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8 min
La gata blanca
Fantasía |
13.11.12
  • 5
  • 9
  • 2174
Sinopsis

¿Y si mezclamos una noche de fiesta con demasiado alcohol? Algo así sin contar la resaca de la mañana siguiente.

 

La gata blanca

La noche llegó cuando la mezcla de 43 y refresco comenzó a descender por mi garganta, dejando tras de sí un amargo, dulce y adictivo gusto. Algo me pedía que aquella cascada no cesara, sin embargo, separé el vaso de mis labios y lo agité con delicadeza.

El tintineo de los hielos avivaba el deseo de beber y el contenido se congelaba en mi mano, ambos, una tentación demasiado irresistible. Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y apareció una repentina sed. No pude contenerme más y le dí un buen trago.

Cerré los ojos para dejarme llevar por el frió abrasador y el sonido del corazón atrapado en la garganta, exhalé con fuerza y pare el tiempo deteniéndome a paladear el sabor que había quedado escondido por los recovecos de mi boca dormida. Entreabrí los ojos quedándome un instante o una eternidad, observando la luna que ni llena ni vacía, me decía que fuera junto a ella y yo ignorándola, seguía dando sorbitos a mi cargado néctar,esuchando el tráfico de los coches de una Madrid vestida de gala. Más cerca que ella oía a mis amigos y sus cuchicheos desembocando en risas, cada vez más sonoras, más ebrias más ridículas.

Volví a mi mente que apareció sentada junto la luna, mientras mi cubata y mi cuerpo se quedaron abandonados en ese parque. Desde allí veía el disfraz que llevaba puesto: prendas que poco dejaban a la imaginación y menos a la discreción, un conjunto demasiado arriesgado para salir de fiesta demasiado provocador incluso para pasar la noche en una rotonda. Comencé a tiritar en los brazos de la luna: su luz estaba helada.

-“¿Me has traído aquí para que vea lo puta que voy?”, la solté indignada. Ella me ignoró y yo ví algo brillante a lo lejos: era una gata blanca perseguida por varios perros. Aún huyendo se contoneaba con elegancia. Al poco encontró refugio trepando a en un tejado, se sentó sobre las tejas negras y comenzó a mesarse su reluciente pelaje  con lametones sensuales mirando orgullosa a los perros que rabiosos ladraban debajo.

Me descubrió observándola y se remoloneaba aún más mostrándome sus largas pestañas, mientras su cuerpo relucía como un diamante a la luz de mi compañera.

-“Si claro, sin tacones yo también podría huir linda” pensé. La gata me miró con desdén y desapareció como una estrella fugaz entre las sombras.

-“No te engañes” le susurró a mi oído la luna; “la noche es de los lobos y tu no puedes trepar”

La miré extrañada: “¿Pero qué mierda había bebido?”

Hice un esfuerzo y abrí más los ojos, seguía en el suelo que no en aquel parque. La acera del Paseo del Prado estaba bajo mis pies, que comenzaron a andar junto a los de mis compañeros, rumbo a nuestro destino, trayectoria en eses.

Paso a paso manteniendo el equilibrio con la tortura del lucir y sufrir de los tacones junto a su “clac clac clac” en las baldosas mojadas por el rocío de la madrugada. El vapor en el que se convertían mis espiraciones revelaba una noche glaciar. Mi cuerpo se mantenía impasible al frío de la madrugada. Era una masa cálida desprendiendo energía, brillaba en la oscuridad, como la gata de pelaje blanco de mis alucinaciones alcohólicas.

La brisa helada parecía traer el eco de unos aullidos, y nuestro rumbo al encuentro de ellos. No se cuanto andamos hasta que apareció un hombre de dos por dos de entre las sombras de un callejón. Se interpuso entre nosotros y la puerta donde aguardaba la meta; habíamos llegado.

Saqué mi DNI del bolso y se lo tendí temblorosa. El cancerbero me lo devolvió con un gruñido y  abrió las puertas que protegía dejando salir una ráfaga de notas y sonidos, una orgía de melodías electrónicas, y de aullidos humanos. La música se coló por mis oídos como un dulce susurro y las piernas comenzaron a temblarme, las pupilas se me dilataron, y mis labios dejaron escapar una sonrisa. De repente un aura llena de vida procedente del interior removió mi pelo platino hasta que me encontró. Con un suspiro deje escapar mi alma y mi razón, cayendo rendida a la llamada de la noche. Salí corriendo, despedida al encuentro de esa dama invisible dejando atrás a mis amigos. Ya estaba dentro, en la oscuridad  y guiada por el instinto, me moví buscando la máxima intensidad del hipnótico canto. Escurriéndome entre el bullicio, cegada por la luz intermitente, sintiendo como la música dominaba el ritmo de mi corazón e invadía cada músculo, cada centímetro de mi cuerpo que se volvía siervo de su compás.

Sobrecogida por el irradiante calor humano, esclava del ritmo de la música que me mantenía con vida me adentré más y más rodeándome de mil cuerpos de dos mil ojos: de innumerables lobos y una vez en el centro, en el apogeo de la fiesta, en la cumbre de la discoteca, al borde del descontrol total me rebelé contra la fragilidad y jugándome la existencia, comencé a chillar y a saltar uniéndome al clan enloquecido.

Una jauría saltando al compás, mil voces al unísono, y confeti dorado cayendo sobre nuestras cabezas. La magia de la noche, la locura, el éxtasis y el alcohol corriendo por nuestras venas, embrujados por la canción, sin poder parar de bailar. Miraba sin ver millones de diminutos diamantes de sudor brillando en mis brazos alzados  palpando el aire que tanto ansiaban mis pulmones. Mi cuerpo tan asfixiado como despreocupado seguía moviéndose. Entonces la canción terminó y el baile también. Recupere el aliento, el hechizo había desaparecido. El calor se apoderaba de mi cuerpo mientras que mi corazón regresaba a su trono. Una oleada de pensamientos se removía en mi cabeza. Y entre ellos relucía uno: Estaba sola en medio de la multitud desatada.

Miré hacia arriba, intentando ver por encima de las cabezas que me cubrían, de las manos que intentaban como yo antes, alcanzar el cielo. Nada, imposible, estaba atrapada.

Ligeramente desesperada busqué el móvil: no había cobertura, pero en la pantalla encontré reflejados las largas pestañas de la gata pegadas a mis ojos y mi rostro cubierto de brillante pelaje blanco. Detrás mía lo que parecía una radiante luna, y bajo su luz mil lobos observándome, relamiéndose.

El calor desapareció de repente y mis latidos con él. Guarde lentamente el móvil en el bolso, y aguante la respiración. Aterrada seguía dando la espalda a las alucinaciones que habían visto mi móvil y mis ojos. De pronto la razón volvió para rescatarme. Haciendo uso de la cordura y la lógica, aparte el miedo con un suspiro y sonreí tranquila:

-“Lo juró, no vuelvo a beber” me dije. Entonces unos dedos rozaron delicadamente mi hombro, mientras otra mano me acariciaba la cintura.

Mi cuerpo sobresaltado se estremeció, y yo que bastante confundida estaba ya, me quedé tan pálida como la luna. Giré lentamente la cabeza hacia mi hombro, hasta que mis ojos enfocaron sin duda alguna, una zarpa oscura y enorme en vez de una mano. Con la sangre tan helada como mi repudiado cubata, me congelé. Las zarpas se aferraron más a mi cuerpo apresándolo y un pelaje suave y fuerte rozó mi cara.

La espiración cálida del extraño golpeó mi rostro. Mis sienes latían con violencia; la prueba evidente de que seguía viva pero muerta de miedo.

Entonces una voz fuerte y excitada retumbó en mis oídos:

-“Quítate los tacones linda, queremos ver hasta donde consigues trepar” susurró el lobo riéndose.

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  • Bien,he llegado aquí tras una recomendación de Venerdi, al que sin duda, has seducido con este relato. Debo admitir que se torna delicioso, me gusta el dualismo que le das y que podemos encontrar entre una magia y una realidad mas mundana, llevándonos a otro mundo. Entras fácilmente en esa atmósfera extraña con tintes inocentes acompañados de garras y alcohol, solo puedo definirlo entre la fabula y la sátira. Polos opuestos. dualidades fundidas. He echado un ojo a los otros que tienes, y si que es cierto que todo flaquea tras haber leído este gran relato. Creo que deberías volver y seguir sacando todo el potencial que aquí nos has demostrado que tienes. Un placer seguir leyendote.
    Muy buen relato. Sobrecogen las distintas imágenes, la gata, la noche, las frases de la luna. La noche está relatada de una forma mágica, mezclando esas imágenes más reales con un mundo diferente, de sensaciones, de animales salvajes en la ciudad. El final es magnífico, no sólo a la altura del relato, sino que lo asciende entre los mejores relatos que he leído en la web. Un estilo exacto, con una prosa muy bien usada pero sometida a los objetivos de la narración. Una delicia de relato. Vuelvo a repetirme y seré muy visual: el final te deja diciendo "buf" y después pensando "woau, Qué relato".
    Magnífico momento el de aparición de la gata y brillantísimo final. Y bien desarrollado también. Quizá sobra la luna como elemento, pero comprendo que con alguien tiene que dialogar y quizá también: "perro lobo" al final para conectar con los del principio sin perder la intensificación que da un animal salvaje. Cuatro estrellas y media, pero van las cinco, porque es de lo mejor que he leído hace días.
    Que interesantísimo ha sido este relato
    ¿Es verdad que tienes 18? Yo a los 18 escribía sólo bodrios sin gracia y esto es una obra de arte. Definitivamente concuerdo que eres un portento. La narración me ha atrapado desde el inicio y el final me ha inquietado... Algo verdadero tiene el escrito y es que en la oscuridad de la noche debes jugar uno de los dos roles: O eres lobo, o eres gata... Bravo por este relato. ¡Quítate los tacones, Katia, y sigue trepando cada vez más alto con tu talento extraordinario!
    Escribe tus comentarios...Eso que tienen las noches locas, tan llenas de lobos, aunque como dice máximo abierto a interpretaciones y con una narrativa que cautiva.
    Escribe tus comentarios...
    Abierto a múltiples interpretaciones, me encanta como escribes Katia, eres una gran portento de la narración y con solo 18 añitos. Enhorabuena, sigue así, pule algunos detalles y deléitanos con tu prosa.
  • Desapareció mi musa, desaparecí yo. Intentaré terminar lo que dejé a medias. Quizás este es el mejor momento para reencontrarme con ella, mientras pueda escaparme a ratos del infierno, quizás para evadirme y puede que esta vez sea la última que pueda huir del fuego. Un beso escritores, hola mi musa

    -No, no, no…¡NO! –grité.

    Era una mujer de los cincuenta, de unos sesenta años, que una mañana de invierno conocí por casualidad.

    Me ha dado por escribir esta vez para variar algo de poesía y no he podido evitar acordarme de Roald Dahl y sus "Cuentos en verso para niños perversos", una obra genial muy cortita y divertida, picaresca con trazas de rebeldía. Espero que esta no os resulte demasiado ñoña, y sino, por favor castigarme con severidad con vuestras valoraciones por haceros pasar un mal trago. Un saludo queridos míos

    .

    ¿Crear o escribir? Al final solo es arte, ¿verdad mi querido Wilde?

    .

    Sigo esperando que ocurra

    ¿Y si mezclamos una noche de fiesta con demasiado alcohol? Algo así sin contar la resaca de la mañana siguiente.

    .

  • 21
  • 4.54
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Mi nuevo nombre fue repudiado y ensombrecido por uno horriblemente común. Es hora de sacar a este engendro a la luz.Soy incapaz de expresarme hablando. Pero escribir es otro mundo.

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