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5 min
La dama del corset
Varios |
05.11.09
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Sinopsis

cuento erótico

La dama del corset
Luciano Doti
Me encontraba yo en el centro de Buenos Aires, dando uno de mis habituales paseos, cuando de repente vi una mujer que llamó mi atención. Su esbelta y al mismo tiempo voluptuosa figura se recortaba delante de mí, un poco más allá de mi alcance; tanto que tuve que apurar un poco el paso para no perderme tamaño espectáculo. La mujer tenía un cuerpo de esos que al finalizar el siglo XIX y despuntar el XX se denominaban “reloj de arena”, generoso con su busto y caderas, y mezquino con su cintura (¡una diosa!). Al llegar a la plaza de Mayo, ella se detuvo y permaneció un rato observando cada uno de los edificios históricos que rodean ese paseo; demás está decir que yo también hice algo parecido, aunque lo que yo observaba no eran precisamente los edificios. No pude evitar acercarme demasiado, tanto que creí haber despertado demasiado su atención en el momento en que ella se dirigió a mí. ¡Zas!, me descubrió, pensé. Estoy perdido, me va a recriminar que la estuve siguiendo de un modo absolutamente pueril, vergonzoso. Pero no, en lugar de eso recibí de parte de ella un amable saludo y una consulta en inglés.
Una vez que me recuperé del susto que me había ocasionado la inminencia de semejante bochorno y respondí que sí era de ahí, y que sí sabía que era el Cabildo, y demás consultas turísticas, la mujer se quedó al lado mío como intentando continuar junto a mí su periplo o vaya uno a saber qué. Yo no tenía idea de cómo proponerle algo más, y ella parece que tampoco, pero su sonrisa me dio pie para inducirla a seguir conmigo el recorrido.
-Aquella es la Casa Rosada, y del otro lado está Puerto Madero.-le dije, caminando despacio para que ella entendiera mi lenguaje corporal que la invitaba a caminar al lado mío.
Por suerte ella me acompañó.
Lograr eso me produjo una gran elevación de mi autoestima, ya que uno de los motivos por los cuales no me había animado a proponerle algo directamente era que la mujer me parecía una dama muy sofisticada, con porte aristocrático; por encima del mío, más plebeyo. Conversábamos acerca de Buenos Aires, su historia, sus rincones, su gente. Yo la contemplaba extasiado, a la dama, claro. Sus pechos bien firmes habían pasado por la cirugía aumentativa, y yo les agradecía que lo hubieran hecho. Su piel bronceada volvía reluciente su cuerpo torneado, decorado con una hermosa melena rubia y unos ojos azules muy intensos. Pero su cintura pequeña era lo que más seguía llamando mi atención. Me concentré en esa parte de su cuerpo más que en las otras. Forcé mi mente a pensar porqué. Todo lo demás había desaparecido para mí, tenía que resolver ese acertijo; así como en la Grecia antigua se creía que para conquistar el Asia se requería desatar cierto nudo, yo estaba convencido que dilucidando el misterio de su cintura conquistaría algo que aún no conocía bien, acaso a ella.
Ella me contó un poco sobre su país, una república centroeuropea. Que sus ancestros habían pertenecido a la realeza de ese país, antiguo reino. Se me ocurrió que de ellos habría heredado su porte aristocrático. Imaginé a las damas de su familia en corset. La palabra “corset” resonó en mi mente. ¿Era la solución del acertijo?
Sólo suponer que estuviera usando uno de esos corset que suelo ver en Internet me produjo una erección. ¿Acaso tenía junto a mí a una noble dama encorsetada? No pude más y le pregunté, tratando de hacerlo con el mayor tacto posible.
-Disculpa, ¿estás usando un corset o algo así?
-Sí, es una costumbre familiar. En realidad las mujeres de mi familia lo usaron hasta la generación de mi abuela, mi madre ya no. Yo recuperé la tradición.
-Te queda muy bien- la halagué
-Claro, no existe ninguna mujer a la que le quede mal. Si todas lo usáramos no habría mujeres gordas, ni problemas de columna. Aparte los nuevos ya no son incómodos, son como fajas de un material que no lastima.
Ahora que ya no tenía que pensar en su cintura, pensé otra cosa: que una mujer que cuida tanto de sí, y luce tan sexy, seguramente estaría abierta a pasar por una experiencia sexual ocasional.
Fuimos a mi departamento. Su cuerpo ya sin el corset conservaba la maravillosa forma del reloj de arena.
Todo hombre, de cualquier siglo, estará siempre dispuesto a volcar en esas curvas.
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(Buenos Aires, 1977) Autor de obras narrativas y poemas. Desde 2003 publica en antologías colectivas de sellos editores como Pelos de Punta, De los Cuatro Vientos, Dunken, Ediciones Irreverentes, Desde la Gente, Latin Heritage Foundation, Pasión de Escritores, Mis Escritos y Literando’s; y también en revistas digitales y blogs, entre los que se destacan Penumbria, El Narratorio, miNatura (ganadora del premio SciFiWorld 2012 al Mejor Fanzine), Literarte (declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina), Gaceta Literaria Virtual (ganadora de un Puma de Plata 2012), NM, Tiempos Oscuros, Insomnia, Qu, Entropía, Noticias Día x Día, Diario NCO y Heliconia. Algunas de sus obras han sido leídas en radios, entre ellas Radio Del Plata (Bs. As.). Ha obtenido los premios Kapasulino a la Inspiración (2009), Sexto Continente de Relato Erótico (2011), Microrrelato de Miedo (2013) y los 2° premios de Microcuento - Mis Escritos (2014) y Guka (2015) revista auspiciada por la Biblioteca Nacional de Argentina. Destacado como “Autor del Mes” – agosto 2012 por Xinxii.

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