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3 min
La fuerza de un poema
Amor |
24.05.18
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Sinopsis

Episodios de la vida

Convencido que Whitman era un poeta del eros y que su canto era todo para la mujer, su belleza y sus delicias se dirigió muy temprano a la biblioteca de su pueblo y regresó a casa con un libro del mentado bardo bajo el brazo, Hojas de hierba, y el ansia lo aguijoneaba por comenzar a buscar el poema justo para su Lara y darle duro al plagio, donde debía volcar su fuego. Lee que te lee y nada de nada, la poesía no la entendía, pero sí ganó una certeza: al vate no le gustaban las mujeres, porque ésta brillaba en una ausencia dolorosa.

Pero no quiso darse por derrotado y volvió a la biblioteca, para salir esta vez con algo criollo bajo el brazo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Una absoluta convicción lo embargó esta vez. Aquí si que la piel enamorada de una mujer ocupaba el cielo justo, y el corazón de su esclavo encontraría su paz y su triunfo.

Leyó con fervor cada poema y cada verso. Cómo habría deseado que esa belleza hubiera brotado de su alma, pero a su frente ningún guijarro de luz la había rozado en pasados próximos o lejanos, como tampoco ocurriría en los futuros por venir.

Más pronto de lo esperado se puso a plagiar versos sueltos de todos los poemas, porque cada uno valía como el otro, salvo esa canción desesperada en la cual no habría querido sentirse e vuelto como protagonista. No era el tiempo de conocer el dolor cuando aún no se conoce la dicha -reflexionó con un dejo de inquietud Alzú.

Escribió y reescribió, cinceló, esculpió y alteró con fiebre de plagio. Sacaba una palabra, colocaba otra y el verso caía derrotado. Algo mágico ocurría en ese escamoteo de la belleza, debería plagiar lo mínimo posible para no crear un mamarracho que Lara mandara directamente al papelero, siempre que éste no se ofendiera.

Finalmente quedó satisfecho de su obra y la fatiga su pluma lo dejó feliz. El pasaje sucesivo, ya contra el tiempo, era abordar el tema de la forma de enviarlo a su Lara, además si elegir un papel celeste, crema, blanco inmaculado... y cómo escribirlo, además, con tinta china o con lápiz de pasta azul marca Bic.

Esta última solución le pareció una muestra de manifiesta ordinariez, tratándose de Lara.

 

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