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6 min
la magnificencia de un virus
Reflexiones |
31.03.20
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Sinopsis

nada que acotar ....

                        LA MAGNIFICENCIA DE UN VIRUS

 

Quien iba pensar que recorrería alguna vez calles desiertas, que la gente escaparía lejos de mi como de un leproso, nunca sentí tanta paz en este silencio obligatoriamente impuesto. En la calle el viento juguetea despacio con las primeras hojas de otoño, en una tarde de cielo irregularmente azul, limpio y de agradable temperatura. Jamás disfrute tanto el paisaje de los arboles saludándome al paso, como en una extraña danza se mueven levemente al compás de la brisa.

 Con una pequeña bolsa de pan tibio, que he conseguido varias cuadras atrás balanceándola como un premio, como un logro veo a la gente envidiarme. Quien pensaría que una holganza se transformaría en un baluarte alguna vez .Miro el reloj porque las cuatro horas del permiso están a punto de expirar,  me he ofrecido de voluntario para las compras de todo el vecindario ;voy colgando bolsas en las rejas a mi paso, ataviado de mascarilla, mono y guantes que  son deslizados cuidadosamente y amarrados en una nueva bolsa, depositados  en los basureros  en tres bolsas más y marcados con un  rezo de peligro. Desde la hora de salida me he propuesto hacer 5 mandados diarios sin falta.  No solo me mantiene activo, sino que me permite servir a mi comunidad, aunque las razones reales no sean precisamente humanitarias, sino más bien individualistas, una a una las bolsas se han colgado de los hogares y cada cinco o seis minutos un bip indica un deposito en mi cuenta, que ha ido creciendo exponencialmente como el virus mortal que nos ataca. Es un desafío salir a diario y enfrentarme con este agente astuto y cruel.  Ahora con esta pequeña bolsa de pan volviéndome a casa cansado y feliz. Medito sobre lo solo que he estado todo este tiempo, y lo asocial que he sido. No conocía a mis vecinos, de no ser por doña Norma que me pidió un favor tal vez jamás les hubiera conocido, y aquí estoy recibido con vítores y alegría, de vez en vez una bolsa de pan dulce , un frasco de mermelada ,una carne horneada con mi nombre impreso cuelga a su vez de la reja y nunca fui tan popular como ahora. las mujeres me miran por la ventana, me tiran besos y los hombres mueven la cabeza en un gesto de agradecimiento y aprobación que me regocija el alma  a momentos. En ocasiones los niños se asoman colgando de sus brazos los osos o panteras  ,se asoman como si yo fuese un caballero de armadura, levantan sus manitas y saludan.  Enternece la forma en que la gente muestra su gratitud, Sara me dejo una bufanda, de múltiples colores , la explicación es que no  hay de otras lanas ,a mí me parece hermosa, Don Juan a dos casas barre la hojas y se saca el sombrero como saludo a mi paso, Doña Virginia fue internada el lunes , su hija Cristina llora en la entrada  porque  hoy ha muerto, Marisela me tira besos con la mano en su esquizofrenia desbordada  por el largo encierro ,Oscar sale unas casas más allá realizando una labor parecida a la mía, ambos sonreímos detrás de las mascarillas y la máscara acrílica que porta porque es enfermero en un hogar.  Alicia sale al balcón apretándose una bata desde hace días sin cambiar, sin un solo gesto, Carlos sale cada mañana a trabajar con un traje de astronauta, porque es médico en una clínica, Andrea teje cerca de la ventana levanta  y me muestra los pequeños trajes, solo le falta un mes.

 Ya leí toda la biblioteca encontrando embalados libros que alguna vez compre y nunca leí, he ordenado los muebles y vuelto a buscarles una ubicación en promedio ocho veces, me entretengo en el PC con unos juegos antiguos y en línea con los pocos amigos que tengo. Es tarde , la sirena del toque de queda y la ciudad se sumerge en una sinfín de alarmas, los carros de la policía custodian las calles alternadamente, con altavoces e instrucciones .Dos soldados uno a cada lado de la calle, la recorren con Uzi en mano apuntando al suelo.  Ya van 75 días de cuarentena y los muertos alcanzan los 300.000, en este pequeño lugar, colgando al fin del mundo, con una población de una decena de millones.

Ya no veo las noticias, el carro blindado se pasea cada dos días retirando cuerpos envueltos en papel film y enrollados sobre sí mismos, metidos a bolsas negras selladas. Una frágil línea se ha instalados entre los que permanecemos sanos y los infectados.

 Mi padre murió el martes, mi hermana Sofía me dio la noticia y aun cuando era anciano me golpeo la noticia de no poder hacerle un sepelio como corresponde, ella sollozaba y fue entonces que decidí ser el recadero y mandadero de mi villa , aquí hay muchos mayores ,quizás sea la reivindicación que necesito para honrar a mi padre , un consuelo  alternativo supongo

Extrañamente tengo 12 mensajes de gente que hace años no veo, incluso alguna novia ,esta enfermedad diabólica que no distingue ni clases ni edades llenándonos de fragilidad y miedo, de pronto se transforma en la mejor forma de vida que he tenido, separado de los gráficos, las largas tardes de cálculos y proporciones, de imágenes tridimensionales y márgenes, como  si de pronto lo básico y el orden general  del universo pidiera un alto de shock ,como si esta ciudad , este país y el mundo entero se hubiesen detenido para abrirle paso, como  si el virus se transformara en un ente sigiloso paseando entre nosotros, marcándonos. Llevándose con él  lo mejor o lo peor, transformándonos en ángeles o demonios alternadamente .

La calle desierta, la luz de un sol flojo de otoño que apenas calienta, la brisa suave y mis pasos En el fondo mi reja con un crespón negro grande y vistoso que me estremece  como una docena más en la cuadra.

 

 

 

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  • Realmente nada que acotar Pamela. Me gusta la positividad del mensaje donde todo lo malo lo conviertes en bueno en tu relato. Un placer de leerlo en tiempo de virus.
    En lo que tengo de vida, he pasado grandes epidemias y enfermedades pasadas como el sida, el dengue, el colera, el zika, la chikinguya, golpes de Estado, levantamientos populares, pero siempre había un margen de operación con el que podría salirse adelante mediante la acción y el movimiento. Con esta fantasmal incertidumbre del Covid 19 no hay autocontrol que puede evitarlo y prevenirlo, solo la inacción y la reclusión pueden ayudarte a sobrevivir. Es lo más terrible, incluso más terrible que la enfermedad.
  • Creer o no es algo absolutamente personal; yo que creo en la energía, la esencia y la permanencia , puedo abrirme a la percepción de sensaciones, visiones y experiencias inexplicables. y también respeto aquellos que piensan que esto es solo una tonteria .

    Estoy segura que todos conocemos a alguien que lo ha perdido todo, hasta a si mismo, que se ha cansado de pelear abandonando, ésta no es una crítica , esta es una forma de expiar los pecados, de mirarse y ver lo realmente está pasando , perdonarse y pedir ayuda para aquellos que aun pueden lograrlo

    De pequeña sentía una fascinación extraña por las iglesias , su arquitectura y su estética me causaban gran emoción , aun hoy al entrar en una catedral y oír el eco de una voz fuerte y rasposa me estremece . cierto es que ya no pienso lo que entonces y que tengo mi propia interpretación de la fe , pero eso es otra historia Quiero hacer notar enfáticamente que mi idea no es faltar el respeto a ninguna persona que pertenezca a la fe católica, muy lejos de mi aquello

    Con tanta teoría conspirativa resucite un cuento que escribí hace mucho para jugar un poco .

    Hay ocasiones en que por mas que la disfracemos, evitemos o luchemos , la realidad como una bola de nieve gigante, fría y pesada nos golpea

    Hoy que parece todo estar convulsionado y revuelto , yo recuerdo de pronto quien soy

    Espero de todo corazón que estas ideas mias jamas se concreten

    Nunca estuve en una viña, recorrí las afueras de algunas y en mi casa había una que otra parra huacha , pero no se bien porque este sueño se repite y me acosa por tanto ahora decido en papel volcarlo

    Tiempo de nostalgia de cierres y me introspección

    Hoy solo quiero hacer un homenaje uno simple sin aspavientos, no solo a la gente de salud , sino a los miles y millones de personas que a diario y por la naturaleza de su trabajo se ven expuestos . solo gracias a todos y cada uno

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Desde siempre me han gustado los libros, de adolescente escribía cuadernos con poemas e historias, algunos que no le mostré a nadie jamas. ahora no me avergüenza tener como hobby escribir y que alguien lo vea

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