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6 min
La laguna Estigia.
Amor |
13.06.13
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Sinopsis

Mucho ojo, si vas a señalar a un culpable.

Los tres niños corren en fila, recelosos, a lo largo de la alambrada vigilando el interior del perímetro cercado; encuentran un tramo de ella abatida, la traspasan y se lanzan hacia la puerta de la fábrica, desarmada. Entraron. Una sala en penumbra de atmósfera queda ofrece una confusión inextricable de mesas, estanterías, banquetas, cristales, marcos, fregaderos, todo roto y cubierto de polvo y espesas telarañas; por doquier papeles, cartones y plásticos, botes cilíndricos y cajitas rectangulares asibles con una mano. José Manuel, Pablo y Benja, incansables, se internan a la búsqueda del rincón más peligroso y expuesto.    

Eran tiempos de escasez y la familia vivía muy humildemente, los cuatro hermanos tenían que compartir las dos camas que había en el cuarto: Emiliano tenía ocho años y era dos mayor de Francisco y cuatro que Enrique, entre medias estaba Julio; sucedía que nadie quería dormir con el mayor y éste quería dormir con nadie, y aunque madre estableció un orden de emparejamientos para que todos durmieran con todos, al llegar la hora de acostarse, cuando un pequeño cualquiera pretendía meterse en la cama junto a Emiliano éste saltaba feroz sobre él y le abrumaba a bofetadas y puñadas, y aunque se defendía con rabia finalmente la lógica de la fuerza se imponía, el mayor se quedaba con la cama para él solo mientras el otro, derrotado y lloroso acudía a donde sus otros dos hermanos que a regañadientes le dejaban una esquina. Así pasaron todas las noches durante algunos meses, los tres niños pequeños lamentaban su infortunio y cavilaban la manera de rebelarse contra su hermano mayor y castigarle.

José Manuel se agacha y coge una caja donde con letras bien distinguibles y claras se lee: “VENENO. Manténgase fuera del alcance de los niños.”

En el serrano pueblecito de Riaza, en la provincia de Segovia, disfrutan desde hace pocos años de una instalación que se ofrece como salón de velatorio de difuntos, o tanatorio; situada dentro del polígono industrial, en el arrabal, está rodeada de fábricas y almacenes de los industriales lugareños, casi todas cerradas o abandonadas víctimas de la crisis; los vecinos, con ese sentido del humor tan segoviano, la llaman “La laguna Estigia” porque cuando llueve medianamente se inunda sin remedio. En la sala estaban los tres hermanos del fallecido, Francisco, Julio y Enrique, las esposas de Francisco y Enrique, Ana y Ángeles; los dos hijos de Francisco y Ana, José Manuel y Pablo, y el de Enrique y Ángeles, Benjamín, estaban jugando cerca en alguna parte. A medida que avanzaba la mañana, que era una soleada y fresca de abril, se iban acercando vecinos del pueblo a saludar y dar el pésame.

-Desde que pasó no hemos vuelto a hablar, y ya hace cincuenta años.

-Bueno, fue un accidente, ¿no?

-¿Accidente, dices? Queríamos matarle, hicimos todo lo posible, joder.

-¿Un accidente? No puedo creer que digas eso ¿Tú te acuerdas cómo le llamábamos, eh?

-…

-¿Y tú?, díselo, anda, Julio.

-La rata, la rata ¿te acuerdas ahora? La rata. No digas que fue un accidente, joder.

-Yo rezaba para que no saliera vivo del hospital, era un hijo de puta.

-Bueno bueno, deja a madre en paz; éramos unos niños, y yo ya no pienso volver a hablar de eso, ¿entendido, eh?

Un día Emiliano llegó a la casa y encontró a sus hermanos en la cocina alrededor de un plato que contenía algunos trozos de carne guisada. Al ver el plato medio vacío y que no le guardaron nada, la furia y la rabia se le fraguaron como argamasa entre los ojos, nublándole la visión, les arrebató el plato con violencia -no intentaron impedírselo- y ciego de ira se tragó toda la carne, luego les miró desafiante y se marchó sin decir nada. Solo gracias a una cadena de azares afortunados fue posible que Emiliano ingresara a tiempo en el hospital de la capital, donde llegó lívido creyendo inminente su muerte. Había ingerido veneno bastante para condenarle, pero su fortaleza natural y la prontitud de su venida lo salvaron. Los críos dijeron que lo encontraron en la chochera y decidieron mezclarlo con unas sobras de comida y subirlo al desván donde aseguraban había una rata muy grande, pero que Emiliano apareció tan impetuoso y temible que no pudieron impedir que les arrebatara la carne y la devorara. Emiliano plañía amargamente asegurando que sus hermanos querían matarle, pero no le hicieron caso. El mismo día que se dispuso el archivo del atestado el sargento de la guardia civil y el párroco se despedían tras visitar a los padres –yo le digo que todos los niños son unos auténticos demonios, y los padres unos insensatos por traerlos, ¿no lo piensa usted así, padre? Desde entonces Emiliano se mantuvo siempre alejado de sus hermanos.

José Manuel mostró la caja a sus amigos. -¡Mirad, ve-ne-no! –señalando la silueta de un roedor que se perfilaba a todo lo largo con la cola rizada, –es para matar ratones -dentro de la caja una bolsa contenía pequeñas esferas alisadas de color azulado.

-A los ratones les gustan los caramelos –informó el pequeño Benja.

-¡Vamos! –Salieron al exterior llevándose el tesoro corriendo hacia el tanatorio.

La entrada es sobria aunque está escoltada por dos almendros que en abril abochornan con un reventón de miles de flores saludando a la primavera, y exudan gotas de aroma embargante que la brisa de la sierra ventea adentro de la sala; Ana y Ángela fuman y dejan pasar el tiempo, hablan de sus hijos. -¿Dónde están los niños? –Se fueron hacia el polígono hace un rato, como está tan vacío no les dije nada, y así nos dejan tranquilas. -Los niños aparecieron, con cara de haber sido descubiertos, cuando trataban de alcanzar una esquina trasera del tanatorio, Pablo sostenía entre sus brazos una fuente llena de caramelitos violetas que la dirección había dispuesto para dolientes y visitantes.

-¡Eh, venid aquí ¿qué lleváis ahí? – se aproximan con pasos sabedores de que algo no va bien.

-¿Dónde vais con eso? Traed acá, que lo habéis cogido de ahí dentro, sinvergüenzas.

-Son para los ratones –protestó Benja.

-Buenos ratones estáis hechos vosotros, os voy a dar para el pelo. Marchaos de aquí, y cuidadito con lo que hacéis.

Ana y Ángela terminaron los cigarros y pasaron al interior con la fuente de caramelitos violetas y bolitas celestes, probablemente de anís.

 

 

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  • En el cuento de Peter Pan se dice que las hadas al ser tan pequeñas sólo pueden albergar un sentimiento a la vez y con los niños parece que pasa algo así, cuando quieren a alguien lo hacen sin límite pero cuando diden de odiar lo hacen a muerte, nunca mejor dicho, buen relato, un saludo
    Intentare aclarar tus dudas sobre mi relato. 1) Daniela Castro ve que Elisa no está junto a ella en la habitación. Ese alguien que ve antes de desmayarse no es Elisa 2) Creo que te surge la confusión entre Daniela Castro y Dani Salazar. La mano que jalaba por el hombro a Dani Salazar, es la mano de Rudy. Ellas dos están en una habitación diferente a la de Daniela Castro. El paradero de Elisa es desconocido, y los espectros la han utilizado para confundir a los personajes. 3) La historia que Annela cuenta no es la de Elisa. Las tres escenas que narra cada personaje transcurren en habitaciones diferentes dentro de una casa. Más adelante se irán conectando las historias. Gracias, y saludos!
    Me ha gustado mucho el relato. Muy bien descrito y narrado, me ha traído recuerdos de mi niñez, aunque he tenido que releer para no perderme.
    Pequeños diablillos... No hay que perderlos nunca de vista. Me ha gustado la historia y como juegas con el tiempo, ahora cuento el presente, ahora vuelvo al pasado. Hablando ahora de otro tema te respondo a tu comentario a El padrino V. Tiene sentido el que no acertara a ver el modelo del arma. Trato de hacer ver al lector que no le dio tiempo a reaccionar. Me alegro que te gustara.
    Lamentaría mucho, lo sentiría de verdad, que mis compañeros de TR pensaran que peco de presuntuoso y soy "difícil"; viene a cuento de que muchos lectores de este relato se han quejado de su dificultad; ¡qué honor ser recibido por tan buenos lectores! ¡y yo qué ciego y sordo a sus consejos! Aunque sé bien que no porque ellos y ellas sean numerosos han de tener forzosamente razón, no olvido tampoco que "defendella y no enmendalla" es actitud propia de burros, y eso sí que no. Así que, si convenimos que la estructura del relato (R) es la siguiente: R = (A1+A2)+B, me propongo poner en cursiva todo el plano "B", y de esta manera confío en reparar el daño. Aprovecho para agradecer infinito vuestras valoraciones y comentarios. Saludos.
    Muy bueno el relato, me ha gustado mucho, aunque reconozco que tuve que leerlo dos veces y prestar más atención a los nombres... Y aprovecho para agradecerte la visita a mi rincón de historias, los comentarios y las buenas críticas... Saludos.
    En efecto, antes de señalar culpables hay que ejercer la tolerancia. Muy buena lección acerca de la verdadera culpabilidad que es en realidad nuestro prejuicio. Bien empleada la supuesta inocencia infantil. Lo he leído ahora mismo; me quedaba pendiente. Respondiendo a tu comentario; pues no sé tampoco hacerlo de otra manera, quería decirte que es admirable cómo de una sombra haces luz. Pues pese a una situación algo negativa, tu sacas toda tu creatividad regalando al mundo tu talento. ¿De otra forma hubiera sido posible? ¡Pregúntatelo! Y mira sólo esa parte positiva. El resto, vendrá solo. Yo te veo escribiendo. Y publicando. Y te sugiero que te pongas cuanto antes a atreverte con una novela. Estás preparado de sobra. ¡Adelante! Todos mis ánimos contigo. Y ésta misma noche, haré algo por tu situación. José Manuel, a veces, todo cambia...Tengo métodos propios. Funcionan. Gracias por estar aquí y en el mundo, con tus escritos y sin ellos.
    ¡Que niños tan dulces,encantadores, que ternuritass!Bueno la ambientación me ha parecido ideal,culpables son todos y ninguno,en todo caso,la víctima por ser tan cabrón,me gusta como has construido el relato y sobre todo el final.muakis
    Se revisa en este relato,en mi opinion el mito de la inocencia de los niños, pero lo que mas se deja entrever es la estupidez de los adultos, muy bien escrito y con descripciones que hasta a mi me han traido recuerdos de cuando iba con mi pandilla de amigos haciendo descubrimientos en lugares abandonados. Las acciones de los niños pueden llegar ser muy peligrosas en ocasiones.
    Vengo a devolver la visita. Yo también he tenido que leerlo dos veces y: 1º) Es el mito cainita y -puestos en Riaza- con su toque de Alvargonzález. 2º) Tiene su aquel de folclore con los tres hermanos -luego tres primos- encontrando el objeto mágico. También los dos almendros a la entrada del tanatorio son de raíz folclórica marcando el umbral de tránsito a otro mundo. 3º) Jugando con causas y efectos, como el núcleo de la acción es el entierro del hermano "rata" puede decirse que por fin los tres hermanos consiguen su objetivo; y por eso sus hijos han repetido la acción -simultánea al velatorio- de encontrar el veneno. 3º) Tiene su circularidad con la repetición generacional del veneno para las ratas a la vez que su progreso hasta los caramelos de anís. Se apunta así a un happy end demasiado optimista sobre el progreso de las generaciones,
  • Son animales de otro mundo.

    Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS (Bestiario, 1951); Julio Cortázar.

    Es cierto, no me hago caso, pero el relato me salió solo, yo ahora me desconecto hasta la próxima semana y no sabía qué hacer con él (en fin, excusatio non petita...). Después del primero (stavros) y el segundo (zenon), aquí os ofrezco el tercer capítulo de la serie. Un saludo cordial.

    ¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea!/ Desplumada, con su ala que sangra y que negrea/ en los cristales, de oro y aromas abrasados,/ en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados,/ cayó, sobre la lámpara angélica, la aurora./ Cuando de la reliquia se ha hecho portadora/ para el padre que adversas sonrisas ha ensayado,/ la soledad azul y estéril ha temblado./ ¡Ay, acoge la cuna, con tu hija y la inocencia/ de vuestros pies helados, una horrible nacencia!/ ¿Con tu voz clavicordios y viola imitarás,/ y con marchita mano el seno apretarás/ donde la mujer se ha hecho sibilina blancura/ para labios que de aire azul quieren hartura?/ DON DEL POEMA; Stéphane Mallarmé.

    “Código de error” es una expresión del ámbito de la informática. Aparece en los lenguajes de programación más populares cuando surge un fallo de hardware, software, o una entrada de datos incorrecta del usuario, que pueden dar lugar al colapso del sistema. Habitualmente se manifiesta sobre una pantalla de color azul o negro, en la que tras un texto de cifras y letras se descubre la expresión “CÓDIGO DE ERROR” (o “STOP”), seguido de letras mayúsculas, guiones y números, que son las que se corresponden con el concreto mensaje de error en una aplicación específica; aunque no suelen identificar exactamente el fallo en cada supuesto, sí orientan sobre la parte de la estructura donde debe buscarse para dar con él. Lógicamente, el concepto de código de error es extensible a cualquier sistema de lenguaje que pretenda proporcionar satisfacción al usuario, y que contenga, al menos, un codificador, un emisor, y un receptor. En cada sistema de lenguaje el código de error se expresará, cuando aparezca, no con series de números y letras, sino con los elementos propios de su naturaleza y conforme a sus previsiones. El texto del Requerimiento, que era leído a los indios por las tropas españolas poco antes del inicio de cada enfrentamiento, ha sido transcrito en cursiva en el presente relato, y está tomado de las notas complementarias (concretamente la número 31-111) redactadas por José Miguel Martínez Torrejón a la obra de Fray Bartolomé de las Casas, “Brevísima relación de la destruición de las Indias”, publicada en la edición del año dos mil trece de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española de la Lengua, junto con la Editorial Galaxia-Gutenberg, SL, y Círculo de Lectores, SA.

    El título es elocuente, así que aprovecho para felicitar el año próximo a ellas y ellos, deseándoos muchos relatos afortunados (y yo que los lea). Saludos.

    Un homenaje de los butroneros neoyorquinos a su artista y su cuadro más celebrados.

    El amor todo lo puede, a su manera.

    Excusas gloriosas para ocultar pecados horribles; y a veces no nos gusta cómo salimos retratados.

    porque humanos hermanos, y aunque Caín le mató, Abel le acompaña en el infierno y abrazados lamentan su suerte; trata de cómo, en un momento de flaqueza hija de la frustración, los hombres trastornan su vida y fugaces asomos de sensatez no bastan para revertir la tragedia que se abalanza sobre ellos; y enseña también que quien comete una injusticia contra otro aflige a su hermano y deja ver la podredumbre de su alma insolidaria, aviesa y fratricida; pero no vacilen y adéntrense, apresten todos sus cinco sentidos y disfruten de esta obrita que les ofrezco para su complacencia, y acomódense porque la función va a comenzar…¡ya!

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