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6 min
La inauguración (2)
Humor |
19.08.19
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Sinopsis

Queridos compañeros de las letras: aquí dejo la segunda parte de este relato esperando que os sirva al menos de relax. Cualquiera otra consideración será bien recibida.Saludos

.../...

La calle se llenó de curiosos que asomados a las celosías del muro contemplaban a los niños correteando de un lado para otro con una libreta en sus manos, en una especie de ginkana y a los monitores que les iban haciendo indicaciones sobre tal o cual cosa. La puerta de entrada a los Jardines estaba protegida por números de la policía local, reforzados con agentes de la policía nacional y dos furgonetas de antidisturbios situados en la acera de enfrente. Los periodistas, apostados, grababan, entrevistaban y charlaban con unos y con otros, a la espera de la anunciada inauguración, truncada con la espantada de la primera autoridad municipal. Antonio Del Postigo, sin quitarle ojo a las masas negruzcas del cielo, sudoroso, casi sin resuello, atendía a dos teléfonos móviles que se alternaba entre una y otra oreja, alcalde es que han entrado por una puerta que debería estar cerrada, pero que las religiosas del Sagrado Corazón, o yo que coño se, tienen una llave y como este señor imparte sus clases…sí, sí, alcalde, pero ¿qué hacemos?, a los periodistas no hay manera de quitárselos de encima, ¿una indisposición?, a tí no se, alcalde, pero a mí está a punto de darme un ataque al corazón, sí, sí, ya se, espera, se me está ocurriendo algo, enseguida te llamo.

Antonio Del Postigo, leía mientras pensaba, una frase escrita sobre la puerta de entrada…”a las personas que hicieron posible la apertura de este jardín”.

—¡Los ecologistas! ¿Capitán, dónde están los puñeteros ecologistas que habíamos invitado?

—¡Oiga, secretario! Yo entiendo de lo mío, usted sabrá.

Antonio Del Postigo correteaba de un lado a otro del Parque tratando de pasar desapercibido para los presentes y sin abandonar el uso de sus teléfonos móviles. Al cabo de un rato dejaron entrar en el recinto a dos individuos, un tanto desaliñados, que de inmediato se pusieron a charlar con el secretario.

—Como verán la situación es jodida, porque este señor no cede y dado que ustedes son parte implicada, he pensado…

—Bueno, señor Del Postigo, nosotros no tenemos nada que ver con esto, en su día hicimos lo imposible para que estos jardines se abriesen a todos los ciudadanos –responde uno.

—¡De acuerdo!, pero el protocolo…-dice Antonio.

—De eso no entendemos nada –corta el otro ecologista-, nos da igual como resuelvan ustedes esto. Lo que hace falta es que esas puertas no se vuelvan a cerrar más y pueda entrar quien le de la gana.

—¿Sin inauguración? Pero…

—Ya le digo, señor Del Postigo, a partir de hoy este parque debe permanecer abierto para disfrute de la ciudadanía – insiste el primero.

—¿Pero ese señor?

—No lo conocemos.

—Además –añade el otro ecologista- ¿qué hay de malo en lo que hace?

—¿Que qué hay de malo? Hombre, seamos coherentes, ayúdenme a que el alcalde pueda proceder a la inauguración y a partir de ahí que ese señor y toda su…bueno, que ese maestrillo venga a dar cuanta clase le plazca.

—Ya ha empezado la primera.

—¿Antes de la inauguración?

—Insisto, no es nuestro problema.

—Está bien, señores. Si me disculpan, tengo mucho que hacer.

Antes que Antonio Del Postigo llegase a la puerta de entrada, fue requerido por Eduardo Bueno, que le llamó la atención.

—¡Señor secretario!

Antonio Del Postigo se detuvo y volvió la mirada, “¡qué cojones!”

—Señor secretario, como le dije los padres de los alumnos deben entrar para completar la jornada de convivencia.

—Señor Bueno, el alcalde está a punto de regresar para la inauguración ¿no cree usted que ya ha incordiado bastante?

—Si nos ponemos así, me voy, sigo con mi rutina y haré entrar a los padres por mi entrada secreta.

—Que ya no lo es tanto, señor Bueno. Allí está la policía y por tanto nadie entrará.

—O sea, que nos tiene secuestrados.

—¿Cómo secuestrados?

—Ya me dirá, si no deja entrar a los padres y no podemos llevar a cabo nuestras actividades, esto es un secuestro.

—Señor Bueno, no me haga perder la paciencia. Lleguemos a un acuerdo y terminemos con esto cuanto antes: usted coge a sus niños, se va por donde han venido, se olvida de los padres y otro día más apropiado se dedican ustedes a contar arbolitos.

—¿Arbolitos? ¿Usted sabe cuantas especies arbóreas hay en este Parque y cual es su importancia como pulmón verde para este enclave de la ciudad?

—No empecemos, señor Bueno, ni lo se, ni me importa, lo que quiero es terminar cuanto antes con esta escena circense.

—Pues deje entrar a los padres.

—¿Y luego qué? Dejo entrar a los ecologistas, a la prensa y a todos los curiosos que pasen por la avenida ¿no?

—No estaría mal.

—¡Y un cuerno, señor Bueno! El alcalde…

—¡Maestro, maestro! Yo tengo ya las acacias, los ciruelos y los limoneros y éste las jacarandas, las robinhas…

—Robínias, Israel, que esto no es la alineación de un equipo de fútbol.

—Y yo el árbol del amor, las palmeras, las damas de noche…

—¡Vale, vale, muchachos! Volved con el monitor que estoy ocupado ¿de acuerdo? ¡qué me decía usted del alcalde, señor secretario?

—Este parque tiene que ser inaugurado hoy.

—Hágalo.

—No puedo con usted aquí dentro.

—Haga como que no me ve.

—A mí, señor Bueno, puede que me devuelvan –después de esto- al lugar de donde no debí salir  nunca, pero a usted le puedo asegurar que se le va a caer el pelo.

—¿Me amenaza?

—Le prevengo. El alcalde está a punto de llegar por segunda vez, es un hombre público al que le cuenta cada minuto de su existencia, no puedo excusar más su ausencia ante todos los medios que están ahí fuera y se trata, señor Bueno, de que no haya nadie aquí dentro cuando él corte la cinta ¿lo entiende?

—La programación de mi actividad ya estaba hecha, los niños llevan toda la mañana trabajando y ahora les corresponde un descanso, en unión de su familia, aquí dentro, como venimos haciendo año tras año desde que la Marquesa de Villanueva instauró esta disciplina y al reloj se le está agotando la arena ¿lo comprende usted, señor Del Postigo?

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  • Aquí les dejo el comienzo de esta historia, que espero les guste. Saludos

    Con que nos creamos la mitad de lo leído, habremos ganado mucho.

    Un hombre vestido de negro entra en unos grandes almacenes y se encapricha con una pequeña agenda que guarda en su bolsillo. Antes de salir a la calle es descubierto; se escabulle y termina introduciendose en una escaparate haciéndole compañía a los maniquís...

    Para demostrar las cualidades intrinsecas, a veces, hay que recurrir a estrategias inauditas.

    Un poquito de distracción para los tiempos de corren.

    En esta entrega queda resuelto el enigma de la controvertida inauguración.

    Queridos compañeros de las letras: aquí dejo la segunda parte de este relato esperando que os sirva al menos de relax. Cualquiera otra consideración será bien recibida.Saludos

    Por aquello de los hados de las ondas se ha esfumado lo que yo consideraba publicado, así que repetimos y que haya suerte.

    Les dejo este micro a su consideración.

    Con este tramo terminan las entregas del relato Mañana será otro día. Saludos

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Tengo a la Literatura por bandera dentro del convulso mundo que nos ha tocado vivir.

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