cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
LA LARGA ESPERA 2
Fantasía |
29.06.20
  • 5
  • 4
  • 205
Sinopsis

En aquel instante mientras la pareja hablaba, se oyó un exaltado rumor de gente en la calle. ¿Había llegado por fin el próximo servicio de autobús?

Ellos se asomaron al exterior pero lo que vieron fue una manifestación compuesta por una mayoría de gente que había surgido de las chavolas que exibía unas pancartas en las que se pedía mejoras en los servicios de transporte público; así como la dimisión de la directiva de aquella Compañía, a la vez que la comitiva no cesaba de vociferar: "¡QUEREMOS MÁS SERVICIOS!" "¡DIMISIÓN DE LA DIRECTIVA...! ¡FUEEERA!"

Aquell multitud no contenta con manifestarse, se desplazó en mitad de la carretera cortando el tráfico, por lo que muchos conductores de los vhículos hicieron sonar el cláxon en señal de protesta.

Como suele ocurrir en estos casos, de entre los manifestantes aparecieron algunos sujetos de una violencia inusitada que con piedras y palos se dedicaron a romper los cristales de escaparates de algunas tiendas, a derribar al suelo e incendiar contenedores, a golpear y a convertir en chatarra bastantes coches aparcados en las calzadas.

De súbito hicieron acto de presencia los agentes del Orden, los cuales iban perfectamente equipados y protegidos con sólidos escudos y con porras, quienes se lanzaron sin contemplaciones arremetiendo a diestro y siniestro a los manifestantes. Sin embargo los violentos se sintieron provocados y respondieron con fiereza arrojando a los agentes toda suerte de objetos contundentes estableciéndose una lamentable batalla campal, hasta que los policías detuvieron a los cabecillas de la revuelta y la multitud se dispersó hacia otras latitudes dejando en aquel lugar un halo denso cargado de una enorme tensión.

Enrique y Remedios que habían contemplado aquel espectáculo desde la ventana de la chavola se sentían atónitos y asustados. Fermín se acercó a ellos y expresó con esceptismo:

-¡Bah! Con estas manifestaciones no se conseguirá nada. La Compañía seguirá sin inmutarse por ello.

- Pero papá. Llevamos muchos días así. Y es justo que se proteste. De lo contrario nada se arreglará - replicó su hija con convicción.

- Sí. Es justo. Pero de nada sirve. Los jóvenes pecaís de idealismo. Os creeís poder arreglar el mundo, pero éste siempre ha sido así de egoísta y estúpido- dijo Fermín con fatalismo, puesto que su postura conformista le daba una falsa sensación de seguridad.

-¡Pues si no fuera por nuestros ideales no se movería nada! Y creo que ya es hora de cambiar, porque este viejo sistema se resquebraja ¡caray! - insistió Remedios con indignación.

De una de las chavolas salió un matrimonio joven con su hijo pequeño de cinco años a tomar el sol, y el niño se puso a jugar con un coche de latón. "¡MEC, MEC...!" - imitaba el pequeño con la boca el sonido del cláxon totalmente ajeno a los avatares de aquel día acercándose poco a poco  al poste que anunciaba la parada del autobús. A continuación el niño agudizó la vista a un punto lejano y exclamó llevado por una ingénua ilusión:

-¡Mami, papi! ¡Mirad, ya viene el autobús!

Mas el padre, mucho más realista le especificó:

- A ver Marc. ¿Estás seguro de lo que dices? Fíjate bien, porque lo que yo veo es un efecto óptico como un espejismo en el desierto; en este caso creado por el verdor de las hojas de los árboles. ¿Acaso ves que la mancha verde se vaya haciendo grande y que venga hacia nosotros?

El pequeño Marc con una expresión decepcionada negó con la cabeza.

- ¡Claro que no! Anda, no te preocupes que el auto llegará pronto. Tú sigue jugando, pero no te alejes de casa ¿eh?

De repente a Enrique le acometió un ramalazo de nostalgia. Echaba de menos su vida anterior, sobre todo su casa familiar y sus antiguos amigos. No obstante en aquella anómala circunstancia parecía que todo lo vivido anteriormente carecía de importancia. Sí porque a pesar de que Remedios era una mujer atractiva y que con el tiempo tal vez podría llegar a quererla, el agente de Seguros sabía que ésta había sido educada en un medio rural mientras que él era un empedernido gusano del asfalto y no estaba nada seguro de poder sintonizar con ella. Todo era demasiado incierto y aventurado.

Enrique como muchas personas de aquel descampado dirigió una vez más, de un modo instintivo su atención hacia el infinito con la vaga esperanza de vislumbrar el maldito "bulto verde", cuando ante él surgió un vendedor ambulante. Se trataba de un tipo obeso, bastante estrafalario y con una pícara expresión en la mirada.. Llevaba en bandolera una caja con restos de cajetillas de tabaco a medio consumir, vasos de plástico y botellas de vino y de coñac medio vacías, y también de otros refrescos que había podido recoger por aquellos alrededores.

-¡Vasooos bonitos y resistenteees! ¡Todo a precio de gangaaa...! - gritaba el hombre tratando de vender su mercancía-. ¿Una cajetilla de tabaco, señor? - ofreció el vendedor a Enrique.

-No, no... No quiero nada - rechazó el aludido de mal humor.

-¡Ah! Ya entiendo. Usted es nuevo aquí, y cree que de un momento a otro vendrá el autobús - dijo el vendedor.

-Sí, en efecto. Pero al paso que vamos empiezo a dudarlo - respondió Enrique.

-Bueno. La verdad es que a estas alturas poco importa que venga el autobús o que no venga.

- ¿Pero que dice hombre?

-Pues eso. En realidad a muy poca gente de aquí le importa gran cosa la llegada del dichoso auto. ¡Pues todo el mundo de su capa ha hecho un sayo! - dijo el vendedor con una risa nerviosa, exasperante.

Enrique miró a aquel tipo de soslayo, pensando que se las tenía que ver con un transtornado mental.

-Sí. No me mire como si estuviese loco. Lo cierto es que todo el mundo se ha adaptado a esta circunstancia. Aquí donde me ve yo en un ayer iba dando bandazos de un trabajo a otro - explicó el vendedor-. Y esta insólita situación ha sido mi suerte, sino  ¿de qué iba a vivir yo? Me ha costado mucho crear este pequeño negocio a la sombra del BUS, porque hay mucha competencia. ¡Sí, sí! Incluso hay muchos universitarios que hacen lo que yo hago, porque lo que interesa es sobrevivir  como se pueda. Si por casualidad viniera el autobús, esta comunidad se desharía y yo perdería mi trabajo. ¿Entiende usted?
 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Jolín, que difícil se pone la cosa, con el dichoso vendedor no contaba...
    Repetición del comentario, corregidos algunos extremos: Buena continuación esta segunda parte, que puede entenderse para confirmar la prolongación de la queja del vecindario por la falta de servicios. La atención del lector sigue como en la primera, a la espera de que ocurra algo. Se supone que la conclusión está cercana porque, si hacemos caso a los teóricos de la narración, en un relato corto, tenemos presentación de los hechos, desarrollo y, cumplido éste, conclusión o desenlace final que esté lejos de sospechar el lector. Cuanto más contraste entre principio y final haya, mejor. Ese sería el relato perfecto. Buen comienzo, razonable desarrollo y final sorprendente. Et voilà, la perfección.
    Buena continuación esta segunda parte, que puede entenderse para confirmar la prolongación de la queja del vecindario por la falta de servicios. La atención del lector sigue cono en la primer a la espera de que ocurra algo. Se supone que la conclusión está cercana porque, si haceos caso a los teóricos de la narración, en un relato corto tenemos presentación de los hechos, desarrollo y cumplido éste conclusión o desenlace final que esté lejos de sospechar el lector. Cuanto más contraste entre principio y final haya, mejor. Ese sería el relato perfecto. Buen comienzo, razonable desarrollo y final sorprendente. Et voilà, la perfección.
    Aquí se demuestra la capacidad de adaptación del ser humano. Y de aceptación de lo insólito ante lo que se cree real. Aunque no lo sea.
  • Una visión sobre los grupos utópicos que se denominan hijos del antisistema.

    Lo que sucedía en esta institución y no trascendía a la opinión pública.

    La familia es un grupo humano mucho más complejo y difícil de lo que se da a entender.

    Es FANTASÍA, pero no he encontrado el distintivo en la columna de los géneros.

    Un colectivo de gente espera la llegada de un vehículo de transporte pero éste tarda en llegar. No es un relato convencional, aunque también hay algo de amor. Lo escribí cuando tenía veinte años.

    Los Diarios suelen ser la trastienda del ser humano.

    La naturaleza humana, dentro de cada cultura es bastante similar entre sí.

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta