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9 min
La Estación Cinco
Terror |
06.12.17
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Sinopsis

Cierto día, Ángel presencia algo paranormal en la Estación Cinco, una estación de metro que queda cerca de su casa. Desde ese día, Ángel no puede sacarse de la cabeza lo que vio y está decidido a averiguar la verdad, volviendo a dicha estación.

Jaime: ¿De verdad nos estás diciendo que crees en fantasmas?
Ángel: Sé lo que vi en la estación. Jamás mentiría con algo así.
Roberto: Yo te creo, pero sólo un poco.
Jaime: Ya, dinos de una vez que nos estás haciendo una broma. ¿Quién puede creer en tales cosas a esta edad?
Ángel: Para que vean que lo que digo es cierto, mañana por la tarde volveré allí y grabaré al fantasma. Lo he decidido.

Ángel se desconectó.

El día anterior.


Ángel y su madre caminaban por el andén de la Estación Cinco. Regresaban al apartamento, tras haber pasado la tarde en el centro, buscando una escuela nueva para él, pues las vacaciones de verano estaban por terminar. Tras haber encontrado una, su madre lo invitó a comerse una hamburguesa, y el resto de la tarde la pasaron paseando entre tiendas.


La estación estaba bastante llena, ya que eran las siete de la tarde y la mayoría volvía del trabajo. Ángel caminaba distraído, cuando tuvo una sensación de lo más extraña: sintió de repente que la temperatura bajaba bruscamente, a pesar de que aquel día había estado soleado. Sintió el frío en sus brazos, y los acercó a su pecho, intentando abrigarse con ellos. Su madre lo notó raro, y le preguntó qué le pasaba.


-Nada -contestó Ángel. 


Miró a un lado y, entre el ajetreo de la gente que volvía a su hogar tras una jornada de trabajo, vio a una chica que flotaba a unos centímetros del suelo; tenía una palidez de muerte en el rostro, los ojos en blanco, y llevaba un vestido fúnebre. Ángel tembló al sentirse observado; al tener la certeza de que, así como él la veía, ella también lo veía a él. Agitó la cabeza con incredulidad y, al abrir los ojos, el espectro de la chica había desaparecido. 


-Ángel, ¿seguro que no te pasa nada? -volvió a preguntar su madre.

-Sí, no es nada. Volvamos a casa, tengo hambre -mintió.

Ángel sólo le contaba sus cosas a tres personas; estos eran sus dos amigos, Jaime y Roberto, y su madre. Y como a la mañana del día siguiente no conseguía quitarse de la cabeza al fantasma de la Estación Cinco, pensó en referirle aquella aparición a su madre; pero, luego de meditarlo unos segundos, descartó la idea. Finalmente decidió salir a la calle a dar un paseo, con la intención de despejarse la mente.

Tras andar por unos minutos, encontró una casa pequeña con un aviso que le llamó la atención: "LECTURA DE TAROT". Pensando que quizá allí hallaría las respuestas que buscaba, entró.

Avanzó por un pasillo estrecho, y luego se halló a oscuras, lo cual aceleró un poco los latidos de su corazón. Había un fuerte olor a incienso que le trajo a la mente algunos recuerdos de infancia. Miró a un lado y, sobre una mesita cubierta con un mantel carmesí de bordes dorados, vio que ardía una solitaria vela. Junto a ésta había una calavera del tamaño de una mano, también mazos de tarot, piedras de colores y objetos relacionados con el zodiaco. Ángel, con la sensación de que pisaba un terreno desconocido e incluso peligroso, quiso retirarse. Pero entonces, una mano con anillos preciosos hizo a un lado la cortina que él tenía delante y, a continuación, apareció una gitana anciana que lo hizo pasar.


-Toma asiento -lo invitó.


Ángel, con cierta timidez, se sentó junto a una pequeña mesa redonda, quedando de frente a la gitana. La observó poner una baraja de tarot sobre la mesa. Ella le preguntó:
-¿Te han leído el tarot antes?


Ángel negó con la cabeza.

-Por ser tu primera vez será gratis. Dime tu fecha de nacimiento.

-11 de noviembre de 1993. 
-Veamos... Eres Escorpio. Además, el número de tu fecha de nacimiento me indica que eres una persona muy especial. Corta.


Ángel tomó la mitad de la baraja y la colocó a un lado. La gitana comenzó a barajar el mazo. Al poner la primera carta sobre la mesa, miró a Ángel por un buen espacio de tiempo, durante el cual él se sintió algo incómodo. Tras esto, le preguntó:
-Tú has venido porque hay algo que no abandona tus pensamientos, ¿verdad? Veo una presencia...


-Sí, es cierto -contestó Ángel, un poco turbado.


-Aquí me aparece La Sacerdotisa -dijo, mostrándole el arcano mayor que había dejado sobre la mesa-. La presencia que veo es femenina. Es La Magdalena Fría; no puede ser nadie más. La Magdalena Fría se ha fijado en ti, te escogió.


-¿La Magdalena Fría? ¿Quién es? -preguntó Ángel, con interés, pero a la vez con cierto temor.


-Un espectro femenino que mora en la Estación Cinco. Escúchame, hijo, debes purificarte. Ve a tu casa y dáte un baño con sal y algunas hierbas que te anotaré aquí, de esa forma librarás tu cuerpo de las malas energías. Hazlo lo más pronto posible.


-Está bien -contestó Ángel. Y al no tener más preguntas, se levantó-. Gracias por la lectura.

-No hay de qué. Que estés bien.

Ya había caído la tarde cuando Ángel volvió al apartamento. Su madre estaba en el sofá viendo la telenovela. Ángel la saludó y subió a su habitación. Allí encendió la computadora y, como cada día, se conectó al servicio de mensajería instantánea. Jaime y Roberto estaban conectados; por un segundo pensó en hablarles, pero luego se arrepintió. Entonces abrió una página con el buscador, y escribió: "La Magdalena Fría". El buscador arrojó resultados. En el primero de ellos aparecía la Estación Cinco y, asombrado, hizo click.
Para su sorpresa, la fecha de la noticia era de hace diez años. Ángel leyó con ávida curiosidad:


SUICIDIO EN LA ESTACIÓN CINCO.
En la tarde de ayer, una joven de diesciete años decidió poner fin a su existencia arrojándose a las líneas de la Estación Cinco. Al parecer, la adolescente pasaba por una complicada situación emocional. Al hablar con los padres, éstos nos dijeron que era una chica tranquila, alegre, y que había estado fuertemente enamorada...

En ese momento, Ángel volvió a sentir un intenso frío; un frío que le calaba los huesos. Se levantó y caminó hacia la ventana, pensando que la baja temperatura venía de allí; mas la encontró cerrada. Miraba a la calle, absorto, cuando de pronto en el cristal apareció un rostro pálido de chica que lo hizo caer hacia atrás. Ángel se arrastró como pudo y, al voltear hacia la entrada de su cuarto, dejó escapar un grito algo ahogado al ver que allí estaba ella, La Magdalena Fría, observándolo desde lo alto. Y se acercaba a él, mientras Ángel se protegía con los brazos y se ocultaba el rostro. Entonces, todo se volvió negro.

Ángel estaba en el suelo. Aún sin creer lo que le había ocurrido, se sentó frente a la computadora e inició con Jaime y Roberto la conversación vista al principio, en la cual les aseguraba que iría a la Estación Cinco para conseguir pruebas del fantasma.

Tal como se lo había prometido, eran las ocho de la tarde cuando Ángel se dirigió a la Estación Cinco. Llevaba su celular listo para grabar. Entró en la estación y se percató inmediatamente de que estaba completamente vacía. Sin embargo, no se cuestionó lo inusual que resultaba esto.


Caminó por el andén y después se sentó en uno de los asientos de los cuales había hileras en cada estación. Vio la hora en su celular. Miró a los lados. No había señal de La Magdalena Fría.


La pantalla de su celular parpadeó. Tenía dos mensajes de texto, uno de Jaime y otro de Roberto. Ambos le preguntaban lo mismo. "Y... ¿Apareció el fantasma?". No quiso contestar.
Ángel se cruzó de brazos. "Quizá, después de todo, no volverá a aparecer", concluyó, y ladeó la cabeza, algo somnoliento, dejando escapar un bostezo. Y pensó que quizá era hora de volver a casa.


Y entonces llegó el frío. Ángel comenzó a temblar y, al levantar los ojos, vio a La Magdalena Fría, a tan sólo unos metros de los asientos. En ese instante pensó que fue una mala idea haber venido, que debió haberse quedado en casa. Pero aun así, fiel a su propósito inicial, alzó el celular para grabarla. Y pudo hacerlo; sin embargo, sin explicarse cómo, sus pies comenzaron a caminar hacia el espectro. Y, a su vez, La Magdalena fría se alejó. Y mientras más se alejó, las piernas de Ángel, como si hubieran cobrado vida propia, más de prisa fueron tras ella. Ángel intentó como pudo sostener la cámara en su mano, temblando, y no entendía por qué no podía dejar de avanzar. Entonces La Magdalena Fría apareció sobre los rieles, y Ángel, como yendo tras un increíble espejismo invernal, se arrojó hacia ella enfocándola con el celular, a la vez que los rieles se iluminaban y escuchaba el último sonido de su joven vida: el rugir de una bestia metálica avanzando a toda velocidad, confundiéndose con su propio grito.

-Por Dios -dijo el guardia que hacía su ronda, al encontrar el amasijo de carne, entrañas y sangre sobre las líneas. Más tarde llegaron Jaime y Roberto, y el guardia les mostró el teléfono celular que había hallado junto a los restos.
-Démelo -Jaime se lo arrebató con angustia, y junto a Roberto vieron la última grabación de Ángel: y en ella vieron el rostro mortal de La Magdalena Fría, y casi sintieron en carne propia el momento final de su amigo.

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  • Me pareció un relato bastante flojito
    La Magdalena a mi también me dejó un poco frío. Saludos
  • Cierto día, Ángel presencia algo paranormal en la Estación Cinco, una estación de metro que queda cerca de su casa. Desde ese día, Ángel no puede sacarse de la cabeza lo que vio y está decidido a averiguar la verdad, volviendo a dicha estación.

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