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5 min
La escala más larga
Reflexiones |
10.08.17
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Sinopsis

Sentado y escuchando música en el aeropuerto, mi mirada no puede dejar de captar las historias que ocurren simultaneamente a mi alrdedor, pasajeros y viajeros, niños y ancianos y todo aquello que hay en el medio, unidos sin estar juntos. Solo unas cortas perspectivas que me da, el estar sentado sin saber como describir mi propia historia.

No es la primera vez que viajo, tampoco es el viaje que más tiempo me ha llevado, pero en este momento es sin duda, el vuelo más largo. Tiene un principio y un destino, pero no sé si puedo visualizar el final, inclusive la escala es más corta, pero se ha transformado en un estado de ideas cruzadas y momentos permanentes. Me falta el aire, aunque estoy sentado, no es ansiedad ni miedo, lo más cercano que puedo decir es incertidumbre. Son dudas y proyectos luchando por ver quién tiene la razón, y yo aquí pensando si me he despedido correctamente.

He dejado todo en el pasado y mi vida entera queda resumida a una sola valija, mis pasados y mis logros están en una carpeta y todo aquello que he logrado, ahora lo observo y me siento tan insignificante. Veo a mi lado y no hay nadie, solo una puerta cerrada con un letrero indicando la hora, pero veo el reloj y este se ha detenido, igual que el reloj del mostrador y del televisor donde indican los vuelos que vienen. La gente se mueve, los aviones llegan, pero el tiempo está detenido, indudablemente congelado.

El aeropuerto es un recipiente de experiencias y emociones mezcladas. Algunos duermen en el suelo, otros sentados, algunos están en la fila de dunkin donuts comprando donas y café, mientras otros están usando su celular o la Tablet, algunos con la laptop viendo alguna película, pero esto no es lo llamativo, cada uno lleva una historia tan distinta en sus espaldas y casi puedo escucharlas todas si pongo la canción correcta.

Escuchando entre dos aguas, puedo ver al hombre con gafas feliz de regresar a su casa, como si extrañara a una esposa y unos hijos, tanto que desde acá puedo ver su rostro sonriendo en la videollamada que sostiene por Skype, su cara dibujaba un sentimiento y sus ojos les decían a todos y cada uno de los integrantes de su familia por separado, como los amaba locamente a todos y como extrañaba a cada uno de ellos. Si me sentara a hablar con él, sé que me podría contar cada detalle de sus hijos, cosas que quizás ellos aún no notan, esas manías al despertar o las palabras que más suelen usar. Su esposa, se nota el tiempo que llevan juntos y si me concentro en verdad la puedo ver a su lado, sentada y dormida en su hombro, con un jean y un suéter ligero, porque así puedo sentir su unión, algo concreto y tan real que se lleva a todas partes.

Del otro lado se encontraba una mujer con un libro en brazos, ella miraba los aviones bajar sabiendo que su amada volvería, pero sabiendo que no era en ninguno de los pasajeros que iban bajando. Ella ahorita seguía esperando, todos los días ella esperaba con la misma ropa, para que ella no se confundiera. La gente ya la miraba extraño, lo romántico ahora era locura, porque amar de esa manera, quizás solo una persona loca lo podría lograr. Amar con locura, que concepto tan buscado y tan poco apreciado. No sé si la han intentado sacar de ahí, pero creo que sería imposible, sus pies ya son raíces en ese mismo recuadro, su libro esta viejo y gastado, inclusive hay arrugas y canas que según tengo entendido, al principio no existían.

Hay alguno en la esquina que llora esperando que nadie lo note, solo le veo la espalda, pero es fácil reconocer a alguien que llora, sobre todo cuando sientes que tú mismo no puedes resistir esa lágrima rebelde, incapaz de reconocer el momento y el lugar donde están. Él lo perdió todo y regresa a buscar lo que quedó. Sin dudas destruido, ni siquiera sabe cómo enfrentar su realidad, porque de tantas carreras que dio en las últimas 24 horas, apenas ahora en un momento de calma es que logra entender la magnitud de lo ocurrido, lo veo y me pregunto que habrá pasado, solo veo tristeza, una profunda y oscura tristeza, mis ojos no ven nada más que un alma derrotada. Quisiera encontrar la historia de sus heridas, pero lo cierto es que su tragedia escapa a mi experiencia.

Hay tantas personas, tantas historias a mi alrededor, es fascinante y entretenido, pero lo cierto es que se porque me concentro tanto en los demás. Voy al baño a lavarme la cara con el agua un poco más fría de lo que esperaba y mientras me seco las manos, no puedo dejar de pensar, no puedo dejar de recordar. Mis pasos me han guiado hasta este momento, pero ¿he sido yo quién ha decidido mis pasos? Porque este sentimiento de incertidumbre me invade de esta manera… Se a donde voy y voy a donde quiero ir, pero aun así creo que nunca me había sentido tan perdido como hoy. Ha pasado 1 hora desde que llegue, pero mi vida ha cambiado para siempre, en esta hora no sólo me imaginé 100 maneras de arrepentirme y unas mil más de como equivocarme, una docena de buenas ideas me han mostrado el camino que deseo, y solo una me vuelve a reunir con todos los que quiero.

El tiempo pasa y lo único que sé, es que no puedo prever mi camino, aunque por el momento igual prefiero no pensar en esto…

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Soy un jovén de 23 años, amante de la tranquilidad y las palabras en todas sus presentaciones. Lleno de e historias y emociones que quiero compartir,

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