cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
La diablesa deportista
Históricos |
23.11.10
  • 4
  • 5
  • 2815
Sinopsis

Un viejo relato que publiqué con otro título y otro alias en esta página, hace tres años. Lo he leido y me ha traído buenos recuerdos. Por eso lo republico.... que tiempos!

El tipo de al lado fumaba un cigarro de color del chocolate, de esos con sabor a vainilla. Parecía como sacado de una película de “cowboys”. Era moreno, alto y extremadamente enjuto, con los ojos profundos, oscuros, perilla cuidadosamente recortada y una larga melena negra. Su pinta no lo desubicaba tanto de aquél sitio como la de su acompañante, una voluptuosa damisela rubia embutida en un traje de cuero rojo, que colgaba de uno de sus brazos, zarandeándose pesada pero cariñosamente a la manera de una niña mimada que le quiere pedir un regalo a su papito. Ella tenía rasgos centroeuropeos, pudiera ser que fuera húngara, o rumana... él parecía venezolano o canario, no lo sé.... pero ambos tenían cierta clase, cierto aire retro que les hacía únicos en aquél local cuyos altavoces vomitaban bachata tras bachata.

Ella manchaba de carmín el lóbulo de su oreja derecha susurrándole cosas al oído. Su mirada se me antojó lasciva cuando pude adivinarla detrás de aquella generosa capa de rimel en uno de mis embates visuales a la pareja. No pude disimular una sonrisa de deseo que se me había dibujado en la boca mirando sus labios. Aquella diablesa la descubrió, y adoptando una postura seria le comentó algo en voz baja a su marido, sin dejar de clavar sus incisivas pupilas en mis ojos. La expresión del rostro del vaquero hizo que , inconscientemente aligerase mi ritmo de trago. Acababan de servirme un cubalibre, era el quinto en aquél sitio. Ellos hablaban seriamente mientras el volumen de la música cubría sus palabras. No me gustaba aquello. Me miraban furtivamente. Ahora era yo el objeto a observar y ellos mis voyeurs. Al tiempo de beberme a grandes tragos hasta la última gota del ron, cesó la música, y pude oír entonces de la boca del vaquero una frase que sonaba como algo que concluía un trato grotesco:

“te invitaré a satisfacer tus crueles deseos de muñeca endemoniada, siempre que después te pongas el disfraz de angelito y me la chupes como si fuera la última comida del cielo”

Al terminar esta frase, la chica sonrió y tras darle un beso a su marido en la mejilla, se dirigió a la salida del local. Desapareció entre el bullicio.

El vaquero se incorporó tras seguir con su mirada, acompañada de otras muchas, el bello trasero de su mujer, y verlo desaparecer. Entonces me miró fijamente y metió su mano derecha en uno de los bolsillos de su cazadora de cuero con tiras de colores, acercándose lentamente a mí. Yo quedé por un instante petrificado y cuando reaccioné, haciendo un torpe esfuerzo por ponerme en guardia, por poco me caigo del taburete donde hacía más de tres horas que mi culo había impreso su sello. Llevaba ya mucho alcohol en la sangre. Cuando el guanche me tuvo al alcance agarró firmemente mi mano y depositó un manojo de llaves en ella mientras me miraba con una sonrisa burlona. Luego me cogió del cuello de la chaqueta y me “ayudó” a salir del bar... Yo no entendía nada. Cuando estuve fuera, el volvió a entrar en el bar entre risas y meneos de cabeza.

Allí fuera me esperaba, en la puerta del bar la imponente rubia sentada en el asiento de copiloto de un flamante cadillac rojo descapotable que parecía recién importado de tierra yanki. Me señalaba con el dedo que fuera hasta ella. Un pensamiento absurdo me asaltó la cabeza “¿no pensará que puedo conducir con semejante melopea?”. Y vaya si lo pensaba. Ruth, que así se llamaba, se lo quería pasar en grande esa noche. Por lo visto, su marido tenía un pinzamiento vertebral, no estaba para trotes. Así que Ruth, que resultó ser checoslovaca, me eligió a mi para hacer ... “el deporte”, con la venia del marido, claro, que resultó ser de un pueblecito de Soria.

Supongo que después el viejo fue bien recompensado, puedo asegurar que el hombre se lo merecía con creces.

¡Vaya pareja más maja!.



Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Ten cuidado, amigo, que me crei toda la historia y despues te pido el nombre y la direccion de esa demonia. En serio, como hago para contactarlo? Me ha gustado mucho el final!
    Es una buena historia
    Y yo lo leí entonces y lo comenté, pero con otro nick -que ya no existe-. Recuerdo que dije -si no recuerdo mal- que la caracterización era genial. Ahora bien, no recuerdo tu otro nick, no caigo... qué rabia...
    Creas un clima de lo más interesante. Engancha e incita a seguir leyendo. El repentino cambio de tono hace que se desinfle un poco al final.Pero me ha gustado.
  • Dedicado a todos aquellos que conviven con algún gato. Ellos me entenderán.

    Santísima trinidad . Misterio de la vida.

    Desde que descubrí los lipogramas no dejo de pensar en ellos. Estos dos han sido exprés, sin pensarlos demasiado. Espero que al menos les parezcan graciosos. En este caso los he escrito con la vocal "e"

    Revisión de la fábula.

    Pensemos con las tripas

    Yo era su menú degustación

    Casualmente , por accidente he accedido al perfil de la autora que ocupa el primer puesto en el ranking. Carolina. Y he leído azarosamente su frase perfecta: "Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo". Me ha parecido muy bonita y me ha inspirado tanto que le he escrito una poesía. La frase también me ha parecido bonita.

    Decides ser el cosmos. Decides ser el todo.

    ofrenda a los dioses

  • 237
  • 4.03
  • 712

Soy un calvo cabron suertudo

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta