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4 min
La confusión
Varios |
15.02.19
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Sinopsis

Dos individuos cometen el error de creer conocerse en un bar que rezuma decadencia

El hombre se encontraba acodado en la barra del bar, un cubata de ginebra  Giró con hielo, intentaba que sus penas se fueran disolviendo a cada sorbo que efectuaba. Los finos labios chupaban con necesidad el líquido mientras que sus ojos hundidos miraban hacia un punto indeterminado. La apariencia de la barra era lastimosa; las delgas pobres de pino claro rematadas por un sobre de formica del mismo color, formaban  un conjunto deplorable. Los  charcos de cerveza del mostrador inundaban las inmediaciones del vaso de cuba libre que intentaba no ser absorbido demasiado pronto por la angustia del individuo tratando de sobrevivir un rato más.

      Otro hombre, este más joven, grueso, con un principio de calvicie, pero con la mismo vacio interior que el de la barra, avisó con gesto tímido al camarero y se quedó mirando a su vecino de barra. Pensó que lo conocía de  alguna cosa pero no estaba seguro. Venciendo su innata timidez saludó con un movimiento de su mano y  dijo al hombre de escasas carnes.

      -¿Nos conocemos verdad?

      El otro lo escudriñó con sus torvos ojos y dudó…pero en una fracción de segundo, pensó que aquella    fisonomía fuerte le era conocida de algún modo, así que contestó

      -Creo que sí, pero no recuerdo.  

     - ¿La biblioteca municipal?  ¿Socio del campo de football? ¿El gimnasio del pueblo?

     -No, no… yo más bien me muevo por la ciudad. Soy científico, químico y biólogo,

     -Qué extraño, tengo la total seguridad de que nos conocemos…-dijo el hombre joven. En esto llegó el camarero de la barra que había requerido el hombre tímido y también se añadió a los comentarios.

      - Hombre que placer veros juntos y comprobar que vuestras diferencias y enfados fueron solo producto de un mal día

       -El hombre de los labios delgados, levantó su vista de la ginebra hacia los ojos del camarero

        -¿De verdad nos conoce?  Yo  a usted no. Mírenos con calma, no sea que se confunda

          El camarero se secó las manos en un manchado devantal y turbándose contestó al hombre  seco

          -La verdad es que mirándoles con detenimiento, si se parecen muchísimo a un par de parroquianos que frecuentan el bar, pero me parece que no son exactamente los mismos,…perdonen.

         El hombre de  las carnes secas, de los ojos enigmáticos, del vacío interior que flotaba dentro de él, sonrió ante la triple confusión. Volvió a entretener su mirada en los cubitos de hielo de su cubata y pensó en que toda su vida había sido un continuo afianzar de su personalidad, de su individualidad, de su querer diferenciarse de los demás por medio de sus conocimientos y sin embargo parecía como su ego se disolvía en un anonimato común, en un parecido, en una confusión con los otros que le disolvía de cualquier  protagonismo.

     A su lado el camarero y el hombre joven platicaban

  • Es curiosa esta confusión… todavía no me creo tanto parecido…parece como si en realidad no llegáramos a existir.

       El hombre delgado volvió a sonreír. El joven fuerte con un principio  calvicie había adivinado.

 

      Tanto querer diferenciarse de los demás para nada, para ser confundido con cualquier  otro, tanto querer sobresalir de los otros, para ser lo mismo que el resto… todos venimos de la misma especie y todos somos muy parecidos con unas ligerísimas diferencias casi imperceptibles para ojos poco detallistas. Tan solo un ligero barniz exterior nos diferencia, en forma de riqueza o cultura, pero nuestra esencia interior es parecida en todos los hombres…

     Sin embargo si queremos buscar diferencias con los demás, las encontramos en la sensibilidad y la evolución de cada  uno. Hay personas toscas y primitivas con poca sensibilidad, nulo sentimiento de corazón y escasa evolución. Creo que  al contrario,  hay otros  que se elevan por encima de esas limitaciones y van más allá de su tiempo, convirtiéndose en personas que valen la pena... en seres humanos brillantes.

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