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7 min
LA EXALTACIÓN DEL YO EMOCIONAL
Reflexiones |
16.09.20
  • 5
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Sinopsis

La emotividad se antepone a la racionalidad.

Hace escasos días que fui a una peluquería bisex en la localidad en la que resido, que estaba regida por unas estupendas mujeres.

La razón de ir allí era que además de necesitar un corte de pelo también me complacía el hecho de que ellas acariciaran mi cogote con sus suaves manos. Pues a decir verdad yo siempre he sentido una gran debilidad por la sensualidad que desprenden estas trabajadoras de la estética del ser huano.

Mas cuando yo esperaba sentado en un sillón para ser atendido por aquellas beldades, me fijé en unos rótulos que estaban colgados en la pared de enfrente. En ellos se instaba al personal a que se dejase llevar sin reservas por las emociones y por tanto de la pasión como únicas guías válidas para andar por la vida. Desde un punto de vista mitológico el sujeto debía de rendir pleitesía al arquetipo del dios alegre y festivo de la antigüa cultura griega llamado Dionisio cuya celebración está reflejada en la clásica obra teatral LAS BACANTES del dramaturgo Eurípides en la cual las mujeres entraban en éxtasis y daban vía libre a sus más recónditas pasiones. Posteriormente a este dios Dionisio lo asumieron los romanos que eran unos eclécticos - tomabn a las divinidades de los griegos pero adaptados a su idiosincrasia- bajo el nombre del dios Baco que era el patrono del vino y del placer, pero que dicha divinidad fue reprimida a lo largo de la Historia.

Uno de los rótulos también decía que si uno se equivocaba en algo no importaba porque se podía rectificar ya que éste era el mejor camino para crecert personalmente.

Dicho de un modo más simple aquellos consejos se podían resumir en el tópico popular: "No escuches a la razón, y haz caso de tu corazón".

Confieso que a mí aquellos preceptos en los que se subliminaba a la vehemencia, a la visceralidad humana por encima de todo no me gustaron en absoluto. No tan sólo me parecieron inconsistentes sino que también de una ñoñería impresionante.

Pensé enseguida que aquellos conceptos eran una expresión de una sociedad tan inmadura como irreflexiva, pero con la suficiente fuerza vital para desplazar a un lado a la racional y bienpensante generación de los adultos. El dios Dionisio despreciaba a la autoridad moral de Aristóteles para hacerse dueño de la situación.

Curiosamente esta prevalencia de una juvenil actitud en la sociedad a costa de la gente mayor, hace unos cuántos años que era todo lo contrario. Antes en una familia, en un grupo se veneraba  a la persona de más edad en función de la experiencia que ésta había acumulado a lo largo de su vida. "La experiencia que necesita un tiempo para ser asimilada, es un grado" - se decía enfáticamente-, por lo que los hijos de veinticinco, y de treinta años de las mejores familias emulaban en la forma de hablar y de vestir a sus progenitores para adquirir una aura de mayor respetabilidad; aunque nadie se percataba que aquella experiencia tenía unas connotaciones inmovilistas de escaso vuelo y no se contemplaba el inevitable cambio generacional. Por eso, cuando en una familia salía un vástago rebelde del sistema tradicional se producía una gran conmoción en la misma. "¿Tú ya no eres mi hijo, o hija...!" - sentenciaban los papás airados.

Volviendo con el tema que me ocupa era como si en aquellos rótulos de la peluquería se insinuase que la razón por sí misma había sido en la Historia humana un desastre en todos los sentidos que no daba la felicidad, y que ahora lo que tocaba era dar prioridad a las emociones y a la intuición.

Pero es que precisamente lo malo que ha sucedido en la Historia no ha sido a causa de la razón, sino de los malos INSTINTOS, de la nefasta emotividad de mucha gente que ha estado enmarcada en la razón. Por ejemplo los nazis que eran tan cerebrales, planificaron muy bien los Campos de Exterminio en los que murieron cantidades industriales de personas de diferentes razas. debido a los prejuicios que estaban agazapados en la enfermiza emotividad de aquel grupo político.

A mi modo de ver la emotividad de mucha gente no es ningún "Jardín del Edén como ahora se quiere presentar, sino que es algo que deja mucho que desear. En ella subyacen las más absurdas manías, los más cerriles egoísmos y los más viles prejuícios. Por otra parte tampoco la intuición es siempre la infalible "antena mágica" que todo lo capta, porque muchas veces ésta se equivoca puesto que puede estar condicionada por falsos juicios de valor o de deseos irreales.

Respecto a los prejuicios nadie se libra de ellos. Yo mismo conozco a una famila de una extrema rusticidad que cuando la veo no puedo evitar de sentir una tensión interior; cierto rechazo, pero a la vez como yo soy consciente de esta penosa sensación no permito que ésta me domine y me agarro como a un clavo ardiendo a mi sensatez que surge mi racionalidad, en la está implícita mi tolerancia hacia el antagonista. ¿Qué ocurriía si yo al estar ante aquella familia me dejase llevar impulsivamente por mi desagrado hacia ella? Con toda seguridad yo sería un agresivo energúmeno, cosa nada recomendable. Es un absurdo contrasentido condenar los impulsos negativos, y a la vez justificarlos en aras de una santificada emotividad.

Pues la tolerancia es un reto constante que no tiene nada de romántico, pero que nos permite convivir en sociedad. Por eso es conveniente aprender a gestionar las emociones, porque en muchas ocasiones éstas se desbocan como un caballo enloquecido que nos pueden llevar a situaciones desastrosas. Al alegre dios dios Dionisio no se le puede reprimir porque forma parte de nuestra naturaleza humana, pero sí que hay que vigilarlo para que no se desmadre y dejemos de comportarnos como personas civilizadas.

Suena muy bien decir que el hecho de equivocarse y de rectificar es lo que nos hace crecer. Y ciertamente se considera que la evolución humana ha seguido el camino de ensayo, error y corrección. Uno tiene todo el derecho de equivocarse porque evidentemente los humanos no somos perfectos. No faltaría más. Pero ¡ay! resulta que muchas veces - casi siempre- arrastrados por el impulso de las "sagradas" emociones no corregimos nada y tropezamos con la misma piedra.

Damos tanta importancia a nuesrtras pasiones sin pensar en las consecuencias, que los políticos aprovechan esta vehemente actitud de la sociedad para conseguir votos en unas Elecciones Generales. 

Se dice  que la gente vota en unas Elecciones más con el estómago, con el corazón que con la cabeza, cuando debería de ser al revés. Se vota por simpatía a un partido determinadfo para castigar a su adversario en función de un discurso tan demagógico como desfasado, el cual va dirigido a unos simpatizantes que políticamente están manipulados a un nivel inconsciente, y apenas se habla de los problemas objetivos que afectan a la Comunidad.

Tal vez sea aburrido y poco gratificante ponerse a razonar, a analizar las cosas que nos rodean, pero teniendo en cuenta la complejidad existencial en la que estamos metidos, creo que hoy más que nunca es necesario aplicar en el contexto cotidiano, especialmente en las relaciones interpersonales un matiz de racionalidad.

Todo esto me habría gustado decirle a la sensual y atractiva peluquera que me hacía friegas en el cogote, pero al contemplar su insinuante figura se me fue el santo al cielo yh me olvidé de todo.

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  • La racionalidad siempre lleva carga emocional,ahí es donde el individuo debe sopesar; diplomacia, autocontrol, respeto bases fundamentales para la convivencia. Buena reflexión Francesc Morales, un saludo.
    Un último párrafo genial un saludo
    Del mundo de las emociones hay mucho que decir. A veces se disparan y es imposible aplacarlas, otras veces por medio de la razón sí que se consigue. También influye la emotividad de cada uno, creo. Los instintos son innatos, necesarios para el ser humano, no me refiero a los malos, los que deshumanizan a una persona. No creas que la tecnología y yo somos muy amigas... también me hace sudar de vez en cuando... y saca mis peores instintos (como acordarme de la madre de quien hizo un programa que no funciona, etc...) un abrazo, Francesc y paciencia, estamos en sus manos tecnológicas!
    Estimado Francesc, tus reflexiones siempre las valoro en grande, por esa forma de exponer, bajo tu perspectiva , pero siempre con un matiz de pedagogía. La filósofa estaudinense Ayn Rand, nos enseñó que la racionalidad es la "más alta virtud humana" y debe ser así, porque si la empleamos en cada aspecto cotidiano ayuda a la convivencia, es el pensar del ser humano en el que subyace su comportamiento. Hoy, al igual, existen "malos Instintos", basta observar, ciertos gobernantes mundiales, que muestran su irracionalidad en la extravagancia del verbo y en la facilidad de actuar. No se ha aprendido de la historia. Seguimos atrapados en un ropaje de emotividad, arrastrando errores. Saludos !!
  • Este sistema democrático que nos ha tocado vivir, aglutina a cualquier sensibilidad por despreciable que sea como un cajón de sastre.

    Un mirada en la emotividad humana para ver si existe un algo anímico que nos permita ser mejores personas, pero lejos de lo políticamente correcto.

    Una mujer al llevar a su hijo a un colegio se fija en un hombre desconocido y se siente atraída por él.

    Una reflexión sobre el sentimiento amoroso en tiempos revueltos.

    Es una historia que aborda el insondable misterio de la vida, y que yo la viví muy de cerca, la cual consta de tres capítulos y la publiqué en su día en una revista especializada.

    La emotividad se antepone a la racionalidad.

    Reflexión sobre una gran película que vi hace un tiempo.

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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