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6 min
LA CHICA EQUIVOCADA
Amor |
14.02.17
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Sinopsis

"Solo hay una fuerza motriz: el deseo" (Aristóteles)

Esta es la historia de un chico que se enamora de la chica equivocada.

La piba es llamativa y le pasa al lado por esas casualidades de vivir en la misma ciudad y cualquier día coincidir al mismo tiempo en la misma esquina. Él, enamoradizo de alma, siente que si no hace algo, lo que sea, en ese mismo instante la perderá para siempre. Se percata en su interior que es imposible perder lo que no se tiene y entonces, como jamás le había ocurrido, se siente dueño de una mujer que apenas acaba de presenciar.

Cruza de vereda tras sus pasos. A esa hora el caos se apodera del tránsito y debe moverse a empujones, estira un brazo entre el gentío y las yemas de sus dedos alcanzan a rozar el hombro de ella. La chica equivocada ve por encima de su hombro y advierte la cara del chico que la mira con su mejor sonrisa. Entonces como ocurre cuando los accidentes pasan: el tiempo ralentiza su marcha en una sobredosis de adrenalina mutua.

 Varios metros arriba, desde un cable hamacado por la brisa veraniega, una paloma aguarda que se despeje la muchedumbre y aprovechar los restos de la caravana. Solo un par de individuos permanecen en la esquina, mirándose sin avanzar, obstaculizando a los demás. La paloma reacciona y bombardea. Justo en el blanco.

 No queda más que reírse; él se limpia el hombro con una servilleta de papel que saca de un bolsillo y ella no puede dejar de mirarlo. Trae buena suerte dice el pibe para romper el hielo. Después le invita un helado, pero el calor de ese verano se presta para una “fresca” responde ella.

 Por unas cuantas cuadras andan juntos a la par, la charla fluye porque saben que se gustan, y llegan hasta la moto. ¡Lujosa moto! halaga ella y él le alcanza el casco de acompañante. Después de comprar cerveza, el chico acelera adrede para sentir el abrazo de ella y la chica equivocada se afirma contra su espalda. Estacionan bajo un árbol apartado y observan el paisaje, la química es buena. Él habla del destino, de la razón de las cosas, del amor a primera vista. Ella asiente y habla de las sorpresas de la vida, de los finales inesperados, en fin: del destino real. Juntos ven caer la tarde y la tarde los ve caer prendidos en un beso, que se multiplica y sube la temperatura; demasiado para una primera cita. Mejor la chica equivocada vuelve a su casa y dejan algo para la noche de bodas. Él insiste hasta que acepta ser acompañada. Pero esta vez no acelera, siente que con ella duele cada despedida, tan enamorado vive que en todo el viaje solo piensa en disfrutar cada instante y acaricia su muslo suave y ella cierra los ojos, abrazándose a su cintura.

Desde la calle, la fachada de la casa flota entre las penumbras de aquella noche de luna roja. No hay nadie dice la piba y él se invita a pasar. Esconden la moto en el patio, por las dudas. Ya todo está demasiado claro, entonces se dejan llevar. No quieren parar de besarse, de tocarse en medio del patio y sin despegarse circulan hasta la puerta de entrada. Ella manotea el picaporte sin mirar y juntos se internan en la oscuridad de la casa de la chica equivocada.

 

La resaca es un síntoma que el chico rico conoce muy bien. La boca pastosa y amordazada le duele en un calambre. Al despertar no había percibido la rigidez de su cuerpo, atado a una silla y molido a palos. Se siente tan débil que no recuerda ni donde está. Apenas vislumbra una mesa con objetos que parecen de tortura, sus nervios rememoran cómo se sufre cada uno y vuelve a sudar. La botella vacía más allá de sus pies es lo único que ha bebido hace tiempo, lo sabe. De un momento para otro escucha abrirse una puerta a sus espaldas, balbucea y solamente se gana un golpazo en la cabeza. Mejor se calla. Escucha que su atacante busca algo en unos cajones, la puerta quedó abierta y alguien conversa en otra habitación. ¡Es ella! Pero no suena como ella, habla de negocios, de que es necesario desaparecer la moto pero no le convence su tajada. El chico rico se da cuenta que tienen más información, porque hablan de su familia y un rescate. Si lo secuestraron para sacarle plata no hay problema, no debería haber problema, pero la chica equivocada dice que la plata no estaba y que el pibe conoce su cara. Él sabe que miente, se da cuenta que actúa como lo hizo con él, y es buena ¡maldición es muy buena! Ahora quiere hablar con esos sujetos, sea como sea puede jurar que su familia pagaría cualquier rescate. Desesperado recurre a todas las fuerzas que le quedan, hasta caer al suelo de costado. Oye pasos viniendo a toda prisa, imposible frenar el húmedo calor que brota de su entrepierna. Y como si fuese una pluma dos manos gigantes lo sientan otra vez en su sitio. Muerde el trapo seco que atraviesa su boca, le arden los ojos del sudor caliente, no puede abrirlos. En su mente observa un capullo de flor abriéndose y el sonido sordo, caótico, que emite esa abertura lo aturde; lo eleva hasta vislumbrar las estrellas y arrebata el último suspiro de sus vaciados pulmones.

La chica equivocada es de temer, cuando es necesario recordarlo en la banda no le tiembla el pulso al cocinar. A cinco metros su puntería es quirúrgica y se queda con la última palabra, siempre. Aunque en la banda otro es el líder, con los años venideros ella dominará la ciudad. Ella tiene los mejores planes. Ella es quien corre todos los riesgos. Cuando comience a delegar, los más jóvenes no dudaran en seguirla. Todos la llaman la Zorra.

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Cantante de una banda de rock que jamás existió, frustrado director de cine, actor porno desocupado, gigoló en quiebra, le gusta escribir... Fan ocasional de Tarantino, Borges, García Marquez, Estopa, Foyone, Rock argento, Beethoven, Mozart, José Larralde, Cancerbero, Dragon Ball,Saint Seyia y tantos otros

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