13 min
La Chica Del Servicio. Capítulo 1.
Amor |
21.02.13
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Sinopsis

Cuando Gisele Stone llega a casa de los Campbell como la chica del servicio, jamás pensó que su vida cambiaría tanto. Allí conoce al hijo menor del matrimonio, Matt, un hombre frío, atormentado, con graves problemas de bipolaridad. Éste, desde el primer encuentro con Gisele se encapricha en tenerla, queriéndola someter a su voluntad. Pero Gisele no es una chica tímida y pronto se hace con el control de la situación. Desde ese primer día, sus vidas cambiaran para siempre. Refugiados en la clandestinidad, dan rienda suelta a una pasión insaciable. Que poco a poco darán paso a unos nuevos y posesivos sentimientos. A veces nada buenos para esa relación. Amor, drama y pasión. Una poseción dolorosa. Un sentimiento tan intenso que los destrozará, ¿podrán conseguirlo juntos?

Ésta novela ya está publicada como libro con derechos de mi autoria. A petición de algunos lectores la voy a publicar aquí capítulo a capítulo.

Aclaración: El libro oficial se diferencia en varias cosas con los 25 capítulos que publicaré aquí. Es más detallados en cuanto a lugares y personajes, más mejorado y con dialogos más largos en algunas ocasiones.

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De lo contrario hiré subiendo este borrador por aquí. La trama es la misma sólo que con algunos cambios en lo que refiere a lo citado arriba.

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CAPÍTULO 1 - EL COMIENZO

GISELE.

Mi hermana Noa me llevaba prácticamente a rastras al que durante todo el verano sería mi nuevo empleo. No me agradaba el empleo, muchos menos sintiéndome la enchufada en casa de los Campbell gracias a que mis hermanos Scott y la misma Noa trabajaban allí. Scott de chófer, Noa de cocinera y yo llegaba ahora… de chica del servicio, chacha, fregona, cómo lo quieran llamar.

—Noa no quiero ir protestaba intentando zafarme de su brazo—. Buscaré otro empleo pronto, lo prometo. No me agradada ser la enchufada, no me agrada trabajar para riquillos y no me agrada dejar las afueras para estar en el centro de Forks, por favor déjame ir de vuelta a casa.

— Lo siento Gis, ya hemos hablado de esto y vas a empezar hoy mismo Noa y su cabezonería—. Solo son tres meses, luego tendrás dinero suficiente para poder pasar el invierno en casa estudiando.

—¿A cambio de qué? ¡Noa desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche, eso es un abuso! Protesté—. Solo voy a tener libres los domingos, no podré ver a Thomas.

Noa paró en seco de forma brusca y me hizo levantar la mirada hacia ella.

—¿De verdad es eso lo qué quieres? Preguntó molesta—. ¿Quieres pasar el resto de tus días compartiendo la vida con un hombre que solo piensa en el gimnasio?

—No hables así de Thomas dije con pesimismo—, sabes que solo somos amigos, no hay nada más entre nosotros y no entiendo porqué dices esas cosas de él.

—¡Te come con la mirada Gis! Dijo exasperada—. No entiendo cómo no te das cuenta que solo quiere llevarte a la cama, ¡y no pienso permitir que él sea el primer hombre en tu vida!

No pude más que sonreír al oírla decir esas cosas. ¿Qué se creía? ¿Qué por ser dos años mayor que yo podría mandar en mi vida?

—Noa, dejemos el tema ¿sí? Sin más palabras me giré de vuelta a casa.

—¡Gisele! Al oír su grito deje de caminar—, es lunes y no estoy de humor para pelear contigo a las siete de la mañana. A las ocho la casa se pone en marcha, así que no te lo digo más. ¡VAMOS!

Sin poder protestar más la seguí. Noa llevaba nueves meses trabajando para los Campbell, estaba feliz con su trabajo a pesar de trabajar tantísimas horas y a Scott le pasaba exactamente igual. ¿Y yo? ¿Qué iba a hacer yo? Tenía ganas de estudiar, de ir a la universidad y para poder hacer frente a eso tenía que trabajar duramente el verano. La realidad era que tenía planeado buscar otra clase de empleo, acababa de terminar el instituto, en septiembre iría a la universidad y necesitaba tener ahorros para cubrir todas mis necesidades sin tener que acudir de nuevo a mis hermanos, o pedirles a mis padres que me mandasen dinero.

Nuestros padres se quedaron en Phoenix, cuando dos años atrás Noa y Scott decidieron emprender un nuevo camino. Yo desolada al saber que iba a quedarme sin ellos, supliqué para que me trajesen y estudiar aquí… y ahora mira cómo estábamos los tres… cocinera, chofer y chacha. La verdad me sentía feliz al saber que vería más a mis hermanos, ya que en los últimos meses solo nos estábamos viendo los domingos. Desde que ambos comenzaron a trabajar en casa de los Campbell apenas tenían vida, pero a pesar de todo estaban muy felices porque tenían un buen sueldo y no escatiman a la hora de tener caprichos.

Por ese hecho Noa había decidido que trabajase con ellos, interfiriendo por mí con los señores Campbell. Me había pasado todo el invierno solo del instituto a casa y ahora que tenía vacaciones mis hermanos no deseaban que estuviese los días enteros sola sin nada que hacer, ¿qué mejor que llevarme junto a ellos al infierno? Pensé con sarcasmo.

—¿Qué tramas? ¿Por qué estás tan callada? Me preguntó Noa sacándome de mis pensamientos—.  Gis te advierto algo: compórtate, los Campbell son personas serias y formales, no hagas escándalos allí.

—Tranquila Noa, no te dejaré mal susurré aburrida—. Cuéntame de ellos por favor, sé que nunca me han interesado pero si voy a tener que convivir prácticamente con ellos será mejor prevenirme.

Noa me miró con una sonrisa satisfecha en sus labios al ver que por fin aceptaba sus condiciones y sobre todo su asqueroso empleo.

—Pues están los señores de la casa, Willian y Karen, ellos son encantadores —el entusiasmo era evidente en la cara de Noa al hablar de ellos—. Luego está Roxanne… Bueno Scott tiene algunos problemas con ella, esa niña no es fácil. También está Matt: que es el más joven de todos aunque tiene veinticinco años. Él es un chico raro, habla poco y suele pasar el día encerrado en el despacho o con los negocios. El miércoles llega Eric otro de los hijos del matrimonio Campbell, a éste solo lo he visto por fotos… es muy guapo.

—Ajá murmuré observando el paisaje del bus, que nos llevaba al mismo infierno.

—Gis, ¿me has oído? Suspiró desesperada—. Bueno ya sabes lo esencial, limítate a hacer tú trabajo y listo.

.

A las siete y media llegamos a casa de los Campbell. La verdad la mansión me dejó muy sorprendida. Grandes cristaleras daban una claridad a la casa increíble, todo era de diseño, tonos claros en los muebles, todo entre el blanco y el color crema… En fin demasiado pijos.

Noa me llevaba por toda la casa a prisa, enseñándome y dándome las primeras instrucciones para empezar el día. Llegamos a mi habitación y eso fue lo único que me había alegrado el día hasta el momento. Tendría una habitación para mi sola con baño incluido, ¡genial! ¿No?

—Gis, ése de ahí es tu uniforme la observe ceñuda, ¿estaba bromeando?—.  No me mires así, estos son los requisitos del trabajo y se deben cumplir.

—Menudos pijos de mierda bufé tomando el trajecito—.  ¿No puede ser en pantalón? Sabes que odio las faldas.

— A-D-A-P-T-A-T-E me advirtió enfadada—. Gis no seas caprichosa, aquí tú sirves los caprichos no se te dan a ti.

—Estupendo protesté probándome por encima el vestido—. ¡Me queda genial…! Parezco una porno chacha! Menudos estúpidos son estos ricos.

—¡GISELE STONE, BASTA! gritó Noa sobresaltándome—. ¡No quiero una sola queja de ti o te mandaré de vuelta a Phoenix! Y no me vayas a decir que ya tienes dieciocho años, que ese discurso me lo conozco.

Iba a protestarle cuando por la ventana de mi habitación se oyeron gritos que provenían desde abajo.

—¿Qué pasa? Pregunté confusa asomándome por la ventana—. ¿Es Scott?

—Seguro que sí dijo Noa observando la escena como yo—, ya te he dicho que Roxanne es algo difícil. Desde hace dos meses está dando clases de modelaje. Se levanta todas las mañanas con este genio y Scott intenta sobrellevarla.

—¿Por qué le grita así? Una rubia gritaba a mi hermano mientras éste aguantaba el tipo—. Mierda niña, ¿me tratará así también a mí? Noa, me parece que no voy a soportar mucho aquí. Mira a Scott, parece un santo esperando que la princesita deje el berrinche.

—Vas a tener que tener paciencia Gis regañó de nuevo—, ella es así con él, conmigo y tú nos vas a ser la excepción… Controla tu genio.

Cada segundo que pasaba en esa casa me sentía más deprimida. ¿Cómo iba a lograr controlar mi carácter si no había un respeto mutuo?

.

.

El lunes se me pasó volando, los señores Willian y Karen Campbell eran encantadores, simpáticos amables y correctos cómo me había hecho saber Noa. Servir a Roxanne fue una tortura… era la princesita de la casa sin dudas. ¡Hasta tenía que ayudar a desvestirla en las noches! ¡Y ayudarla a hacerlo en las mañanas! Sin duda pronto me encontraría de patitas en la calle.

El martes no fue mejor, Roxanne me trataba con desprecio y exigía demasiado en cada momento. En la casa se relajaba y se respiraba tranquilidad una vez que ella se marchaba, aunque para eso Scott tenía que lidiar con ella.

El miércoles fue más movido, ese día llegó Eric; otro de los hijos del matrimonio Campbell. Éste no se parecía en nada a Roxanne, todo le parecía bien, no ponía pegas a nada y era bastante amable.

Hoy era jueves por la tarde, Noa y yo preparábamos la bandeja con el té para la señora Karen y sus amigas del " club privado".

—Gis tengo entendido que Matt Campbell, el hijo menor está de vuelta asentí enfrascada en mi trabajo—. Ha estado unos días fuera, al parecer tiene problemas con su novia y ha estado intentando solucionarlos.

—¿Cómo sabes? Pregunté curiosa—. Aún no lo he servido, nadie me ha hablado de él.

—Me lo ha contado Scott, Matt es muy reservado pero cuando está mosqueado se va de la lengua, en el coche a puesto a su novia de vuelta y media cuchicheaba Noa para que nadie nos pudiese oír.

—Bueno, ¡todo listo! —Dije tomando la bandeja—. Nos vemos luego.

—Ya sabes, paciencia con Roxanne… y con Matt asentí marchándome de la cocina. ¡Perfecto! Otro con el que lidiar en el día a día.

Al llegar a la sala todas las mujeres estaban enfrascadas en conversaciones de modas, fiestas y tonterías de esas. ¡Qué ridículas! Ninguna me prestó atención, solo la señora Karen que se me acercó en cuanto me vio llegar.

—Aquí tiene señora dije con una sonrisa forzada—, ¿necesita algo más?

—La verdad es que sí, Gisele me contestó amablemente—; hoy ha llegado mi hijo Matt, ha estado fuera unos días por motivos personales. Está encerrado en su despacho, es el que ha estado cerrado con llaves todos estos días. Sírvele el té con unas pastas, por favor y gracias.

—Bien señora sin perder más tiempo salí de esa habitación en la que me ahogaba con tanta superficialidad.

Al llegar a la cocina de nuevo Noa no estaba allí, era extraño pues prácticamente no salía de aquel lugar, tal vez estaba en el baño. Preparé de nuevo una bandeja con todo lo que me había pedido la señora Karen para su hijo. Antes de salir de la cocina recé, ¡ojala no fuese otra Roxanne!

Con mucho cuidado de no hacer ruido en exceso, llamé a la puerta. No parecía oírse absolutamente nada dentro, a pesar que la señora Karen me había asegurado que estaba ahí. Tras varios intentos llamando a la puerta sin ver que nadie contestaba, decidí abrirla sin permiso, ¿qué malo podía a ver en ese gesto? Al abrir la puerta me encontré con una habitación muy oscura, apenas se percibía nada allí, solo había oscuridad y tristeza en aquel fantasmal despacho. No tenía grandes ventanales como el resto de la casa y todos los muebles eran oscuros.

—¿Hola? pregunté cerrando la puerta tras de mí. Nada, ningún ruido, ninguna contestación a mi llamada. Decidí encender la luz, seguro que allí no había nadie y la señora Karen estaba confundida, ¡y yo perdiendo mi tiempo!

Al encender la luz quedé impactada; un chico joven, guapo, con el cabello color cobrizo y despeinado me observaba con, ¿furia? Desde su sillón tras el escritorio del despacho.

—¡¿Quién eres?! Preguntó alterado—. ¡¿Por qué entras sin mi permiso?!

—Yo he llamado y cómo nadie me ha contestado he decidido entrar contesté a la defensiva—. Señor Campbell perdón por las molestias, su madre me ha ordenado que le trajese un té con pastas.

Sin quitar los ojos de mí en ningún momento, rodeó el escritorio y se posicionó delante de mí. No pude contener las ganas de observar su cuerpo; iba chaqueteado y la verdad era que estaba bastante bien.

—¿Ha terminado la inspension? Señorita… avergonzada, levanté la mirada hacia él.

—Stone, Gisele Stone dije contestando a su segunda pregunta, a la primera no lo haría por egocéntrico.

—Y bien señorita Stone, ¿quién le ha dado el derecho para entrar en mi despacho y hablarme con la altanería que lo ha hecho? Preguntó en tono paciente pero visiblemente enfadado.

—Perdón, no era mi intención ofenderle con mi tono —suspiré tragándome el orgullo—. En cuanto al entrar, quise asegurarme que no hubiese nadie para avisar a su madre.

— Que no se vuelva a repetir dijo en tono cortante volviendo a su asiento—. Pase y déjeme la bandeja sobre la mesa y por favor, recoja un poco el despacho.

Intentando controlar mi genio, hice lo que él me pedía. Éste tipo era otro estúpido como su hermana Roxanne.

—Bien dije controlando mi rabia.

El despacho era un caos, daba horror de verlo y mucho más de limpiarlo. ¿Cómo había yo llegado a esto? Sin pensarlo más comencé a recoger vasos, botellas, platos pequeños. El señorito Matt controlaba todos mis movimientos, me sentía cohibida y acorralada por su penetrante mirada sobre mí. Intentando ignorarlo, continué con mi trabajo. Me llevó más de tres cuartos de hora dejar el despacho visiblemente más organizado.

Cuando ya hube terminado ¡incluso de ordenar sus papeles!, me planté frente a él.

—¿Desea algo más señor? Pregunté amablemente.

—Quizás… ¿Qué me ofrece? Preguntó en tono descarado.

Lo miré sin entender sus palabras; ¿qué le ofrezco? ¿Qué mierda le iba a ofrecer?

—Es usted el que manda contesté confusa—; usted ordena y yo obedezco, ¿recuerda?

Mi tono sarcástico hizo que su cara se mostrase como una máscara de hielo. Su mirada se mostró fría y penetrante. Mis palabras no le habían sentado bien, ¿o era mi tono? Por la cara de pocos amigos supe que con este chico las cosas no iban a ser fáciles.

—Ya sé lo que quiero… soltó de repente pensativo. Asentí esperando el pedido—; la quiero ahora mismo tumbada sobre mi mesa… Voy a tomarla ahora mismo por insolente.

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  • Bueno, este ya le lei, creo.
  • Cuando Gisele Stone llega a casa de los Campbell como la chica del servicio, jamás pensó que su vida cambiaría tanto. Allí conoce al hijo menor del matrimonio, Matt, un hombre frío, atormentado, con graves problemas de bipolaridad. Éste, desde el primer encuentro con Gisele se encapricha en tenerla, queriéndola someter a su voluntad. Pero Gisele no es una chica tímida y pronto se hace con el control de la situación. Desde ese primer día, sus vidas cambiaran para siempre. Refugiados en la clandestinidad, dan rienda suelta a una pasión insaciable. Que poco a poco darán paso a unos nuevos y posesivos sentimientos. A veces nada buenos para esa relación. Amor, drama y pasión. Una poseción dolorosa. Un sentimiento tan intenso que los destrozará, ¿podrán conseguirlo juntos?

    Cuando Gisele Stone llega a casa de los Campbell como la chica del servicio, jamás pensó que su vida cambiaría tanto. Allí conoce al hijo menor del matrimonio, Matt, un hombre frío, atormentado, con graves problemas de bipolaridad. Éste, desde el primer encuentro con Gisele se encapricha en tenerla, queriéndola someter a su voluntad. Pero Gisele no es una chica tímida y pronto se hace con el control de la situación. Desde ese primer día, sus vidas cambiaran para siempre. Refugiados en la clandestinidad, dan rienda suelta a una pasión insaciable. Que poco a poco darán paso a unos nuevos y posesivos sentimientos. A veces nada buenos para esa relación. Amor, drama y pasión. Una poseción dolorosa. Un sentimiento tan intenso que los destrozará, ¿podrán conseguirlo juntos?

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