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6 min
LA CHICA DEL PUENTE (1.4) vs Musi
Amor |
09.02.21
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Sinopsis

 

 

Marina y Hanna. Hanna y Marina. Amanece. Ellas todavía permanecen entre las sábanas, fundidas en un férreo e indómito abrazo, a la vez que en sus ojos asustados se vierten todos los sentimientos que no pueden esconder. El sonido de la sirena de la policía en la calle les anuncia el principio del final. Éste ya estaba tardando demasiado.


Son las diez de la mañana del pasado junio que llegó con calor adelantado. Hanna prepara café filtrado en la vieja cocina de la pequeña casa con jardín y también dos pares de tostadas para untar con aceite. Sonríe, la embarga la sensación de que el día es más brillante y el cielo más azul, y se mueve con un agradable calor entre las piernas que le recuerda quién duerme en su cama.

Marina. Su dulce y amada Marina. La valiente mujercita que desafiando a los prejuicios de todo el pueblo ha hecho su maleta y se ha ido a vivir con ella. Acaba de cumplir las dieciocho primaveras y su impulsiva adolescencia no ha querido escuchar las objeciones de su familia y ahí está, con ella, que está enamorada de la chica desde que la conoció.

Hanna es la veterinaria del pueblo. Dos años hace que se trasladó de la capital a ese mundo rural que tanto le apetecía vivir; huyó del ruido, la contaminación y el trato superficial que había mantenido con otras mujeres.

—¡Buenos días Hanna!  —Marina estaba radiante y le dedicó una sonrisa que la habría llevado hasta el fin del mundo.

—¡Buenos días, preciosa! —Hanna la abrazó y juntó sus labios con su diosa particular, sintiendo su calor y su delicioso aroma de recién despertada.

—He hecho café y tostadas. Tienes que comer para que nadie diga que te hago pasar hambre —dijo Hanna, invitándola a sentarse en el banco corrido de la mesa de madera centenaria. Se sentó frente a ella y la contempló zamparse ambas tostadas y una naranja antes de terminar con su café con leche.

 

Esta mañana vienen a por ellas. Lo saben desde hace pocos días pero no han pensado en huir. No pensaban que la justicia se hubiera quedado anclada en en el pasado.

La denuncia del padre de Marina fue efectiva. Acusó a Hanna de un delito de violencia psicológica y de perversión sexual con una joven menor de edad, pretendiendo que tuvieron relaciones antes de que ésta fuera mayor de edad, cosa incierta pero imposible de probar. Tuvo lugar el juicio y a Hanna le cayeron diez años por corrupción de menores, a cumplir íntegra la condena. A Marina, el juez la incapacitó y su sentencia, un poco más suave, fue que ingresara de por vida, o hasta que estuviera curada de su "enfermedad" en La Milagrosa, el sanatorio mental ubicado a las afueras de su pueblo, donde podría ser visitada con frecuencia por su familia.

 

Han pasado veinte años. Ya nadie habla del caso de aquellas dos mujeres cuyo único delito fue amarse. Veinte largos y fríos años de tratamientos experimentales; Marina pasó de rebelarse a aceptar y de ahí a la derrota total. Según contaban, Hanna, no resistió en la cárcel de mujeres. La pena imputada la señaló y la venganza que se tomaron con ella sus compañeras de condena la empujó al suicidio. Fue cuando Marina se enteró de lo ocurrido que dejó de luchar.

En La Milagrosa hoy es un día especial. Es un día de puertas abiertas donde se permiten las visitas que normalmente están restringidas durante el año a pocas ocasiones. En el alboroto de pacientes alegres, niños y hasta algún perro, los enfermeros y vigilantes no dan abasto. Y no se percatan de que una figura menuda envuelta en su bata blanca y zapatillas sin cordones se ha escabullido por la puerta principal. Ésta duda de qué dirección tomar, y se decide por la derecha, recordando el río y la ribera poblada de chopos con hojas cantarinas acompañadas por el sonido del viento.

El suelo está húmedo de una llovizna recién caída. Siente que la emoción por lo que acaba de hacer se esfuma con cada paso embarrado al recordar la realidad, su realidad. A su memoria vienen a oprimirla las imágenes de su última mañana con Hanna, los agentes llevándolas a comisaría separadas en dos vehículos, el juicio, el internamiento, su familia recomendándole que volviera a la senda correcta...

Y ahora, ¿qué va a ser de ella? ¿Cómo pudo pensar que podría sobrevivir fuera del sanatorio? La solución se le presenta delante en forma de viejo puente de madera. Se acerca para contemplar el agua que escapa en dirección al lejano mar y desea verlo, nunca lo ha visto y sin más raciocinio se iza sobre la barandilla húmeda.

Se detiene un momento al percibir una voz y unos ladridos insistentes, pero comprueba que es un hombre vestido de calle, no la están buscando todavía. Se pone en pie y desde allí puede contemplar las alteradas aguas que discurren por debajo de la estructura. Siente que el agua la llama con la promesa de llevarla consigo hasta donde desea... donde desea, en paz, y abriendo los brazos cierra los ojos y deja que su peso la venza. A lo lejos una voz sigue llamándola...


                         ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
 

El fundido en negro desaparece y una sensación de ahogo no me permite respirar. Alguien parece empeñado en que recobre el aliento. 

—¿Qué ha pasado? —Pregunto sin abrir los ojos.

—Acabo de sacarla del río, señorita —responde una voz masculina. Ha saltado del puente.

—¿Salté? —No lo recuerdo, no recuerdo nada. Sólo siento frío. 

En ese instante un automóvil cruza el puente y me encojo de miedo.

—Es un coche de policía —comenta en voz baja mi rescatador.

—¡No! ¡Por favor! ¡No quiero volver allí! —suena mi voz desesperada. El hombre puede sentirme el miedo. Ata cabos rápidamente y duda en qué será lo mejor para mí. Finalmente decide ayudarme en mi ruego antes que enviarme al sanatorio de vuelta.

—Tranquilícese... no la voy a delatar.

—¿Puedo saber cual es su nombre? —me pregunta al tiempo que cubre mis hombros con su chaqueta de lana.

Entre el castañetear de dientes puedo pronunciar:

—Me llamo Marina.



 

 

Continuará

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  • Tomo nota, Azel, entiendo lo que dices, y es mi extraña forma de saltar adelante y atrás en las escenas lo que quizá descoloca... y con razón. El desayuno es un recuerdo, anterior a la escena de la policía. Te agradezco las indicaciones. Saludos!
    Luego el salto al futuro me gusta y me parece muy valiente y original el cambio de narrador tras el salto del puente. Es algo que no se ve mucho. La gente tiende a elegir narradores en tercera persona, no cambiar en ningún momento, y generalmente en pasado sin tampoco cambiar. Me gusta que te atrevas a hacer esto y, aunque al principio le pueda chocar al lector, da un golpe de efecto que hace que te aproximes al personaje de una forma muy efectiva.
    La gracia sería anunciar la llegada de la policía justo cuando almuerzan y toman café y entonces se les hace un nudo en el estómago. Antes, en la cama, estando abrazadas con fuerza y anunciando que alguien viene a por ellas, que es el inicio del fin, ya presenta muy bien el primer conflicto. Luego hay varios saltos temporales muy explicativos, abriendo el marco de qué les pasó (denuncia del padre, etc) para saltar al futuro después de muchos años encerrada. La primera parte del recuerdo estaría bien dosificarla con la acción, para no crear un paréntesis tan grande y detener la trama. Fíjate que durante párrafos muy grandes se detiene la trama, no pasa nada.
    Hola, Serendipity! Primero de todo decirte que espero que te tomes mis palabras como una mera opinión con ánimos de ayudar, y nunca una crítica con pretensiones de la verdad absoluta. Dicho esto, el inicio de tu relato me gusta mucho, aunque le veo algunas cosillas a remarcar en la estructura. Empiezas con una escena bastante buena que genera de inmediato una pregunta implícita, y eso está muy bien. Llega la policía, pero entonces ellas pasan un buen rato almorzando, rompiendo un poco la intriga y la tensión del momento. Es decir, si la policía ya ha llegado es cuestión de un par de minutos que suban a su apartamento, pero da la sensación que pasa mucho rato y en tranquilidad.
    Agradecida por su amable comentario, Don Ramón. Un gran saludo.
    Serendipity, cuando una adolescente no encuentra afecto en su hogar, busca afecto al primero que lo brinde y llene su soledad afectiva. Excelente tema y bien narrado. Te felicito
    Me alegra un montón, Leomaría! Besos!
    Que buena narración, me ha encantado... Un besazoooo Sere!!!
    Jajaja, Francesc! Si haces espóiler no van a leer la segunda parte! Has dejado una muy buena explicación sobre el amor, ciertamente. Un abrazo para ti.
    ¡Ya está! Marina y el chico, se lían, pero luego se pelean...¿no? jajaja. No me hagas mucho caso que ahora te quiero picar. Un relato muy bueno, Serena. Espero la continuación. El amor tiene que respirar, vivir con plenitud sin prejuicios de ninguna clase.Sabrás que cuánto más impedimientos se ponen a una relación, el fuego se aviva más, y se produce el victimismo en los amantes, cosa que no debe de pasar.
  • Gracias Ana Sabrina, acepto tu invitación en el día de hoy: el Día Internacional del Beso, al que he dedicado con cariño muchas de mis letras, entre ellas "La fugacidad de un beso", "Un beso, una sonrisa, un paisaje", "Besos escondidos", "Tantas veces, tantas noches, tantos besos", "Microbesos", "Otro de besos"... y si, hasta yo me sorprendo! ¡Feliz día a todos!. No os olvidéis de dar ese beso a quien lo espera...

    Un poco de prosa poética para celebrar el Día mundial de la Poesía.

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