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7 min
La casamentera
Amor |
12.02.19
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Sinopsis

Una celestina ultima su ultimo negocio

      La casamentera tenía una cita en la casa de un hombre mayor. Últimamente el negocio se había ido complicando, cada vez era más difícil cerrar un trato. La gente quería casarse por amor, incluso su  actividad empezaba a considerarse como mal vista.

       La celestina se había quedado viuda ya hacía tiempo y necesitaba de su negocio económicamente. ¡A ver si hoy le iban bien las cosas!

       Estaba aporreando la puerta de la casa desde hacía un rato…finalmente un hombre mayor que cojeaba levemente y se apoyaba en un bastón le abrió

     -Perdone la tardanza, me cuesta trasladarme- El que así hablaba, aunque con el pelo blanco, todavía tenía un cuerpo digno y cierta nobleza en el porte.

      La casamentera, también mayor, con un pelo lleno de canas y unas arrugas que inundaban un rostro que quizás en otro tiempo no hubiera sido mal parecido, sabía estar en su lugar, así  que con paciencia  respondió

       -No se preocupe, me hago cargo. ¿Puedo pasar?

       Al cabo de poco el hombre y la mujer se encontraban a cada extremo de una mesa de comedor, demasiado grande para un hombre solo. Era el momento de sincerarse y de saber exactamente lo que  quería el hombre.

        -Perdone que mire a mi alrededor, pero lo primero que quiere saber una mujer joven es si el caballero está bien situado. Parece que por lado económico no hay problema…ya sabe que la dote tiene que ser sugeridora tanto para la futura esposa como para su familia…

         El caballero sonrió y le alargó un papel en el que se anotaban las rentas, fincas y tierras que tenía. Vivía sin preocupaciones económicas

        -Creo que este papel me hará un poco más deseable a los ojos de las candidatas…dijo el caballero mirando con sus ojos grises, claros y acuosos a la casamentera.

        Esta, inmediatamente pensó que el negocio con aquel Mirlo Blanco, iba bien encaminado, pues lo principal en aquella clase de transacciones se  cumplía con creces. Desde ese mismo momento empezó a mirarlo con más simpatía.

           -Hábleme de sus rutinas, gustos, costumbres…de lo quiere de una mujer…si solo la desea para que le lleve la casa o quizá para el sexo… no sé…explíqueme

             El caballero volvió a mirar a la celestina, suspiró y dijo

            -Tengo una asistenta que lleva la casa y me hace la comida. Así que no necesito a una mujer para eso. Ya sé que pretender una mujer que me quisiera es pueril y fuera del negocio que estamos tratando, pero si llegara a tener cierta amistad conmigo, lo agradecería.

             -Continúe hablando, quiero saber más cosas sobre usted- dijo la casamentera, aunque de lo principal, lo económico, ya tenía una idea clara.

            -Bueno, ya ve que en esta estantería además de la Biblia, tengo otros cuatro libros…me gustaría, si pudiera ser, que supiera leer…

           -! Vamos, vamos! ¡Déjese de entelequias! ¡Olvídese!... Volvamos a lo realmente importante…no me ha dicho nada del sexo y si quiere una chica joven.

          El caballero se mostraba desconcertado, no acertaba a desnudar su corazón a aquella mujer que sin querer  empezaba a saber mucho de él y extrañamente la sentía próxima. Aquella    mujer parecía su confidente…

           -Oh claro, una mujer joven… La juventud quiere sexo y yo, en mis condiciones no sé muy bien…

           -Aclarémonos, ¿Quiere sexo o no? ¿Quiere una mujer joven?

           El hombre del pelo blanco se turbó…-Me gustaría que tanto una mujer  joven o mayor, fuera comprensiva conmigo y así seguro que las cosas podrían ir bien…

           -Creo que ya entiendo -dijo la casamentera con cierta dulzura, ante la mirada un tanto expectante del caballero-  Hablaron de más costumbres y gustos del hombre del pelo blanco, hasta que la casamentera se hizo una idea bastante aproximada de su cliente, entonces ella dijo -Ahora perdóneme pero se me ha hecho tarde. Mañana vendré a la misma hora y procuraré ofrecerle la candidata adecuada.

          La viuda emprendió el camino hacia su casa un tanto sofocada, los pensamientos danzaban  sin descanso en su cabeza.

          “A estas alturas que me pase esto es absurdo. Yo  que lo sé todo del otro sexo  y he visto toda clase de peticiones obscenas en los hombres…pero hay que ver cómo me mira este, su mirada es envolvente e ingenua. No nos pongamos nerviosas…repasemos…Primer punto, este hombre está muy bien situado económicamente  y a mí me iría de fábula casarme con él, porque mi negocio va hacia la ruina. Segundo punto, curiosamente no se decanta por una mujer joven porque no está seguro de su sexo…esto me da la tranquilidad añadida que no me molestará casi nunca…perfecto también. Tercer punto, se conforma con una amiga que lo escuche…esto es pan comido para mí”

      La viuda iba muy nerviosa y no quería que aquel buen negocio se le estropease, para ello sabía que tenía que comentar nada con las marujonas de sus amigas, ya que si se enteraban se lo quitarían de las manos.

      “En casa del herrero cuchara de palo. Yo siempre proponiendo matrimonios y me encuentro más sola que la una. Mi intuición de profesional me dice que este hombre no es malo, así que tengo que ir a por todas.

        Hasta hoy siempre que había propuesto a una chica había alabado sus virtudes pero silenciaba sus defectos. Ahora que tengo que hablar de mí misma, aunque el ingenuo no lo sabe, expondré tanto mis defectos como mis virtudes…quiero que caballero, si compra, no se lleve a  engaño. El no sabrá que hablo de mi misma. Según vea su reacción, si es favorable, desvelaré quién es la autentica candidata.”

      Al día siguiente…TOC…TOC…TOC

       “Nada el caballero no oye o viene a velocidad de caracol…”

       -Finalmente la puerta se abrió –Perdone la tardanza pero…”

       -Sí, sí, ya sé, no se preocupe de nada….tengo una candidata para usted, pero antes hay que   saber si le encaja.

         La celestina estaba un poco ofuscada, sudando de nervios…de joven no es que fuera una beldad apabullante, pero los hombres siempre le habían ido detrás…tanto para sexo como para una relación seria jamás había tenido problema en ese sentido. Mas tarde de casada la tónica era más o menos la misma.  Siempre era ella la que había mandado…sin embargo, ahora, a las puertas de la vejez, era la primera vez que ella tenía que examinarse, exponer sus cualidades para la aceptación de un hombre.

      -Tengo una persona convencida, pero no es joven, tiene más o menos mi edad y físicamente se me parece algo… ¿Vamos bien?

       -Oh, sí claro, claro. –Dijo el caballero abriendo sus nobles ojos

       -No me he atrevido a preguntar,    por discreción, por sus intereses sexuales, pero como a usted tampoco eso le preocupa este aspecto en sobremanera… Desde luego no sabe leer, pero si usted le honrara con su amistad ella aceptaría gustosa que le enseñara…si sabe cocinar…

       -De acuerdo, de acuerdo. ¿Pero piensa usted que esta persona tiene cierta bondad y belleza interior?

        La casamentera se sonrojó,  bajo la mirada y contestó

        -Eso no lo sé de forma segura…pero ella intentará agradarle en todo

         Entonces el ingenuo, de forma inesperada cogió la mano de la celestina, le dio un beso en la mejilla y dijo

         -Acepto…me gustas.

 

 

 

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