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35 min
La Corona, la Espada y el Escudo
Fantasía |
11.09.18
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Sinopsis

El mago Valarian vive su condena en la Ciudad con cierto resignamiento y tranquilidad. Tirano gobierno el país y el monarca pasa sus últimos días en la cárcel - torre de Tor Uk... en realidad los últimos de su vida, pero su hijo, el príncipe, ha sido encontrado y el mago deberá guiarle y ayudarle para derrocar a Tirano en una revolución por la que se verá afectado todo el reino de Solis.

Thiago no pasaba precisamente desapercibido entre las gentes de Talin y no era ni por su brillante chaleco, ni por la diminuta espada que colgaba de su cintura ni tan siquiera por el persistente tartamudeo que le acompañaba al hablar, sino más bien porque Thiago era una rana, la primera que hablaba que se supiera, y una a la que todo el mundo trataba de ignorar aunque ésta no pareciese darse por enterada.

Sus visitas a Talin habían sido escasas, tres o cuatro en los últimos dos meses,  pero las suficientes para que los felices aldeanos supiesen a qué atenerse cuando se decidía a aparecer por allí. En cuanto asomaba su pequeña figura tras la destartalada valla de madera que hacía de entrada en la aldea y enfilaba la pendiente sobre la que se asentaba Talin, las mujeres abandonaban la pequeña plaza y corrían a encerrarse en sus hogares, arrastrando tras ellas a sus pequeños. Los hombres salían huyendo, algunos al bosque, otros a la única taberna de Talin, en cuya puerta habían colgado recientemente un cartel donde se podía leer un más que significativo “Prohibido ranas en el interior”, aunque para algunos no era estrictamente necesaria la presencia de Thiago en los alrededores para pasar el día allí encerrados. Hasta el momento la rana había hecho caso del aviso, sobre todo después del altercado con Dish, el borracho oficial del que toda aldea como Talin disfrutaba, en el que hubo mucha cerveza de por medio y alguna amenaza de muerte.

La razón por la que todo el mundo huía al verla aparecer era simple: siempre traía problemas. Se auto proclamaba discípulo del mago, caído en desgracia, tanta que debía ser alimento de los gusanos desde hacía mucho tiempo, Valarian y aquel nombre, en cualquier parte del reino desde que ocurrió lo que ocurrió, solo traía problemas… y los problemas no eran bienvenidos, ni en Talin ni en ningún lugar.

Por lo general siempre ocurría igual: Thiago entraba en la aldea, permanecía en los alrededores un par de días y después se veía obligado a salir huyendo. En cuanto se corría la voz de su presencia allí, los Soldados de Tirano hacían acto de presencia y los Soldados de Tirano nunca jamás eran visitantes deseados.

Bell suplicaba a los dioses, a los que conocía o recordaba por lo menos, mientras miraba con creciente nerviosismo a través de la mirilla de la puerta, observando como la rana se encaminaba velozmente, ascendiendo la pendiente  en pequeños pero rápidos saltitos, siempre con una sonrisa en su rostro, que llevaba directamente a su hogar. Antes de darse cuenta ya estaba al otro lado, separadas solo por unos pocos centímetros de madera noble, estudiando con curiosidad la mirilla, como si fuese lo más extraño que hubiese visto jamás, y dejando en la mujer la incómoda sensación, casi la certeza, de que podía verla a través de ella. Después Thiago lanzó una corta y nerviosa carcajada y llamó con delicadeza a la puerta.

- ¿Hay al-alguien en ca-ca-casa?- preguntó la rana, acompañando cada tartamudeo con un suave golpecito en la puerta.

Bell comenzó a retroceder cual felina sigilosa, con un par de gotitas de sudor empezando a correr por sus sienes, ampliando sus oraciones a cualquier otra deidad que ella desconociese, nunca se podía estar segura de conocerlas a todas, cuando la madera crujió de repente bajo sus pues. No, los dioses no estaban de su parte ese día.

- ¡¿Hay al-alguien en ca-casa?!- insistió Thiago con más énfasis, inclinándose hacia la mirilla. Sin duda lo había oído.

- ¡Aquí no hay nadie!- replicó Bell, nerviosa y maldiciendo su suerte. ¡Por algo era ella atea!- ¡Vete! ¡La casa está vacía!

- ¡Una puerta q-que ha-habla!- exclamó Thiago con sorpresa.- ¡Valarian nun-nunca me di-di-dijo que e-e-existiese algo a-a-así! ¡Es in-increíble!- y por su tono de voz realmente estaba asombrado.

- ¡Sí, soy una puerta que habla!- se le encaró Bell.- ¿Qué pasa? ¡Largo de aquí!

- Emm... un mo-momento.- balbuceó la rana mientras buscaba algo en el interior de su chaqueta. Se percató entonces de que toda la aldea estaba inusitadamente silenciosa. Se volvió y observó sorprendido que todo el mundo que había al entrar en Talin había desaparecido misteriosamente. Ni la mujer maleducada que sacaba agua del pozo y no le había devuelto el saludo, ni los tres o cuatro críos que le habían observado avanzar a saltitos desde la entrada y encontrado muy gracioso imitarle, ni tan siquiera la pareja de hombres que bebían tranquilamente en un banco, junto a la entrada de la taberna… nadie. El viento, revolviendo juguetón unas hojas caídas, fue el único movimiento que atisbó en los alrededores. No es que Thiago se plantease frecuentemente el porqué de las cosas, la mente de una rana parlanchina funcionaba a su manera, pero una aldea repentinamente desierta inquietaba incluso a alguien como él. Sonrió nerviosamente mientras se convencía de que no podía tratarse de los Soldados del Tirano. Por lo general cuando ellos llegaban el ambiente solía cargarse, como si el oxígeno se consumiera demasiado rápido, dándole a uno dolor de cabeza y provocando cierta angustia incontrolable. Además nunca llegaban tan rápidos.-  ¡La Mi-misión!- se repitió, volviendo a la búsqueda entre los bolsillos de su chaleco. Extrajo un pequeño papiro arrugado, casi hecho una bola, y leyó un instante entre líneas.

La mujer contuvo el aliento al oírle pronunciar el nombre de su marido.

- ¿Es este el-el-el  hogar de Whole, el héroe de Ta-Talin?- preguntó con su voz congestionada.- Busco al héroe Who-Whole.

- ¡Aquí no hay ningún Whole!- gritó fuera de sí Bell, apretando los dientes casi hasta chirriarle.- ¡Por todos los dioses benditos! ¿¿Conoces a alguien que se pare a hablar con una puerta??

- La ver-verdad que no, señora puer-puerta, ¿le molesta?- se disculpó, algo avergonzado.- Uno siempre tiene que estar abierto a nue-nuevas ex-experiencias, diría yo.

- ¡Lárgate de aquí!- le ordenó.

Thiago la miró frunciendo el ceño, la propinó una patada y dio media vuelta.

- ¡Pu-pu-puñetera pu-pu-puerta!- exclamó, escupiendo cada palabra.

- ¡Fuera! ¡Fuera de mi vista! ¡Whole no vive aq...!

- ¿Me llamabas, cariño?

Bell se quedó petrificada, sintiendo como se le tensaba cada músculo del cuerpo y la boca se quedaba seca, Whole acababa de aparecer por el pasillo. Era un hombre alto y fortachón. Toda una vida de aventuras había dejado su inconfundible huella en el cuerpo del hombretón, surcándolo de pequeñas cicatrices de arriba a abajo. Llamaba poderosamente la atención una en el rostro, que recorría su mejilla derecha de de lado a lado. Vestía, por lo general, una cota de malla, con unas anillas de hierro forjado más grandes que un dedo, pantalones de aldeano y botas altas de piel, aunque en aquel momento aparecía con el pecho velludo al descubierto y apenas un viejo delantal cubriéndole las intimidades. Unas matas plateadas empezaban a asomarle por las sienes y en aquella barba que nunca se decidía a salir del todo. Su arma, un descomunal espadón casi tan grande como él mismo, solía acompañarlo cuando estaba de aventuras, encajada a su espalda, en la cota. Se rumoreaba en la aldea que se la había arrebatado a un gigante, tras darle muerte con sus propias manos. Una teoría ridícula, sin lugar a dudas, todo el mundo sabía que los gigantes nunca usaban armas más allá de una buena piedra que diese en el blanco escogido, y si ese blanco se movía, hablaba y sangraba mucho mejor. Sea como fuere la espada era enorme, ¿cómo la había conseguido? Un verdadero misterio.

Bell señaló la puerta a la par que se llevaba un dedo a los labios, suplicando silencio. Su marido frunció el ceño.

- ¿Qué sucede?- quiso saber ante su expresión desesperada.- ¡Mujer, respira! ¡Qué te vas a ahogar!

Todas las esperanzas de la mujer se vinieron abajo cuando la puerta sonó de nuevo, con más fuerza que las veces anteriores.

- ¡Á-Á-Ábrete!- exigió Thiago desde el otro lado, llevándose una mano a la empuñadura de su espada, como si eso fuese lo suficientemente intimidatorio.- ¡No serás la pri-primera puerta que echo abajo!- mentira, lo sería.- Si qui-quisiera te rompería en dos.- otra mentira.- ¿Vive o no aquí el hé-hé-héroe Whole? ¡Tengo una misión pa-pa-para él!

- ¿Un encargo? ¿Una nueva aventura?- se oyó preguntar tras ella, después continuaron una serie de cuchicheos.- ¡Pero cariño! Sí, te escucho... ¡eso no es justo! ¡No fue culpa mía! ¡Estoy un poco harto de que siempre me digas que mis aventuras nunca acaban bien! ¡No es cierto! Vale… no es del todo cierto, pero ¿estoy vivo, no?- nuevos cuchicheos.- ¿Que entonces qué es esto? Una cicatriz, ¿no se ve? Sí, cariño, eso también es una cicatriz, si, otra..., oye, ¿qué me quieres decir? ¿Qué no soy buen héroe? ¿Qué tengo solo buena suerte? ¡Mujer, estas de broma! ¡Me tomas el pelo!

A Thiago le pareció atisbar por el rabillo del ojo que alguien en la casa contigua echaba un rápido vistazo al exterior. Juraría que al verlo allí, plantado frente a la puerta de aquella casa, había corrido a esconderse, temeroso.

La puerta se abrió de golpe, sorprendiendo a Thiago que se vio obligado a retroceder de un brinco. El hombretón, una inmensa mole de músculo, lo observaba con mirada vivaz. Se retiró un rebelde mechón canoso y se obligó a sonreír al ver la peculiar estampa que suponía la rana, pero el negocio era el negocio.

- Mi Señor...- dijo haciendo una leve reverencia.

- ¿Es-es us-us-usted el héroe Whole? Es mu-mu-muy gran-grande...- balbuceó Thiago, observándolo de pies a cabeza.- ¡Mucho, diría yo!

- Hablaba de una misión…- le recordó recuperando toda su verticalidad.

- ¡Oh, bueno sí! Por su-supuesto.

- Y consiste en...- quiso saber el héroe. En ese momento asomó Bell por la puerta, echó una mirada furibunda a Thiago y se situó junto a su marido. El contraste de tamaño en el matrimonio era algo destacable. Whole podría alcanzar perfectamente los dos metros de altura, mientras que Bell apenas si le llegaba a la cintura. Cualquier se habría preguntado… cualquier se habría preguntado muchas cosas. Thiago por suerte no se planteaba ese tipo de cuestiones.

- Su puerta es-es una men-mentirosa.- les dijo la rana mientras ofrecía el papiro arrugado al héroe.

- ¡Cállate!- le ordenó la mujer, mirándolo desde detrás de su marido.

- ¡Y encima sa-sabe imi-imitar las voces!- se asombró Thiago.- Habla igual que us-us-usted.

Bell tiró del brazo de Whole, quien lo bajó obediente, lo suficiente para que ella también pudiera leer lo que fuera que estaba escrito. Con letra grande y torcida, como si lo hubiera escrito un niño ponía…

- ¡Esto no aclara nada!- se quejó la mujer.- Tan solo dice que debería viajar a… ¿Moridron?… siempre que acepte el trabajo, claro.- añadió. No estaba dispuesta a dar su brazo a torcer, al menos aún. Bell vivía muy tranquila mientras su marido permanecía en el hogar, ocupándose él de todo. Asi podía hacer lo que más le gustaba: chismorrear y meter el hocico en vidas ajenas, aunque nunca lo reconocería.- ¿Qué se te ha perdido en una ciénaga, rana?

- Mo-Mo-Moridron, sí... allí se debe ir, sí.

- ¿Para qué?- preguntó Whole levantando la vista del pergamino.- ¿Qué clase de misión es? En esas ciénagas no hay nada desde hace siglos.

- Lo sabrá una vez hayamos lle-lle-llegado allí. No puedo de-de-de-decirle más.

- Eso está algo lejos. No será barato…-comentó Whole pensativo.

- ¡Y no creo yo que lleves muchas monedas en ese saquito tuyo!- atacó Bell. La rana desvió la mirada hacia su cadera, en donde colgaba a un lado una pequeña bolsa.

- ¿Cuándo habría que partir?- preguntó Whole, aún ensimismado en el pergamino.

- Si acep-acepta, ¡ya mismo!- exclamó Thiago.-  Vamos un poco jus-justos de tiempo, la ver-verdad.

- ¡Las cosas no se hacen así, no señor!- estalló Bell.- ¡Existen procedimientos! Hay que mandar una petición al Gremio de Héroes, rellenar los formularios y esperar la respuesta.

- Dis-disculpe… no co-co-conocía que era tan com-com-complicado contratar a un héroe.- reconoció la rana, apesumbrada y empezando a darse por vencida.

- Bueno, mujer… No seamos tan estrictos.- dijo Whole, sonriendo.- Podemos hacer todo eso cuando terminemos, ¿qué mas da? Pàrece ser que es algo urgente…

- Un po-poco….

- ¿Y por qué tanta prisa?- quiso saber Bell.

- No puedo comen-comentar na-na-nada. Solo el héroe Whole lo sabrá si a-a-acepta el encargo.

- No me gusta...- comentó la mujer por lo bajo, a lo que su marido sonrió.

- ¡Nada te gusta! Lo acepto, pequeña rana.- dijo ofreciéndole su manaza. Thiago se aferró al meñique y lo sacudió sonriente. Bell miró el gesto sobresaltada.- ¡Cariño, nos hace falta el dinero! Las aventuras escasean con los Soldados de Tirano por todos lados y esta granja no rinde como a ambos nos gustaría. Además... ¿Qué puede pasar?

Y pasó...

 

La brisa helada y húmeda que acarició los bajos de su túnica le hizo levantar la vista al mago Valarian del libro que tenía frente a sí, uno más entre una inmensa montaña de tomos y papiros que habían ido creciendo en torno al escritorio a lo largo de los años. Nada le molestaba más, después de tanto tiempo de casi total soledad y aislamiento, que se le interrumpiese durante su hora de estudio, que por lo general abarcaba la inmensa mayoría del día. En realidad a esas alturas, le molestaba cualquier interrupción a cualquier hora del día o de la noche sobre todo cuando, por sus peculiares circunstancias, una visita no solía nunca traerle nada bueno. El aire frío que había invadido de repente la estancia, reavivando el fuego de la chimenea que hasta entonces había crepitado con cierta pereza, le hizo pensar que alguien acababa de entrar en la casa, algo que le extrañó sobremanera al ser esta invisible al ojo humano. A aquellas alturas solo Thiago rompía su penoso aislamiento y hacía apenas un par de días que había abandonado aquel mismo estudio, asegurando permanecer ausente todo lo que restaba de semana. Se incorporó sigilosamente, mientras se ajustaba las viejas gafas en su nariz aguileña, con una de las lentes rajada de arriba abajo, fijando la vista en la entrada del salón, justo enfrente, sin saber muy bien qué esperar. La puerta se abrió inmediatamente después y la rana entró, totalmente empapada de pies a cabeza. Saludó furtivamente, se quitó la capa y la lanzó sobre uno de los sofás, cerca de la chimenea.

- Llueve, supongo.- comentó el mago, recuperando el temple y volviendo a sentarse. Pasó la página con cierta pereza, ¿a quién podía interesar el ciclo reproductivo de las sirenas? A él no.- Sabes que no me gusta que me molestes durante mi estudio.

- Lo sien-siento, ma-ma-maestro.- se disculpó, alargando los bracitos hacia el calor del fuego, justo antes de estornudar.

- No pensé que fueras a regresar tan pronto.- reconoció el mago, suspirando aliviado. Thiago podía ser una presencia molesta según el momento, sobre todo cuando su cerebro se decidía a tener uno de aquellos arranques suyos en los que no paraba de tartamudear mientras soltaba alguna palabra comprensible, pero no dejaba de ser una compañía, la única que había tenido en todos aquellos años. -  Apenas hace un par de días que te fuiste.- echó otro vistazo al grueso tomo que tenía delante de él y pasó la página. ¿Cómo podían afectar las fases lunares a la vista de un unicornio? Tampoco le interesaba, nada en absoluto.- Sino te importa retira tu capa del sofá, lo vas a echar a perder. Es muy muy caro, es de piel de…

- ¡Lo sien-siento!- repitió ruborizado, volviéndose hacia él con la misma mirada que tendría un perrito al ver llegar a su amo después de destrozarle los zapatos.- Ni siquiera lla-llamamos al entrar... ¡las pri-pri-prisas!

- ¿Llamamos?- inquirió el mago, frunciendo el ceño y volviendo a ponerse de pie.- ¿Qué quieres dec...?

La respuesta llegó por si sola. Una silueta de casi dos metros de altura hizo acto de presencia, adentrándose con dificultad en el estudio, la puerta era demasiado pequeña para alguien de su tamaño… y el espadón a su espalda tampoco ayudaba.

- ¿Pero qué demonios?- empezó a preguntar el anciano, al observar atónito la inmensa mole de músculos que era el héroe.

- Se llama Who-Who-Whole, es un héroe.- le informó la rana.- Ha si-sido de gran ayuda.

- Mi Señor...- se presentó Whole inclinando la cabeza levemente, a lo que Valarian frunció de nuevo el ceño.

- ¿Señor? No me llames así, no me gusta.- se calló un momento, atusándose la larga barba cana.- Mejor excelentísimo... y déjame informarte que más te valdría salir corriendo de aquí si valoras tu vida.- el héroe miró interrogante a Thiago, pidiendo una explicación.- ¿Por qué lo has traído? Creo que te dejé bastante claro que está terminantemente prohibido que… ¿qué llevas ahí?- le interrogó de repente, al percatarse del pequeño bulto que abrazaba entre sus enormes brazos. Whole señaló con un pulgar a la rana, quien  continuaba intentado calentarse junto al fuego de la chimenea.- ¿Qué sucede aquí? ¿Thiago?- insistió alarmado cuando, de repente, del bulto asomó un brazo inerte.- ¡Exijo una explicación!

Pero antes de que la rana acertase a pronunciar la más mínima palabra pues su tartamudeo había tomado el control, Valarian lo supo, con absoluta y fatídica certeza. Retrocedió un paso, incrédulo y tembloroso, se quedó mudo. Todo su mundo empezó a girar súbitamente en torno a aquel bracito flácido, apenas asomando entre los músculos de… ¿cómo lo había llamado? ¿Wall? Y en nombre de todos los dioses en los que él había dejado de creer, ¿desde cuándo hacía tanto frío en el estudio?- ¿¿Qué has hecho??- acertó a preguntar, aterrorizado.

- ¡¡Lo si-si-si-siento!! ¡Dé-dé-déjeme expli…!

- ¡Espero que eso que lleva entre los brazos no sea lo que yo creo que es!- le cortó, tapándose la boca con una mano de puro espanto. Tal vez mientras no lo dijese el voz alta la realidad decidiese hacerse menos… real.- ¿Es un niño? ¡Dime que no, que no lo es! – exclamó reuniendo fuerzas de no sabía dónde, acercándose al héroe y apartando la tela para observarlo mejor.- ¡Oh, dioses! ¡Sí que lo es! ¿Es lo que... es quién yo creo que es?

- ¡¡Lo si-sien-en-to!! ¡Lo siento!

- ¡Thiago!- chilló de nuevo el mago. ¿Cómo había tenido la osadía de hacer algo así?- ¡Por todos los dioses conocidos!- no, no podía ser cierto, pero una mole de más de cien kilos de peso afirmaba lo contrario.- ¿Qué demonios has hecho?

El anciano volvió a abalanzarse sobre el bulto que el hombretón acababa de depositar sobre el sofá, a pocos metros de él, para inspeccionarlo mejor. “Se echará a perder”, pensó para sus adentros el mago. ”Mi sofá de piel de dragón…”. Retiró la manta empapada para descubrir a un niño que yacía inconsciente, con un buen chichón en la frente como pudo comprobar al retirarle un mechón rubio de la frente. No mayor de doce años calculó el mago. Lo era, ¡vaya si lo era! Se volvió hacia la rana, acurrucada y temblorosa junto al fuego, incapaz de devolverle la mirada, más salvaje que la tormenta que se había desatado en el exterior.

- ¿¿Qué has hecho, Thiago??- preguntó una vez más, aún incapaz de creérselo del todo. Aquello era la locura de las locuras. Ahora gustosamente se habría zambullido en el estudio del apasionante mundo de la reproducción sirenil.

- ¡¡Lo si-si-si-siento!! ¡Per-Per-Perdóneme!- suplicó la rana, postrándose de rodillas y aferrada patéticamente al bajo de su túnica.- ¡Pero dé-déjeme explicarle!

Valarian recobró la compostura, al menos aparentemente. Carraspeó nerviosamente y se atusó la barba.

- Más vale que tengas una buena explicación para la insensatez que acabas de cometer…- ¡vaya que sí lo era! Ni él era muy consciente aún de la importancia de lo que acababa de acontecer.-…con ayuda de este… emm… gigante.

- Disculpe, soy un Hombre.- le corrigió Whole, sin amedrentarse.  Había hecho frente a muchos peligros en su vida, un mago no era motivo suficiente para atemorizar a la pequeña neurona que corría libre por la vasta llanura que era su cerebro. En cualquier caso pocas cosas la atemorizaban, muy pocas, ella era una neurona guerrera.- Además, a mí me contrató la rana.- dijo, quitándose de encima toda responsabilidad. Era un héroe, pero no tonto… no del todo.

- ¿Y con qué dinero?- quiso saber el mago.- Pero, ¿de qué habláis? ¡Esto es una pesadilla! ¡Yo quiero despertarme!- se pellizco la mejilla.- ¡Mierda! No lo es.

- Ella…él… ¡lo que quiera que sea! Dijo que usted me pagaría.- había llegado el momento de hablar de remuneraciones que a fin de cuentas era lo que más podía importarle a Whole y tampoco se encontraba del todo cómodo, viendo el devenir de los acontecimientos. Un cliente descontento siempre traía mala fama, incluso en un lugar como aquel.

Valarian lanzó una carcajada, tan nerviosa como histérica.

- ¿Encima yo corro con los gastos de toda esta locura?- ahora sí, ahora se le habría abalanzado gustosamente y apretado entre sus manos aquel cuellito verde.

- ¡Yo no di-dije eso!- se defendió Thiago.

- ¿Cómo qué no? La primera vez lo dijiste al partir de Talin, a la altura del molino, lo recuerdo. Incluso la vieja Tull, más sorda que una tapia, se giró cuando empezaste a hablarme de fortunas incalculables. Siempre he creído que esa condenada fingía, pero… ¡espera que me pierdo!- se rascó nerviosamente la frente.- Estoy seguro de ello. La segunda al pararnos a comer en la taberna de aquel hombre tuerto, el que intentó timarnos y lo tiré al río… la tercera cuando deje inconsciente al troll que nos atacó en Bosque Osona, la cuarta poco antes de que…

- ¡Basta!- ordenó el mago regresando a su escritorio. Apoyó las manos sobre la mesa y suspiró, mirándolos duramente a ambos.

- Bueno…es po-posible que lo dijera un par de ve-veces.- rectificó Thiago, bajando la mirada y regresando a su sitio, junto a la chimenea.

Valarian había visto muchas cosas en su vida, pero muchas muchas, a fin de cuentas tenía ya una edad, sesenta y tres años muy movidos para ser exactos, aunque nunca una rana parlanchina que encima tuviera el descaro de contratar un héroe en su nombre, y por la espalda, para traer hasta su hogar al muchacho que ahora descansaba desfallecido en su sofá de piel de dragón, que sin duda además tendría que tirar más tarde o más temprano, viendo como el agua empezaba a chorrear por las patas. Todo el mundo sabía, por lo visto excepto Thiago y Whole, que la piel de dragón no repelía el agua y se corrompía al más mínimo contacto. Aunque el hecho de ser parlanchina había salvado hasta ahora la vida a la dichosa rana. Siempre le habían hecho gracia las ranas... las que saltaban felices en sus charcas y vivían ignorantes que fuera de aquel mundo acuoso más de uno daría la vida por degustar sus ancas, bien calientes y en salsa. A parte, a fin de cuentas… ¿cuántas ranas parlanchinas tenía el placer de ver en su vida un Hombre?

- ¿Es Alwyn, como me temo?- preguntó mientras se sentaba, lentamente, en su sillón.- ¿Ese niño es Alwyn?- no esperó respuesta, el silencio le devolvió la respuesta: lo era.- ¿Por qué me lo has traído? ¡Precisamente a mí! ¿Sabes en que delicada situación nos has puesto a todos? Y no hablo solo de vosotros o de mí… hablo de la Ciudad entera. ¡Tú, héroe!- Whole, ensimismado en intentando averiguar como de profundo podía ser uno de los orificios de su nariz, levantó abruptamente la mirada.- ¿Aprecias tu vida?

- ¡Más que a nada señ… excelentísimo!

- ¿Tú sabes quién es ese niño que has traído hasta mi casa?- el silencio respondió de nuevo.- ¿Aceptas un consejo? Más te vale que sí: cógelo y huye… huye muy lejos de aquí.

- ¡Iban a ma-matarlo!- se defendió Thiago, tan alarmado como pesaroso.- No quedaba otra so-so-solución.

- ¿Matarlo? ¿De qué hablas?- preguntó el mago, sin ocultar su sorpresa.

- Sabía que no con-con-contaría con su aprobación.- se lamentó la rana, por lo bajo.- Ha-habría sido más fa-fa…

- ¡Por supuesto que no!- estalló Valarian y Thiago volvió a acurrucarse como si lo hubiera golpeado.- Yo pacté con Tirano, ¿no te lo he contado cien veces? ¿Tendría que habértelo contado ciento una para que te quedase claro? Prometí no intervenir en nada de lo que pudiera pasar... ¡por el bien de la Ciudad!- añadió con pesar.- El muchacho estaba a salvo, oculto… ¿conoces las consecuencias de lo que has desencadenado inmiscuyéndote? ¡Nos has puesto a todos en peligro!

- Iban a ma-matarlo…- repitió Thiago, bajando el tono de voz. Podía no ser suficiente para el mago, pero era la única respuesta que tenía.

Había que hacer algo y rápido. Se incorporó veloz, agarró sin mucho cuidado al niño, se lo devolvió al héroe y apresuradamente lo hizo volver sobre sus pasos, directo hacia la puerta, al fondo del pasillo que permanecía en penumbras.

- Abre.- le ordenó y ante la atónita mirada de Whole, que había decidido no abrir la boca, explicó.- Yo no puedo hacerlo, tocar el pomo de la puerta me mataría. ¡Abre te he dicho!

No muy convencido el héroe obedeció, dudando durante una fracción de segundo antes de tocar el metal por si acaso. Si algo era capaz de matar a un mago también lo era de hacerlo con un héroe… y la locura del exterior se abrió paso en el hogar, abruptamente. Un vendaval golpeó sin piedad al mago haciéndole perder el equilibrio y caer y la lluvia se adentró furiosa mientras el cielo estallaba en las alturas. Aquella no era una tormenta, era la madre de todas las tormentas y Valarian, tirado en el suelo, la saboreó como la mejor experiencia de los últimos años. Thiago chilló detrás de él, pero no le hizo el menor caso, solo cerró los ojos. Inspiró el aire fresco del exterior hasta que le dolió el pecho y, sin saber por qué, empezó a reír. Aún no había terminado cuando le indicó con la mano al héroe, plantado aún en el umbral y observando atónito su reacción, que cerrara la puerta.

- A ver, ¿qué hago? ¿Me voy o me quedo?- preguntó Whole impaciente, con la sensación de que aquello ya estaba durando demasiado.- Que sepa que, me vaya o me quede, voy a cobrar la salida. Mi mujer y yo no vivimos del aire.

Valarian no respondió. Se puso en pie, regresando hasta el sillón, donde se dejó caer pesadamente. Allí se dedicó durante unos segundos a observarlos a ambos, con las manos bajo el mentón. Después desvió la atención hacia el fardo que aún permanecía entre los brazos de Whole, todavía con el brazo inerte colgando.

- ¿Qué voy a hacer contigo, Thiago?- se preguntó en voz alta, algo más calmado.- ¿Qué voy a hacer con ese niño?

- ¿Y mi dinero?- insistió el hombretón.- He cumplido mi parte, deseo regresar a casa.

- ¿Qué voy a hacer contigo? - se preguntó de nuevo el mago y suspiró.- ¿Alteza?

En la vasta llanura que suponía su cerebro, la valiente neurona de Whole brincó.

- ¿Alteza?- preguntó el hombretón. Señaló al fardo y se volvió hacia la rana. Quería asegurarse que había oído bien.- ¿Es un príncipe?

- Aquí no se puede quedar, eso está claro.- concluyó el mago, incorporándose velozmente.- ¡Tiene que marcharse de la Ciudad! Su mera presencia pone en peligro a todo el mundo…- se quedó callado un instante y añadió.-… incluyéndonos a nosotros sobretodo. Tirano montará en cólera en cuanto se entere de lo que habéis hecho y no creo que me dé tiempo para intentar explicárselo ¡Yo también debería marcharme!- resolvió tras unos segundos en los que se mantuvo pensativo.- En cuanto se corra la voz y Tirano descubra que el pequeño ha estado aquí, porque más temprano que tarde lo descubrirá y vendrá a buscar respuestas… o a cortar cabezas, siempre ha tenido un gusto exagerado por ello. ¡Ay, dioses! A la porra mi tranquila vida de estudio. Pero en fin... ¿a quién quiero engañar? Esta vida no ha sido nunca para mí.

- ¿Es un príncipe?- la neurona quería saber y era persistente.

- Has dicho que iban a matarlo…- recordó Valarian de repente.-  ¿Cómo lo encontraron? ¿Tess y Morgan están bien?- preguntó, con un deje de inquietud en su voz.

- Llegamos justo a tiempo, ma-ma-maestro.- respondió Thiago, algo más animado.- La lucha ya-ya-ya había empezado. El príncipe ya-ya-yacía inconsciente.- Whole iba a decir algo, pero prefirió callarse. A fin de cuentas no era asunto suyo, el trabajo acababa allí mismo. Tendría que pedirles que lo devolvieran a Talin, eso sí. No tenía la certeza de dónde se encontraban exactamente. El mago había hablado de La Ciudad, pero eso era imposible: la capital del reino se encontraba a más de dos semana a caballo de Talin y él no tenía la idea de haberse movido tanto. Tal vez la rana hiciese realmente algo de magia, como había asegurado, pero por lo común servía para crear pociones y poco más, al menos que él supiese. No es que los magos le hubieran interesado nunca demasiado. - Lo co-co-cogimos y huimos por el portal.

- ¿Portal?- preguntó alarmado el mago.- ¿Estás loco? ¡Los vas a traer directamente aquí! Tirano y sus Tres tienen lobos... ¡deberías saberlo!

- N-n-n-no. Borré el rastro.- dijo dando un par de palmaditas satisfechas a la bolsa que le colgaba a un lado.- Aunque ya he agotado mis re-re-reservas…

- Entiendo…- dijo algo más tranquilo.-  Confío en que Tess y Morgan estén bien. Lamentaría mucho su pérdida… caballeros tan leales a la Corona… Entonces, ¡es hora de viajar!

Con inusitada rapidez Valarian se puso en pie. Sin cruzar palabra se perdió por una de las puertas, a su espalda. Regresó con una pequeña bolsa de viaje, la dejó en el suelo y se volvió a  perder por otra, ahora cerca de la chimenea. Poco después se plantó ante el héroe y la rana cubierto por un pesado abrigo negro, una raída bufanda roja que hacía siglos que no salía del armario y cubría ahora buena parte de su rostro, aunque asomaba algo de la larga barba cana, la bolsa de viaje y un sombrero de mago turquesa, largo y puntiagudo, que llegaba casi hasta el techo.

- ¡Es hora de viajar!- repitió, ahora con algo más de  entusiasmo. Hacía años que no abandonaba aquella vieja casa de ciudad, once para ser exactos. No había planeado algo así, no al menos tan pronto y menos en tales circunstancias. Podría regresar, pensó intentando convencerse,  cuando lo que fuera que habían empezado se calmase, claro está. Casi todos sus libros estaban allí, se llevaba solo unos pocos que consideraba imprescindibles, el de las sirenas no, parte de su ropa también, incluso su juego de té y toallas bordadas con una elegante V, recuerdos de su ilustre pasado.

- ¿A-a donde ire-iremos?

- Viajaremos al norte, lo más lejos posible de Tirano. He pensado que hace mucho tiempo que no visito a una vieja amiga a la que por suerte no perdí el rastro y sería de gran ayuda. Se alegrará de verme.- “o eso espero”, pensó aunque eso se lo calló.- ¡Eso es! ¡Al norte!- repitió, dejando que la firmeza de su voz lo convenciese incluso a él.- Un poco de aire puro no me hará mal después de tantos años.

- Yo deseo irme a casa.- insistió Whole, por si no le habían escuchado la otra vez. Además no le gustaba lo que oía. ¿Al norte? ¡Ni hablar! Allí hacía mucho frío, apenas salía el sol, llovía mucho y la gente era demasiado rara. ¡Con lo bien que estaba él en Talin junto a su cariñosa esposa! Bueno… cariñosa a ratos y cuando le convenía, pero Whole era así, sabía ver lo bueno de cada uno, hasta de un troll con la porra levantada apunto de destrozarte el cráneo.

- ¡Oh, sí! ¡Claro!- afirmó Valarian. Abrió su bolsa de viaje y extrajo un pequeño saquito que ofreció al héroe. Le sonrió, animándole a cogerla.- Creo que es más que suficiente por el trabajo realizado. Desconozco tus tarifas, no sé muy bien hoy en día cómo funciona el tema de los héroes, pero supongo que será suficiente.

Whole se lo arrebató de entre los dedos y extrajo de su interior media docena de monedas, todas de oro. ¡Que un rayo le partiera en dos si aquello no era oro auténtico! Las habría mordido allí mismo para asegurarse, pero la confianza era uno de los pilares en la relación héroe – cliente. Al menos si lo eran en toda su vida jamás había visto tanta riqueza junta ocupando tan poco espacio, la palma de su mano exactamente.

- Seguro que sabrás volver a casa pero… ¿no te gustaría recibir diez veces esa cantidad?- le preguntó el mago, sabiendo de antemano la respuesta. Whole se volvió hacia él con gesto desconfiado.- Yo puedo dártela, tengo eso y mucho mucho más. El oro no es problema. Tú tan solo… ¡acompáñanos!

Volvió a mirarlo, algo menos desconfiado.

- ¿Ir? ¿Con vosotros?- dudó un instante, pero antes de responder se quiso asegurar.- ¿Será peligroso?

- Uy, sí, muchísimo.- aseguró Valarian y se extrañó ante la sonrisa que acababa de dibujarse en el rostro del héroe.

- ¿Al norte, decís?- su neurona brincaba sin cesar, poseída por el frenesí de la futura recompensa y borrando todo recuerdo sobre el frío, la lluvia y la gente rara. Ya se veía en una nueva casa, mucho más grande, con jardín y huerto. Le gustaban los huertos, si se podía contratar a alguien que se encargase de él por ti.- Podría ser…- musitó.- Una especie de… ampliación de contrato.

- Eso mismo, sí, una ampliación.- continuó afirmando y preguntándose de dónde había salido aquel tipo.- Yo no puedo cargar con el muchacho, soy demasiado mayor.- se disculpó, llevándose una mano a la cadera.- Thiago tampoco, es demasiado pequeño. Para ti no supone ningún problema, a la vista está. ¿Qué respondes?

- Diez veces esta cantidad…- repitió e hizo el amago de calcular la cantidad. La neurona se quejó, lo suyo no eran las matemáticas.

- Eso es…

- Seré casi más rico que un rey…- bueno, en realidad no tanto, pero lo mismo daba.

- Exacto… El dinero no es problema ¿Qué respondes?- preguntó con un deje de impaciencia y lanzando una furtiva mirada a la entrada. En cualquier momento esperaba ver aparecer a alguno de los lobos de Tirano o, en el peor de los casos, a un par de Soldados.

- ¡Acepto!- exclamó ofreciéndole la mano. El mago le dio una rápida palmadita.

- ¡Todo solucionado entonces! Recibirás lo convenido al alcanzar nuestro destino. Ahora… ¡en marcha! Por supuesto no podemos ir por métodos, digamos, usuales. Nos iremos de la misma forma que llegasteis.

Apoyó con cuidado la bolsa de viaje y estiró sus brazos hacia el vacío del estudio. Whole miró extrañado a Thiago, quién esperaba expectante. Mucho se temía el héroe de Talin que el mago también iba a hacer “eso”. Valarian agitó las manos en el aire y comenzó a pronunciar unas palabras, susurros que escapaban al entendimiento, iban por delante de él y le saludaban desde lejos. Entonces, de repente, hubo un chispazo en mitad del salón y un tremendo destello de luz, llenando la estancia de sombras, y al final un enorme agujero flotando en el aire, cuyo borde era la misma chispa girando a una velocidad que podía marearte si la intentabas seguir con la mirada… de hecho la chispa misma se mareaba y seguía girando. Al otro lado se adivinaba nieve y un poco más allá más nieve y tras esta más y más nieve, bajo un cielo oscuro y estrellado. Era como estar asomado a una ventana abierta, por la que empezaba a filtrarse el aire helado del otro lado, desparramándose en el suelo de madera y lamiendo los bordes como una lengua blanca. Valarian recogió su bolsa y se acercó hasta el portal, pues no era otra cosa en realidad. La anterior vez, cuando la rana hizo lo mismo, aunque de una forma algo más brusca, el héroe se asustó, ahora ya no y empezó a preguntarse si de verdad “eso” que había visto hacer a ambos realmente no le llevase a uno a otros lugares muy lejanos. Iba a preguntar si realmente se encontraban en la capital cuando la figura del mago fue arrastrada hacia el fondo, lo que provocó que, desde el punto de vista de Whole y Thiago, se deformara, como un chicle que se estira demasiado… y dando un pequeño brinco apareció al otro lado, distorsionando por un momento la imagen que se veía desde el estudio. Afirmó aún más la bufanda a su cuello y miró alrededor con cierto nerviosismo.

- ¡Vamos!- les apremió con una voz metalizada y algo lejana.- ¡No olvidéis al muchacho!

Thiago fue el siguiente. El resultado fue el mismo. La figura de la rana se estiró y, dando un paso adelante, surgió ante el mago, deformando la imagen, como una piedra lanzada a un charco de agua. Whole se acercó con el pequeño en brazos hasta el portal. Sintió el tirón que ejercía en su cuerpo musculado aquel agujero dimensional. Echó un último vistazo al fardo que sujetaba firmemente entre los brazos.

- ¿Es un príncipe?- su neurona quería saber.

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  • En su precipitada huída Alwyn, Valarian y Thiago acaban en Kolmar, la Joya del Oeste del reino de Solis, una ciudad acariciada al oeste por el Mar Occidental y al este por el desierto de Nuhiba y cuna de la R.A.T (Resistencia A Tirano), el último vestigio de la lucha antisistema. Mientras, Lüer Wolfo, uno de los Tres de la Guardia de Tirano, siguiendo sus pasos, se presenta también en la ciudad, dispuesto a terminar de golpe y porrazo con cualquier chispa de rebelión.

    Los lobos de Tirano corren, vuelan más bien, por la amplia llanura nevada con pocas intenciones de hacer preguntas y más de pegar alguna dentellada. Nuestros héroes se separan y la suerte echa una moneda al aire mientras sonríe socarrona.

    La rebelión se pone en marcha. Acompañado de su discípulo, la rana parlanchina Thiago, y el héroe de una neurona Whole, viajan hasta Ouk, una pequeña aldea en Las Tierras Nevadas, en busca de la ayuda de una vieja amiga, pero entonces el príncipe Alwyn despertará y va a exigir unas cuantas respuestas...

    El mago Valarian vive su condena en la Ciudad con cierto resignamiento y tranquilidad. Tirano gobierno el país y el monarca pasa sus últimos días en la cárcel - torre de Tor Uk... en realidad los últimos de su vida, pero su hijo, el príncipe, ha sido encontrado y el mago deberá guiarle y ayudarle para derrocar a Tirano en una revolución por la que se verá afectado todo el reino de Solis.

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