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30 min
La hoz y la guadaña
Drama |
26.08.14
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Sinopsis

Sólo seis meses...dos estaciones...la última estación...ése era el funesto plazo...el maldito matasanos lo había dicho bien claro...

 

Seis meses...sólo seis miserables meses...el maldito matasanos lo había dicho bien claro...
El tío Juan ascendió lentamente por el angosto sendero, esquivando a duras penas los latigazos de las xestas, que se retorcían convulsas azotadas por el cálido viento del Sur. Al fin consiguió alcanzar la cima del pequeño montículo, desde el cual se dominaba el pueblo y las tierras que lo cobijaban.
El anciano se sentó sobre el tocón de un roble varias veces centenario, talado en mala hora por estúpida y criminal mano. Con la ritual parsimonia de los que viven sin tiempo, sacó el pañuelo, que flameó aleteando como una mariposa gigante, azuzada por el soplo ardiente de Eolo. Luego, el imaginario insecto voló hasta la frente del hombre y sació su sed, libando el salado néctar que desbordaba los surcos retorcidos, moldeados por el cincel de la vida, y resbalaba precipitándose hacia la cuenca de sus ojos, negros y profundos.
El tío Juan, hombre del campo, curtido por las heladas de setenta y cinco inviernos y los calores de setenta y cinco agostos, exhaló un profundo suspiro, mientras su mirada, triste y sabia, vagaba sin rumbo por el paisaje que se extendía a su alrededor. El viejo labrador amaba su tierra. Cada piedra, cada árbol y cada sendero los sentía como parte de su ser, sangre de su sangre. Le gustaba subir allá arriba, solía hacerlo casi todos los días, casi siempre a la misma hora, después de almorzar, entre el silencio soñoliento de la tarde quieta, abrasada en el estío y perezosa en Enero.
Sí, realmente, el tío Juan había ascendido muchas veces el camino del " Pico del Castro", cuyo nombre evocaba los ancestrales y legendarios moradores de su tierra, entrañable y vieja. Pero hoy no era un día más. Mediado Setiembre, con el verano marchándose sin prisas y el otoño aguardando paciente, hoy era un día triste, muy triste, una fecha trágica en la vida del anciano labrador.
Seis meses...sólo seis meses...el maldito matasanos lo había dicho bien claro...ciento ochenta días y todo habrá terminado...la sangre de la vida...la sangre que mata...
Las manos nervudas se crisparon como garras asiendo las ramas muertas y, desde la atalaya de su rostro enjuto, dos angustiados centinelas lanzaron destellos mortecinos, otrora rayos de vital fulgor, que con torturada lentitud, calmosamente, recorrieron los viejos caminos, treparon las blancas fachadas, pisaron los negros tejados, surcaron los campos secos, penetraron en el bosque y, tras vadear el río, retornaron al punto de partida, enfocando las " payeiras " de la era, inmóviles en la quietud de la tarde, desmayadas como gigantescas y doradas peonzas, con los ruidos y fragancias de la reciente mallega flotando aún en el aire.
Su tierra...formas...colores...sonidos...El tío Juan trataba de grabar, de retener cada detalle...Seis meses...sólo seis meses y nunca volvería a ver nada de todo aquello...su tierra...su casa...su mundo...la sangre de la vida...la sangre que te mata...luchar...luchar contra el enemigo mortal...pero cómo, cómo luchar si el enemigo está dentro, cómo vencerlo si forma parte de ti...Seis meses, sólo seis miserables meses...el maldito matasanos había sido tajante...la suerte estaba echada...
Las imágenes del familiar panorama llegaban a borbotones, distorsionadas por el húmedo y brillante velo que empañaba las globulosas lentes, cansadas de los años, palpitantes y doloridas...Seis meses...sólo seis míseros meses...el maldito matasanos lo había dicho bien claro...
Un nuevo suspiro, casi un grito, brotó de su cuerpo hastiado. Melancolía profunda, congoja infinita y agónico pesar latían con atroz desesperanza en los sones de aquel amargo quejido. El tristísimo lamento emergía como un monstruo invisible de las entrañas del hombre, torturadas por la pena, y explotaba en mil pedazos, sembrando los caminos y los campos con jirones de su alma desgarrada.
Relatos de su martirizado espíritu que, cual heraldos de la memoria, se arrastraron por las sendas polvorientas, abrazaron los nudosos troncos de los viejos robles, se abrasaron en los tejados candentes, devoraron el aroma de la tierra besada por la lluvia, reptaron entre los surcos abiertos absorbiendo la dulzona fragancia del estiércol, brincaron por los prados aspirando el cálido perfume del heno recién segado, ágiles se deslizaron entre los negros y tortuosos brazos de las cepas, enloquecidos danzaron sobre las chimeneas, embriagados por el olor, por el calor de leña, ebrios por el calor, por el olor a pueblo.
Seis meses...sólo seis miserables meses...dos estaciones...la última estación...polvo, lluvia, árbol, pizarra, surco, estiércol, heno, carro, vino, humo...ver, oler, tocar...olor, color, sabor...dolor, dolor, dolor...imágenes, sonidos, sensaciones...todo perdido, perdido para siempre, arrebatado por el frío abrazo de la muerte...Seis meses...el maldito matasanos lo había dicho bien claro. Al final, al final se lo habían contado. Habían querido engañarle, todos, el imbécil de su yerno y la tonta de su hija y hasta el médico. Le habían ocultado la verdad, hablaban a sus espaldas, como si fuera un niño; eso le dolió, sí, enterarse el último...
Seis meses...sólo seis meses...un suspiro, al fin. Después de setenta y cinco años qué son seis meses, pues eso, un amargo y agónico suspiro. Otra vez su mirada se detuvo en las "payeiras"  que apuntaban desafiantes al cielo. La siega, la última siega...cómo iba a imaginarlo hace dos meses, cuando la hoz destellante, guiada por su acerada muñeca, abatía sin piedad las espigas maduras....Dios...cómo iba a imaginar que sería la última siega.
...Cuántas...cuántas fueron...40,50, 60 o quizás más...60 cosechas, algunas excelentes, otras no tan buenas y algunas, las menos, francamente malas. Años de hambre y penurias, sequías, pedrisco...Dios y todo eso ya nunca más, nunca más...Seis meses...seis miserables meses.
El tío Juan sollozó, cubriéndose la cara con las manos, luego extendió los brazos con los puños cerrados y lanzó un grito de rabia, un bramido de dolorosa rebeldía que retumbó en los montes, multiplicándose en furiosos ecos, y una ola de impetuosa ira se desparramó por los campos, rebotó contra las paredes y culebreó por los caminos, avanzando con arrolladora energía, impulsada por la cólera acumulada, que finalmente rompió el muro de templanza que a duras penas la contenía.
Seis meses...seis míseros meses...
El campo de trigo se mecía susurrante, acunado por la suave brisa de julio que hacía crujir las espigas, ya listas para la siega. Mañana, por la fresca, comenzará la faena...mañana, en cuanto despunte el sol, empezará la siega, con las espigas húmedas aun por el rocío de la noche.
Sí, lo habían engañado, igual que a un niño pequeño...Un mes, hacía un mes que había empezado todo...al principio como un dolor vago e impreciso...un rumor lejano que va creciendo y creciendo hasta desembocar en atronadora y lacerante agonía...
Buena cosecha, sí señor...este año habrá una excelente cosecha. Los tallos crecen robustos y apretados y las espigas rebosan orondas...sí señor, la mejor cosecha de los últimos años.
Seis meses...seis malditos meses...Aquel día, en el prado...la primera señal...aquel día...Había tumbado tres " estaxes " de hierba y se disponía a cargarla en su fiel Babieca. El caballo aguardaba, pastando tranquilo. En ese momento, sin saber por qué, reparó en la guadaña que había dejado apoyada en la pared del prado. La había colocado con el estil hacia abajo y la hoja hacia arriba, cosa rara en él porque siempre la dejaba al revés, formando la figura de un 7 macabro y amenazante. En ese preciso instante, se abrieron las nubes y un rayo de sol impactó en el curvado acero que destelló siniestro. Mientras lo miraba, al tío Juan le vino a la memoria la imagen clásica de la Muerte oficiando de Segador, que había contemplado hacía poco, aunque no recordaba donde. Una súbita ráfaga de viento, extrañamente gélido, arrancó una hoja, sólo una, prematuramente envejecida, del gran roble que crecía a la orilla del río...El tío Juan la vio desprenderse y caer a cámara lenta...y la vio marcharse río abajo, arrastrada por la corriente...y, de repente, él se sintió como aquella hoja, abatido e indefenso, a merced de la corriente, en manos del Gran Segador. Un escalofrío le hizo estremecer y comenzó a encontrarse realmente mal. Negros presagios lo asaltaron, le flaquearon las piernas y fríos sudores recorrían su cuerpo, súbitamente falto de fuerzas, como una hoja seca y muerta marchando a la deriva. La vista se le nubló y tuvo que agarrarse a la pared para no caer. Del mareo se recuperó enseguida, pero la sensación de angustia y desazón lo acompañó durante toda la jornada y el bueno de Juan comenzó a pensar que algo iba francamente mal.
Sí, señor, la cosecha del siglo...ésta puede ser la cosecha del siglo. Los campos se extendían a lo largo de una hectárea. Una alfombra rectangular que semejaba una alfombra dorada, viva y mágica, con la marea de espigas rompiendo en olas amarillas al son del viento cálido de la tarde de julio. El río que atravesaba el pueblo partía en dos la hacienda. Bajaba impetuoso desde la montaña y remansaba en los campos, serpenteando remolón entre las mieses.
Seis meses...sólo seis míseros meses...sangre que da la vida...sangre que mata...el enemigo está en casa, no se puede luchar.
La monstruosa y ondulante serpiente líquida irrigaba prados y huertos antes de adentrarse en el robledal y se despedía del valle sin hacer ruido, pausadamente, por un abrupto paso encajado entre dos escarpadas peñas. El río, la fuente de la vida, que a veces se enfurecía y asolaba los campos. Era el sacrificio de la tierra que gustosa ofrecía a sus hijos para que resucitaran con renovado vigor.
...Recuerdos, recuerdos, recuerdos...río...puente...trigo...mañana, mañana serán sólo eso...recuerdos.
...El Segador...el Gran Segador...otra vez...una semana después...el " xato" de la Lucera sorprendido en la hondonada por el zarpazo del agua asesina. El tío Juan cerró los ojos y la imagen, nítida, pareció flotar ante su rostro: el cadáver hinchado, a punto de reventar, las patas rígidas señalando el cielo gris, la mirada ciega de barro sucio...El viejo campesino, consternado y mudo, permaneció inmóvil largo tiempo velando al desgraciado animal...luego miró el río embravecido...otra vez el escalofrío sacudiendo su cuerpo...alfileres de hielo...miles de alfileres de hielo clavándose en sus carnes...El Segador entre las aguas turbulentas y criminales...allí estaba...la amenaza latente...esperando...aguardando la ocasión propicia para usar su letal herramienta...y ahora...por fin...esa ocasión había llegado...ahora.
Seis meses...sólo seis míseros meses...ciego...había estado ciego...las señales estaban claras...la suerte estaba echada.
Al mediodía se había detenido, agotado, exhausto, vencido por las puñaladas de fuego que atormentaban su espalda. La mano, guante de cuero moreno, soltó el doméstico garfio para oficiar de visera sobre la frente chorreante y el tío Juan contempló satisfecho la faena realizada: toda la margen izquierda del río yacía en tierra, vencida por la hoz implacable del viejo segador.
Hacía tiempo que había comenzado a odiarle. En realidad nunca le cayó bien...el maldito matasanos...el heraldo de la muerte...el mensajero del Gran Segador...ni un catarro...en 75 años no había sufrido ni un pequeño catarro...sano y fuerte como un roble...aquellas pastillas...los mareos...análisis y más análisis...y para qué...para que aquel traidor de bata blanca le recetara más pastillas...desde que las tomaba, los mareos habían aumentado...maldito matasanos...cómo te vas a fiar de un tipo así...debería haberlo sospechado...estaba claro...
La tarde avanzaba cansina mientras el sol caía hacia el horizonte y unas pocas nubes, blancas y grises, se perseguían juguetonas y corrían hacia el norte. El tío Juan cambió de postura. Acomodándose mejor sobre el hospitalario roble, recostó su dolorida espalda contra la cercana pared y estiró las piernas que crujieron como las maderas de una casa vieja. Los brazos extendidos, las manos sobre las rodillas, el anciano labrador cerró los ojos, se relajó, dejó de sentir su cuerpo, fue todo mente, y los recuerdos continuaron manando como un río tempestuoso, caudal de emociones torrenciales, fluyendo por el cauce del tiempo: ayer manantial límpido y vigoroso, hoy turbio y fétido cenagal deslizándose irremisiblemente hacia el mar de la nada y el olvido arrastrado por la furia de su fatal destino.
Murmuraban...todos murmuraban...le ocultaron la verdad....
Hilada, tras hilada, lenta pero segura, la " meda " de trigo crecía en la era. A horcajadas sobre el dorado montículo, el tío Juan iba encajando los "maollos" que le arrojaban, con la fuerza y agilidad de un chaval y la precisión y destreza de un maestro relojero. Los brazos, morenos y musculosos, mordidos por las espigas, se van llenando de lenguas rojas, largas y finas...trigo maduro...paja crujiente...la "meda" altiva y orgullosa, desafiante...su "meda", la mayor de la era...pirámide preñada que guarda en sus maternales entrañas el embrión fecundo de la tierra, el hijo del trigo y el sudor...ganarás el pan...
Murmuraban...todos murmuraban...hablaban a su espaldas...le ocultaron la verdad...le tuvieron engañado...hasta ayer...ayer lo supo todo...con pelos y señales...el maldito matasanos, acorralado, no tuvo más remedio que hablar, confesar, ...y habló claro...le contó toda la verdad...desnuda y cruel.
...Había sufrido otro de aquellos mareos...las malditas pastillas...seguro que eran las malditas pastillas...no tomaría más...a la mierda las pastillas...Tumbado en la cama, inerme...cómo si le hubieran pegado una paliza...sin fuerzas...cada vez le ocurría más a menudo...a él...el hombre más fuerte del pueblo...a él, que nunca había tenido un maldito catarro...
..." Creo que el viejo sospecha algo...A lo mejor deberíamos decírselo...Al fin y al cabo, a sus 75 años...ya ha vivido su vida...ya ha vivido lo que tenía que vivir...Pero, por otra parte...Si fuera joven...si tuviera toda la vida por delante...entonces ya sería otra cosa...No, mejor que no lo sepa...todavía no "
Las voces llegaban flotando, ignorantes de su cercana presencia. Se incorporó haciendo un esfuerzo supremo y aguzó el oído. Se sentía perdido, sumido en una bruma que embotaba sus sentidos y un millón de abejas zumbaban dentro de su cabeza.
Su hija...también ella lo traicionó...cría hijos para esto...su yerno...bueno, ese nunca fue santo de su devoción, de él nunca esperó gran cosa...y el señor doctor...el engreído medicucho que Dios confunda...
...Ruge la máquina hambrienta...traga los " maollos " ...los engulle con ansia voraz...brama el trigo atormentado...se defiende del suplicio...arrojando, disparando...diminutos proyectiles acribillan rostros y brazos...cráteres liliputienses se abren en la costra de barrillo, mortero leve de sudor y polvo, que sepulta las pieles quemadas...hombres y mujeres...viejos y jóvenes...confuso frenesí...atronador zumbido...vertiginosa cascada va colmando los sacos...parto gozoso...ciega y pincha la ventisca de la " puxa " , engordando las dunas blancas que crecen y se multiplican...vértigo...tornado...remolino...la paja, acarreada en apurados " feixes " , se va arracimando en torno a la vara...crece la " palleira "...gira la peonza...buscando el cielo...
...Los tres callaron como " afogados " cuando la puerta de la sala se abrió de golpe y el tío Juan, pálido y tembloroso, se plantó ante ellos. La voz hastiada del anciano atronó en la pequeña estancia. Un bisturí helado y poderoso acuchilló el aire tenso. Tres rostros mudaron de color, se encendieron y se apagaron, fuego y ceniza, gris y rojo. Tres pares de ojos reptaron por el suelo de madera, aplastados por la culpa, lastrados por la vergüenza. A pesar del bochorno de la tarde, el tiempo pareció congelarse, un pesado abejorro pasó zumbando, ladró un perro en la lejanía...
...Luego se atropellaron, rompieron el hechizo hablando todos a la vez, balbuceando torpes disculpas. Las miradas esquivas se movían por la sala como una fiera herida y acosada. Finalmente el maldito matasanos se erigió en portavoz del Averno. Rostro adusto, agitado por la congoja, bigotito fino, boca cruel, grotesca mueca, malvada grieta que se abre apenas en la repulsiva faz. No habla, vomita, brasas ardientes que golpean al viejo campesino clavándolo a la pared. El tiempo se para de nuevo.
El tío Juan se siente flotar, anonadado, aplastado. Ruge la lava fría ascendiendo por sus entrañas...paralizado...huye la sangre...sangre que es la vida...sangre que puede matar...Seis meses...sólo seis miserables meses...Por la ventana se cuela una mosca, azul y gorda, que aletea burlona sobre la cabeza del anciano y se posa en el rabillo de su boina. El tío Juan no la espanta, no tiene fuerzas para nada, ni para matar una mosca. El perro de antes aúlla de nuevo, lúgubre y siniestro, punzón que se clava y retuerce, hurgando en la herida. Suenan las cuatro en el reloj de la plaza, la hora fatídica, parece que tocaran a difuntos...
...Silencio...por fin...la máquina calla y habla la gente...calla la máquina y canta la tierra...corre el buen vino por las gargantas resecas...goce supremo...excursión a los cielos...pan y sardinas...se reponen las fuerzas...se elevan los ánimos...aires de fiesta...acordes de gaita sacuden la era...el acordeón llora con lágrimas de verbena...castro fugaz...vegetal aldea...ecos de tiempos arcanos resuenan entre las " palleiras "...al fin descansa la hormiga...se terminó la mallega...
...La suerte estaba echada...no había nada que hacer...su tierra...su pueblo...jamás volvería a verlos...la última siega...sí, definitivamente había sido la última siega...Hacía tiempo que había comenzado...se lo ocultaron...ellos lo sabían, conocían, sabían el trabajo del monstruo asesino...el maldito matasanos le explicó que ya estaba muy avanzado...Seis meses...seis míseros meses...allá para el mes de marzo...y el Gran Segador impondría su ley...ya llevaba tiempo afilando la guadaña, ya llevaba tiempo usando la guadaña...segando a escondidas...el tumor horrendo crecía, acechaba...y nada ni nadie podía detener su avance brutal...
...Dentro...el enemigo está dentro...comía...había empezado a comer...como una rata entre las tripas...abriéndose paso a dentelladas...buscando la luz a mordiscos...Allá abajo...en el silencio de la noche... se la oía masticar...
Y encima tenían la osadía de insinuar que para un viejo como él...que peor sería si fuera joven...mentira...mentira podrida...tenía 75 años y quería vivir...Dios, nunca había tenido tantas ganas de vivir...75 años...su tierra...su aldea...qué estúpidos eran...no se daban cuenta de que cuando dos personas pierden algo, sufre más la que más tiempo la ha disfrutado...Partir...morir es partir...dejar todo y partir...pero... ¿hacia dónde ?...
...El tío Juan había recuperado las fuerzas y, espoleado por la creciente furia que bullía en su interior, increpaba de viva voz y exigía respuestas. Los atemorizados conspiradores se encogían ante la enjuta y airada figura que se cernía sobre ellos. Inseguros y titubeantes, improvisaban vacilantes disculpas, blandían vagas excusas...Si al menos lo hubiera sabido antes...a lo mejor se hubiera ido haciendo a la idea poco a poco...asimilándolo...sorbiendo, libando despacio este cáliz amargo que ahora le obligan a beberse de un solo trago...Pero no...los malditos se lo habían ocultado...aún no comprendía como no había sospechado nada...él, siempre tan astuto, más listo que el hambre...Habían escondido la verdad igual que se esconde un vergonzante aborto...Una noche sin luna enterraron el feto deforme, pero el engendro diabólico había conseguido salir de su tumba y allí estaba ahora, desnudo y espantoso, verdeante de musgo, con las uñas destrozadas y llenas de tierra......Trataron de apaciguarlo con buenas palabras...consolarlo con absurdas promesas...aquel no era el fin...le decían...la vida continuaba...Allá Arriba...había que confiar, había que tener fe...Otra Vida...Juan no podía imaginarse más vida que esta...Otra Vida...Allá Arriba...
El viejo labrador alzó la cabeza y recorrió con la mirada la ladera del monte que se alzaba tras el pueblo. Sus ojos, ya secos y rojos de dolor, se detuvieron largo rato en la pequeña llanura, minúscula meseta que dominaba la aldea, unos 300 metros por encima de ésta...Después meneó desdeñosamente la cabeza y la mirada, colérica y desesperada, continuó su ascensión buscando el cielo, intensamente azul, recortado por las agrestes formas del Pico del Moro...
...Otra Vida...Allá Arriba... ¿Acabaría Allá Arriba ?...Él había sido un buen hombre, honrado y cabal...nunca, a sabiendas, había hecho mal a nadie...demonios...él...el tío Juan...no se merecía esto...no se merecía que le ocurriera esto...
...Y cómo sería esa nueva viva...De repente recordó que el cura le había comentado algo...en la última fiesta del pueblo...Al terminar la misa, hablaron largo rato...Nunca le habían gustado los curas, pero ese día habló con él a solas...más de lo que hablara cualquier cura en los tres cuartos de siglo anteriores...No se lo había dicho claramente...sólo vagas, muy vagas insinuaciones que entonces no entendió, pero que ahora veía con diáfana nitidez...ciego...había estado ciego...
...Juan recordó que el sacerdote, en un momento dado, sonrió misteriosamente y, señalando hacia lo alto, había murmurado algo de una nueva vida...que allí acabaríamos todos...era el destino...el futuro...Luego, cuando él lo miró interrogante, con el ceño fruncido, y el cura se disponía a seguir hablando, alguien..., el maldito matasanos, lo hizo callar con un gesto y cogiéndolo del brazo se lo llevó aparte...Demonios...hasta el cura...
Una nueva vida...chorradas...Allá Arriba...y cuando estuviera allí y mirara hacia abajo... ¿vería entonces su pueblo?, ¿podría contemplar sus tierras ?...no, no podría...sabría que estaban allí...lo sabría...pero no podría verlos...no podría sentirlos...perdidos...perdidos para siempre...Sangre que es la vida...sangre que corre por tus venas...sangre que puede matar...el enemigo está dentro...cruel paradoja..." agua que mueve molinos es la misma agua que puede matar "...Agua de la vida, la sangre del campo...Sangre de la vida, el agua del cuerpo...sangre...agua...líquido precioso...líquido letal...dentro...el mal está dentro...Dios...el Gran Segador...se acerca...Morir es partir...partir es morir...no...Él no se iría...marcharse Allá Arriba...jamás...partir es partirse...no...no se iría nunca...no podría...qué iba a llevarse...con qué iba a comenzar esa nueva vida...Allá Arriba...si todo lo tenía estaba aquí abajo...y aquí tendría que quedarse...para siempre...
...Memorias...recuerdos...ser, esencia, el alma...somos lo que vivimos, somos dónde vivimos...el alma...su alma estaba aquí abajo...su tierra...su pueblo...el alma...no podría llevársela...y sin ella...ya me explicarán ustedes, amigos y vecinos, qué diablos iba a hacer Allá Arriba...Partir...partir y dejar el alma...cómo iba a llevársela...
No, no podía...no podía llevarse su casa...ni sus robles...ni las cepas...ni el trigo...ni la hierba...cómo iba a transportar los caminos y calellas...cómo arrancar los surcos de las ruedas de los carros en la piedra, las centenarias huellas, ...las presas, las acequias de los prados, las ancestrales venas...no, no podía...no podía llevarse su pueblo...no podía cargar con su tierra...demasiado...su alma pesaba demasiado...la suya y la de los miles de hombres y mujeres que allí vivieron y amaron y trabajaron y sufrieron. No murieron...no...nunca murieron...viven para siempre...los llantos y las dichas, sus risas y sus penas...la memoria de las voces y los sueños latirá por los siglos de los siglos a través de los campos y caminos, enredada entre los surcos, aferrándose a las piedras...
...Se moría...la tarde. La figura del tío Juan apenas se distinguía en lo alto del montículo, en el Pico del Castro, difuminada entre las sombras crecientes. El viejo campesino se incorporó, al fin, trabajosamente, con un chasquido de huesos. Mira sin ver a lo alto, lejos, allá donde el cielo se funde con el suelo. Un último lamento, desmayado y roto, quiebra la luz agonizante, como el postrer graznido de un cuervo moribundo. La mirada, descarnada y vacía, descendió de las alturas y vagó, perdida entre las sombras, por el milenario valle, rastreando el curso del río. Como un fantasma furtivo, cruzó los campos y el pueblo, sobrevoló el negro bosque y se aventuró más allá, hasta las " Hoces del Ahorcado", donde iba a morir el valle, entre las pétreas y ciclópeas garras que acechaban pérfidas, y apresaban la confiada corriente, estrangulándola sin piedad.
...Sangre...agua de la vida...se detiene...el monstruo la frena...tapona la vena...la arteria que riega...se obstruye...el viejo campesino se siente mal...Allá abajo...dentro...muy adentro...el enemigo está dentro...dolor...la tierra se agita...borrosa...sudor frío...dentro...el enemigo está dentro...comenzó su trabajo...hace tiempo...el Gran Segador...se acerca...ya viene...lo siente...el camino se cierra...la sangre remansa...la fiera atrapada se revuelve rabiosa, muerde...desgarra...aniquila...destroza la vida...el dolor crece...el mundo enloquece...sangre...agua maldita...sangre...sube y sube...pulgada a pulgada...asfixiando...ahogando...robando el aire...sepultando la vida...
...No puedes luchar...no puedes escapar...Se sumerge, zambulléndose...negrura fría...reposo letal...angustioso vacío...silencio absoluto y eterno...
El tío Juan se desplomó, como un árbol seco abatido por el viento, y cayó aplastando las xestas, mudos testigos de su vital agonía. Un mirlo chilló asustado, alzando frenético vuelo; enmudecieron los grillos; habló la lechuza, discurso breve y funesto; una Luna cenicienta extendió sus dedos largos, sus dedos blancos y muertos amortajaron la tierra y el solitario cuerpo.
...Siete meses más tarde...
Abril entró sonriente con un soplo de brisa, húmeda y suave. La primavera era una niña, traviesa y juguetona, que pintaba con vivos colores los campos, los bosques y los sueños. Allá Arriba, desde su nueva morada, el tío Juan miraba hacia abajo buscando su aldea, miraba hacia abajo buscando su tierra. Se acabaron los mareos, no más pastillas. El tío Juan ya no sentía dolor, ningún dolor, ni hambre, ni sueño, ni frío, ni calor; no, el tío Juan ya no sentía nada, porque los muertos no sienten, los muertos sólo están, yacen, vegetan, igual que un miembro amputado perdido en el páramo inhóspito de algún lejano planeta. El tío Juan miraba hacia abajo, buscando su alma perdida, sepultada para siempre con sus campos y su aldea; miraba, miraba hacia abajo, rastreando por entre la piel viscosa del verde reptil, imaginando, sintiendo la lenta, infinita agonía del valle, el suplicio de su tierra...enterrada viva...
La noticia había aparecido dos días antes en el diario de la comarca:
El Eco del Bierzo.- De nuestro corresponsal Pedro Pidal.
UN NUEVO PANTANO: IMITANDO A FRANCO.
Ayer tuvo lugar la " brillante " inauguración del nuevo pantano, construido en el valle del río Neptuno. El muro de la presa se ha construido en el paraje conocido como "Las Hoces del Ahorcado", en memoria del infeliz que "no pudiendo dejar sus penas, decidió irse con ellas, y al alba lo encontraron, balanceándose en la cuerda”. El acto, con masiva presencia de autoridades y público, estuvo presidido por el señor ministro de Industria y Energía. El nuevo pantano ha anegado por completo el fértil y diminuto valle. La pintoresca y antiquísima aldea de Castroviejo yace ahora, cubierta por las aguas, a más de 150 m. de profundidad. Los vecinos de la misma se han trasladado a un poblado, construido a tal efecto, en una pequeña meseta que se abre en la falda del monte Pico del Moro, unos 300 m. por encima de la aldea sumergida. En un alarde de genial inspiración sin precedentes, la nueva aldea ha sido bautizada como Castronuevo. Y digo yo, hombre, lo de "nuevo" pase, pero lo de " castro “, pues va a ser que no.
Castroviejo debía su nombre al hecho de que la aldea actual, ahora sepultada, se levantó en el valle del río Neptuno hace más de mil años, al pie de un montículo conocido como " Pico del Castro ", que se sospecha pudo ser cuna de un antiquísimo asentamiento protagonizado por albiones y celtas, si bien no existe ni un solo resto material que lo pruebe. Por otra parte, el nombre del río, de origen romano, avala la tesis que sostiene, que sea como fuere, el valle estuvo poblado desde tiempos muy remotos.
La mayoría de vecinos aceptaron de buen grado la nueva residencia. Hubo algunos reticentes, que finalmente fueron convencidos y un caso, en especial, de un afectado que se resistió hasta el final a abandonar su aldea, " su aldea ", y tuvo que ser evacuado literalmente a rastras. El hombre de 75 años, llamado Juan Manuel Rivera, pero que todo el mundo en Castroviejo conocía como " el tío Juan ", se encadenó a la chimenea de su casa, mientras proclamaba a voz en grito que " nada ni nadie lo echaría de su tierra " y que "nunca se iría a vivir Allá Arriba”. Finalmente, fue necesario llamar al médico de la comarca. Llegados a este punto, hay que decir que el doctor Fausto Ferlucci, de origen italiano por parte de padre, se erigió desde el principio como uno de los principales impulsores del proyecto del pantano. Así, no escatimó medios ni esfuerzos para convencer a los vecinos de Castroviejo de que se encontraban ante el gran chollo, la gran oportunidad de sus vidas, al cambiar sus " viejas y ruinosas casuchas " por " mansiones confortables y modernas ", además de una nada despreciable cantidad entregada como " cheque al portador”. Al principio, nadie entendía muy bien el sospechoso entusiasmo del galeno. Luego, cuando por una de esas casualidades de la vida, se descubrió que el simpático doctorcito era un importante accionista de Hidroeléctrica y que su hermano Marco Ferlucci dirigía la empresa constructora del pantano, la gente ya empezó a comprender un poco mejor. Sea como fuere, el matasanos Ferlucci, logró, con más o menos esfuerzo, ganar a todos los vecinos para su causa... ¿A todos ?...No...A todos menos uno. El tío Juan resistió tenaz y heroicamente luchando hasta el final para defender su aldea, como los invencibles galos contra el invasor romano. Desde aquí, visto lo visto, lamentamos profundamente que el valiente labrador no dispusiera de la poción mágica de Panoramix.
Es por ello, que cuando Ferlucci asomó por el borde del tejado acompañado por la Guardia Civil, (pantano, picoletos... ¿no les recuerda algo ?...a mí, FRANCAmente sí) el viejo campesino reaccionó, al decir de los presentes, con tan descomunal furia, que la niña de " El Exorcista " a su lado perecería un ser angelical a medio camino entre Heidi y el osito de Mimosín. (Aquí cito textualmente el ingenioso símil expresado por un cinéfilo, presente en un lugar de los hechos). Al final, no sin denodados esfuerzos y tras titánica y desigual lucha, el tío Juan fue reducido tras inyectarle un tranquilizante, siendo necesarios varios hombres, jóvenes y robustos, para sujetar al indómito campesino. Desde luego, si los insultos fueran balas, la piel del " signorino " Ferlucci hubiera servido perfectamente para fabricar unos cuantos cedazos con los que cribar el trigo. Y en mi modesta opinión, creo que sería un buen sistema de reciclaje para gente de esa calaña, pues así serían útiles al prójimo, al menos una vez en la vida.
- ¡Cómo un roble, señora, su padre está como un roble!...
...Pueblo nuevo y nuevo médico, lástima que el viejo no esté donde está el pueblo...
- Todo perfecto, como un reloj, y son 75 años - El joven doctor López, recién salido de la facultad, desbordaba un contagioso entusiasmo digno de mejor causa.
- Pero entonces, los mareos, doctor...- Con cara de dudas, la hija miraba a su padre. El tío Juan permanecía inmóvil, las manos aferrando los brazos del sillón y la mirada vacía perdida en el infinito.
- Los mareos... - El médico reflexionó brevemente - dice que tomaba unas pastillas...a ver...deja que las vea... - La hija le enseñó la cajita - Pues claro, pero hombre de Dios, ¿A quién se le ocurre recetarle estas pastillas?
Viendo que el viejo campesino no le prestaba ninguna atención, el médico se dirigió a su hija:
- Su padre tiene la tensión baja y estas pastillas se la bajaban aún más. Es realmente un milagro que consiguiera mantenerse de pie. Nada, fuera las pastillas. Lo dicho, igual que un roble. Cumplirá los 100 años y aún nos enterrará a todos.
Sucedió muy rápido y pilló al médico desprevenido. El tío Juan se lanzó sobre él como impulsado por un resorte, repentinamente dotado de felina y poderosa agilidad. Las manos nervudas apresaron los hombros del sorprendido galeno sujetándolo como dos cepos de cazar osos y la mirada temerosa del médico sucumbió atenazada por la mirada del tío Juan, ardiente y atormentada.
- Maldito matasanos, sois todos iguales. Ya sé que estoy sano, hace tiempo que lo sé...ya sé que las pastillas me hacían mal, ya dejé de tomarlas...Sí señor, sano y fuerte como un roble, como uno de esos que se han quedado allá abajo, exactamente igual...Me pudro, señor doctor, me estoy pudriendo y está todo oscuro y hace frío, mucho frío, y aquí abajo...escuche señor doctor...aquí abajo los pájaros son mudos y además muerden...los muy cabrones me están comiendo vivo...
Tan súbitamente como había comenzado terminó el inesperado arrebato. El tío Juan soltó al médico y se asomó al balcón y allí se quedó, quieto y silencioso, contemplando las aguas del pantano que se extendía a sus pies.
- Se pasa ahí todo el día y hasta por las noches - La hija del tío Juan se retorcía las manos y sollozaba quedamente.
El joven médico, con los hombros aún doloridos, meneó tristemente la cabeza, trató inútilmente de consolar a la atribulada mujer y se marchó, con el cuerpo tembloroso y el ánimo decaído.
...Agua...sangre de la tierra...Sangre...agua de la vida...agua que puede matar...vigas...piedras...caminos...cepas...robles...calellas...trigo...praderas...muertos para siempre...para siempre perdidos...Partir es morir...Morir es partir...el tío Juan mira hacia abajo... Tras la inmensa lápida esmeralda, el Gran Segador descansa satisfecho paladeando la cosecha.
El tío Juan cuenta las horas, invoca al Gran Depredador, suplica que venga a buscarlo, anhelante lo espera...piensa en el muñón de roble, allá en el Pico del Castro, y quiere, como su viejo y añorado amigo, también él morir dos veces, ahora de veras, antes de pena...
El tío Juan mira hacia abajo...se sienta y aguarda...no acude Él que espera...El tío Juan cuenta las horas...los días infinitos...las noches eternas...Con los calores de julio se le acabó la paciencia...Agarra la hoz y baja por la polvorienta senda...Con el garrote al cinto, con la mirada serena...Camina silbando alegre porque lo llama su tierra...La cosecha ya está a punto...El trigo maduro espera...Todo está preparado para....................
........................la Última Siega........................

                                                                FIN

 

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  • Muy especial tu relato. Como dicen los compañeros, es muy interesante el viraje que hace tu relato. También creo que tienes facilidad para describir con esmero y poniéndonos a los lectores en el lugar del relato. Creo que consigues transmitir muchas cosas con tus historias. Espero seguir leyéndote. Enhorabuena por éste.
    ¡Qué grande! Es un placer leerte. Gracias por este gran regalo. Felicidades y enhorabuena porque tiene mucho mérito. Un saludo!
    Me encantan las historias que, cuando las estoy leyendo, creo que tratan de un tema y, de repente, todo cambia y hay que volver atrás y todo encaja de otra manera. Así es tu relato. Estaba convencida de que el tío Juan estaba gravemente enfermo, el paisaje se fundía con sus sentimientos. De pronto... todo es distinto. Excelente relato. Felicidades.
    Hipnotizado por las magníficas descripciones, compartiendo el sufrimiento del anciano que contempla el paisaje y la tierra despidiéndose, saboreando cada rincón, cada pequeño detalle como si fuera la última vez, porque sabe que su partida es inminente. Y cuando parece que el inevitable desenlace pondrá punto y final a una fascinante historia, un giro magistral cambia totalmente el sentido de lo vivido y de nuevo la tristeza por la pérdida, no de su vida física, de su vida tangible,sus recuerdos, sus paisajes, sus olores, su tierra… anegada por la ambición de un miserable matasanos. Siempre es un placer leerte. Un abrazo.
    Me ha encantado. Gracias por compartirlo.
    Al leer tus estupendos relatos siempre tengo la sensación de que los escribes tratando temas que conoces de forma personal y que desarrollas a la perfección.
    No me queda más que felicitarte, Paco, por este genial relato que nos regalas y que desde luego me ha sorprendido. Todo él es una elegía de imágenes cargadas de fuerza y de poesía, donde se mezclan excelentes descripciones de los paisajes, de las viejas costumbres del campo, de los propios sentimientos del protagonista, con frases que bien podrían haber sido trazadas por alguno de los grandes escritores de las letras castellanas. Y cuando uno cree estar ante un relato que se centra en describir la cercana muerte de un anciano, de repente se produce ese giro inesperado y la óptica de la narración cambia, inevitablemente se vuelven a releer los pasajes ya leídos y todo encaja, escondiendo con maestría el desenlace. Sólo espero que el final no esté inspirado en ningún hecho futuro, pues sería muestra de que poco hemos aprendido de nuestros errores. En definitiva un gran relato que ha sido un placer disfrutar. Un saludo.
    ¡Gracias Paco! Por dejarme pasar un rato con el tío Juan sentado en ese viejo roble ¡Gracias Paco! Por dejar que compartiera esos recuerdos el valle y del río antes de que el agua los ahogara tal como los narra el tío Juan ¡Gracias Paco! Por dejar que compartiera esos temores al Gran Segador aunque tuviera Juan 75 años ¡Gracias Paco! Por mostrarnos con grandes pinceladas tu tierra y sus paisajes. ¡Gracias Paco! Por escribir. Un fuerte abrazo.
  • José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

    El pueblo de Castropol, con el histórico palacio de Valledor como protagonista estelar, es el singular y pintoresco escenario donde dos antiguos compañeros de estudios en la Escuela Hogar de Castropol se encuentran 40 años más tarde para revivir la emocionante "Búsqueda del Tesoro" en la que compitieron a finales de los años 70. Los enigmas y acertijos se suceden sin respiro en una lucha trepidante y sin cuartel contra el ingenio del retador y el tiempo límite para superar la prueba. José Villamañe dispone de 777 minutos para resolver 7 endiablados enigmas y encontrar el cofre con 7 lingotes de oro.

    Porque en estas fechas, cualquier cosa puede suceder... FELIZ NAVIDAD A TODOS

    Mi nombre es John McKane y ésta es mi historia. En pleno uso de mis facultades mentales, paso a relatarles los inquietantes acontecimientos que me tocó vivir la última Noche de Difuntos, hace hoy exactamente un año.

    Ahora que ya pasó todo o, al menos, eso quiero creer, me dispongo a poner por escrito los singulares acontecimientos que me tocó vivir el pasado 27 de noviembre, hace hoy exactamente dos semana...

    Siempre es importante tener unos vecinos de confianza, especialmente en un lugar solitario, cuando no hay nadie más en varios kilómetros a la redonda...

    Tommy y su madre contemplaban a través del ventanal las hojas arrancadas por la fuerza del vendaval aterrizando sobre la superficie de la piscina...

    Grabados a fuego, con hierro candente. Así permanecerán en la memoria de los ciudadanos de este país, los extraordinarios acontecimientos que tuvieron lugar en aquella memorable jornada del 14 de octubre de 2018...

    Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero a veces esas mismas palabras pueden generar un auténtico vendaval....

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