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9 min
LA HORMA DEL ZAPATO (Sonia 4)
Suspense |
16.03.14
  • 5
  • 2
  • 1370
Sinopsis

¿Para quién sería en realidad "la horma del zapato"?

          El video fue accionado y se desplegaron las imágenes. En la penumbra del recinto policial la pantalla parpadeó con luces fantasmales y los dos hombres aguardaron. Pudieron ver en plano lejano una mansión de estilo francés, rodeada de amplios jardines. Hubo un pronunciado acercamiento y después un avance acelerado. Corrieron los minutos y los dos policías se movieron impacientes. La puerta se abrió en la casa y una esbelta mujer salió, como muñequita de barómetro. Vestía camiseta sin mangas y ajustados pantalones; una densa mata de cabello renegrido enmarcaba su cabeza. Se produjo otro acercamiento.

          --¡Es ella! --susurró uno de los hombres--. ¡ Es ella... la misma persona !

          --¡Qué pedazo de mujer! ¿No? --comentó el otro.

          En la pantalla, el hermoso rostro giró muy lento hasta mirar directo a la cámara, con una leve sonrisa, como escrutando a los agentes apostados.

          --¡Vea... vea, teniente! --exclamó el más viejo con excitación--. ¡La maldita bruja ya sabe... se dio cuenta!

          --¿Usted crèe, capitán, que percibió a los hombres? --preguntó el teniente.

          Con ademán de fastidio, el capitán detuvo el video y encendió la luz.

          --No sé, teniente, tal vez. Hace un año llegó a Buenos Aires con el nombre de Adega Aldán, adinerada española, y alquiló la mansión en lo mejor de San Isidro. Pero yo sé que es ella: Sonia Lombardo, de entre treinta y cuarenta años, violinista excelentísima y asesina serial.  Dejó treinta hombres estrangulados y escondidos en los subsuelos de una casona de Budapest. Y parece que a los tipos les gustó.

           --¿Y qué clase de personas eran esos muertos, capitán?

           --Se comprobó que en todos los casos se trataba de gigolós, explotadores, chantagistas, extorsionadores y capo mafias que habían ido desapareciendo. Claro que  no podemos darle una medalla por éso. Se trata de asesinatos.

           --Sin embargo, no hay evidencias que haya sido ella la autora --interpuso el teniente.

           --Las coincidencias me bastan. De cualquier manera, en los próximos días le voy a mandar un operativo con los perros rabiosos.

           --¿Escuadrón de la muerte? ¡ Éso es una infamia !  Capitán, estaría bailando del otro lado de la raya.

           --¿Y de qué otra forma quiera agarrarla? Es un personaje de extrema peligrosidad, y además artista famosa y mimada por todos. Por ley... sería imposible liquidarla, los crucificados seríamos nosotros. Pero con los muchachos de la pesada, le haremos conocer la horma de su zapato.

           --¡No me meta a mí en éso! Yo sólo intervendré en forma oficial--. El teniente se levantó, abrupto--. Y ya sabe que si llega a hacer éso, a la hora de los bifes yo deberé hablar. ¡ Con permiso ! --dijo, y salió del recinto con brusquedad.

           --¡Bah...! --murmuró el capitán, con ademán desdeñoso --¡ Pendejo...!                           .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .                  Casi a las dos de la madrugada la mansión mostraba alguna luz atenuada en su interior. Sonaba el eco apagado de un violín. Unas sombras pesadas avanzaron hasta la puerta del frente, que se hallaba entornada, e ingresaron.                                                         .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .                  El teniente Petrell, con una carpeta bajo el brazo, entró al despacho del capitán Cipriano.

           --Hola, capitán --dijo, con el rostro como de cera--. Aquí tengo el informe de lo que encontré esta mañana en la casa de su misteriosa dama.

           --Empiece de una vez, teniente --contestó el jefe, con los ojos muy abiertos.

           --Como usted ya sabe, cuando pasaron las horas y su... grupo de tareas... no comunicó ninguna novedad, enviaron un móvil con dos oficiales a ver qué pasaba. Un transeúnte había encontrado al retén del pelotón a media cuadra, con los vehículos; estaba... estrangulado. La cuestión se hizo oficial, entonces me llamaron a mí. Lo que hallé está todo en el informe. pero me gustaría contárselo personalmente, si quiere.

           --¡ Hable... hable ! --exclamó el capitán, convulsionado.

           --Cuando entramos en la mansión --inició el teniente, en forma monocorde--. se escuchaba un violín, desde algún lugar recóndito. El grupo de... exterminadores... había dejado muchas luces encendidas. En la cocina encontramos una hornalla con fuego, y sobre la mesada un recipiente con manteca derretida.

"Inspeccionamos casi toda la casa y no encontramos nada. No había ropas ni efectos personales. Siguiendo el sonido del violín nos adentramos hacia los sótanos de la residencia. De esa forma, al final de una escalera, dimos con la entrada a un salón subterráneo. En el momento de penetrar allí estaba a oscuras. Solo se veían al fondo las lucesitas de un aparato de sonido. Continuaba el violín con su melodía, y el recinto hedía a jaula de simios.                                                                                                                "...Y allí pudimos verlos cuando encendimos las luces, colgados contra las paredes laterales del salón, frente a frente, doce de un lado y trece del otro.

             --¿Estaban colgados del cuello... ahorcados? --intervino el capitán Cipriano.

             --No, pendían de unas sogas pasadas por los sobacos, y agarradas a unas vigas transversales aseguradas a lo largo del techo.                                                                    "Y bien, estaban todos desnudos, atados muy fuerte de pies y manos, ¡ tan fuerte que... tenían las cuerdas incrustadas !  ¡ debió contar con energías colosales !                                "Todos colgaban sin tocar el suelo y... al pie de cada uno, en el piso, había un pequeño derrame de líquido. Después, el doctor Estevez dijo que se trata de la típica emisión de semen producida por la estrangulación, al estirarse y romperse las vértebras cervicales. Por supuesto, todos tenían los genitales aún rígidos. Según el médico fueron estrangulados a mano, los veinticinco, pues presentaban las clásicas laceraciones por presión de dedos en los cuellos, una presión monstruosa; los rostros estaban amoratados y, se veían extraños... como si... como si hubieran disfrutado.                                                                              "Por lo demás --el teniente Petrell suspiró--, no hallamos ninguna señal identificatoria; sólo algunas huellas dactilares que resultaron pertenecer a personal de limpieza. Está claro que esa dama... Sonia Lombardo... o como se llame, sabe prevenirse muy bien.

             --¡Una derrota en toda la línea --musitó el capitán con el rostro pálido--, cómo pudo liquidar a veintiseis hombres!  ¡Fueron de muy alto nivel en la época de la subversión!

             --La época de la dictadura. Los años de plomo dirá usted --acotó el joven teniente en tono cortante--. ¡ Ahh... !  y antes de terminar, le voy a decir que éso no fue todo.

             --¿No? ¿Es que todavía hay más? --barbotó el jefe.

             El teniente continuó hablando muy llano. --Todos estos... perros rabiosos... del salón, los veinticinco, fueron sodomizados antes de morir.

             --¡¿QUÉ?!  --rugió el capitán.

             Cada uno de ellos --siguió el teniente sin hacer caso--, tenía la cachiporra de goma que siempre llevan, insertada muy profundo en el recto, a modo de pene. Según indicó el doctor, todas habían sido lubricadas en el recipiente con manteca de la cocina.                    "También determinó que en todos los casos, los esfínteres anales se encontraban trabados con fuerza en postrera contracción orgásmica --concluyó el teniente Petrell.

              Con el rostro empavorecido bañado en transpiración, el capitán Cipriano no preguntó nada más.

                                                 .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

 

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  • Carlos: los motivos p/los asesinatos están esbozados cuando el comisario dice c/respecto a Europa: eran en todos los casos gigolós, explotadores, extorsionadores, chantajistas, capo-mafias; y en Buenos Aires se las agarra con genocidas de la época dictatorial, y esta dama no hace denuncias legales sino que directamente los elimina,como también los humilla como en la escena de las cachiporras, y claro, tampoco es muy normal alguien que actúa así contra quien la molesta. Te pido leas los anteriores, Sonia 1- Sonia 2 y Sonia 3, y allí también se explica la super-fuerza de la dama. Gracias por los conceptos... Chau... y manazos...
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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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