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7 min
LA ERA DEL HOMBRE MÁQUINA 1
Reales |
19.07.21
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Sinopsis

Un hombre de edad avanzada, tras su aparencia de triunfador, esconde una frustación personal.

Me llamo Rodrigo Font, de profesión cuidador de personas de la "tercera edad" en sus hogares; y actualmente una señora cuyo nombre es Carla Vila residente en un lujoso piso de la Bonanova que es una de las zona más distinguidas de Barcelona relativamente cercana a la montaña del Tibidabo, ha requerido mis servicios para que atienda a su padre llamado Raúl que es un hombre de ochenta años en su piso particular, que no está muy lejos del domicilio de dicha mujer, el cual está algo delicado de salud, dado que ella tiene que viajar a menudo tanto a Madrid como al extranjero por asuntos laborales y apenas tiene tiempo para estar junto a su progenitor.

Raúl es un hombre erguido; ancho de espaldas; de aspecto deportivo y por supuesto muy vital, de trato afable; aunque no deja de vanagloriarse de sus éxitos tanto profesionales como personales que ha tenido a lo largo de su vida, y con razón. Pues no tan solo ha sido un sujeto luchador que nunca se ha amedrentado ante las dificultades que le han salido al paso, sino que también ha tenido una vista de lince para los negocios.

-... Sí. Yo entré a trabajar muy joven con una escasa preparación academica, haciendo de representante en una fábrica de muebles, pero siempre tuve muy claro que aquello no me iba a durar mucho tiempo porque yo aspiraba a ser algo más. Quería ser dueño de mi propio negocio - me explicaba él una y otra vez como suelen hacer muchas personas de edad avanzada, sentados en un sofá que estaba en el sobrio comedor de su casa junto a un ventanal por el que entraban los tímidos rayos de un sol blanquecino-.. ¿Entiendes lo que te digo chaval? - inquieró.

-Sí, hombre. Claro que le entiendo - le respondí yo.

-En esta vida hay que ser ambicioso; tener un objetivo claro y luchaar por ello sin descanso hasta conseguirlo. Si sale bien estupendo; si no al menos lo habrás intentado. ¡Esto es ser un hombre de verdad y no un muñeco de los demás! Si no se tienen aspiraciones, uno acaba siendo un triste oficinista; un donnadie de cualquier empresa como lo fue el bobo de mi cuñado - dijo el señor Raúl con prepotencia-. Así que con los ahorros que tenía y un préstamo de un Banco monté mi prmera tienda de muebles. Y como trabajé sin descanso y las cicunstanias me lo permitían ya que los empresarios pagábamos unos bajísimos impuesos al Estado, con el tiempo llegué a tener dos tiendas más. Pero con el capital que llegué a ganar como no sabía muy bien qué hacer con él lo invertí en inmuebles que hoy en día me dejan una buena rentabilidad.

- Eso  está muy bien.

- Sí. Pero ésto no es lo más importante chaval. Poco antes de tener mi primera tienda me  enamoré y me casé con una de las chicas más guapas y más simpáticas del barrio en el que vivía, la cual me dio dos hijos y confió siempre en mí. Tuvimos nuestros desencuentros como cualquier matrimonio pero no se nos ocurrió separarnos como ahora sucede en muchas parejas que no se aguantan ningún error y a la mínima cada uno tira por su lado. Pues voy ahora por la calle, paso frente al Ayuntamiento de la ciudad, o frente a una iglesia y veo a una risueña pareja de recién casados que salen riendo mientras los invitados les echan arroz imitando a los americanos y pienso: "Que ingénuos son. Se creen que la vida en común es un camino de rosas. ¡A ver cuánto les dura este matrimonio...! No apostaría por ellos ni un céntimo.

- Bueno, no exagere usted. Además ahora no hay verdades eternas señor Vila - repliqué yo sonriente.

- ¡Bah! Tú todavía eres joven y lo ves todo bonito; con expectativas de futuro- dijo Raúl con sorna-. Pero como te decía en aquellos  tiempos mi buena estrella en el aspecto económico me hacía sentir muy seguro de mi mismo. Yo era un ganador y no había quien me tosiera. Recuerdo que mi esposa y yo íbamos a las mejores fiestas de Barcelona sea en el Hotel Ritz que tiene mucha solera y antiguamente había albergado a la alta sociedad, a las celebridades de toda Europa y de América, o en cualquier otro lugar de postín vestidos de gala. Yo iba de smoking y mi mujer iba de largo y todo el mundo nos admiraba. La gente nos comparaba con las realezas del Principado de Mónaco. Yo con el príncipe Rainiero y a mi mujer con la guapa y elegante Grace Kelly. Aquello era maravilloso; de ensueño.

- Caray...

- Sí, sí... - repetía mi cliente con orgullo.

- Supongo que sus padres estarían muy contentos de tener un hijo  tan emprendedor y tan brillante como usted- comenté yo inocentemente.

De repente la locuocidad del señor Raúl Vila enmudeció y me dirigió una torva mirada con la que parecía que me quisiese fulminar, por lo que sentí un escalofrío en mi bajo vientre. Era como si yo sin pretenderlo hubiese tocado un tema tabú; un tema del que era mejor no hablar.

-¡Oh mis padres! ¡Mi familia...! - exclamó con un resentimento contenido- Ojalá no la hubieses nombrado - me dijo él.

- Lo siento yo...no quería incomodarle - me disculpé entre asombrado y violento.

- Mis padres jamás me quisieron - confesó mi cliente-.Todo el afecto lo volcaron en mi hermana que era una mujer muy envidiosa que llegó a dominarles totalmente. Yo hiciese lo que hiciese siempre estaba mal y ellos me tenían por el tonto de la familia. En cambio la loca, la disparatada de mi hermana era la lista. Y cuando me quise independizar con mi negocio mis padres en lugar de alegrarse por ello; en desearme buena suerte aún me echaron un cubo de agua fría encima. Trataron de quitármelo de la cabeza; de desanimarme. Me daba la impresión de que ellos tenían envidia de mi iniciativa, del éxito que pudiera tener. -. Hizo una pausa y continuó- Te aseguro que a veces la familia es un obstáculo para el progreso de un hijo.¡Hay mucha cursilada, mucha gilipollez en torno a la familia y en todo lo demás! Hay buenas madres que es lo natural, pero también hay malas madres que no quieren a sus hijos pero que lo tienen por inercia; por una costumbre social. ¡Pero ah! Esto no se puede decir.

- De acuerdo. Pero a pesar de todo usted no rompió con su familia. Siguió visitándola - le dije yo.

- Sí. Es cierto. Visitaba a mi familia de vez en cuando. Al fin y al cabo ellos eran mis padres.

- Creo que usted tenía un sentimiento contradictorio hacia ellos. Por un lado los quería porque eran personas de su sangre, pero por el otro lado los odiaba por lo que hicieron con usted - le dije para darle a entender que lo comprendía perfectamente; que estaba de su lado. Mas al parecer me equivoqué en mis apreciaciones porque él estalló de pronto.

- ¡¿Qué dices chaval?! No sé... no sé lo que quieres decir. Creo que eres demasiado complicado - expresó el señor Raúl Vila desconcertado y a la vez preso de una gran agitación que le hacía respirar de un modo jadeante. Era evidente que aquel hombre a pesar de los años transcurridos todavía seguía bajo el influjo de su nefasta experiencia familiar-. Gracias al dinero que gané con mi labor ya no me asustaba mi familia - dijo con un hilo de voz y sin ninguna convicción.

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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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