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11 min
La locura es un mal común.
Terror |
17.10.19
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Sinopsis

A veces la gente no es quien dice ser...

 

Respiración agitada, pánico en mis entrañas, corazón fuera de control y manos teñidas de rojo ¿ Qué había hecho? ¿ Cómo podía haberme atrevido a hacer una cosa así?

Miré a mi alrededor, quería huir, olvidarme de todo esto, ir a un lugar donde nadie me conociera y posiblemente, empezar de cero.

Todavía tenía esas voces en mi cabeza, me atormentaban, no me dejaban tranquilo repitiendo el mismo nombre una y otra vez, empezaba a anochecer, y notaba que la oscuridad se apoderaba de mí...

 

 

I

Me situaba en la terraza de aquella casa llena de gente y de alboroto mientras me fumaba un cigarro. Escuchaba una música repetitiva que se adentraba en mi cabeza y no me dejaba pensar con claridad, la mayoría era gente joven y borracha que decidían salir de fiesta para olvidar sus rutinarias y aburridas vidas, para tener algo de que hablar más allá del fin de semana que pasaron en Andorra esquiando con sus padres o del último “reality show” anunciado por la tele.

Calada tras calada observaba el ambiente mientras me preguntaba que coño estaba haciendo ahí, no me gustaban las fiestas, pero os confesaré algo queridos lectores, y es que me obligaron a ir, mis padres, ¿ suena raro? en efecto. A veces odiaba ser un chico de dieciséis años en un mundo de adultos, ¡Tener dieciséis años es una mierda! Te tratan como un niño y esperan que te comportes como un adulto. Adolescencia , esa etapa que dura entre los doce y los...¿cuarenta?

Prosigamos, no me enrollo más. Ahí me encontraba, completamente solo, cuando de repente noté que alguien me miraba, era una chica, era pelirroja, bajita y me miraba con una atención la cual nadie me había prestado nunca, era guapa, eso parecía.

Yo, en efecto, como en estas situaciones soy un cobarde y me crean ansiedad no me acerqué, me quedé estático observándola ,de repente ella se acercó.

Me puse nervioso, pero quise utilizar mi técnica de aparentar que “todo me da igual”, a veces me había funcionado. Estaba delante, con una sonrisa tímida me dijo un simple “hola”, yo le contesté secamente mientras fingía una pose de seguridad en mi mismo. - ¿Qué haces aquí solo?- me dijo con una voz dulce, parecía una hada, tan delicada, inofensiva. - Mis amigos han ido al baño-

-Pues entonces tus amigos tardan mucho en venir, llevo observándote desde hace media hora y no creo haberte visto hablando con nadie.- dijo ella. Me quedé callado, me entró un escalofrío mientras ella me miraba fijamente sin apartar la mirada.- Mira seré sincero, lo único que quiero es irme de aquí.- dije definitivamente. - Perfecto!- Dijo ella -Vayámonos juntos entonces. -. -Cómo te llamas?- dijo ella -Me llamo Marc- contesté.

Yo acepté, era rara y curiosa, pero al mismo tiempo tenía algo que hacía sentirme atraída por ella, quizás era algo más que atracción, algo inexplicable, espiritual, algo que hiciera que todos sus defectos desaparecieran, nunca me había pasado y apenas la acababa de conocer. De vuelta a casa estuvimos hablando, no fue una conversación profunda ni mucho menos, fue una conversación llena de temas banales y sin importancia, un intercambio de información. Se llamaba Carla, quería estudiar filología en la universidad y lo otro no me acuerdo porque no le presté atención, sólo me acuerdo que estaba embobado con ella, por algo que ni yo mismo sabía.

Los días siguientes estuve pensando en ella, tenía la necesidad de verla, de saber más de esa chica pelirroja tan misteriosa. Pasó una semana, decidí ir a pasear solitario , lo había dado todo por perdido, cuando entonces, vi a una chica sola leyendo un libro, con la melena de fuego y la piel blanca; Carla.

Quise acercarme pero otra vez esa maldita ansiedad me lo estaba negando,¡Mierda!, ¿ Porque tengo que ser tan cobarde?, me armé de valor y finalmente fui.

Estuvimos hablando un buen rato, esa tarde si que no hablamos solo de cosas banales; hablamos de historias pasadas, de las pocas veces que nos rompieron el corazón, de sueños y constelaciones, estuvimos hasta las doce de la noche y el tiempo pasó de forma fugaz.

Carla no era de las chicas más guapas que he conocido, no teníamos un sentido del humor parecido, ni si quiera era de las chicas más inteligentes, pero me estaba atrapando. Empezamos a quedar dos veces por semana, luego fueron cuatro, poco a poco empezamos a vernos cada día hasta que llegó a un punto que era imposible pasar un día sin verla, sin mencionarla, sin pensar en ella.

No se cual era el límite entre lo que se consideraba sano y lo que estaba empezando a ser fuera de lo común. ¿ Dónde empezaba mi locura? Empezaba a estar siempre en mi cabeza, hasta el punto en el que no me concentraba en clase y mis aficiones se habían perdido, solo era ella. Sentía que sin ella no estaba bien, necesitaba su presencia para estar tranquilo, cuando cogía su móvil y hablaba con alguien miraba de reojo para saber quien era, la seguía continuamente en las redes sociales, miraba que no hablara con otro chico, para asegurarme de que ella siempre estaría conmigo. El nombre de Carla resonaba continuamente, al principio era dulce, luego horroroso. Su perfume se había apoderado de mí y yo era una víctima. Una sensación de amor-odio me rodeaba y no podía evitarlo.

Pero había algo que no cuadraba en toda esta historia, Carla pasaba todas las tardes en mi casa, mi madre estaba harta de verla y de oír hablar de ella y se pensaba que mi TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) había vuelto, pero ella casi nunca mencionaba a su familia, siempre decía que tenía muchos problemas, que no le apetecía hablar de sus padres y nunca había visto donde vivía, me parecía extraño.

Un día, después finalmente accedió a enseñarme donde vivía, fue ella la que tomó la iniciativa -Vamos hoy a mi casa, te advierto que no es un lugar muy acogedor, pero ha llegado el momento de que la conozcas- Vaya tontería pensé, seguro que peor que mi casa no era.

Al salir de clases decidimos que iríamos a su casa, estaba tranquilo, nada podía salir mal, era un día frío y gris, nos dirigimos a las afueras de la ciudad. Carla estuvo seria durante todo el camino, luego extrañamente empezó a estar sonriente y habladora, era curioso como podía haber cambiado de humor tan rápido, me desconcertaba.

Después de caminar una media hora, llegamos a una casa que estaba situada en las afueras del pueblo, cerca de la montaña. Era una casa antigua y fea, era una casa de campo, con dos pisos y habían gatos que la rodeaban, te miraban con cara de odio aún así, entré sin pensármelo.

Entramos en la casa – Ponte cómodo- dijo Carla. ¿Cómo podía ponerme cómodo en una casa así? Solo entrar un escalofrío recorrió mi cuerpo, una sensación irritante, un presentimiento. La casa estaba decorada con fotos antiguas, retratos de personas de hace dos siglos que parecía que te iban a sacar el alma, estaba descuidada, sucia, olía a podrido, no sabía como Carla podía vivir ahí.

-Siéntate- me dijo, me senté en el sofá, no había tele, ni ordenadores, parecía que no había pasado el tiempo. Al parecer estábamos solos, de repente apareció otro individuo en la sala, era un chico joven, tendría unos veinte años, quizás un poco más. - Él es Denís, mi hermano.-dijo ella. Al contrario de lo que pensaréis, él no daba miedo. Tenía el pelo largo hasta los hombros, hablando desde mi heterosexualidad, podía decir que era uno de los hombres más atractivos que había visto, parecía un dios griego, y no se parecía a Carla en absoluto.

Sentí envidia, ¡Qué elegancia tenía! Y a la vez sentí un nudo en la garganta, unos celos irracionales de que pudiera encontrar más atractivo a Denís que a mi ¡Qué estaba diciendo! ¡ Me había vuelto completamente loco! ¡Era su hermano! pero los celos se apoderaban cada vez más. Cada vez que Denís abría la boca, más rábia irracional me entraba ¿Cómo podía ser tan perfecto?

Estuvimos hablando un rato en esa casa lúgubre cuando entonces, Carla me dijo que tenía algo que enseñarme, me levanté y fui con ella, caminé por esos pasillos estrechos, las paredes estaban húmedas, las ventanas estaban abiertas y una ráfaga de viento hacía que las puertas se cerraran de golpe.

Me llevó a una pequeña sala con una puerta que permanecía cerrada. -¿Quieres saber que hay dentro?- preguntó ella. - No estoy seguro- contesté. Ella se rió, pero yo permanecí inmóvil. Ella abrió la puerta lentamente, yo abrí los ojos de sorpresa, no podía ser... Entré en pánico.

Esa era la puerta de un pequeño armario, en el armario habían fotos, cada foto era de un chico joven, como yo, debajo de esas fotos, había la fecha de su nacimiento y la de su muerte, era curioso que todos los chicos murieran un dieciocho de octubre, el día en el que estábamos.

De repente noté un objeto punzante en mi espalda, Carla se acercó a mi oreja -¿ Quieres ser el siguiente?- dijo susurrándome.

Le agarré del brazo del que portaba el puñal, pero ella se soltó, tenía una fuerza extremada para ser una chica delgada y de apariencia inofensiva. Me amenazaba puñal en mano mientras yo retrocedía unos pasos, entonces me topé con Denís, estaba detrás de mi, me giré y me hizo una sonrisa de psicópata.

Hubo tensión, estaba acorralado, Denís se me acercaba lentamente hasta el punto de la intimidación, puso su cara delante de la mía, nuestros labios casi se rozaban, sentía su respiración , tan tranquilo, lo miré, era hermoso.

Denís me agarró del cuello, y antes de que pudiera estampar mi cuerpo contra la pared, cogí el puñal de las manos de Carla, no se como lo hice, me armé de valor, hundí mi puñal en el estómago de Denís, en un arrebato de celos irracionales, ! Dios mío, que había hecho! Respiración agitada, pánico en mis entrañas, corazón fuera de control y manos teñidas de rojo. Giré mi cabeza, los dulces ojos de Carla, ahora eran dos bolas de fuego, empecé a correr hacia la salida, ella corría veloz detrás de mi, era muy rápida, me cogió del brazo, sentí una sensación abrasante.

Conseguí deshacerme de ella, corrí y corrí, hasta que no pude más, quería escapar, irme, salir de toda esa situación, corrí tanto que hasta mi corazón iba a estallar pero seguí corriendo hasta que pude descansar, miré hacia atrás no había nadie persiguiéndome, era libre.

A partir de ese hecho nada volvió a ser lo mismo, me mantuve dos días alejado de casa, mis padres se preocuparon pero al final volví.Me pregunté como alguien podía haberme vuelto tan loco e irracional, no entendía la razón.  Unos días más tarde lo denuncié a la policía pero la policía no pudo encontrar ni rastro de Carla, ni de la casa en las afueras, ni de Denís. Me pareció muy extraño pero no sólo eso, empecé a preguntar a la gente sobre Carla, sobre si la habían visto, la gente me miraba extrañado, quizás con compasión, nadie la había visto, nadie sabía nada de ella, solo pensaban que estos días yo había empeorado. No entendía nada y nadie lo entendía.

Salí al balcón de mi casa, saqué un cigarro y me lo encendí, inspiré y expiré. ¿Me lo había imaginado todo?¿ Estaría realmente loco? ¿ O lo estaban los demás?.

 

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Siempre me ha interesado leer, escribir y cualquier tipo de expresión artística. Estudio filología inglesa en la universidad de Barcelona. Tengo 21 años.

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