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6 min
LA FAENADORA
Suspense |
28.01.20
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Sinopsis

Las historias mas truculentas , las mas escalofriantes, las más sórdidas siempre tienen algo de verdad

 

                                        LA FAENADORA

 

He de partir este relato, admitiendo todas mis culpas, intentando buscar un soporte y una justificación , aunque me es muy bien sabido que ninguno de los dos existen en verdad , he tenido que inventar un par de burdos argumentos para que la gente no me odie, aun así veo en sus miradas todo el reproche la desconfianza, la duda. Intente limpiar mi imagen con actitudes altruistas, pero al fin resultó que ninguno contradecía u opacaba mis pecados.

Soy empresario de una faenadora de carnes, con 30 operarios a mi cargo, aquel día ,es verdad que estaba molesto, las cosas en casa no han ido bien y mi mujer se paseaba a diestra y siniestra con otros hombres frente a mis pequeños hijos, hace mucho que ya no funcionamos como pareja hace aún más que la atracción sexual era nula entre nosotros, pero creí que teníamos un pacto de respeto, ella hace caso omiso de aquello sale dejándome a los niños sin bañar y por dormir, desapareciendo  días enteros.

Mi jornada parte a las 5:30, cuando el camión frigorífico abarrotado de reses, retrocede en la bodega, de uno en uno se van bajando los animales muertos, el olor a carne cruda se impregna en la nariz, la ropa y el cuerpo, los hombres designados  a esa labor transportan a la carrera los animales para ser colgados en enormes ganchos y destazados en un mesón gigante, lleno de hachas y enormes cuchillos bien afilados, cubriendo su hombro y cabeza con un paño.Nunca me gustó este trabajo, comencé como ayudante, al poco tiempo era transportador, luego destazador y en un par de años dueño absoluto del lugar. Don Gregorio que en paz descanse tenía 2 hijas; una en Australia con buen pasar y Jessica mi mujer. No recuerdo las circunstancias exactas en que nos conocimos, tengo vagos recuerdos de nuestro noviazgo y tampoco es nítido el recuerdo de la boda, lo que si recuerdo, es que don Goyo me tendió la mano y la presiono muy fuerte, haciendo crujir mis dedos, me acercó violentamente de un tirón y palmoteo mi espalda sonoramente, luego puso en mis manos el manojo de llaves

- el tuya muchacho, la faenadora ahora es tuya – Jessica lo miró abismada, abrió la boca e intentó decir una frase que se oyó como un gruñido acallado

- es tu marido mujer, todo lo suyo también es tuyo, ¿no es así Mario?

- Claro don Goyo así es , yo velaré siempre por el bienestar de mi familia. Pero las cosas n resultaron como esperaba.

Aquí colgado boca abajo entre las piezas de las carnes, los nylon y el hedor a carne cruda , grasa y sangre ,me cimbro de lado a lado , el nudo en el tobillo izquierdo está más apretado que en el derecho, llevo cerca de 10 min así , a ratos los operarios se detienen a mirarme, alguno me dió una bocarada de agua .Cuando Don Goyo entró intente dialogar con él, explicarle que su hija había dejado de amarme hacía mucho tiempo, su silueta en la entrada  a contraluz parecía más grande y siniestra .la nariz enorme en un rostro afilado, con unos ojos hundidos de cuervo ,la escases de pelo disimulada con un peinado cuidadoso de las greñas, el caminar abierto y la barriga prominente , se agacha para golpearme con furia hasta que me salta la sangre a borbotones de la nariz, que estoy seguro está rota,se me nublan los ojos de lágrimas

- a ver Marito, cuéntame tu historia y acerca una silla sentándose casi a horcajadas en ella

- Ya no puedo respirar, el goteo constante y un dolor profundo me impide hablar

- Trae ese trapo dice a uno de los matarifes , al ver el paño ensangrentado y grasiento, me viene la náusea y en el intento por evitarla, trago mi propia sangre con un sabor metálico y salobre

-Baja a este huevón - dice don Goyo y con una sola mano el gigante Hernán me baja del gancho y me sostiene por los pies, su mano rodea un tobillo entero y todo mi cuerpo no alcanza a llegar a su cadera. Don Goyo con un ademán, muestra el tambor que siempre esta medio de agua para que los hombres se refresque en medio de las largas jornadas.

-Hernán me sumerge como un helado en el tambor; me mete y saca repetidamente, hasta que siento que me ahogo entre el agua y la sangre

-Ya, déjamelo aquí - e indica una silla a  de centímetros de la suya

- La cagaste cabrito, yo confié en ti, pensé que eras digno de mi hija y andaba puteando por ahí, porque tú no respondes como un hombre y una cachetada hace saltar una cortina de agua y sangre, yo recuerdo las escenas de los boxeadores.

- Don Goyo Ud. no entiende - murmuro

- a ver ¡explícame!

La Jessica nunca me quiso, se casó conmigo para salir de su casa , las cosas nunca fueron bien entre nosotros, era autoritaria, celosa, malcriada y egoísta , en medio de la última palabra, siento el puño que me horada el pómulo y hace punzar el ojo

- ¿y por eso la destazaste?

- no, no yo solo la golpee con un mazo, no la destace

- ese debió ser alguno de sus amantes de la bodega, el ruido extraño de la pieza dental fracturada y el profundo corte en medio del labio es la respuesta

-Era tu mujer hombre!, ¡ y mi  hija!- alguien viene a soplarle algo al oído , al terminar, el hombre se levanta con dificultad de la silla y me mira detenidamente

- voy a encontrar al bastardo que lo hizo y con un ademan le pide a Hernán que se acerque  ya cerca le habla con voz gruesa y segura

- metan al maldito a la moledora y se lo dan a los perros, me da una ultima ojeada y desaparece 

Hernán me mira fijo, yo ya entregado me levanto dificultosamente de la silla

- ¡váyase patrón! ,yo soy bueno destazando, no moliendo - me dice y me empuja fuerte hacia a la salida

 

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Desde siempre me han gustado los libros, de adolescente escribía cuadernos con poemas e historias, algunos que no le mostré a nadie jamas. ahora no me avergüenza tener como hobby escribir y que alguien lo vea

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