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6 min
LA CENA
Amor |
01.03.12
  • 4
  • 12
  • 1973
Sinopsis

Una cena..."romántica".

Entreabrió la puerta de la habitación. No había llegado. Volvió a mirar. La comida estaba en la mesa: sopa de pollo, filete empanado y papas fritas. Pasó un rato decidiendo si hacer una ensalada, pero a él no le gustaban las ensaladas; aunque... claro, le había oído decir que tenía que perder unos kilos. !Oh no¡, la cena no era precisamente la más adecuada para un hombre que estaba intentando perder peso. Debía haber hecho la dichosa ensalada. Así podría dejar las papas y acompañar el filete con ella. Está a punto de llegar, pensó; pero tengo tiempo. Un poco de lechuga, tomate... y ya está. Ya estaba decidida, ¡lo haría! en sólo  dos minutos habría terminado. La pondría en su preciosa fuente de cristal azul y la cena sería perfecta. Oyó un ruido, aguzando el oído, acercó su cara a la puerta. ¡No era él! ¡tenía tiempo!. Fue a la cocina, cogió las verduras las troceó, las puso en la fuente azul y, después de aliñarlas, llevó la fuente al comedor. Al ponerla en la mesa, observó el conjunto, el precioso mantel, aquellos bonitos platos azules regalo de su hermana y la fuente de cristal azul ¡perfecto! Todo estaba perfecto. El aspecto del filete empanado era imponente, dorado, no muy dorado, sólo lo justo. ¡Un momento! ¿filete empanado? ¿pero cómo se le había ocurrido? ¿qué importaba la ensalada? seguramente no querría comer nada empanado. ¡Dios! no quedaban más filetes, no podía hacer nada. Oyó otro ruido,  se acercó de nuevo a la puerta de entrada, acercó la cara...¡raaac! ¡la llave!

¿Sería mejor esperar en el salón? No, no...mejor en la habitación, no quería ver su primera reacción. ¿Con un camisón sexy? No,  ¡claro que no! ¿En qué estaba pensando? Un vestido, por  supuesto. Algo bonito.

 Corrió a la habitación,  cerró la puerta y empezó a buscar algo en el armario.

El hombre entró en la casa, atravesó el salón y se dirigió al comedor.

-¡Cariño! ¿dónde estás?. Vaya... estamos juguetones hoy. ¿Dónde te escondes, ratoncita? . Pero bueno... ¿qué tenemos aquí?. ¡Huy! qué buena pinta tiene esto...¡guau!. Estoy hambriento.

Ella abrió la puerta de la habitación, una pequeña rendija y observó la escena en el comedor. Estaba sentado a la mesa. Destapó la sopa. Entonces le asaltó una horrible duda: ¿había  echado sal a la sopa? no podía acordarse, hizo un esfuerzo mental pero no pudo recordar haberlo hecho. Intentó visualizar sus manos echando la sal en la olla. Ninguna imagen acudió a su mente. ¡Por favor, Dios mío! ¡Que la haya puesto, te lo ruego!.

-¡Serás zorra!, has picoteado el pollo en la sopa otra vez -gritó. Sabes que me gustan unos buenos trozos en la sopa. Estos son demasiado pequeños.

¡Oh no! no era posible. Los trozos eran grandes, se había asegurado de ello. Por lo visto, no lo bastante grandes. El miedo se apoderó de ella, pasó la llave y  se deslizó por la puerta quedando sentada en el suelo. Se cubrió la cabeza con las manos y empezó a sollozar lo más silenciosamente que pudo.

-¡Siempre la cagas, puta!. Pero...¿dónde estás?, ¿dónde te has metido?. ¡Será mejor que asomes tu estúpido hocico!. Claaaaro... estás encerradita en la habitación. Siempre que me jodes acabas escondiéndote ahí.

Se acercaba, oía como se acercaba. Empezó a temblar. No podía moverse y le temblaban las piernas. Rompió a llorar, se tapó la boca, no quería que la oyera. Él le dio varios golpes al picaporte, sacudió la puerta y le soltó una patada. Ella, acurrucada al otro lado notó el golpe, pero la puerta apenas se estremeció, era sólida.

-¡Anda, preciosa! abre.

Lo dijo susurrando, conteniendo la rabia. Gateando, ella  se acurrucó bajo la cama. Dio un salto cuando él  se lanzó contra la puerta. Casi salta la cerradura pero aguantó. Luego silencio. Se tapó los oídos esperando otra embestida, pero nada.

-¡Mierda! ¡Maldita puerta! Vale, como quieras. ¿Ves? me voy a comer la sopa. ¡Claro que sí! ¡Me la voy a comer toda! Sal, tonta. Está muy rica. ¡No voy a hacerte nada! ¡Hummm! está riquísima. ¡Mira, este es un buen cacho! ¡Cómo a mí me gusta! Sal tontina, te estoy esperando. Quiero felicitarte por esta sopa tan rica. ¡Anda, muj... AGRJGGGG! ¡AGRJGGGGG! AGRJGGGGG!

Oyó un golpe seco. Silencio. No se oía nada. De repente todo en silencio. ¿Que había sido aquel ruido? Le oyó toser y luego nada. Salió de debajo de la cama y se acercó a la puerta. Aguzaba el oído mientras pegaba su cara a la madera lo más posible. Nada. Ningún ruido .¡Un momento!, se oía algo, una especie de suspiro continuado. Según se iban calmando los latidos de su corazón lograba oír algo más. Una especie de respiración...¡No! más bien un resuello. ¡Ahora! ahora lo oía. ¡Sí! Era como si no pudiera respirar...pero... ¿Qué había pasado?  Pasó un rato. Ya no se oía nada. Tengo que salir ,- se dijo. Sí, tengo que salir. Se incorporó, giró la llave y luego el picaporte. Abrió la puerta muy despacio y....entonces le vio, tendido en el suelo, los ojos abiertos  y la boca...la boca ¡oh dios! no se movía. Eso la envalentonó,  corrió hacia él y se arrodilló a su lado. Le tocó con un dedo, con mucho cuidado y lo retiró enseguida. Los ojos abiertos e inmóviles y la boca abierta, horrible. No se movió. Estaba muerto.

Uno, uno, ...dos.

-Emergencias, dígame -una voz fría e impersonal-. Emergencias, dígame.

-Ho...hola. Creo...creo que mi marido está muerto.

-¿Muerto?. Señora dígame su dirección. ¿Qué ha pasado?

-Creo que se ha ahogado con un hueso de pollo. Era un trozo...grande.

 

FIN

 

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  • Aunque suene duro decirlo, "a cada cerdo le llega su San Martín". Magnífico relato nuevamente y tremenda descripción del maltratador tipo y de la víctima asustada. Enhorabuena
    Tremendo relato. Felicitaciones.
    Otro estupendísimo relato. Pues que me lo he pasado pipa recorriendo tus cosas, me ha encantado pasear por aquí. Gracias por compartir y sigue, que se te disfruta. Un abrazo.
    Muy bueno!
    genial el giro que metes a la mitad, te pilla totalmente de sorpresa.
    Muy buen relato!!
    Un giro sencillo pero elegantemente descrito y con paciencia.
    Excelente relato. Muy bien hilvanado y con final sorprendente. Muy buen debut. Enhorabuena. (Gracias por tu comentario).
    me encantoo!!
    Lo mejor: el final. Así tendrían que acabar todas las malas personas que hacen daño a los demás. Un saludo.
  • La presión de la imagen y la necesidad de estar delgada en el mundo que vivimos.

    Más que reflexión, me salió una proclama, pero ahí va.

    Hoy Viernes Santo, 6 de abril de 2012, se cumplen 20 años de la muerte de Isaac Asimov. He escrito este relato a modo de pequeño homenaje. Está basado en uno de sus relatos cortos: "La Última Pregunta". Espero que su espíritu no venga a pedirmen cuentas, perturbando mis sueños.

    PODEROSO CABALLERO...

    El pasado siempre nos alcanza.

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