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17 min
La increible ascensión de Vicente Potra
Fantasía |
27.11.19
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Sinopsis

Una pequeña historia de un tío con suerte y ambición.

Al norte de la isla de Sacinatrib, un viejo que no tenía mujer ni herederos legítimos, antes de morir dio la libertad a sus esclavos y dejó la propiedad de sus pequeñas tierras a sus antiguas esclavas.

Su hijo Vicente y sus dos hijas Barabell y la pequeña Anabal tenían edad para buscarse la vida fuera de las pobres tierras de su padre, así que los tres ataviados con viejas camisas y faldas de su padre y con unas espadas viejas pero sin oxidar partieron de las tierras en mitad de la nada a buscar aventuras.

Llegaron a las afueras de Einuod pero no encontraron ningún trabajo disponible, así que fueron a pasar noche a una posada que había a las afueras del pueblo y allí escucharon la historia de un troll enorme que a veces robaba ganado.

Al día siguiente partieron hacia donde se supone que estaba el troll y pasaron varios días buscando su escondite hasta que al final lograron encontrarlo.

Descansaron esa tarde y durmieron a cierta distancia esperando a que amaneciese y cuando los primeros rayos de luz les despertaron se dirigieron a la cueva donde habían visto enormes pisadas el día anterior.

Entraron a toda velocidad con sus espadas y una antorcha cada uno, no debían permitir que el troll se regenerase. Cuando vieron al enorme troll, éste portaba un garrote pero lo usaba de bastón para moverse, era un troll viejo y decrépito, que a pesar de tratar de defenderse no pudo hacer demasiado ni a mucha velocidad.

Vicente fue el primero en acercarse y le clavo la espada en un brazo, tras esquivar el lento ataque del troll acercó la antorcha a la herida y escuchó el grito de dolor del troll que le retumbó en los tímpanos varios segundos.

Sus hermanas no se quedaron atrás y le atacaron por la espalda y luego de esquivarle tras revolverse el troll, continuaron lanzando espadazos y acercando las antorchas.

El viejo troll hizo su mejor esfuerzo por defenderse pero era tan lento que no suponía una amenaza para sus atacantes y tras varios minutos acabó por sucumbir.

Los aventureros vieron los tesoros que el troll había acumulado durante años en la cueva y sus caras se alegraron al instante, monedas, armas de buena calidad, armaduras con partes aprovechables…

Dejaron a Anabal en la cueva y con unas cuantas monedas regresaron a Einuod para comprar cinco caballos y un carro de buena calidad y con ellos volvieron a la cueva para llevarse el tesoro completo y la cabeza del troll, que instalaron en la parte superior del carro.

Regresaron a su pueblo natal y allí compraron muchas tierras y construyeron un pequeño castillo donde comenzaron a acumular esclavos que venían periódicamente en barco a los puertos importantes, cada hermano iba a un puerto diferente cuando era la época de que volviesen las expediciones de pillaje y compraban a los esclavos que fuesen jóvenes y fuertes.

Otros posibles compradores se cabreaban con ellos y les acusaban de inflar los precios en las buenas mercancías.

En pocos años tenían trescientos guerreros y doscientos agricultores que trabajaban las tierras generando nuevos ingresos.

Los tres hermanos decidieron montar una expedición para cazar a un dragón que los rumores decían que estaba en la isla de Siwel y Sirrah al oeste de la gran isla en la que estaban ahora.

Tras desembarcar en la isla preguntaron a los lugareños acerca del lugar donde se suponía se hallaba el dragón y se dirigieron hacia allí tras hacer acopio de provisiones en Yawonrots, el pueblo más grande de la zona.

Tardaron siete semanas en localizar el escondite del dragón y para suerte de Vicente Potra el dragón llevaba muerto mucho tiempo, pero su tesoro seguía intacto.

Montañas de oro, plata y de cadáveres de animales y hombres locos que habían alimentado al dragón durante generaciones.

Cargó todo el tesoro, huesos de dragón incluicos, y con él compró en Yawonrots el título de propiedad de toda la isla de Siwel y Sirrah, el antiguo dueño cogió el oro que acordaron y migró a vivir felizmente lejos de esa fría zona.

Pero Vicente y sus hermanas querían que la isla y sus territorios fuesen reconocidos como un reino independiente, por ello Vicente fue donde el rey de Aicocse, Lohoot, en un viaje de varias semanas y negoció con él que reconociese el reino de los tres hermanos a cambio de una considerable suma de dinero que él, en problemas financieros por las constantes guerras contra los salvajes sureños Seselgni, tuvo que aceptar.

Barabell se quedó en Yawonrots que era la nueva capital del reino y desde allí gestionó la compra de nuevos esclavos, la creación de una nueva moneda y las relaciones con los ciudadanos libres que había en el reino, que tuvieron que ser mejoradas ligeramente para que no hubiese descontento a través de una bajada de impuestos.

Vicente y Anabal partieron hacia el norte con setecientos guerreros, trescientos marineros y una considerable flota de embarcaciones de guerra y otras de trasporte que sumaban la cifra de ochenta navios.

Llegaron a las islas de Eroef y fueron conquistándolas una a una sin mucha oposición y enviando nuevos esclavos a casa. Hasta que llegaron a la más grande que dejaron para el final Yomyerts.

Y en su pueblo más grande Nvahsrot encontraron al fin una resistencia digna de ser tenida en cuenta, pero la preparación del ejército de esclavos que había sido pulido en el castillo que había en la tierra natal de los reyes fue suficiente para vencer la superioridad numérica y el pueblo acabó rindiéndose.

Anabal se quedó allí para gestionar la nueva anexión al reino y Vicente volvió a su castillo, en las tierras más pequeñas que pertenecían al reino pero donde estaba su centro militar, donde el escudo del reino con unas monedas de plata y oro y las cabezas de un dragón y un troll aparecían dibujados sobre la enorme bandera que pendía de la torre más alta del castillo.

Allí estuvo pensando que esas tierras eran difícilmente defendibles en caso de que Lohoot quisiese recuperarlas, a diferencia de la isla de Siwel y Sirrah y las islas de Eroef, que al ser islas eran más fácilmente defendibles, sobre todo con la flota naval que tenía ahora mismo su reino.

Las tierras donde habían nacido estaban completamente rodeadas por las tierras del rey Lohoot, así que nuevamente se dirigió al sur a negociar con el rey.

La permuta de sus tierras natales y otras que habían comprado en el interior por las otras islas cercanas a Siwel y Sirrah que formaban las islas Sadribeh exteriores fue completada con éxito, aunque tuvo que dar mucha parte de botín que había conseguido al conquistar las islas de Eroef.

Ahora mismo el reino tenía la nada despreciable cifra de 4470 kilómetros cuadrados de extensión repartido entre gran cantidad de islas.

Así que habían decidido que había llegado el momento de repartir el territorio entre los hermanos, pero el reparto era difícil puesto que Siwel y Sirrah era la isla más grande y ella sola tenía más de 2000 kilómetros cuadrados, por otro lado las islas Eroef juntas tenían cerca de 1400 km2 pero estaban más al norte y eran mucho más frías, aunque tenían una población de casi el doble que Siwel y Sirrah, y por último, el resto de las islas Sadribeh exteriores se acercaban a los 900 km2 pero no llegaban y además estaban más despobladas y apenas generaban ingresos.

Vicente llegó a un acuerdo con sus hermanas, para Anabal las islas Eroef, un veinte por ciento del oro y un veinte por ciento de los esclavos, para Barabell Siwel y Sirrah, un diez por ciento del oro, un diez por ciento de los esclavos y para Vicente el resto de las islas Sabribeh y el setenta por ciento de los esclavos y del oro.

Los barcos se repartieron un tercio para cada hermano.

Todos parecieron contentos con el trato y se instauraron los tres reinos aliados.

Vicente se instaló en la isla de Tsiu del Sur, de 320 km2, la más grande que tenía, aunque la de Tsiu del norte era parecida de tamaño, estaba cerca de Siwel y Sirrah y Vicente prefirió mudarse al sur pero sin instalarse en Arrab que era su isla mediana más al sur.

El pueblo de Eladsiobhcol era el más grande de Tsiu del Sur y allí se instaló. Su población de esclavos era mayor que la población local, lo cual creo ciertas tensiones en la zona, pero Vicente se aseguró de que la sangre no llegase al rio y varios soldados patrullaban el pueblo de día y de noche para evitar peleas.

Gracias al a gran cantidad de oro que poseía pudo importar muchos alimentos y crear un castillo enorme al que llamo castillo del dragón, donde puso la cabeza de hueso del dragón justo encima de la puerta de entrada al castillo.

Al castillo no paraban de llegar esclavos que eran entrenados como marineros o como soldados.

También construyó unos astilleros donde pudo construir una enorme flota para seguir con sus ambiciones expansionistas.

Tras dos años de arduo trabajo en el que no paraba de llegar madera importada y esclavos tuvo lista su expedición.

Había pensado atacar al sur Adnalri, una isla grande y muy poblada con un clima mejor, situada al suroeste, pero se acercaría demasiado a peligrosos enemigos, así que apuntó hacia el noroeste, a la todavía más grande pero mucho más fría y menos poblada isla de Aidnalsi.

Puso sus sesenta y seis barcos y cerca de ochocientos hombres y mujeres rumbo a las islas Eroef, necesitaba reaprovisionarse allí y de paso visitaría a su hermana pequeña.

Su hermana Anabal se ofreció a prestarle apoyo militar a cambio de una parte del botín y Vicente no tuvo inconveniente en aceptar que su hermana se quedase con un treinta por ciento del botín a cambio de trescientos hombres y treinta barcos, la mayoría repletos de provisiones a pesar del poco tiempo que su hermano le había dado para prepararlos. Eso sí, las tierras conquistadas serían exclusivamente para Vicente.

Después del largo viaje y aprovechando el buen tiempo que hacía que hubiese menos hielo en las aguas llegaron a Kivsladierb, un pequeño pueblo de unos cien habitantes situado al este de Aidnalsi y aprovechando el factor sorpresa tomaron el pueblo sin resistencia, ya que los aldeanos abrumados por la superioridad numérica no tardaron en rendirse.

Se instaló allí la base para la invasión y partieron en cuatro grupos de doscientos soldados y marineros con catorce barcos cada uno para tomar otros pueblos pequeños que estuviesen en la costa.

Los quinientos soldados restantes se quedaron en Kivsladierb y se pusieron a construir una empalizada de madera que habían traído en barcos para que la base fuese difícil de conquistar.

Tras algunas semanas de pillaje habían conseguido cientos de esclavos y dejando algunos en la base, mandaron el resto a las islas Eroef, tanto la parte que correspondía a su hermana como la suya para venderlos y sacar dinero.

Vicente se quedó allí con sus soldados a pasar el invierno mientras esperaba que llegasen la próxima primavera refuerzos nuevos comprados con las ganancias de la expedición.

Y al año siguiente llegaron cuatrocientos nuevos soldados y lo más exótico que jamás se habían visto por aquellas tierras, tras haber solicitado un mago por carta a diferentes colegios de magia de todo el mundo con las condiciones claras del sueldo que ofrecía, al fin, y después de mucho tiempo, había aceptado uno.

Wopor vestía un ridículo gorro blanco lleno de joyas, un traje abombado del mismo blanco con dibujos dorados. Toda su vestimenta blanca hacía que su oscura piel reluciese todavía más, pero lo que más impactó a todos los presentes fue su montura alada, un dromedario.

Con los refuerzos y especialmente el mago que montando en su dromedario podía lanzar una lluvia de granizos desde el cielo consiguieron someter rápidamente varios pueblos de mediano tamaño y obtener unos botines considerables.

Llegaron a oídos de Vicente historias de dragones y quiso saber más de ellas y creo varias expediciones para investigar las historias y así fue como descubrieron la cueva de un dragón rojo enorme.

Algunos exploradores del grupo perdieron la vida, pero los que regresaron informaron a Vicente de que allí había un dragón.

Tras planificar con Wopor una estrategia y quedarse él bien lejos de la batalla, se llevó a cabo el plan.

Varios hombres entraron y dispararon flechas hacia el dragón y luego se retiraron, el dragón molesto salió a comérseles, pero entonces Wopor con su magia soltó una enorme roca que había tallado con magia y cortó la cabeza del dragón.

Las riquezas allí acumuladas eran enormes, pero lo mejor no era eso, lo mejor eran tres crías de dragón que estaban durmiendo mansamente entre los tesoros. Wopor pudo controlarlas mágicamente, aunque eran tan pequeñas que no hacía falta ni eso.

Vicente las llevó a su base y las comenzó a alimentar y entrenar para que fueran obedientes con él, pero siempre dándolas afecto y cariño, pues sabía que los dragones eran animales muy listos y no era bueno que se volviesen rencorosos.

Wopor sugirió vender una de las crías en los reinos del sur y no fue mala idea, con el dinero que obtuvieron vendiendo a la cría más pequeña consiguieron tanto dinero que pudieron crear un ejército inmenso y en apenas dos años más habían conquistado toda la isla de Aidnalsi.

Por su parte su hermana pequeña con su porcentaje había construido una enorme flota pirata que era el terror del norte.

La isla de Aidnalsi tenía más de cien mil kilómetros cuadrados, ahora su reino era aproximadamente ciento quince veces más grandes que hacía pocos años.

Pero poco después de acabar la conquista su suerte no acabó, el rey Lohoot, que ya estaba muy mayor y en las guerras contra los Seselgni había perdido a su heredero, solo le quedaba una hija, que todo sea dicho de paso estaba de bastante buen ver, y le fue ofrecida a Vicente junto con el reino de Aicocse que éste no dudó en aceptar.

Los terrenos que controlaban se acercaban a los doscientos mil kilómetros cuadrados y apenas tenía veinticinco años.

Pero su incremento de tierras que comenzaba a ser exponencial no estaba por terminar, con el enorme ejército que había acumulado, incluidos varios magos más, aplastó en tres años a los Seselgni y se anexionó todas sus tierras y las del otro pueblo que había en la gran isla en la que estaban, el pueblo de Selag.

Otros ciento cincuenta mil km2 más entre ambas anexiones.

Hasta el gran continente de Aporue llegaban historias de sus conquistas y era temido por la mayoría de los reinos que tenían costa.

Al este seguía Adnalri que no la había tratado de conquistar hace años pero que ahora la tenía entre ceja y ceja como objetivo prioritario, y con ayuda de sus hermanas que proporcionaron sus flotas, la una de piratas y la otra mercante, la invasión fue llevada a cabo sin muchos problemas y en escasamente un año y pocos meses más habían terminado con toda la resistencia que había. Otros setenta mil km2 anexados.

Varios reino de Aporue asustados por el rápido expansionismo de Vicente se habían aliado formando una confederación. Añapse, Aicnarf y Ainamela crearon un ejército enorme para invadir el sur de Sacinatrib, pero sufrieron notables pérdidas en mar debido a los constantes ataques de la flota de Vicente y de la flota de su hermana pequeña que actuaba como mercenaria de la de su hermano.

Tras quedarse sin suministros llegados por mar y no estando todos los soldados de Aporue acostumbrados a un clima tan frío no tardaron en morir muchos de hambre y enfermedades.

La derrota fue aplastante y humillante, los tres reinos más poderosos de Aporue habían sido vencidos a la vez.

La victoria dio sus frutos, semanas después de que la noticia se expandiera a gran velocidad por Aporue, varios emisarios de reinos menores llegaron, algunos querían pactos de alianza, otros de no agresión pero el que más congratuló a Vicente fue el de Acramanid, el rey se ofrecía a convertirse en su Virrey a cambio de escasos impuestos y de que le permitiese ser también virrey de la mitad del reino de Ainamela tras la conquista.

Vicente respondío a todos que no le interesaban excepto al emisario de Acramanid con el cual habló largo y tendido y acabó aceptando el acuerdo.

Parece ser que Ainamela estaba conquistando Acramanid y que estos apenas podían seguir defendiéndose, por lo que el rey estaba completamente acabado.

Vicente a lomos de uno de sus dragones voló hacia Acramanid junto con su mago a lomos de su dromedario alado. Allí les esperaba su ejército invasor que había partido meses antes y que estaba acuartelado en la frontera.

El dragón todavía seguía siendo muy pequeño, pero ya podía llevar a Vicente encima y eso daba buena impresión frente a los soldados aliados y causaba terror sobre el enemigo.

Vicente no arriesgaría a sus dos dragones en una batalla, pero le gustaba alardear de ellos para que se contasen historias que llegasen hasta el enemigo.

Barrió de este a oeste con los tres reinos que hicieron la confederación contra él en seis años, los enemigos se iban desplazando hacia el oeste a medida que iban siendo derrotados y se reagrupaban junto con sus aliados pero gracias a la superioridad numérica y a los magos el ejército de Vicente pudo ganar batalla tras batalla.

Los reyes de los reinos menores de Aporue se fueron ofreciendo como virreyes y Vicente los fue aceptando aunque negociando más duramente las condiciones.

En cuatro años más había dominado totalmente Aporue por rendición o por aplastamiento de los que se resistían.

 

 

 



 

 

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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