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4 min
La Extranjera
Suspense |
08.03.20
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Sinopsis

La relación de una extranjera con un proyectista de la N.A.S.A. hará cambiar su vida.

                                                      La Extranjera

 

Desde el primer momento que la vio, se enamoró. No ese amor a primera vista del que casi todos hemos padecido, sino, se enamoró de su cabello, sus ojos de color indefinido pero que parecían brillar, una sonrisa enigmática adornada con unos labios de curvas bien definidos y con un cuerpo escultural que parecía salido de las manos de un famoso escultor como Andy Warhol, Donatello, Anthony Caro o Lorenzo Bartolini.

Sus miradas chocaron con gran estrépito sin poder saber de quién era la culpa. La mujer seguía andando. De vez en cuando se detenía ante un escaparate y al parecer, sin saber que se había convertido en un imán para el joven Sintra. Después de varias decenas de metros, entró en un bar. Se sentó en una mesa y le fue servido un vaso de agua en el momento que el joven entraba. Él fue directamente hacia ella y le pidió permiso para sentarse. La joven, con la misma sonrisa permanente, asintió con su cabeza.

–¿Desea le pida una cerveza u otra bebida?

     –No, gracias –contestó mientras abría el bolso y sacaba un pequeño recipiente de cristal con un líquido azul. Le echó un pequeño chorro y esperó unos segundos.

     –¿Es usted de por aquí? – preguntó la chica.

     –Sí, trabajo en la Agencia Espacial.

     –En la N.A.S.A. ¿Y que hace allí si se puede saber?

    –Trabajo en Proyectos Espaciales. No salgo mucho de allí, pero hoy  me escapé porque quería poder comerme un bocadillo, tomar una cerveza, mirar otras mujeres, en fin, volver a ser el que era antes de entrar a ese lugar. ¿Usted vive en la ciudad?

–No, vivo en el extranjero y mi empresa me envió a trabajar aquí por unos días. –al terminar de decir estas palabras, se bebió la mitad del vaso, ahora con agua azul.

–¿Está residiendo lejos de aquí?

–Si, un poco. Cerca del parque de Rock Creek –bebió el resto del vaso–Me tengo que marchar.

–La puedo acompañar. Yo voy a casa de mi hermano que vive por esa zona –mintió el joven.

–Iba a tomar un taxi, pero ya que usted va para allá, pues acepto su invitación.

El joven comenzó a cortejar y ella siempre le respondía con una sonrisa y una dulce mirada hasta que la invitó a pasar la noche en un hotel. Ella aceptó, pero primero tenía que recoger algunas cosas.

Al llegar al parque, ella le dijo que la esperara un momento, pero él insistió en acompañarla. Al pasar por una zona oscura, la chica desapareció. Por mucho que gritaba, ¡Joven! ¡Señorita! Nadie respondía. Dio parte a la policía y se fue para su casa.

Al otro día al entrar al trabajo, le dijeron que había sido despedido. No obstante eso, insistió para ver a su jefe más inmediato.

    –¿Por qué me han despedido?

    –¿Lo pregunta? Ha estado dos meses fuera de aquí sin comunicarnos nada, todos los proyectos que usted nos había presentado, para la nueva nave interplanetaria, se han desparecido y no lo mandamos a detener porque usted a sido un buen trabajador. Así que búsquese otro lugar donde trabajar.

     Salió como un tonto. ¡No lo podía creer! Tenía que ser una broma o estaba soñando. Fue a la dependencia policial donde había realizado la denuncia de la joven y le dijeron que no tenían ninguna denuncia sobre esa desaparición.

     Llegó a la casa destrozado anímicamente y con el cerebro que le parecía que iba a explotar. Tomó un tranquilizante y se tiró de espalda en a cama. Sintió que algo le molestaba y sacó debajo de él una especie de Tablet. La encendió y aparecía la joven que había conocido dándole las gracias por la ayuda prestada entre otros halagos y diciéndole que su Planeta estaba muy agradecido de él. Cogió la Tablet y fue directamente a la misma oficina de la policía. Encendió la Tablet y le mostró al oficial de guardia una pantalla en blanco. Éste le advirtió que no estaban para juegos.

    Ahora se entretiene, jugando con el dispositivo dejado por la extranjera, en un hospital para personas con problemas mentales.

 

 

Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui

 

 

 

 

 

 

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Obrero del transporte vinculado a la literatura a través de obras escritas de teatro para colectivos obreros. Ha escrito tres libros: "Amor entre Azahares", Cuentos y Poesías de Celestino y La Sangre que Regresa (titulo anterior: El Leon Rojo Memorias de un Combatiente) .Actualmente está jubilado.

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