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La expulsión de España fue para los judíos el fin de un drama.
Históricos |
11.01.18
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Sinopsis

Tres grupos sociales vivían en perpetuo pecado mortal. Los verdugos, por matar al prójimo; las prostitutas, por fornicar con él, y los judíos, por rechazar testarudamente la divinidad verdadera. El día especial de las prostitutas en la casa de baños coincidía con el de los judíos y sus mujeres. Encerrados en guetos, acosados cada vez más por el fundamentalismo cristiano, la expulsión de 1492 fue para los sefardíes un drama, pero también el fin de una pesadilla, la liberación tras el trauma, según las conclusiones de los participantes en el curso sobre Sefarad, que en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander dirige el catedrático de Hebreo Ángel Sáenz-Badillos.

El fin del mal sueño en el que vivían los judíos en la España del siglo XV, entre campañas como la de San Vicente Ferrer o el Papa Luna, fue posterior. La expulsión de los judíos se sintió como una tragedia entre los que la vivieron, "pues toda emigración, salvo las de los que voluntariamente se lanzan a la búsqueda de otra realidad, es siempre coactiva", según Eloy Benito Ruano, secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia.Entre 60.000 y 80.000 fue la cifra dada ayer por el filólogo semítico José Ramón Magdalena, de los judíos que salieron de la península ibérica, "entre ellos personajes de una gran preparación y destreza manual, que dejaron desprovistas a las villas y ciudades donde trabajaban de un selecto cuerpo de funcionarios, mercaderes o artesanos que tenían un fuerte impacto en la vida comunitaria

José Ramón Magdalena pintó un siniestro panorama de la presión ejercida sobre los judíos en la zona oriental de la península, con disposiciones concretas como que el judío que tocara una fruta en el mercado debía comprarla obligatoriamente -réplica a la escrupulosidad hebrea con los alimentos- o el amontonamiento en barrios cuya expansión estaba prohibida, pese a que los judíos pagasen a los Reyes en su condición de pueblo de inquilinos en otros estados soberanos.

Los conversos

La pérdida para España tras la expulsión, también fue considerable en las ciencias, en la medicina y en la literatura, dice Sáenz-Badillos. "Lo que se dice ganar, se ganó poco, salvo lo que aportaron los conversos". Añade que la sociedad cristiana no fue nunca receptiva ni transigente, y aquella expulsión sigue estando de actualidad porque refleja "la típica postura mayoritaria contra las minorías, que seguimos viendo, incluida España, con cualquier minoría molesta que quiera preservar su identidad".

A pesar de las dificultades, el profesor estadounidense Norman Roth destacó que hubo muestras de convivencia real entre judíos y cristianos. Por ejemplo, hijos de judíos que trabajaban como aprendices en talleres cristianos; y obispos que hacían regalos a los judíos, o viceversa, en sus respectivas fiestas sagradas. Esa buena vecindad se frustró de pronto y el judío volvió a su lugar de siempre, entre los marginados, los que estorban, según la tesis del especialista en historia medieval israelí Eliezer Gutwirth.

Para Sáenz-Badillos, la verdadera razón del edicto de los Reyes Católicos es el triunfo de un fanatismo absurdo, del fundamentalismo de la sociedad hispana. Y cita otro edicto de esos monarcas, fechado en 1499, que le parece más impresionante que el de la expulsión en 1492. El documento da cuenta de que algunos de los exiliados se están atreviendo a volver a España, por lo que se cursa la orden de que sean ejecutados.

En el campo de la literatura, la época andalusí había sido magnífica, con un adelanto notable al Renacimiento y con la existencia de poetas judíos geniales, según afirma Sáenz-Badillos. Todo esto se perdió de un plumazo, "pero los conversos se mantuvieron en la misma línea de hombres avanzados a su tiempo". Y aunque pueda haber discusiones al respecto, Sáenz-Badillos cita a Santa Teresa, Cervantes y Fernando de Rojas como miembros de familias de judíos conversos.

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Soy oncólogo con más de 40 años de experiencia. Nací en Buenos Aires.

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