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2 min
la diosa de cuatro lunas.
Poesía |
29.03.19
  • 4
  • 2
  • 802
Sinopsis

Mis manos
son un árbol
sin nada que ofrecer.
Las venas
son las ramas 
que esperan absorber
la sangre 
de la juventud perdida,
de los caminantes
que viajan sin rumbos
y las almas que lloran
en los rincones
del bosque, sin mapas,
a los ángeles de la noche.
A pesar 
de estar marchitas
y cansadas
fueron las diosas
que una vez
crearon historias
con más pulso
y ritmo
que un corazón
ardiendo de belleza;
el grito de libertad,
guerra y arte,
el himno con
las más amarga
melodía.
Estoy hecha
de arena,
soy un reloj
con más valor
que el tiempo
con el que este juega.
Soy un templo,
antiguo y desarmado,
amado 
por la estrella 
más brillante del cielo
y maldito 
por los hechizos
que conjuran
las horas en sus
momentos de aburrimiento.
Soy hija de Júpiter,
por eso tengo
cuatro lunas;
poseo ocho luceros
que decoran 
los rincones 
de mi universo
y
cinco soles
que alumbran
la oscuridad
de un futuro
incierto.
Mi cuerpo está
compuesto por
polvo de estrellas
cuya fecha de caducidad
expiró hace ochenta
y nueve planetas.
Los días son 
daltónicos y las
noches tan oscuras
que la ilusión
de los colores
dibujan pequeñas 
nebulosas en mi retina.
Mis pensamientos
son tan frágiles
cómo mis huesos,
puedo escuchar
las voces 
narrando leyendas
de las arrugas
de mi cuerpo,
tan vivas 
que temo que mueran
y no pueda 
hacer nada
para detenerlas.
Todo sucede
por una razón,
fui karma
y destino.
Ochenta y nueve
motivos,
Ochenta y nueve
pasos,
Ochenta noches
y nueve días
es todo lo que he vivido.
Experimenté más
de lo permitido
y aún así
nunca me pareció
demasiado.
Mis manos 
son un árbol
ansioso por tocar
el límite que separa
el cielo de la realidad;
mientras mi turno llega
recordaré los bailes
de salón a ritmo
de la música que
la vida me marcó.
Recordaré el primer amor
como si no hubiese
sido el último,
cómo la vida
sucedió y resultó 
ser algo tan increíble
que escapaba a mi control.

 

 

 

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