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10 min
La casa a las afueras del tiempo
Terror |
30.09.13
  • 4
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  • 2051
Sinopsis

Historia surrealista de terror.

Israel despertó y abrió los ojos. Lo primero que vio fue un charco de sangre. Se encontraba solo en el vagón de un tren. Lo que observó a su alrededor era espeluznante.
Estaba todo manchado de oscuro carmesí. Habían manchas de sangre incluso por el techo.
    ─ ¿Qué ha pasado aquí? ─ se dijo a si mismo en un susurro.
¿Acababa de despertar de una pesadilla?
Se levantó del asiento y miró a su alrededor. Se sentía confuso y mareado. ¿Qué había sucedido? ¿Si había habido una matanza, dónde estaban los cuerpos? Y lo más importante ¿porqué él seguía vivo?
Empezó a correr hacia el siguiente vagón con la esperanza de encontrar a alguien más, pero cuando lo abrió no vio a nadie. Se encontraba lleno de sangre igual que el anterior. Siguió corriendo por el tren, hasta que llego al último vagón.
Sangre y más sangre.
Nadie más.

Se llevó las manos a la cara y trató de calmar su agitada respiración. Respiró profundamente y recorrió la mirada por el vagón.
La puerta del vagón estaba abierta y entonces se percató que el tren no estaba en movimiento. ¿Dónde estaba? ¿Que demonios había sucedido?
Se dirigió hacia la puerta con cautela, sin saber que podía esperarle fuera del vagón, podría ser que el causante de aquella masacre no estuviera muy lejos.
Cuando se asomó hacia fuera, una densa niebla le impidió ver nada. La niebla se dispersó un poco y pudo empezar a vislumbrar algo a su alrededor. Un camino de piedra fue apareciendo ante él, aún no podía distinguir hacia donde llevaba, pero, si pudo observar que se encontraba en un pantano.
Echó la vista atrás y contempló el ensangrentado vagón, luego miró el camino. Tras unos instantes, suspiró, bajó del tren y empezó a andar con cautela por el camino.

Dio unos cuantos pasos y volvió la vista atrás de nuevo, ya no veía el tren, solo espesa niebla, cuando puso de nuevo su mirada al frente se encontró con una casa en el pantano que empezaba a vislumbrarse entre la niebla. El camino lo dirigía a ella.
Unos extraños sonidos, similares a las lamentaciones de alguna criatura, se oyeron. Parecían venir de las profundidades del pantano. Se le pusieron los pelos de punta y decidió andar con paso firme hacia la casa.
El camino de piedra terminó y llegó a su destino. Se trataba de una pequeña casa de piedra, construida sobre una reducida península, rodeada por agua del pantano.
La puerta era de madera, tenía dibujado el caparazón de un caracol. Llamó a la puerta y esta se abrió sola.
Pasó al interior. La casa parecía diez veces mas grande por dentro. Estaba en un amplio salón con moqueta roja. Un hombre anciano le esperaba sentado tras una mesa. Parecía la recepción de un extraño hotel.
El anciano presentaba una cejas pobladas y barba blanca. Tenía los ojos cerrados, en sus párpados habían unos ojos pintados, de manera que parecía que te estaba observando. Sostenía un vaso, donde dentro se hallaba un diminuto diablillo rojo de sonrisa escalofriante.
Israel golpeó la mesa con las palmas de las manos y preguntó al anciano.
    ─ ¿Dónde estoy?
El anciano no respondió, el diablillo parecía ensanchar su sonrisa.
    ─ ¡¿Dónde cojones estoy?! ¡Responde, maldita sea! ─ espetó al viejo, pero este ni se inmutó.
El hombre de las pobladas cejas alzó uno de sus brazos, sostenía un cuchillo. Israel siguió la trayectoria del cuchillo, estaba señalando a unas escaleras en forma de caracol, cuando volvió la vista al anciano, éste, ya no estaba. En la mesa había dejado el cuchillo y el vaso con el diablillo que se estaba riendo. Cogió el cuchillo y lo observó. Tenía extrañas muescas en su filo, se lo guardó y avanzó hacia las escaleras. El pequeño diablillo escaló el vaso y salió de él siguiendo a Israel de lejos.
Israel empezó a ascender. El demonio subía las escaleras, no sin dificultad, detrás de él.
Llegó al final de las escaleras y se encontró con una sala repleta de hombres de pie, quietos, con la cabeza gacha. De repente, estos levantaron la cabeza y lo miraron fijamente. No se trataba de hombres exactamente, tenían protuberancias en la cara, la piel grisácea y los ojos amarillentos. Entonces alzaron los brazos hacia él, y, empezaron a emitir sonidos que sonaban como una carraca. Israel sacó el cuchillo, lo miró, se vio reflejado en el filo, y, a continuación vio a los seres horripilantes con los brazos extendidos amenazantes hacia él.
No tenía más remedio.
Cargó con toda su cólera contra el que se encontraba más cerca, hundió el arma en su cuello y un chorro azulado salió disparado en cuanto sacó el cuchillo de la criatura. El ser cayó de rodillas en el suelo y finalmente se desplomó sobre su propia sangre azulada.
Saltó hacia el siguiente reventándole un ojo de un puñetazo, la criatura se tambaleó hacia atrás del golpe y entonces lo acuchilló varias veces en el pecho.
Una euforia asesina se adueñó de él y se batió contra los demás, que no corrieron mejor suerte.
Instantes después solo oía su respiración agitada. El suelo estaba teñido de azul. Delante suya había una puerta, intentó abrirla, pero no lo consiguió. Estaba cerrada.
El diablillo apareció, caminando hacia la puerta y sonriéndole. Era una sonrisa provocadora, maliciosa, sarcástica. Era la sonrisa del mayor cabronazo del mundo.
La furia lo invadió e intentó rajar al demonio, pero falló. El pequeño diablo empezó a trepar por la puerta, Israel intentó ensartarlo, pero erró, y el cuchillo se quedó clavado en la puerta. El demonio se burló de él y siguió reptando por la puerta, parecía que tuviera ventosas en las manos y en los pies.
El hombre se enfureció aún más y volvió a acometer contra el diablillo que esquivó el golpe de un salto en el último instante. Esta vez el cuchillo se clavó en la cerradura y oyó un 'clic'. Sorprendido giró el cuchillo y la puerta se abrió.

Una majestuosa sala apareció ante él, y al final de una larga alfombra roja, un hombre, con una máscara veneciana en forma de pájaro, aplaudía irónicamente.
    ─ ¡Enhorabuena! ─ dijo el hombre de la máscara dejando de aplaudir ─. Parece que al fin te has dado cuenta.
Israel le miró atónito.
El diablillo se acercó al hombre de la máscara de pájaro y le dio la llave.
    ─ Efectivamente. Era una llave ─ anunció el enmascarado ─. Pero al parecer tu le has sacado mayor provecho acuchillando a esas pobres criaturas.
    ─ Pensaba que era un cuchillo para defenderme de aquellos monstruos ─ contestó Israel con voz ronca y apretando los dientes.
    ─ ¿Y de que tenías que defenderte? ¿Es que alguien te atacó? ─ preguntó ladeando la cabeza.
    ─ Extendieron los brazos y me miraron con gesto amenazador ─ contestó mirándolo con odio.
    ─ Osea, que te miraron mal. ¡Que desconsiderados!
    ─ ¡Cállate! ─ le espetó ─. ¡Tenía que hacerlo!
    ─ Lo sé.
Israel apretaba tanto los puños que tenía blanco los nudillos. Le miró fijamente.
    ─ ¿Quién eres?
    ─ Sabes muy bien quien soy ─ sonrió ─. Soy Ka, y me conoces tan bien como te  conozco yo a ti.
    ─ Ka... ─ repitió Israel pensativo.
    ─ El nombre no tiene ninguna importancia. Solo es la palabra que piensas para referirte a mi. Yo no soy ni mas ni menos que tú mismo. Una parte del todo. Igual que tu.
    ─ No entiendo nada de lo que dices. ¿Eres tu el responsable de todo esto? Del tren, la sangre...
    ─ Puede que tenga algo que ver ─ comentó mientras se quitaba la máscara. Israel dio un paso atrás. Ka sonrió, tenía su mismo aspecto ─. ¿Tu que crees?
    ─ Eres igual que yo... ─ susurró Israel sorprendido ─ ¿Que lugar es éste? ¿Dónde estoy?
    ─ No es mas que un lugar de tu consciencia. Aquí no corre el tiempo. Todo esto que ves lo has creado tu. Estás aquí porque querías verme.
    ─ ¿Que yo quería verte... a ti? ─ le miró a los ojos y le regaló una sonrisa demente ─. No eres más que un maldito monstruo embustero.
El diablillo hizo acto de presencia, arrastraba dos grandes espadas. Dio una a Ka.
     ─ ¿Así que piensas que somos un monstruo, eh?
El demonio se acercó y le tendió la otra espada a Israel. Este la cogió y con una sonrisa ensartó al diablillo con la espada, dejando un charquito de sangre. Sonó como quien revienta una bolsita de ketchup. Miró a Ka, ladeó la cabeza y sonrió.
    ─ Voy a acabar contigo maldito monstruo.
Israel acomete contra Ka. Este consigue interceptar con su espada sus ataques un par de veces, pero a la tercera, Israel lo atraviesa con el acero. Pega su frente a la de Ka y lo mira a los ojos sonriendo, éste le devuelve la sonrisa y a partir de entonces deja de ser Ka. Ahora está viendo la cara de un hombre mayor, que lo mira horrorizado muerto de miedo.
Israel incrédulo saca la espada del pecho de este hombre y mira a su alrededor. Está en el vagón del tren. Hay mas cadáveres a su alrededor.
Está lleno de sangre. Sus manos están manchadas de rojo.
Impactado echa a correr a través del tren hasta que llega al último vagón, que está vacío, a excepción de una persona que se encuentra al final de este.
Es Ka. Sostiene su espada en la mano.
    ─ ¡Todo esto es culpa tuya! ─ le grita Israel.  
    ─ ¿Acaso yo he matado a alguien?
    ─ ¡¡Cállate!! ─ espetó con rabia corriendo hacia él y alzando la espada.
Las espadas entrechocaron y el duelo comenzó.
Israel atacaba constantemente a su rival que no paraba de defenderse.
    ─ Pobre Israel. Cada vez vas haciéndote mas fuerte y me resulta mas difícil pararte.
    ─ ¡Deja de decir estupideces! ¡Deja ya de volverme loco!

Atacó con mas rabia, cada vez lanzando sus acometidas mas rápidas y fuertes. Le lanzó una patada al tobillo, Ka perdió el equilibrio y le golpeó con la empuñadura de la espada reventándole la nariz.
Ka se llevó las manos a la cara y en ese momento Israel lo atravesó con la espada.
Ka escupió sangre y ambos se sonrieron.
    ─ Bravo. Al fin lo has conseguido ─ le felicitó mientras un hilillo de sangre brotaba de la comisura de sus labios ─. Acabas de matar a tu cordura. Ahora ya nada podrá detenerte, ¿verdad locura?
Israel retrocede dos pasos. Está temblando. Lo mira asombrado con los ojos como platos. Baja la mirada, su cuerpo está lleno de sangre.
Se lleva las manos a la cabeza. Oye los gritos y lamentaciones de muchas personas retumbar en su cabeza.
Lanza un grito amargo. Un grito de locura.
Se desmaya.
Todo es oscuro de nuevo.

Israel despertó y abrió los ojos. Lo primero que vio fue un charco de sangre. Se encontraba solo en el vagón de un tren. Lo que observó a su alrededor era espeluznante.
Estaba todo manchado de oscuro carmesí...

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