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17 min
La madre que nos parió, mi hermana y un corazón vacío. Cap. 3 de 3.
Humor |
13.12.13
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Sinopsis

“La familia es un defecto del que no nos reponemos fácilmente” HERMANN HESSE

                                              Un corazón vacío                                                              

 

                                                         V

Son las ocho de la tarde cuando soy capaz de abrir los ojos y salir de la habitación.

El embotamiento de la mariguana mañanera  sigue aturdiendo mis sensaciones, dejándome en un estado algo limitado, pero como solía decir “el flores”- un sabio, un mito de las calles eldenses- “el porro mañanero atonta el día entero ¿Tendría usted veinte duros para una buena causa?

Fuera sigue lloviendo con fuerza y veo a Laura cocinando lo que parece que van a ser unos deliciosos espaguetis. Su estado de ánimo está totalmente renovado del altercado de esta mañana durante el desayuno, se ha deshecho del corazón vacío que colgaba de su cuello, desprende buenas vibraciones, aparenta estar más fresca que una lechuga y cualquiera podría decir que es otra persona.

-     ¿Tendrá hambre el hermanito? Vaya día que te has tirado

Me dice con una sonrisa lejos de parecer maliciosa y ofreciéndome una copa de vino. Le doy un buen sorbo. El vino atraviesa sin dificultad el resto de las capas finas del cannabis que nublaban mi cerebro, aclarando, despejando de una manera rápida y apaciguadora los pensamientos.

-     Huele muy bien. No conocía tu faceta de cocinera.

-     Hay muchas cosas de mí que desconoces ¿Por qué no te vas currando un porrito para ir haciendo hambre?

Después de comprobar que el móvil sigue sin registrar ninguna llamada -Pringao, pringao, pringao- desconectarlo y poner la mesa, tomo asiento, doy cuenta del segundo vino y fabrico con arte el porrito que exige el momento.

Los espaguetis estaban deliciosos y durante la cena el vino ha corrido con alegría. Laura se ha mostrado de una manera locuaz y bastante agradable, gracias al vino o al cannabis, gracias al arrepentimiento. Hemos charrado de diversos temas que no nos conducirán a ningún lado pero con los que sin ellos, creo, que la vida sería extremadamente aburrida. Me ha sorprendido saber que su cultura musical me supera, pues la música, aunque siga emocionándome ya no lo hace de la forma arrolladora y visceral que lo hacía en antaño. Su tema favorito, por encima de todos los demás, ha dicho, es el Blue Monday de los New Orden y que el amor por la música se lo debe, y estas son palabras textuales, al estúpido de su padre.

Esta siendo una velada agradable y para rematar la noche, destapamos una nueva botella de vino mientras tomamos aire para meternos entre pecho y espalada un desmedido canuto, del que estoy seguro, tendrá el efecto de un tremendo puñetazo directo en lo más profundo de mi desgastado aguante.

Llaman a la puerta…

-      Esperas a alguien.

Le pregunto. Después de mirarme durante un breve instante y caer en la cuenta de que no pienso levantarme se dirige a la puerta. La abre. Se queda inmóvil, transpuesta, congelada…

-     Hola Laurita ¿Puedo pasar?

Dice la voz de un hombre, una voz algo desecha, desanimada por algún motivo que se me escapada. Después de cerrarle la puerta al desconocido de un enorme portazo y volver a sentarse con gesto enfurruñado no puedo hacer otra cosa que soltarme una sorprendida y gran carcajada.

Esto se anima. Coge la botella de vino y da buena cuenta de ella.

-     ¿No piensas abrir?

Le pregunto entre risas tras arrebatarle la botella con gran maestría mientras recuerdo que la mezcla del alcohol y el cannabis no hacen buenas migas. Pues nada, que se lleven como quieran...

-     ¡”Veste” a tomar por culo! ¡Tú y él mierda que esta a fuera mojándose como un gilipollas!

Movido por la curiosidad que me caracteriza y sin dejar de reír abro la puerta. Su padre.

El final de velada, por lo visto, será un descojone genial.

-     ¿Puedo pasar?

Vuelve a preguntar y pienso en la cara que pondría si le volvieran a cerrar la puerta en las narices. Me abstengo de tal grosería mientras me conformo en mirarlo fijamente. Su aspecto es, por decirlo de una manera suave, algo lamentable. Calado hasta los huesos, vistiendo una ropa monstruosamente juvenil que no debería llevar un hombre de su edad, a no ser, claro está, que su intención sea la de avergonzar a su queridísima hija.  Al verlo aquí plantando, bajo la lluvia, con el pelo teñido, los ojos enrojecidos por las lagrimas que ha tenido que soltar durante horas, desesperado, enseguida reconozco el gran parecido que se gasta con Mariano Rajoy y en su triste mirada advierto un idealismo poético, frágil y tremendamente infantil que le tuvo que resultar fácil de devorar a la arpía de mi madre.

Es sorprendente lo peligrosa y dañina que puede llegar a resultar la puta melancolía.

Pobre desgraciado.

¿Quién te manda a ti lidiar con semejante mujer?

Le cierro la puerta. El descojone es total.

Después de comprobar que no será Laurita la encargada de dar entrada a la caricatura del presidente que tiene por padre y que el espectáculo corre un serio peligro de acabar antes de hora, abro la puerta, no sin antes claro, de dar otro buen lingotazo.

El pobre diablo está sentado en la entrada, como un niño perdido en un bosque, atemorizado e incapaz de encontrar el camino que lo lleve de vuelta a casa. Me pregunto cuándo fue la última vez que me encontré a un hombre en su estado tirado en la puerta de casa y llego a la conclusión que por muchos años que pasen mi madre nunca perderá esa extraña habilidad…

-     Pero no llores mas...venga...para...ya esta…

Le digo después de levantarlo del brazo y meterlo en casa…

-     …aquí, siéntate aquí…

Le doy unas palmaditas en la espalda…

-     …al lado de Laurita. Muy bien…

Puedo notar los ojos de Laura como dos brasas cayendo sobre mi espalda...

-     ... y ahora el tito Franko va a traer un poquito más de vino. Veras que bien nos lo vamos a pasar.

Destapo la que va a ser la cuarta botella de la noche y tomo asiento en uno de los taburetes de la barra americana mientras observo a padre e hija sentados frente a frente. Guardan silencio, el cabizbajo y abochornado, ella escrutándolo con una mezcla de cariño avergonzado y una extraña impaciencia.

Por lo visto la función tardara unos minutos en comenzar. Pero tremenda es mi sorpresa cuando Laura se levanta y se dirige al baño para segundos después aparecer con unas toallas en las manos...

-     Toma. Sécate. Y tu Franko ¿No deberías dejar de beber por esta noche y acostarte?

-     ¿Y dejar una botella sin acabar? De eso nada, son siete años de mala suerte…

Le contesto sin dejar de beber del todo, alzando al cielo el tremendo porro que me estoy “chuscando”…

-     Y lo de la cama como que no me apetece después del siestón que le he metido a este cuerpecito mío- que grande eres Bebe- pero no pasa nada, ale, ale, vosotros a lo vuestro, como si yo no existiera...

Me clava sus ojazos negros mientras me ofrece una mirada que destila una extraña, etílica y violenta inteligencia que si no fuera por el vino  que recorre mis venas me haría estremecer hasta la extenuación...

-     La primera vez que vi a tu madre…

Empieza a decir su padre sin levantar la cabeza, con un tono de voz blando y escalofriantemente sincero que me dan ganas de salir huyendo y esconderme debajo de una cama..

-     …me dije a mi mismo que bajo ningún concepto me acercaría a esa mujer...enamorarme de ese tipo de belleza seria mi perdición, pensaba...y así ha sido...

Y llegados a este punto, creo, que lo mejor que puede hacer uno es levantarse e irse directamente a dormir. Pero no, no puedo. Una debilidad repentina me lo impide, mis piernas son de mantequilla y un sudor frió empieza a recorrer todo mi cuerpo...

-     Laura, te miro y me avergüenzo de mi mismo, eres mi hija y me gustaría hacerle frente a tu madre... pero no puedo...nunca he podido...

...mi visión es borrosa mientras voy tambaleándome y tropezando por la habitación, una colmena de abejas se ha instalado en mis oídos; sus voces cada vez suenan más lejanas...

-     Por favor papá, cállate...

-     Sé que me odias por eso...ella me lo advirtió ¿sabes?...

...maldita mariguana, el desmayo será inminente. Nunca llegare al cuarto de baño...

-     No te hagas esto papá...por favor, no dejes que lo vea... tu eres una buena persona, eso es todo...

-     Soy un corazón vacío…Un corazón vacío… me dijo y yo… yo no la quise escuchar...

...milagrosamente llego a la puerta del baño. Yo tampoco me acercaría bajo ningún concepto a ese tipo de belleza, eso, señor presidente, hay que dejárselo a los valientes, o más bien, para aquellos hombres que de una u otra forma se los han terminado por follar la vida y se han quedado sin escrúpulos. Pienso antes de desplomarme contra la taza del váter.

 

 

                                                           VI

El reloj de la habitación marca las ocho y media de la mañana. Intento averiguar cuando fue la última vez que me levante tan temprano y no lo consigo. Después de mirar por la ventana compruebo que ha dejado de llover mientras un dolor intenso aporrea mi cabeza sin cesar.

¿Cómo diablos llegue a la cama?

Lo último que recuerdo es el frió mármol del inodoro contra mi rostro, pienso durante el eterno trayecto que hay del dormitorio al cuarto de baño.

Cuando veo mi rostro reflejado en el espejo descubro que tengo en la frente un gran cardenal, tremendo tuvo que ser el castañazo.

Con paso cansado me dirijo hacia la habitación principal y debajo de unos de los numerosos imanes que adornan la nevera veo una nota que por lo visto será la encargada de aclarar esta extraña situación:

Querido hermano:

Si estás leyendo esta nota es porque me he marchado. Quiero estar con mi padre, me quiere y eso me gusta. Me ha dicho que le ha quedado un buen pellizco de la venta de la tienda de deportes y piensa alquilar un buen coche y recorrerse toda España, que le vendrá muy bien el viaje pues en estos momentos anda el hombre un poco perdido. La verdad que me fascina la idea, y a mí, creo, que esta aventura no me sentara nada mal.

Todo esto que te cuento me hubiera gustado decírtelo en persona. Solo por ver la cara de gilipollas que vas a poner a continuación hubiera merecido la pena esperar, pero mi padre se encontraba entusiasmado y quería empezar cuanto antes:

Vaya susto que nos diste anoche. Después de perder el sentido y golpearte, terminaste con la cabeza metida en el interior de la taza del váter: Te falto nada para ahogarte con tus propios vómitos. Si anoche alguien merecía una muerte tan ridículamente espantosa ese eras tú.

Franko, eres un capullo.

Si no fuera por mi padre, o más bien, a sus ganas de mear y a un cursillo que hizo recientemente de primeros auxilios ahora estarías rascándote las pelotas en el purgatorio.

Haz que te vea la cabeza un medico. La herida, el golpe en la chota, también.

Anoche, después de ducharte y meterte en la cama como a un niño bueno mi padre se fue al hotel a recoger sus cosas y yo me quede en vela casi toda la noche, esperando y pensando en mis cosas.

No sé porque, pero me dio por recordar una tarde de primavera en la que paseaba con nuestra madre por un parque de Alicante, creo que era canalejas, pero bueno, qué más da… Yo no tendría más de nueve años e iba de la mano de mamá. Nos tropezamos con una paloma que yacía muerta en el suelo. Después de mirarla fijamente durante varios segundos, no sé porque, me deje caer al suelo de rodillas. La imagen de la paloma me aterrorizaba a la vez que me atraía.

Empecé a llorar, no recuerdo a ver llorado después con tanta intensidad como lo hice en aquella tarde. Recuerdo perfectamente que ella me agarro del brazo y me obligo a levantarme, me miro detenidamente, de una manera fría y despiadadamente tranquila y me dijo que parara de llorar, que eso no servía de nada. Eso me dijo, que no servía de nada.

No sé porque te cuento esto, pero necesitaba soltarlo y si hay alguien que pueda entenderlo ese eres tú.

Te quiero Franko

                                                                                                      Laura

PD.

El corazón vacío lo he dejado en la mesita de noche.

Quédatelo, tíralo, véndelo o dónalo a la beneficencia.

Yo, no lo quiero.

 

Cuando termino de leer la carta no puedo dejar de pensar que con la marcha de Laura me he quitado un problema de encima y eso no me hace sentirme peor de lo que ya me siento conmigo mismo, aunque se, estoy seguro, que mas tarde, la echare de menos con todas mis fuerzas.

Y nada como cometer un acto idiota, estúpido y sin sentido como para que uno empiece a sentirse un poquito mejor. Llamo a mi madre. Una conferencia directa a Buenos Aires…

-     ¡Hombre! Si es mi hijo...

Contesta  con una simpatía desbordada que no reconozco, me da por pensar que esta delante de alguien al que intenta agradar y puedo oír perfectamente el sonido identificable de un aeropuerto. Me acerco a la ventana y después de varios días vuelvo a ver a mi vecino “el gris”, con gesto cansado, meditabundo y balanceándose en la vieja mecedora...

-     ¿Cómo esta Laura? ¿Te está dando mucho paliza?

-     Laura se encuentra bien, muy bien- se está esforzando por no terminar pareciéndose a ti- perfectamente…

La mujer del hombre gris sale de la casa y se aproxima a su marido por detrás, lentamente, para poner las delicadas manos sobre sus hombros y terminar dándole un cariñoso beso.

Una pareja feliz, es lo primero que me viene a la cabeza...

-     Pensaba llamaros pero he estado un poco ocupada...

En tu burbuja de felicidad supongo.

-     ...y no he sabido sacar un momento...

Al que tomaba por un hombre gris, se levanta de la mecedora y puedo advertir que se le ha dibujado una sonrisa cansada en el rostro, una sonrisa fatigada pero mecida por un optimismo que yo, en estos momentos, estoy muy lejos de poder conseguir de una manera sincera…

-     ¿Franko? ¿Estás ahí?

Sigo en silencio mientras mis vecinos se adentran en la casa cogidos de la mano y tengo la impresión que han logrado, han sido capaces de encontrar la manera, la forma, de hacerle frente a lo desconocido, o tal vez, frenar aquello que los tenía atrapados hasta hace muy poco…

-     ¿Me escuchas?

-     Sí. Sí que te escucho...

-     Ah, creía que se había cortado...y bueno dime ¿Qué tal estas? ¿Sabes algo de tu novia? ¿Y del trabajo? Pero por dios…

Empieza a reírse de una forma que tampoco reconozco…

-     …cuéntame algo.

Guardo silencio mientras recuerdo el día en el que me mando a vivir con su hermano y su mujer- los optimistas- de como la obedecí sin extrañarme de ningún modo y me dispuse a afrontar la nueva situación con el valor despreocupado que solo un niño es capaz de conseguir. Y también me puedo ver con quince años , observando a mi tía la gallega inmensa en una de sus fantásticas risotadas y después de tomar aliento, recuerdo, dijo como el que no quiere la cosa y sin terminar de reír del todo, que las personas nos hacemos mayores, que nos vamos cargando de frustraciones, algunas de ellas terribles, que era inevitable pues la vida de los privilegiados suele ser larga, que al final nos acostumbramos a las cosas feas y aguardamos con mucha incertidumbre, sin saber cómo reaccionaremos, aquellas otras cosas que pueden llegar a ser tremendamente feroces, la gran mayoría no tienen remedio y lo único que nos queda es tomarnos las cosas con calma, con toda de la que seamos capaces y dormir, dormir mucho. Terminó de reír diciendo que mi madre era una mujer que no había sabido dormir lo suficiente, que me quería, pero a su manera.

-     Hijo ¿Te encuentras bien? Te noto un poco raro, como abstraído...

-     Solo quería decirte…

Le empiezo a decir casi como en un susurro aprovechando el sonido de un avión que puedo oír desde el otro lado de la línea...

-     …que...te quiero.

Le termino por soltar convencido de que no habrá sido capaz de escuchar las palabras más sinceras que he soltado en semanas...

-     ¿Y para eso tanto misterio? Yo también te quiero, pero, dime ¿Pasa algo? ¿Estás bien?

-     Sí... por supuesto… está todo bien...

Muy bien.

 

Me quedo con el móvil en la mano mirando por la ventana y no sé porque, me imagino dejándome arrastrar, sin oponer ninguna resistencia, por la fuerza de un cambio. Veo pasar lentamente un camión para después abandonar la calle, dejarla envuelta en el silencio del día  y zarandeada por la alegría de los colores chillones de las casas del barrio mientras pienso que no estaría de más, empezar a madurar, tener presente, el hecho de que he vuelto a caer en un punto donde las cosas no se solucionan solas, que no tengo porque dramatizar, pero adquiriendo un poco de iniciativa, tal vez, las cosas ganarían ligereza. Eso, sería dar un buen paso.

¿Autojustificación?

Pues bienvenida sea.

El porche de mis vecinos, los arboles dejando caer las primeras hojas, los restos de la tormenta de anoche secándose con los últimos coletazos del verano, no muy lejos puedo ver el mediterráneo y a dos señoras dirigiéndose hacia la lonja del pueblo. San José, Guarida de las dunas, un lugar extraordinario, oculto entre playas de arena blanca, un rincón Alicantino adormilado por el sol y del que estoy seguro, abandonare dentro de pocos días.

Mientras tanto, escuchare el fabuloso “Where is my Mind” de los PIXIES, reiré con el sonido garrapatero de los Delinqüentes y seguiré sonriendo leyendo “Las aventuras del buen soldado Svejk”. Tirare el móvil a la basura y conectare el portátil. Me quedare con la compañía de Kriss Foxx, una Galesa que no tiene nada de especial, pero que tal vez, sea esa vulgaridad el mayor de sus encantos, y claro, como no, es poseedora de un culo que nunca decepciona.

 

                                                               Fin

 

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Si se me permite, me gustaría aprovechar este momento para echar un órdago a aquellas personas, que como yo, sufren una extraña alteración en las funciones vitales cuando se ven abocados al vacío de un “Sobre Mi”. Vértigo, bloqueo, encogimiento de las partes nobles, picor en los ojos, moqueo, estornudos constantes, urticaria repentina… Es horrible, de verdad, créanme cuando digo que cuando nos vemos en esta situación la única salida que nos queda es echarnos en el suelo, formar un ovillo con nuestros cuerpos trastornados y esperar a que acabe la pesadilla. Y ahora que he logrado levantarme del suelo y recobrar algo de dignidad me pregunto si habré logrado mi propósito. Joder, estoy desvariando. No sé si tomarme un vino o una cerveza. En fin, me hare un vinito y mientras lo pienso.

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