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5 min
la cucha e' perro
Drama |
28.02.21
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Sinopsis

un tipo entiende que la sociedad patriarcal es una calamidad

No me explico por qué, en estos primeros días del 2021, vinieron a mi memoria algunos sucesos de mi adolescencia o más bien juventud años: 69, 70 o 71. Me recuerdo reunido con otros muchachos como yo, en una esquina del barrio, éramos un grupo que limitábamos con cierta ignorante soberbia, éramos groseros, éramos bastantes imbéciles. Hablábamos a los gritos, nos reíamos sin parar, no caimos en cuenta que nuestra actitud era muy triste y lamentable, pero en ese momento nos percibíamos como muy vivos, o “piolas” ese término porteño que indica una pertenencia a la viveza, al desprecio por el que no pertenece. Me sonrojo ahora mismo  solo con pensar en nuestra autopercepción. Esa vergüenza aún me acosa

Ese día, estábamos como siempre  reunidos en la esquina “boludeando”.  Tito y yo alejados unos metros de los otros, por alguna razón que hoy se me escapa de la memoria. De pronto Tito me dijo  — Mirá  “gato”, allí viene la cucha e ‘perro. Me apodaban gato porque era capaz de dormir en cualquier  parte en cualquier momento.

— ¿Quién?

—Silvia, ¿no la conoces?

 —No, ¿por qué Cucha e' perro? Tito lanzó una carcajada.  — Porque es puro trapos y huesos. Claro Silvia era muy delgada, y se vestía muy bien, como pude comprobar cuando se acercó a nosotros sonriente y fresca. El ingenio popular es inflexible, aunque muchas veces injusto y cruel.

 Me imaginé una cucha de perro  y sin dudas siempre están llenas de huesos y trapos.

Hoy hablar así de una mujer, equivaldría por lo menos a una denuncia por discriminación.

Sin embargo “la cucha e' perro” era una joven muy atractiva, delgada sí, pero con una cara muy hermosa. Muy bien vestida y con un perfume exquisito.

Tito me presentó, ella dijo  —Hola. Y me besó en la mejilla sorprendiéndome. Yo no estaba acostumbrado a la espontaneidad. Mis acciones siempre respondían a un cálculo previo, ser espontaneo para mi equivalía a andar desnudo.

En lo que menos pude pensar cuando la vi, fue en una cucha. Quedé cautivo de ella en forma inmediata.

Hoy asumo con dolor, como los hombres somos capaces de una crueldad inconsciente y consciente hacia la mujer. Posiblemente y seguro en forma parcial,  hoy tomamos conciencia de nuestra condición de canallas, nos costó comprender  y aprender y deberemos seguir aprendiendo. Hoy no solo es el desprecio  y la burla, es la violencia, la sin razón, la barbarie. ¿Podremos rehabilitarnos?

Silvia era una chica dulce, espontánea y seguramente un poco ingenua.

Esa noche me dormí pensando en ella, en su magnetismo, en su simpatía, en su cara sincera y hermosa.

Seguimos en las reuniones de la esquina, sin embargo ahora me costaba participar; escuchaba en silencio y me retiraba indignado, pensando que yo mismo un tiempo atrás, creía que estábamos por encima de los demás.

Tito intuyó algo y me preguntó que me pasaba. Se lo dije y le causó gracia, me enojé con él. Fui cruel y brutal, le reproche su insensibilidad; no me comprendía, insistía en la estúpida idea de reírse de los otros. Le dije que posiblemente otros muchos se reirían de nosotros. — ¿No pensaste en eso? Me miró sin entender.

Le confesé que Silvia me quitaba el sueño. Tito en su obnubilación pareció empezar a comprender.

Pasaron varios meses de aquel encuentro con Silvia, yo esperaba encontrarla y decirle que me alegraba verla.

Después de  aquel día me había alejado de la barra de amigos, anduve sumido en pensamientos contradictorios  y llegué a detestar esos encuentros.

No regresé a los encuentros en la esquina, estar allí aun sin compartir lo que sucedía, me hacía participe.

Unos meses más tarde lo encontré a Tito caminando por el barrio. —Hola gato, te extrañamos en los encuentros.

No puedo compartir nada con ustedes. Le dije. Tito me dijo que entendía lo que me pasaba y que estuvo pensando mucho en lo que yo le había dicho.

Hoy, cincuenta años después puedo entender que la barra de la esquina era la expresión de una época y que es difícil desprenderse de ese estigma cultural.

Tito me preguntó ¿te enteraste lo que le pasó a cuch… a Silvia? Le dije que no, pero sentí un sacudón en el cuerpo.

Parece que no asimilaba las comidas y su nivel de desnutrición era grave, anemia, debilidad en los huesos, el corazón no respondía, está internada en terapia intensiva.

Consternado seguí mi camino.

Nunca volví a ver a Silvia, supe que se recuperó, pero perdí su rastro. Pasaron muchos años y difícilmente pueda hoy saber de su vida. Solo sé que esa mujer que conocí efímeramente, me cambió la vida.

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Otros relatos del autor
  • Me gusto felicitaciones!!!
    Gracias, yo solo quería destacar algo que aun en la actualidad no está zanjado, los cambios culturales llevan tiempo y muchas veces no son fáciles de entender. Los que no nos consideramos machistas en forma consciente, posiblemente tengamos actitudes inconscientes persistente en un machismo inadvertido.
    Mi padre me decía, que en algunos hombres, alguna vez en su vida, experimentaban cambios en sus "reflexiones" y de allí, surgía un renacimiento, un nuevo pensamiento una una conducta para mejorar. Estimado Horacio, tomando las palabras de mi progenitor usted tuvo las suyas. Excelente mensaje, extraordinaria narración y aleccionadora experiencia. Saludos fraternales.
    Al margen de esto, me olvidé de comentarte que en su día conocí personalmente a Pedro Almodovar en un centro cultural de Barcelona, y es un tipo muy engreido, por lo que estuve a punto de mandarlo a tomar vientos. No me identifico nada con su discurso transexual. Los gais pueden hacerla vida que quieran, pero yo no entro en su dinámica para nada.
    Hay situaciones y personas que son claves en nestra vida, que nos pueden hacer evolucionar. Sin embargo yo no he visto estas situaciones de desprecio en mi país hacia el sexo femenino. Al contrario. Cuando yo trataba de dialogar con algunas chicas, éstas enseguida me rechazaban y las deslumbraba el chulo del barrio. El machismo, ha estado alentado por las mismas mujeres desde tiempos inmemoriales, porque muchas de ellas son conservadoras.
  • ¿La única verdad es la realidad?

    Un paria, un boliche, un viejo y la muerte

    un tipo hace algo y se cree bueno

    las sorpresas no siempre son buenas

    alguien piensa, piensa y piensa y no prueba con vivir un poco.

    Un barrilete, una pelota, el padre y los vecinos

    un tipo camina y mientras piensa patea una piedra

    Hay que ser muy cobarde, para ser valiente.

    alguien busca una librería y se encuentra con una sorpresa

    un tipo se manda una macana sin querer, le dan el susto de su vida, pero sale triunfante

Soy psicólogo social y docente en actividad. Me jubilé en una empresa de energía, después de 42 años tengo 68 años

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