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10 min
La llamada
Suspense |
18.03.19
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Sinopsis

Aquella noche asistí a una fiesta en casa de mi novia, Sofia, había sido su cumpleaños y su familia le  organizo un pequeño festejo. Por mi parte, no pude quedarme mucho tiempo, puesto que tenia que hacer tarea de la universidad y sobre todo tenía que madrugar al otro día para ir al trabajo. Justo cuando me despedía de Sofía, al mismo tiempo que me disculpaba por no poder quedarme más tiempo con ella, el cielo se vio inundado de nubes grises y de truenos anunciando una inmenente tormenta, la cual era el preludio de la terrible noche que se avecinaba. —No te preocupes amor, entiendo que no puedas estar conmigo el tiempo que quisiéramos; sin embargo agradezco que  me hayas acompañado—dijo ella con un tono dulce en su voz sinónimo de que realmente comprendía que esa noche no podía estar más con ella. Rapidamenete emprendí el camino a mi casa y a la par caían las primeras gotas de lluvia—iré caminando, no creo que en tan poco tiempo me vea alcanzado por la tormenta—pensé ingenuamente, ya que mi hogar se encontraba a escasas 5 calles de distancia. Craso error, no había cumplido ni la mitad del trayecto cuando la lluvia comenzó a caer y al poco tiempo arrecio inmisericordemente empapandome por completo.

Justo cuando llegue al departamento que estaba rentando, me quite la ropa mojada y la metí a la secadora mientras procedia a darme un baño. A la par que me duchaba pensaba en Sofía, en lo mucho que la amaba, lo importante que era para mí y en que haríamos el fin de semana, para ahora si festejar de la mejor manera su cumpleaños. Terminé de bañarme, tomé una toalla, me seque cuerpo y cabello para luego vestirme con ropa muy cálida debido a que el clima era bastante frío. Acto seguido tome mis cosas y procedí a hacer mi tarea. Perdí la noción del tiempo por completo, estaba tan concentrado que cuando mi celular sonó, debo admitir que me asusto un poco y pegue un pequeño salto. Levante el teléfono y lo primero que note fue la hora, el reloj marcaba la 1:26 de la mañana, lo cual me sorprendió, primero porque llevaba más 2 de horas haciendo tarea y segundo porque en todo ese tiempo no había parado de llover. Me llamo la atención que en el celular no aparecía ni el nombre ni el número que me estaba llamando, aun así conteste la llamada. Lleve el teléfono a mi oreja e immediatamemte note que era Sofía, jamás podría confundir el tono agudo de su dulce voz—hola amor—dijo, pero me costó mucho trabajo emetender sus palabras, se escuchaba muy cortado—hola Sofi—respondí con notoria emoción. Las siguientes frases que exclamó no puede siquiera comprenderlas, debido a que la llamada se entrecortaba y sobre todo su voz se escuchaba un tanto distorcionada. Supuse que todo ello se debía meramente a problemas causados por la insesante lluvia, mientras hacia un esfuerzo por intentar escuchar y entender que me quería decir—amor, amor, no te puedo escuchar bien—le repetía una y otra vez, pero parecía que ella no me escuchaba puesto que no dejaba de hablar con esa voz distorcionada. Mayúscula fue mi sorpresa cuando de un momento a otro la llamada al fin se escuchaba clara, sin embargo ya no estaba escuchando a Sofía, su voz había sido sustituida por una bella melodia de piano, la cual podía escuchar perfectamente. Dicha melodia no sólo sonaba apoteósicamente, sino también transmitía un sin fin de emociones capaces de erizarme la piel. Escuchaba atentamente el sonido del piano cuando me detuve a pensar sobre el origen del mismo. Sofía no tenía un piano en casa, es más no era capaz de tocar tan perfecta música, sus conocimientos sobre piano se limitaban a un puñado de clases que tomó cuando era niña y  que tuvo que dejar por cuestiones económicas. Lo más sorprendete era que dicho sonido no parecía venir del otro lado de la bocina, su sonido era tan sublime, claro y perfecto que parecía que yo estaba en el mismo lugar en el que se estaba tocando el piano. Recapacite y comence a llamar a Sofía, esperanzado a que tuviera el altavoz activado y pudiera escucharme, pero no obtuve ninguna respuesta. Pasaron unos minutos y la música cesó—¿Sofía, estas ahí?—le pregunté un tanto preocupado por la extraña situación vivida—espero que te haya gustado la canción que compuse para ti, adiós amor cuidate mucho—respondió e inmediamente colgó la llamada sin darme de tiempo de preguntar nada más. La situación había sido particularmente rara, no podía explicarme como era posible que Sofía tocara con gran maestría cuando tenía años que no tocaba el piano, sumado a que, cuando tomó dichas clases, no pasó de conceptos básicos y estoy seguro que si ella hubiera rotomado sus clases me lo hubiese contado. No dejaba de preguntarme desde cuando ella tenía un piano en casa y de ser así, por que yo nunca lo vi.

Al cabo de unos cuantos minutos pensando en todo ello, decidi llamarla, toda esa situación me había dejado con muchas dudas y con cierta preocupación. Así lo hice la llame a su teléfono celular, pero no obtuve el resultado esperado, no se cuantas veces le marque, pero siempre pasaba lo mismo, sonaba hasta que entraba la contestadora. Esta situación aumento mi preocupación y me altere un poco, considere llamar al teléfono fijo de su casa, pero pensé que no era la mejor idea, —son casi las 2 de la mañana, su familia debe de estar durmiendo, sería muy imprudente llamar y despertar a todos—me dije, así que decidí ir a su casa. Seguía lloviendo, tome una chamarra y un impermeable y salí a buscarla. Durante todo el camino fui acompañado de un nerviosismo enorme y  no dejaba de pensar en lo extraña que fue esa llamada. Dado que iba casi corriendo llegue bastante rápido a su casa, la calle estaba en completa calma, solo se acuchaban, a lo lejos, algunos ladridos de perro. Rápidamente me encamine frente a la ventana que da a su habitación, tome un par de pequeñas piedras y las lancé, pero ella no salía. La situación elevó a un más mi nerviosismo, tomé un par más de piedras y las arroje de nuevo a su ventana, el resultado fue el mismo. No sabía que hacer, no quería tocar el timbre ya que iba a perturbar el sueño de su familia. Para mi fortuna note que se encendío un foco de la planta baja de la casa, me acerque a la puerta y toque levemente para no hacer un escandalo. Al notar que alguien se acercaba para abrir la puerta me tranquilice un poco, pensando que sería Sofía la que se acercaba. Para mi pesar no fue así, era su hermana, Melissa, quien acudió a mi llamado. Me apene enormemente creyendo que la había despertado a ella y no a Sofía, ese estado cambió de inmediato por preocupación al ver que Melissa estaba envuelta en un mar de lágrimas—¿que sucede Melissa? Pregunte con evidente inquietud—es, es Sofía—respondió al mismo tiempo que me abrazaba sin poder controlar el llanto—¿Sofía?¿Que sucede?—pregunte mientras un escalofrío recorrió todo mi cuerpo—esta muerta, la mataron—cuando dijo eso, en medio de sollozos me quede helado, pasmado. Eso no podía ser real, acaba de hablar con ella hace unos minutos—¿que dices? Si esto es una broma entre ella y tu les funciono, pero ya llego muy lejos—se lo dije con cieto tono de enojo—¿Crees que jugaría con eso? ¿Crees que de ser una broma estaría en el estado que estoy ahora mismo? —me recriminó y acto seguido me explico la terrible situación.

Al poco tiempo de haberme ido, su papá decidió dar un último brindis por Sofía, pero las cervezas se habían terminado y no había alguna otra bebida para el mentado brindis. Entonces, Sofia, mi amada Sofía decidio ir ella misma por una botella de tequila, su padre le dijo que esperara a que la lluvia menguara un poco, pero ella insistió diciendo que no importaba que se mojara un poco con tal de festejar con su familia y se dirigió rápidamente a comprar la maldita botella. Fue ahí cuando llegó el tragico momento, por descuido de un conductor, por desatencion de Sofía o por meros azares de la vida, un auto la atropello, tal vez producto del asfalto mojado, dejándola tendida en el suelo. Mientras se daba a la fuga. Tal fue el escándalo causado por el derrape de los neumáticos del auto, que ella misma, Melissa, su hermana, se asomo a la calle para ver que había pasado, fue ahí cuando vio a una mujer tirada en medio de la calle y de la inclemente tormemta. Rápidamente corrió para intentar auxiliar a la pobre mujer que había sufrido tal desgracia. Se llevó una enorme y muy desagradable sorpresa al darse cuenta que quien estaba ahí, tirada era Sofía. Comenzó a gritar desesperadamente por ayuda, de inmediato los vecinos se iban acercando para ver que sucedía, a la par que uno de ellos llamaba a una ambulancia. Tal aglomeración no pasó desapercibida por sus padres  y en cuanto notaron que algo pasaba corrieron a verificar la situación, solo para darse cuenta que su hija estaba agonizante. La ambulancia no demoro mucho en llegar hasta el lugar, apartaron a la multitud y se llevaron a Sofía acompañada de sus padres. Yo no podía dar crédito a la historia que Melissa me estaba contando y sobre todo porque yo acababa de hablar con Sofía, para mi era simplemente imposible. Le conté sobre la extraña llamada, a lo cual ella respondió que no podía ser, aunque muy extrañada me contó que su hermana, hacía ya un tiempo había retomado sus clases de piano para darme una sorpresa en nuestro aniversario tocando una canción para mi, estoy seguro que en momento a ambos se nos heló la sangre. Prosiguio  a decirme que eso que le contaba no tenía sentido porque en esos momentos, Sofia se encontraba en el hospital y sobre todo todo porque sus padres, la habían llamado para confirmar la terrible noticia de su muerte, la cual había sido declarada a la 1:26 de la madrugada.

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