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14 min
LA HISTORIA DE LA MUJER QUE SE INCRUSTÓ EN LA LUNA
Amor |
25.07.20
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Sinopsis

Cuento de una mujer que vivió, amó y murió. Y luego reencarnó gracias a la sed de venganza.

          En el caminar de la vida, llegó una tarde un eterno enamorado de Selene, la protagonista de esta historia, un caballero que tenía fama  de  “joven educado” y de “buena familia”, ambos decidieron enrumbar sus destinos y así fue como un día, miércoles 20 de diciembre, unieron sus vidas en la Iglesia de la ciudad capital  de aquella región. Para  la alegre y esperada velada fueron invitados todos los habitantes, amistades y familiares.

Selene ilusionada y feliz, en sus pensamientos suponía que había encontrado el príncipe de sus sueños, con caballo blanco alado, ese, el de la misma imagen de los cuentos de hadas, que la había rescatado de aquellas paredes de la biblioteca de su habitación  y  de la rígida educación  que le habían impuesto sus padres. ¡Al rescate fue el noble caballero  y zúas! de la maniobra más espectacular la asó de sus manos y la alzó, cual liviana pluma, liberándola de tan pesado yugo.

Él, emocionado y entusiasta, se había resguardado para Selene, eso decía, y se regodeaba  en manifestar que a la iglesia sólo la llevaría a ella y que era la única digna de llevar su hidalgo apellido.

Así fue cómo sucedieron los acontecimientos. Selene construyó infinidades de  nuevos sueños con el Príncipe de cuentos y se dijo así misma que su  matrimonio era para “siempre”, que nunca haría lo que sus amigas ya habían hecho: divorciarse, “uy, que palabra tan nefasta y triste”, pensaba. Y así  fue, como a su amado, no lo mencionó más por su nombre, lo llamó “Mi Siempre.

Entre confianza, ilusiones y proyectos, trascurrió el primer año del  nuevo matrimonio, una imagen de felicidad eterna era la que mostraban ante el entorno social. La existencia  de Selene era como cuentos de hadas, y su Príncipe, el de caballo blanco alado, parecían salir de  los personajes de las leyendas de los hermanos Grimm, Jacob Karl y Wilhem, o los de Charles Perraut, todo era un encantamiento y  fantasía…

Pero un día, a Selene le llegaron noticias y  hubo una catástrofe: ¡Mi Siempre estaba “embarazado” …!! y no era precisamente de Selene!

 La misma fémina fecundada la visitó y la puso al tanto, por lo que no era ningún  rumor, sino una realidad. Selene  inmutable, impávida, con un estoicismo ejemplarizante, así como la educaron desde pequeña, en la presencia de la susodicha, no se alteró, solo dijo - “No se preocupe, no estoy ofendida, tenga a su hijo, Usted no es el problema”. Y la despidió, con la firme idea de desenmascarar  a  Mi Siempre. Ese día conoció la palabra “villano” y el significado del vocablo ¡traidor! Dicen que lo gritó treinta y tres millones de   veces y que fue escuchado a distancias en otras provincias de esa localidad, cuyos habitantes ensordecieron.

Selene sintió un sentimiento extraño en su cuerpo, no sabía definirlo, pero estaba allí en la sangre, en los huesos, en su piel.  Quería morir y esa noche lloró doce horas, desde las doce de la noche, hasta las doce del mediodía del día siguiente. Después  se levantó y no habló más. Comentan que enmudeció.

 Mi Siempre demostró un talante que jamás había asomado: la cobardía. Ese día cuando Selene lo enfrentó, aparte de negar el acontecimiento de “su embarazo”, huyó como alma que lleva el diablo y se perdió por tres meses en un lugar desconocido.

 Selene dejó aquellos espacios palaciegos en donde habitaba y  con esta decisión, arrastró otra: renunciar al amor de Mi Siempre y despojarse de ilusiones que narraban los cuentos de príncipes y hadas…Se percató, que de aquella mitad del corazón, que había entregado a Mi Siempre, vigoroso y fortalecido, no le quedaba ni una milésima de cuarto de porción.

¿Cómo decírselo a Papá y Mamá, que tenían tan buen concepto de Mi Siempre, si había perdido la voz? se preguntaba Selene. ¿Cómo enfrentar semejante situación? Pidiendo, rogando  fortaleza y resignación, pero ¿a quién? si ya no creía en actos de fe. Hasta se le había olvidado el nombre de los  Dioses.

Pasaron siete días, y una mañana, de esas que no se esperan, le  llegó  otra  noticia: “Papá murió”. Aquel dolor fue desgarrador, desolador, impactante. Solo ella supo cuánto le sentía en sus vísceras, en toda su humanidad, ¡había muerto otra vez ¡

Entre pésames, rezos, flores y llanto…se dio cuenta que el sufrimiento que le había producido Mi Siempre se había vuelto pequeñito, ínfimo, comparado con esa gran  pérdida. La congoja que sentía por la ida de su padre no  podía ser comparada, reflexionaba. Esa era grande, inmensa. Era dolorosa igual, pero aquel era un quebranto por traición, por decisión del hombre, y esta era una pérdida natural, por designios de deidades, del destino, del cosmos o del universo. Allí, ni el deseo, ni el libre albedrío del hombre habían intervenido...fue  entonces, con esas cavilaciones, cuando  advirtió  que había entrado  en otra dimensión, se miró  en un mundo paralelo, con otra vibración. Allí en ese espacio infinito e inexplorado, agradeció a las omnipotencias, por la sensación de ese dolor, que arropaba al otro, como estrangulándolo y evaporándolo, sintiéndose después, totalmente  liberada del dolor de la traición de Mi Siempre, pero no de otra pasión, que  apenas se asomaba  en su mente, pero que cubrió su corazón: la dulce disposición de la venganza, que para Selene tenía un sabor agridulce, olor de frutas y  color del endrino manto de la noche.

Se juró, asimismo, abordar la perfidia, quitándose el pesar de encima. Ella no había nacido ni para mártir ni para santa.  Se descubrió encarnando el espíritu del  Conde de Montecristo, pero en versión femenina. Se imaginó, una y otra vez, que Mi Siempre llegaría, como en efecto llegó, a pedirle perdón, excusándose y suplicándole, solo que llegó embriagado y con una faz que ni ella misma reconocía.

No era su rostro, estaba envejecido, con marcas visibles de trasnocho, con un rictus como sonrisa, que parecía una mueca. Famélico y ojeroso. Aquél no era Mi Siempre, ni se le parecía, pensaba. Ese es el producto del arrepentimiento. De un acto de contrición  tardío y canallesco. Él era el diablo, el mal, la traición, lo perverso, lo torcido, el pozo envenenado del desierto. Él era la melancolía, la infamia, el lado oscuro, el calvario, la cruz, el hombre de las tinieblas, y así lo vio…Y así se le quedó entre los recuerdos más recónditos de su ser, de los que no se ven, de los que están allí, pero no afloran, de los que están en  el subconsciente…y así permanecieron en su mente, hasta por los siglos de los siglos.

Se rumora entre las personas, de esa ciudad, que su pensamiento se mantuvo  hasta los setecientos setenta y siete mil millones de reencarnación. Que cuando murió Selene pidió que volviera al recuerdo de Mi  Siempre y  que  el alma de Selene cruzó mares, tempestades, desiertos, llanuras  y una noche se incrustó en la luna, que cuando ésta sale, dicen los lugareños que es ella  mirando el otro lado, el oscuro, que es cuando recuerda al Príncipe de cuentos de hadas, que allí sigue escondida, en la penumbra, porque no quiere  llorar, porque  sus lágrimas se convierten en inundación, vendavales, terremotos , tsunamis y también sequías y devastaciones. Que es la naturaleza bravía, la del poder del bien y el mal. La que una vez juró vengarse, que cuando estuviera en el Cielo o el Infierno, iba a  regresar a esa tierra, para volverse serpiente, monstruo, diabla, vampira, de cualquier forma, o destino que influyera en los designios de los que se parezcan a los semejantes de aquel Príncipe de caballo blanco alado.

 Que su propósito al volver estará marcado, como las cartas de los tramposos, como lo que refieren las pitonisas o las adivinas, porque se encargaría de devorar a todos los  Mi Siempre. Que jamás agotaría su vida hasta aniquilarlos…que pedirá otro poder, el que toda fémina reconozca las características de esos impíos  y sean desenmascarados en forma inmediata. Que no existan más damas traicionadas, vejadas, maltratadas  y humilladas.

       DE LO QUE SINTIÓ SELENE Y SOBRE LO QUE SUCEDIÓ EL DIA DE SU MUERTE

Cuando se apagó la luz, Selene lo presintió. Fue como un destello de luz incandescente, y después, murió la irradiación y se volvió  tenebrosidad, que se sentía vasta por todo un espacio  imperecedero y que, al mismo tiempo, no se escuchó nada.

Así dicen los que relatan la historia, que  sintió Selene en su corazón después de descubrir la traición  de Mi Siempre.

Por otro lado, el aparato circulatorio se le paralizó, sintió que no tenía sangre, o si algún fluido tenía dentro de su cuerpo, imaginó que era agua helada. El sistema óseo se le colapsó y se le fracturaron algunos huesos, que la cavidad torácica se le partía como galletas. Selene no volvió a caminar igual…La piel se le erizó y descubrió que, entre el frío de la sangre y la corteza de su piel, fueron las condiciones que más tarde le permitieron defenderse y vivir preparada y en expectativa, para un ataque o contrataque. Definitivamente fueron sus defensas. Pero quedó muda, después del entierro de su padre.

Aconteció entonces, que una noche, de esas que te sorprenden, porque no se improvisan, Selene habló…habló, lo que antes, durante y después había callado. Dialogó sola, en el transcurso de veinte años, porque después moriría maldiciendo a Mi Siempre e imaginándose que después de los setenta y siete mil millones de reencarnación lo atacaría con piedras, peñascos  en  su tumba y tendría cuarenta y ocho mil buitres en cautiverio y los soltaría para que lo acompañaran  en su funeral. Selene era así, ingeniosa, drástica y decidida.

Ya en su lecho de moribunda y ante el llamado de la Dama de la Guadaña, cuentan que Selene sólo la saludó, que tenía tres días esperándola. Al acercársele no se inmutó y que ésta  le preguntó, qué cuál era su último deseo, Selene, pidió dos e impávida gritó: “¡Regrésame con la misión del Ángel Vengador!”. Del  otro deseo nunca se supo, porque Selene no lo dijo, se lo escribió en lo que quedaba de huesos. Dicen que  la Dama de la Guadaña, prometió cumplir ambos deseos. Y que después de eso, Selene cerró los ojos, su piel erizada se calmó y la sangre que sentía como agua, se volvió hielo. Que el alma salió dentro de las sábanas blancas y que de su boca salió el llanto más triste que jamás se hubiese escuchado y que aún se percibe en los rincones de la habitación  y se escapa   por puertas y ventanas, recorre calles, carreteras, montañas, desiertos, ríos  y  que se cuela en el espacio, como sonido desconsolado y aterrador. Cuentan que un 20 de diciembre, antes de pascua, su llanto se escucha y que en aquella ciudad  no hubo más navidad. Sus pobladores lloraron todos los 20 de diciembre durante todas sus vidas, decretando Día de Luto poblacional.

Refieren, que cuando llegó Selene al Cielo, la recibió un Ángel que era como un portero, ella lo llamó el Ángel Portal, porque estaba apostado en la entrada y  ordenaba el destino de cada uno  que llegaba a ese lugar, y que ella había interpretado, era el de su última morada. Cuando ese Ángel, con funciones de portero, vio a Selene, la envió para la luna y allí se quedó hasta que la primera reencarnación llegara. Allí se introdujo  y solo sale de noche…Los lugareños también comentan  que cuando hay luna llena, divisan entre la luz y el centro de ésta, sus ojos, que desde allí mira a  Mi Siempre y cuando es cuarto menguante, observan su perfil, brota su nariz, para olfatearlo.

Que una noche, más negra que nunca y sin luz de estrellas ni bombillas, a Selene la permisó  el Ángel Portal y dejó que bajara de la luna. Esa noche hubo más frio que nunca en cuatrocientas décadas de ese lugar, que granizó  y que jamás  habían visto las orillas  de los mares y lagos congeladas por el hielo y los techos de sus casas tapiados de nieve. La gente pensó que era el final de los tiempos y algunos perdieron el raciocinio.

En esa confusión  se sintió Selene…cuentan que tocó todas las puertas del  vecindario, que corría por las calles buscando a Mi Siempre, que se metió en el cementerio y encontró su tumba identificada. Allí y que estuvo siete noches parada y muda. Después volvió a la luna y allí yace, entre su superficie, que su suspiro es la brisa nocturna y que lo que ilumina la luna son sus ojos entristecidos. Así yace Selene, en la luna….

Pero, en otra noche, 2 de noviembre, apareció  en las calles de esa ciudad, una especie de animal  de color negro, que parecía una bestia salvaje, con mirada aguda, que se ve en  las sombras recorriendo las veredas  y que, a partir de la media noche, mira a la luna. Unos dicen que es un hombre lobo, otros dicen que es una especie que se extinguió hace siglos. Pero que el bramido brota como un alarido ensordecedor  que va directo a la luna. Parte de la gente  cree que  es el segundo deseo de Selene, que Mi Siempre se volviera animal extraño, por traicionar la fidelidad de su amor. Llegaron a la conclusión de que ese era su castigo, para que aprendiera el valor de la lealtad.

Así que toda la comunidad estaba convencida que Selene escuchaba todas las noches el bramido  de aquella variedad del reino animal sin identificar y que era la reencarnación de Mi Siempre, que  esa era su penitencia y que, a través de ese rugido, le pedía su perdón a Selene, que yacía en  la luna por los siglos de los siglos.

Pero, otros tenían la certeza, que antes  de que apareciera la bestia, Selene ya no reposaba en la luna, que  fue enviada a otro lugar, que ella ya no escuchaba esos gruñidos de arrepentimiento porque si ella los hubiese oído, ya había reencarnado como carne envenenada…

Apareció entonces, después de otra década, en un día soleado y caluroso, una mujer que recién llegaba a la metrópolis. Era elegante, con cuerpo seductor y atuendo negro ceñido al cuerpo, con sombrero del mismo color, que le cubría parte del rostro, bien parecida, de andar sigiloso. Los que le pudieron ver el semblante, dicen que tenía ojos de forma gatuna, que difícilmente vieron el color, pero que parecían azulados, que caminaba en forma cautelosa, con aroma de fruta fresca. Que agarró la bestia con la mano derecha, lo ató a una cuerda y se lo llevó cuesta arriba y que el animal a su lado lucía cabizbajo, obediente, como entregado a sus órdenes  y que  en la mano izquierda saboreaba una copa de vodka con zumo de pomelo. El vecindario estaba convencido, que era Selene, que regresaba con el segundo deseo de venganza: reencarnar, pero con Mi Siempre convertido en animal sin especie conocida y ella en su dueña.

Ana Sabrina Pirela Paz

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  • La sed....de Amor, de venganza, de Paz.... La sed es una fuente infinita de aguas quizás dulces, quizás amargas, quizás curativas.... Solo el deseo puede calmar parcialmente cualquier de esas sedes ( La sed es como una sede, como un pedestal....que por siempre se aguantará, o llegado el que día caerá )....Tú Tema me inspira un montón....Gracias Bonita
    Gracias José por tus apreciaciones. Igual deseo para ti!!
    Felicidades, Ana... o como me gusta decir a mí: SALUD, PLATA Y ALEGRÍA !!
    Una narración magistral, pero al final me quedó como un deje amargo en la boca, porque Selene merecía encontrarse, al final, con un buen tipo... porque considero que en todos los lugares de la Tierra, están los tipos malos, los mediocres, y los buenos... un buen tipo, tal vez, como aquel lejano compañero de la primaria... felicidades...
    Gracias Laura, Serendipity y Francesc, por sus amables comentarios. Serendipity, es que existen damas que idealizan con demasiado ímpetu al caballero, de allí la decepción. Francesc, agradecida por tus comentarios generosos. Selene, no puede llamarse de otra forma, ese nombre está vinculado en la mitología griega a la Diosa Lunar, hija de los titanes: Hiperión y Tea. Igual en la mitología romana, a la Diosa Luna, cuyo templo fue destruido a causa del incendio provocado por Nerón. Reciban un abrazo afectuoso.
    Cuando ellos se enteran de este diagnóstico, se enfurecen. Pero yo he visto a algunos de estos tipos y veo que los psicólogos tienen razón.
    ¡Y que malos son algunos hombres ¿no?! Está visto que con muchas de vosotras no se valen bromas porque uno sale mal parado. Pero yo digo que un tipo que se las de de conquistador, a tu lado esta postura no tendría sentido, porque como ya re he dicho tú eres una mujer que además de guapa tienes una gran hondura humana capaz de enriquecer toda una vida, y quien no te lo sepa ver es que es un cegato. Por otra parte los psicólogos dicen que estos tipos que van de flor en flor, es que son gente inmadura.
    No hagas ningun caso del número de estrellas que te he puesto cinco ya que no te puedo poner diez. ¡Carambaaaa! No te voy a decir que el relato está muy bien, y otros tópicos. Pero sí te digo que eres muy buen creadora literaria. Hay una diferencia entre ser una buena escritora y ser una creadora literaria. El símbolo de Selene asociado a la psicología femenina formando parte de un todo - seres humanos y Naturaleza- es extraordinario.
    Los príncipes de los sueños, con caballo blanco alado... son hombres al fin y al cabo, por más que las doncellas enamoradas se empeñen en elevarlos hasta la perfección. El corazón roto de Selene no tuvo oportunidad de recomponerse e hizo de su vida una cruzada vengativa. Era una opción como cualquier otra. Un cuento con un final inesperado, lucido y en cierta forma, merecido. Un abrazo, Ana Sabrina.
    Me gusto. =)
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Soy una aficionada a todo género del arte y me apasiona la escritura, la desarrollo como parte de mi actividad diaria. El cuento, el relato y la poesía libre me fascinan, como una manera de expresión, que la combino con mis actividades profesionales como abogada.

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