hacia otro lugar, donde apoyada en la ventana, veo el impresionante jardín lleno de colores y ruidos, en donde el portón se presenta  color acero brillante y cuidado, de pronto un gemido inunda mi voz, un agudo dolor en el pecho, cayendo de rodillas, intento aspirar aire, miles de secuencias y secretos contados al oído inundan mis sentidos,  despierto sentada en medio de la capa espesa en el piso , el cuerpo adolorido, la foto apretada en la mano, una sombra atraviesa la habitación, de un brinco me pongo de pie, limpio el espejo del mueble y me miro atentamente, el pelo desgreñado, las manos temblorosas, cubierta de tierra y los pies sumergidos  en mugre.

Alguien  me susurra una voz a la espalda, me giro y observo, una ráfaga de viento remueve la basura. Intento entender lo que sucede, pero estoy petrificada, no puedo moverme, correr o llorar, solo permanezco de pie, ahí frente al espejo.

Algo me golpea en el cabello, una rama, al intentar la, tironeo de ella  y arranco un mechón, no es rubio como recordaba, sino marrón, me miro de nuevo, veo la fotografía  amuñada en mi mano y la estiro despacio, ahí está esa mujer, afirmada en el vehículo. Aturdida  salgo y recorro el resto de las habitaciones, que están vacías , bajo y entro a la amplia cocina, una cocina a leña de 6 platos en el medio, dos mesones cubren los costados, todo está lleno de polvo y tierra, de las paredes cuelgan artefactos verdosos y alguno ennegrecido, hay un hacha pequeña y un cuchillo roto, también hay telarañas, como cortina cubriendo las esquinas, los ruidos aquí son más evidentes , abro la puerta que da al patio, en ese sector es una verdadera selva, siento como algo rosa mis piernas y lanzo un alarido, que hace eco en la mansión, un ratón se ha cruzado y corre hacia la espesa maleza , yo me doblo de asco y terror , es desolador verla así, de pronto de nuevo la veo toda en flor, fabulosos rosales dobles, color damasco, se levantan, los nardos en hilera saludan al sol, el sendero de magnolios olorosos y dulces, y dos naranjos se distinguen claramente,  avanzo por aquel pasillo y entonces siento la mano firme, que me arrastra hacia un costado, me afirma en un árbol y me besa hasta que no puedo respirar, un calorcillo se apodera de mis mejillas cuando me suelta y aminora la presión en mi cintura, veo aquellos ojos amarillos

Te dije que no volvieras- reclama

Un cordón grueso pende del borde de la ventana y mi cuerpo oscila inerme de un lado al otro, veo todo en negro por un instante, abro los ojos y ahí estoy, parada en medio de la devastación, viviendo retazos de la vida de otras gentes, impregnándome de su historia y su drama. Un lugar en el fondo del patio llama mi atención, con un palo picoteo el piso, escarbo despacio hasta llegar a sesenta cm, el trozo de tela deshecho emerge y yo instintivamente retrocedo. Todas las historias son ciertas, o falsas, forman parte de ella. A mis ojos la increíble estructura es todo lo que en verdad  hay.  Cierro la puerta principal y aprieto las llaves  en la mano, recorro el camino, hasta la entrada, allí le doy una última mirada, no sé si decepcionada o contenta, nada era lo que esperaba, y esta construcción  en ruinas es solo eso.  Mis visiones de niñez chocan, con la espeluznante realidad, dejando atrás para siempre la magia de aquella  casa enorme y destartalada, con ella despido  por fin, mis miedos juveniles y el edificio que le diera vida a mis peores y mejores fantasías.

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy buen relato, es como tener un proyector de cine dentro de la cabeza, felicitaciones...
    Disfruté leer tu relato de principio a fin, me gustó muchísimo como detallaste hasta lo más mínimo, prácticamente me las imagine, casi puede palparlas. Gran trabajo Pamela Diaz. Un saludo :-*
  • Más de una vez me ha pasado que al acercarme a alguien saltan chispas. Estoy segura que a uds tambien les ha pasado

    La gracia de los pueblos olvidados radica en sus historias ocultas, aquellas que forman parte de ellos y se transmiten como un secreto "vox populi", que siempre tiene varias versiones. eso sumado al paso del tiempo y a las fallas de memorias le suma condimentos a una historia base, que termina por convertirse en una fantástica al ir pasando de boca en boca .

    Jugando con las leyendas de todos los tiempos

    Solo quisiera que la vida me alcanzara para poder ver algunas cosas

    El destino , si existe tal, debería ser como lo que ahora describo

    Creo que olvidamos que somos nada, que apenas existimos , que nuestra vida es tan insignificante, me pareció importante recordarlo

    Las marcadas estaciones del país que habito, traen consigo experiencias únicas, e irrepetibles en ningún otro sitio

    Ojala la simpleza pudiese instalarse en nuestras vidas, permitiéndonos disfrutar de lo que en verdad importa

    A mi país 1, 5 millones de haitianos han entrado desde el 2016, casi 450,000 han sido devueltos . Esta historia ficticia tiene por labor homenajear a los que vinieron en busca de nuevas oportunidades, persiguiendo un sueño, que se transformaría pronto en pesadilla, atrapados en un país racista y ególatra, desconsiderado y oportunista . Para aquellos que tuve el honor de conocer y perder un abrazo en donde quiera que estén

    Algunas sensaciones, sentimientos y experiencias cambian radicalmente el sentido de nuestras vidas

  • 80
  • 4.47
  • 420

Desde siempre me han gustado los libros, de adolescente escribía cuadernos con poemas e historias, algunos que no le mostré a nadie jamas. ahora no me avergüenza tener como hobby escribir y que alguien lo vea

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta