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5 min
LA EX OFICINA
Reflexiones |
09.07.19
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Sinopsis

Inquieta recibir la llamada de un lugar que consideras ya enterrado en el pasado, sobre todo cuando ha sido un lugar al que has acudido a disgusto, y que ha provocado un impacto irreparable en tu vida, en tu forma de ser.

                No me puedo creer que me estén llamando del trabajo…pero qué digo, del ex trabajo. No he cogido el teléfono. Cuando he visto el número en la pantalla me han entrado todos los males, y, de forma instantánea, inconsciente, han llegado a mí los fantasmas, los miedos propios de cuando estaba sentada en la maldita oficina. ¿Qué diablos pasará? O peor, ¿qué he hecho mal?

                A ver, relájate. Ya no estás en ese trabajo. ¿En serio estás pensando que te están llamando para meterte la bronca? Vale, esto es absolutamente imposible…a lo mejor, mi ex compañera de departamento, la que se ha quedado sola con todo el marrón, me llama desesperada por algo que no sabe hacer…O algo terrible: ¿y si me llaman porque me necesitan en la oficina? ¿Y si a mi ex compañera de departamento le ha ocurrido algo, ha cogido la baja, y me llaman para que vaya unos días a cubrir su puesto? ¿Y si se termina mi sueño de verano?

                Vale, no he cogido la llamada, pero parece que han dejado un mensaje en el contestador. Voy a escucharlo, aunque creo que se me va a parar el corazón… es la ex compañera del departamento de laboral. Una de dos, o se equivocó en algo, o me falta algún papel, o yo que sé…esto, aparte de hacer que me entre el pánico, me está  inquietando mucho porque, mañana tengo que presentar los papeles para poder seguir adelante con mis planes, y me aterra la sola idea de pensar en qué algo va a ir mal y que no podré avanzar en mi nuevo propósito de vida. En este momento, de estos ingresos depende todo mi futuro. Bajo ninguna circunstancia debe fallar. Bueno, será mejor que me calme…voy a pensarlo de otra forma: si hay algo mal, más vale que lo arregle hoy. Venga. Iré por la tarde (no tengo el valor de ir ahora), a ver cómo me dan malas noticias…

                Acudir a la oficina que tanto dolor me ha causado los últimos años me pone muy nerviosa. Es el lugar en el que he sentido que estaba atada con cuerdas, encadenada para siempre. Para mí, no había más vida más allá de las mil horas que pasaba sentada en esa mesa de trabajo. Siempre pensando en qué sería lo siguiente que haría mal; siempre en tensión cada vez que sonaba el teléfono o algún cliente entraba por la puerta, pues eso podía significar quejas o problemas. Se me iba la vida cuando preguntaban por mí. “Hay algún problema, me meterán la bronca”. Mi vida ya no era en blanco y negro, era gris. Intentaba pasar la semana como pudiera, sin hacer demasiado ruido, sin ser demasiado visible, para, por fin,  llegar al anhelado sábado, que resultaba ser más maravilloso cuando pensaba en él, que en la realidad. Y me refiero sólo al sábado, porque el domingo era un día miserable. El peor de toda la semana. Y sí, peor que el lunes. Tras el sueño del sábado, el domingo era la bajada a la tierra, la prueba irrefutable de que el lunes, la temida semana laboral, el mal, estaba ahí, esperando, asegurándose de que, no había más alegría para mí. Quedaba totalmente descartado hacer planes durante el domingo. No me lo podía permitir. El mal y el dolor estaban al otro lado, y yo me tenía que preparar. El domingo, era para quedarme inmersa en mis pensamientos, en la búsqueda desesperada de mantras, en soluciones espirituales mágicas para sanar mi mente, y hacerme creer a mí misma, que todo estaba en mi cabeza. Pero yo sabía que no. Cada lunes, en cuanto ponía un pie en la oficina, la toxicidad del ambiente derrumbaba todos los esfuerzos invertidos durante el domingo. Tiraba por el suelo, y pisoteaba sin piedad, cualquier rastro de positivismo, y buena disposición, que hubiera podido llegar a mí. Si el mal ambiente no era suficiente, ya se encargarían los jefes de recordar, con sus permanentes aires de desprecio, que tú estabas allí para sufrir. Que tu vida, no valía más que para eso. Este trabajo amargó mi existencia.

                Esta tarde, acudiré a la ex oficina, dejando atrás los miedos del pasado, feliz y orgullosa de haber decidido romper con las cadenas que me ataban a una prisión. Siento que he cogido las riendas de mi vida, de mi destino. Por fin, soy libre para perseguir mis sueños.

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  • El calvario que explicas en esta historia lo han pasado muchas personas. Yo tenía un pariente que el domingo por la noche le entraba una depresión pensando en lo que le esperaba en la oficina el lunes. Claro que hoy en día como la situación laboral es tan precaria, hay muchos que aguantan cualquier sacrifio en la empresa para mantener el sueldo. Y muchas empresas lo saben y abusan del trabajador.
    Es una radiografía de lo que pasé yo por muchos años --demasiados-- trabajando en una oficina, sin vocación, sin interés por lo que hacía, un trabajo que amenazaba comerse todo el día completo, que amenazaba comerse mis fines de semana, comerse los feriados, y los jefes decían muy orgullosos "aquí se sabe cuándo se entra, pero no se sabe cuándo se sale"... y lo que es peor, todos los compañeros aplicaban total dedicación a ese purgatorio que más parecía un infierno... si el personaje del relato sos vos, aplaudo y vocifero por tu liberación... gran relato... formidable relato... felicidades...
    Qué buen relato, tan expresivo de la situación vivida en esa empresa. Un saludo.
  • Sentado en el tren, de vuelta a casa como cada día, quedó inmerso en sus pensamientos. Se detuvo en el recuerdo del pasado, en una época en la que creyó ser feliz. Ya le enseñaría el tiempo que estaba equivocado.

    Inquieta recibir la llamada de un lugar que consideras ya enterrado en el pasado, sobre todo cuando ha sido un lugar al que has acudido a disgusto, y que ha provocado un impacto irreparable en tu vida, en tu forma de ser.

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