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6 min
La frase mortal
Suspense |
10.10.15
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Sinopsis

Había trascurrido cuatro años desde que terminé el colegio, era el año 2008 y fue en ese mismo año, en febrero, cuando me quedé unos meses a vivir con mis primos en Chiclayo. Durante mi estadía en aquella ciudad, me contacté por internet con un amigo del colegio, Victor, y tan pronto como pude fui a visitarle, aunque no fue muy alentador el estado en que lo encontré finalmente.

Los padres de Victor habían fallecido hace dos años, pero menos mal que le habían dejado en herencia una casa a él y a su hermana mayor, y además gozaban de un seguro de vida dejado por sus progenitores.

Lo malo de aquella situación era que mi amigo había abandonado la universidad desde la muerte de sus padres, él siempre fue muy bueno en los estudios, supuse entonces que permanecía en la universidad por obligación, cuando me recibió en su casa, su hermana lucía muy preocupada, me advirtió que desde que sus padres dejaron este mundo, su hermano había empezado a actuar de una manera extraña. Era ella quien se preocupaba por el cuidado de la casa en sus días de descanso, cocinaba para mi amigo, quien últimamente había permanecido encerrado en su cuarto hasta altas horas de la noche con la luz encendida. Pero la chica muy mesuradamente me comentó que prefería que su hermano permanezca tranquilo, sin importar su aislamiento y su desinterés por el resto del mundo. Yo no entendía el por qué de tantas advertencias, entonces comencé a preocuparme y asustarme, ahí en su sala, de noche, sentados frente a frente, la chica entre lágrimas me confesó que Victor un día le comentó que había descubierto que le interesaba la materia de literatura de la universidad y que se le había ocurrido una gran idea relacionada con aquel tema pero no le manifestó de qué se trataba. Cierto día, a mi amigo se le veía agitado, trayendo libros de la universidad, estos trataban de poesía y algunos de magia y de cosas raras, él parecía buscar algo de manera obstinada, incluso una vez su hermana recibió la llamada de un hombre que decía ser psíquico, el cual había sido contactado por Victor. Elena, así se llamaba su hermana, no sabía en qué se estaba metiendo su hermano, afirmaba que la muerte de sus padres le había afectado mucho.

Los meses posteriores a aquel episodio fueron peores, mi amigo salía por las noches y no regresaba hasta el amanecer, su hermana recibió la noticia de un vendedor ambulante quien lo había visto ingresar a Victor a un cementerio en la noche. Tiempo después mi amigo llegó a perderse en las drogas, en su empecinada búsqueda, hasta que su hermana le habló para que se desintoxicara, pero él dijo que prefería ir al manicomio por un tiempo, para así poder aprender de la sabiduría de los locos, y debido a su enajenado comportamiento, días después consiguió cumplir con su extraña aspiración.

Una vez encerrado su hermano, Elena hurgó en la habitación de Victor, no comprendió la razón de la innumerable cantidad de manuscritos sin sentido que halló y que quemó después de haber arreglado la estancia. Y aunque su hermano fue dado de alta del manicomio, volvió a enclaustrarse en su dormitorio, pero al menos ya no hacía alboroto alguno ni salía por las noches como antes.

Le manifesté a Elena que aun así, yo quería saludar a mi amigo, a quien yo estimaba mucho. Así que ella me condujo hacia la habitación y se retiró a otra estancia para que yo pudiera hablar a solas con él. Después de tocar la puerta, una voz un poco alterada me interrogó, pero al presentarme, me abrió la puerta y ahí estaba mi amigo, he hizo pasar, parecía estar emocionado con mi visita, lucía ansioso y nervioso pero algo excitado. Sobre una mesa pude apreciar algunos libros, bolígrafos y muchas hojas de papel garabateadas, había otras arrugadas en el tacho de basura repleto. Le dije que sabía lo que le había ocurrido últimamente y le cuestioné acerca de aquel asunto, pero el me dijo que perdiera cuidado y que estaba muy emocionado porque estaba a punto de crear algo nuevo en el mundo de la literatura, que nada más le importaba fuera de aquello, que trataba arduamente de componer una frase capaz de matar a quien la leyera.

Me despedí luego con la certeza de que mi amigo se había vuelto loco y le dije a su hermana que me avisara si llegase a necesitar mi ayuda.

Tres meses después a las nueve de la mañana, recibí la llamada desesperada de Elena, su hermano había amanecido muerto. Lo más pronto posible llegué al lugar, los policías estaban en camino, la chica lloraba asustada en la sala, cuando fui a revisar el cuarto, hallé a mi amigo sentado en la silla con el dorso acostado en la mesa, debajo de su rostro había una hoja escrita a mano, la saqué de allí y me la guardé, supuse que se trataba de la grandiosa frase mortal de la que me había hablado mi amigo, y a continuación la transcribiré y queda bajo responsabilidad del lector leerla, aunque yo la he leído y sigo vivo. ¿Habrá creado mi amigo una frase mortal o solamente se trata de una simple coincidencia?

Así dice el manuscrito que hallé aquella vez:

 

“Después de leer el primer párrafo, cuando te hayas olvidado de lo leído, el miedo brotará en tu ser, devorándote.

Y cuando tus expectativas se extingan al no percibir cambios, ya habrás muerto, porque ya dejaste de vivir y no te has percatado de ello.

Mira a tu alrededor. ¿Te das cuenta de cómo ha cambiado todo? Compruébalo.”

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