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6 min
La felicidad del desierto
Drama |
21.07.13
  • 4
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Sinopsis

Cuando se vive como un esclavo maltratado una buena opción es pensar en escapar y tratar de cambiar de vida. Pero cuando sabes lo que quieres, la opción de escapar es la única posible.

Pena de muerte. Sólo en eso pensaba. Se había arriesgado a huir, aunque sabía la pena que le tocaría por robar un caballo. Y ahora ese caballo había muerto. Por hambre y sed, o tal vez por cansancio. Quizás por las tres cosas. El hecho es que lo hizo en medio de un ardiente desierto de arena y piedra. Hacia cualquier lado que mirara sólo veía desolación. El calor era excesivo, y ya lo había hecho alucinar repetidas veces. Pero la noche…la noche es fría como un témpano, la noche es la muerte misma.

Pensó que ya no debía preocuparse por la pena de muerte. El desierto terminaría acabándolo, tarde o temprano. Tenía la boca seca como una piedra, y su garganta echaba fuego. Sus pies, envueltos en trapos, parecían a punto de explotar. Había visto montañas a lo lejos, desde que salió, pero no estaban cerca. El sol era un perfecto instrumento de tortura. Quizás debería descansar un poco, pero no había un solo lugar cubierto en todo el sitio. No merecía eso. Después de todo, ¿qué había hecho?

Estaba cansado de vivir en ese lugar. No eran sus padres, que habían muerto muy jóvenes. Los dueños de la casa lo habían adoptado para que fuera su sirviente, de eso no tenía la menor duda. No podía salir sin permiso, no podía tener amigos y mucho menos mirar a alguna mujer. Siempre tenía tareas asignadas. Vigilar el ganado, limpiar la casa o las cuadras, recoger los frutos de los árboles, sembrar o recoger la siembra. De sol a sol, trabajaba sin descanso veinte horas al día. Prefería el desierto y sus peligros y tormentos.

Robó uno de los caballos del dueño de la casa y cabalgó tres días sin parar. No se dio cuenta de que el animal no estaba preparado para eso. Ahora estaba a merced del calor y el frío en un lugar inhóspito. ¿Por qué no pudo contratar a alguien para que lo guiara? Pudo haber robado al dueño de casa y pagarle a un guía con ese dinero. Algunos lo hubieran ayudado, aunque sabía que otros no hubieran perdido la ocasión de asesinarlo para sacarle todo. Los peligros eran muchos con esos aventureros.

Daría todo lo que tenía, poco y nada en realidad, por encontrar ayuda. Caminaba lentamente, como entre brasas. De pronto comenzó otra alucinación. Al principio pensó que podía dominarse, pero luego sucumbió a sus deseos. En el horizonte vio un lago enorme, azul como el cielo, con arena suave y blanca en sus costas. Lo vio claramente, estaba más que seguro. Comenzó a correr cada vez más rápido hacia el lago. Eso le salvaría la vida. Estaba feliz, y lo gritaba a los cuatro vientos.

Cuando llegó hundió la cara en el agua, feliz aún y luego se metió todo en el lago. Notó que el agua era clara, fresca y dulce y absorbió toda la que pudo, mientras nadaba gritando frases de felicidad. Ahora era innegable que se iba a reponer y que podía seguir huyendo hacia alguna ciudad donde no lo conocieran, donde comenzaría una nueva vida, libre de ataduras. El agua lo animaba a hacer planes, a divertirse, a pensar en mujeres, vino, ropas nuevas, en la vida que siempre quiso tener y nunca pudo.

La patrulla que lo buscaba lo encontró braceando sobre la arena. Gritaba muy fuerte cuando sacaba la cabeza que tenía totalmente hundida y a la que luego volvía a meter en la arena. Lo sacaron de allí arrastrándolo, mientras seguía gritando que era feliz, que el agua lo había vuelto a la vida, y que se alegraba de verlos. Su sonrisa no se le borró hasta que lo sentaron sobre un caballo para llevarlo de nuevo a la ciudad. Una vez sobre el caballo, creyó que era el que había robado, y lo felicitó por haber vuelto de la muerte.

Cuando llegaron a la ciudad los dueños del caballo robado lo vieron reírse y gritar como un endemoniado. Entonces pidieron a las autoridades que lo recluyan en el manicomio, un lugar mucho peor que la muerte misma. No lo querían muerto, preferían saberlo rodeado de locos y asesinos, en un lugar pestilente, sufriendo. Se había robado uno de los caballos más valiosos y lo había cabalgado hasta morir, y eso era algo que nadie tenía derecho a hacer. Fue el castigo que eligieron, y las autoridades se lo concedieron.

El ladrón de caballos no había comprendido nada. Recién entendió la realidad cuando, así como estaba, con la boca, las orejas y todo el cuerpo lleno de arena, lo encerraron en el manicomio. Había miles de pequeñas celdas, cada una ocupada por varias personas, gente sucia, enferma, desagradable, mal educada. Cuando reaccionó, estaba al lado de tres hombres que olían muy mal y que lo revisaron para saber si llevaba algo interesante. Cuando se dieron cuenta de que no tenía nada, se olvidaron de él.

Se dio cuenta de que había sido feliz por un tiempo que le pareció largo y hermoso, aunque había terminado de la peor manera. Entendió que lo que había hecho era una locura, pero sabía que lo volvería a hacer mil veces sólo para sentirse libre. Lo del caballo fue una torpeza, y lo del desierto, mala suerte y peor orientación. Ahora estaba midiendo las celdas del manicomio, observando a sus compañeros, calculando las horas en las que traían comida. O cuando los guardias entraban, salían o hacían sus recorridas.

En cualquier momento prepararía un buen plan, pondría en marcha una nueva fuga, y todo volvería a comenzar. Esta vez no iría hacia el desierto, ya había obtenido buenos datos de sus compañeros del loquero, buena gente, que gustosos lo ayudarían. Iría hacia el mar, que nunca había visto, y desde uno de sus puertos abordaría un barco, como polizón en la despensa. Valía la pena intentarlo, mucho más que la huida previa, ahora que por primera vez en la vida sabía de qué manera se sentía la felicidad.

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  • Estoy empezando a leerte y veo que eres un escritor con gran capacidad narrativa,que puede cultivar todos los géneros,continuaré leyendote
    Jamás uno cae, si siempre se vuelve a levantar..gracias, por recordárnoslo. En cuanto a tu estilo, bendita fluidez--PS: continúa el relato, sería interesante saber cómo logra escaparse del manicomio...Porque sé que al fina lo conseguirá...Saludos.
    Las miradas hurañas del mundo parecen querer intentar casi siempre que el hombre viva en un misterio que no debe descubrir: ¡su ansia de libertad y de huida!. Será porque nunca acabamos de averiguar las lindes que nos gustaría poder atravesar, o las tierras adyacentes a nuestra existencia, que pueden llegar a asustarnos porque pueden poseer sus defectos, y nunca estaremos seguros de si en ellas hallaremos ventajas. Pese a todo el deseo de libertad es y debe ser un cáncer necesario aunque mine nuestro pensamiento. Y si hay que hallar la felicidad en un desierto, encaminémonos hacia él sea como sea. Todo ello se halla perfectamente evidenciado en tu estupendo texto, amigo Rolando. Un escrito necesario para todos aquellos que amamos la libertad. Un placer leerte de nuevo. Seguiremos en contacto en otro de tus textos. Hasta muy pronto, pues, y buenas noches “muy veraniegas y abrasantes”, jeje, desde mi Jónico-Mediterráneo.
    Es bien cierto eso de que nunca apreciamos tanto la libertad como cuando nos privan de ella y entonces comprendemos que es uno de los más preciados dones y somos capaz de todo para recobrarla y el tiempo en prisión se alarga como un desierto o un mar interminable a la búsqueda desesperada de ese oasis y ese puerto que se aleja todo el tiempo. Pero, lo más importante es mantener la libertad en la mente, no caer en el vicio y la droga. Sin ésta, para nada vale la otra. Un relato sicológico y sensorial, muy bien trabado y resuelto. Saludos.
    Gracias Diana, Mayte y Javier por los comentarios. Prometo Javier que lo voy a revisar, aver si queda mejor, te agradezco mucho el consejo. Abrazos a todos!
    El doble impulso - el primer fracaso sólo hace que el protagonista tome nuevo impulso para planear la postrer fuga-, es un resorte perfecto. Lanza la narración con la fuerza de una flecha. (Aparte, pequeña errata, creo: "sacaba la cabeza que tenía totalmente hundida y a la que luego volvía a meter en la arena" ¿no sobra " a la"?. Y, ya que estamos en este plan, cuestión de matiz quizá, me gusta más: ... Algunos lo habrían ayudado, en lugar de "algunos lo hubieran ayudado"
    Este escrito sí me ha gustado bastante, sobre todo los primeros párrafos.
    echo d menos ls diálogos y m parece q se puede alijerar l ritmo
    Mil gracias Maga por tus comentarios y por el consejo, lo aprecio mucho y ya lo tengo corregido. Me alegra que te haya gustado el relato. Por supuesto nos leemos. Abrazo! Muchas gracias Eusebio por tus palabras, me alegra que lo disfrutaras aunque no debe ser para tanto. Espero poder cumplir con lo que pides. Saludos!
    Dar la máxima puntuación se me antoja escaso para tan magnífico relato. Deleítame pronto de nuevo.
  • ¿Qué sucede cuando comparas tus sueños de juventud con la realidad? Pueden pasar muchas cosas, y en esta reflexión reconozco que no me fue muy bien. Al menos en este caso.

    Un drama sin tiempo ni frontera, universal, que han sufrido y siguen sufriendo muchos hombres, por culpa de la ambición y la falta de escrúpulos de otros hombres.

    Nunca sabes la sorpresa que puede depararte la decisión de seguir a un gato negro...

    A veces una vida normal y segura de un matrimonio puede transformarse en una historia de violencia, si se pretende seguir para siempre con las costumbres habituales, enterrando muy profundo los sentimientos de cada uno.

    Una historia de persecución, argucias y distracciones. Con esos ingredientes las cosas pueden terminar muy mal, aunque a veces también se pueden obtener compensaciones inesperadas.

    Todos podemos afrontar dificultades que a veces parecen imposiblesde superar. Sin embargo siempre existe alguna forma de enfrentarnos a ellas. Y a veces se obtienen excelentes resultados, dependiendo del camino que elijamos para hacerlo.

    Cuando se vive como un esclavo maltratado una buena opción es pensar en escapar y tratar de cambiar de vida. Pero cuando sabes lo que quieres, la opción de escapar es la única posible.

    A veces, una mirada dice muchas cosas. Buenos Aires es una ciudad enorme, una de las más grandes del mundo. En el centro de la ciudad convergen millones de personas todos los días, personas que no se miran, y allí puede suceder de todo. Peleas, robos, persecuciones, son cosas de todos los días. Esta es sólo una pequeña historia de tantas que suceden.

    La envidia, uno de los sentimientos humanos más potentes, pocas veces favorece la claridad del pensamiento. Esto sucedió hace muchos siglos en un territorio muy lejano, pero hoy pasan las mismas cosas.

    Cuando elijas qué hacer debes hacerlo bien. Si eliges un trabajo equivocado, o para el que no estás preparado, te pueden pasar estas cosas como ésta.

Soy escritor, básicamente. Historiador, fotógrafo, empleado para sobrevivir, pero escritor ante todo.

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