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12 min
La evaluación
Fantasía |
27.04.19
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Sinopsis

Suceden hechos fantásticos en nuestra vida cotidiana. . . no siempre nos damos cuenta

La evaluación

Entre al viejo y humilde edificio de San Telmo, donde me mude hace 6 meses, cargaba mis cuentos impresos que había escrito hace unos años, que uno por uno fue rechazado en la editorial de donde venía.

Al menos había conseguido que me consideren para publicar algún cuento que valga la pena en la revista del diario del domingo y así hacerme de unos pesos. Pero lo cierto es que últimamente nada de lo que escribía era lo suficientemente bueno. Y hoy además me rechazaron mis viejos cuentos, dándome el ultimátum que si para el viernes no les entregaba un cuento decente, que ya no volviera hacerles perder el tiempo.

Mientras me dirigía al ascensor pensaba que mi aventura como escritor estaba a punto de terminar y que tendría que volver algún trabajo de oficina, si es que conseguía alguno.

Me fue bastante complicado abrir la puerta desplegable del ascensor ya que en una mano tenia las carpetas y en la otra mi viejo y pesado saco de la suerte, que dicho sea de paso, ya no es lo que era.

“No Funciona” era el cartel que estaba dentro del ascensor.

Pero la puta madre, este edificio de mierda y el boludo del Gallego, porque no pone el cartel del lado de afuera del ascensor.

Entre puteadas empecé a subir los tres pisos por escalera que me separaban de mi departamento. Mientras iba subiendo me deprimía cada ves un poco más, ya se que fue un poco apresurado largar todo y dedicarme a escribir, solo por que había conseguido publicar un par de cuentos.  Ahora la realidad se me cae encima y la tengo que aceptar, no soy lo suficientemente bueno para mantenerme de lo que escribo.

¿Pero quien define si un cuento es bueno o malo? ¿Es el editor que aprueba si se publica o no? Esa es la respuesta más fácil, pero en realidad son los lectores los que realmente definen si un relato les provoca algo, el sentimiento que fuese, algo que les deje la sensación que valió la pena leerlo.

Eso es lo que tengo que hacer, tengo que evaluar con gente totalmente desconocida mis cuentos antes de presentarlos en la editorial. Con los verdaderos evaluadores, los lectores.

Sumergido en estos pensamientos estaba a punto de abrir la puerta de mi departamento con las complicaciones que me provocaban la vieja cerradura, más mi saco de la suerte y mis carpetas. Cuando escucho.

  • Se lo roban, creo que son los mocosos maleducados de 2º A.
  • ¿Qué?
  • El cartel de “No funciona” que pongo en la puerta de afuera del ascensor. Me contesto el Gallego que venia bajando la escalera.
  • Ah. . .  bueno no importa igual, tenia que subir por las escaleras. Le dije y agregué un buenas tardes
  • No, no, no te vayas que necesito hablar con vos, ¿Cuándo vas a pagar el alquiler? Ya van dos meses de atraso y además las expensas.
  • Si, si este viernes entrego un cuento, ahí mismo me pagan y me pongo al día. le dije
  • No, no a mi no me vengas con esas estupideces de escribir cuentos. ¿Porque no vas a laburar y te ganas la plata honradamente? Por que sino de patitas a la calle.

En el tono que el Gallego me hablo no me gusto nada, entonces como sutil venganza teniendo en cuenta lo bruto que es y lo incomodo que se sentiría le dije

  • No me digas eso, vení pasa y te muestro el cuento, lo lees y de paso me decís que te parece.

El Gallego como me imagine sintió el impacto de la incomodidad de tener que leer y además hacer un análisis para dar una mínima devolución. Pero me cagó por que me dijo.

  • No, no a mi no me vengas con esas bulerías. Pero ya mismo le digo a María Elena, mi mujer, que se la pasa leyendo y escribiendo tonterías.
  • No, no importa lo dejamos para otro momento. Le dije
  • En 5 minutos, María Elena te va a estar golpeando la puerta. Y más vale que sea bueno. Por que acá hay que pagar, sino de patitas a la calle. Me volvió a decir.

Entre a casa rápido y me puse a buscar cuentos viejos que valieran la pena y no me decidía por ninguno. Finalmente pensé que ella sería tan bruta como el gallego y que cuentos sencillos serían más de su agrado. Así que busqué algún cuento infantil y finalmente encontré una fabula que había escrito hace ya varios años. Cuando escuche que golpeaban la puerta.

Debo reconocer que me sorprendió ver a María Elena, ya que era una señora sencilla pero muy elegante y después de intercambiar unas palabras ya me dio la impresión de ser una persona muy culta, inclusive me tuve que cuidar con mi vocabulario y mi forma de expresarme ya que me hacia sentir un bruto al lado de ella.

Me disculpe por no tener que ofrecerle más que un vaso de agua y ella dijo que no era necesario, que le gustaría leer el cuento que había escrito.

La mire atentamente mientras leía la fabula que había escrito intentando detectar en sus gestos su parecer. Finalmente me dijo.

  • Es una fabula muy interesante, y tiene una idea original, pero al final le falta una moraleja.

Con respecto a la redacción la deberías corregir, más pensando que es una fabula para niños, mi recomendación es que no busques palabras tan rebuscadas he intentaría que las oraciones rimen una con otra, de a pares al menos.

Con respecto a la fábula en sí me gusto mucho el personaje del mono, pero yo le cambiaría el nombre por Mono Liso, que rima y encaja más con el resto del relato.

Y decididamente me encanto el personaje de la tortuga, pero si por mi fuera más que una tortuga veloz, sería una tortuga viajera.

La verdad que yo seguía asombrado con los comentarios de María Elena, que sin duda eran muy acertados, pero mi mayor sorpresa era que no podía creer que ella sea la señora del gallego.

Le agradecí sus consejos y antes de que se vaya me anime a preguntarle

  • María Elena, vos no sos de España, ¿no?
  • No, no yo soy argentina y descendiente de ingleses por parte de mi papá, mi nombre con apellido de soltera es María Elena Walsh.

Me quede tan impactado con la devolución de María Elena que decidí repetir la experiencia y acepte hacer unos gastos adicionales a mi presupuesto. Así que pedí pizza a domicilio y me apresuré a buscar otro cuento, pero esta vez pensando en el repartidor de pizza elegí un cuento de ciencia ficción, donde una ciudad se aísla y con el correr de los años genera nuevas culturas totalmente disimiles con el resto del mundo.

Tuve que esperar 25 minutos a que llegue el pedido y prometer que habría una buena propina por subir los tres pisos por escalera, pero finalmente escucho que golpean la puerta.

Abrí la puerta, agarre la pizza y antes de que me diga nada el repartidor le dije

  • Veni pasa, ¿Cómo te llamas?

Julio, me contesto con un poco de desconfianza y entró con el único objetivo de que le pague la pizza y le de la importante propina prometida.

Agarre la plata y le pague cumpliendo mi palabra, pero al momento de darle el dinero le dije

  • Necesito pedirte un favor Julio. ¿Podes leer este cuento y decirme que te parece?

No de buena gana, pero ya con la tranquilidad de tener la importante propina en su poder, se sintió obligado y acepto leerlo.  Se sentó en mi pequeña mesa prendió un cigarrillo y tomo el cuento con paciencia.

Mientras Julio leía el cuento con sorprendente interés, cada tanto movía la cabeza de un lado para el otro en signo de negación, lo cual me adelantaba que no le gustaba demasiado. Igualmente lo siguió leyendo con atención, solo deteniéndose para darle una pitada larga cada tanto a su cigarrillo y su correspondiente soplido de humo.

Finalmente me dijo.

  • Mira es un desastre, la redacción es horrible y para colmo tiene hasta faltas de ortografía. Lo único rescatable es que la idea en general no es mala, pero muy mal desarrollada.

Con respecto al contenido, para mi te falta agregar los Cronopios.

  • ¿Qué? ¿Qué son los Cronopios?
  • Los Cronopios, o como quieras llamarlos, deberían ser una de las culturas creadas, con personajes inocentes, buenos en su naturaleza, pero totalmente descontrolados, irresponsable y desordenados. Y por supuesto también deberían estar los Famas.
  • ¿Famas? Pregunte
  • Si los Famas o como quieras llamarlos que son exactamente lo contrario a los Cronopios. Los Famas deberían ser absolutamente ordenados, muy correctos, y super responsables.

Julio termino el cigarrillo con su última pitada y se levanto para irse, comentando su recomendación general

Si al cuento le pones estos cambios es posible que sea algo aceptable.

  • Gracias, Julio, valoro mucho tus comentarios, le dije y antes que se vaya le pregunte
  • ¿Cual es tu nombre completo?
  • Julio, Julio Florencio Cortazar. Me contesto y se fue.

Me quede pensando que no era mala idea los de los Cronopios y los Famas, pero me quedo un sabor amargo ya que las críticas de Julio habían sido muy duras.

Entonces pensé la tercera es la vencida y previo verificar mi billetera, me decidí y pedí helado a domicilio, repitiendo la promesa de una suculenta propina.

Esta vez la demora fue de 45 minutos, lo cual me dio tiempo de elegir en detalle el cuento para que sea evaluado, me decidí por un cuento corto de un vendedor de Biblias que tenia un libro muy particular. Y además tuve tiempo de comerme la pizza, hasta que escuché que golpearon la puerta.

Fui abrí la puerta y casi me caigo de espalda al ver una persona muy mayor que sostenía la bolsa con el helado en una mano y la otra se apoyaba en un elegante bastón.  Además, no debería ver muy bien, por que sus ojos hacían un esfuerzo importante, como si necesitaran acomodarse a la luz.

Por favor pase y disculpe por hacerlo subir los tres pisos, le ofrezco un vaso con agua y espero que se recupere del esfuerzo.

Gracias, me contesto con su vos bastante temblorosa y pausada.

Yo no sabía bien que hacer, pero él ya estaba sentado en la mesa tomando su vaso de agua, así que le dije.

  • Le tengo que pedir un favor, ¿usted podría leer un cuento que escribí y decirme que le parece? Si le cuesta ver las letras, yo se lo puedo leer. Le dije
  • No, no es necesario estoy acostumbrado a leer mucho y si con mucho gusto puedo leer tu cuento.

Así que le di mi cuento y me senté pacientemente a esperar sus comentarios. El leyó atentamente el cuento, pero no me adelanto ningún gesto con el que pueda sacar conclusiones y finalmente me dijo, con su vos pausada y temblorosa, apoyando sus dos manos en el bastón.

  • Mira con este cuento no vas a recibir ningún premio, bah. . .  salvo el Nobel de literatura, ese quizás lo recibas por que se lo dan a cualquiera menos al que lo merece. Pero bien volviendo al cuento, es malo realmente malo.

Usas un dialecto muy básico y esta horriblemente redactado.

Lo único salvable es la idea, pero yo al libro que ofrece el vendedor de Biblias lo llamaría “El libro de arena”, que da una sensación de infinito, el libro debe generar curiosidad e incertidumbre, además el final tiene que ser un final abierto. Y nada de eso se refleja en el cuento. Lo siento, pero no me gusto.

En calma se levanto, para irse. Yo le ofrecí ayudarlo a bajar las escaleras y aproveche para preguntarle como se llama, y me contesto

  • Jorge, Jorge Luis Borges

Finalmente se fue y si bien sus criticas fueron duras, no dejaba de tener razón.

Los dos siguientes días me dedique a modificar mis cuentos, corrigiendo mi redacción y teniendo en cuenta algunas de las recomendaciones recibidas.

El viernes le presente mis cuentos al editor, que se encontraba bastante molesto y apurado, así que la reunión fue bien expeditiva.

El leyó detenidamente cada uno de los cuentos. Parecía que estaba jugando al póker ya que no daba ninguna señal ni mínimo gesto delator. Finalmente levanto la vista y me dijo

  • Vamos a publicar los tres cuentos, tráeme más material para dentro de 21 días.

Luego se levanto y se fue, no me dio tiempo para agradecerle y menos aún para hacer algún comentario de los cuentos.

Me fui muy contento de poder normalizar mis deudas, pero fundamentalmente con la certeza de saber que mi saco de la suerte ya se había recuperado.

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