cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
LA MALA EDUCACIÓN 1
Reales |
08.09.19
  • 5
  • 5
  • 76
Sinopsis

Un hombre ve a su viejo maestro cuando iba a la escuela y le vienen malos recuerdos. Quizás los lectores jóvenes que lean este relato se extrañen de lo se diga en él, pero responde a la realidad.

Un día cualquiera del año 1990 Miguel Fernández, un hombre de cincuenta años que trabajaba de funcionario en el Ayuntamiento de su ciudad, se encontró casualmente en un bar al que solía ir a desayunar al viejo maestro de sus primeros años en la escuela. Éste era un hombre que a pesar de contar con ochenta y tantos abriles aún conservaba un cuerpo erguido; casi marcial que denotaba una buena salud, el cual pidió al camarero un vaso de café con leche.

De súbito Miguel sintió un escalofrío que se instaló en su estómago, por lo que abandonó enseguida aquel local.

Durante el camino de regreso a su oficina a Miguel le vino a la memoria de una manera insistente la desagradable educación que había recibido de aquel maestro llamado Domingo que bien podría ser el paradigma de muchos otros colegas suyos en aquellos lejanos años.

Miguel conoció a dicho docente en una escuela privada a la que asistían muchos hijos e hijas de las familias del barrio en el que vivía cuando éste era el director de la misma. Pero Miguel ignoraba que si en el tiempo de la República la enseñanza académica había evolucionado considerablemente centrándose en una tan buena como racional educación en el alumno, en aquel entonces bajo el influjo de una agresiva y autoritaria política estatal sucedía todo lo contrario. Se había vuelto al rancio concepto de que el niño era como un árbol torcido que necesitaba un palo para enderezarle.

Por tanto aquella idealización que se hacía acerca del maestro de que él amaba a los alumnos y se mostraba solícito a sus requerimientos, despejando sus dudas; o que les enseñaba a pensar era una soberana falacia que no tenía nada que ver con la reealidad.

Lo corriente en la mayoría de las escuelas era que los maestros pegaran sin ninguna consideración, sin mesura y con rabia a los alumnos más revoltosos; o a los que eran más lentos en aprender la lección, sin que ellos tuvieran ningún derecho a protestar.

-¡Quién no haya entendido el significado de esta lección, que pregunte! - decía el señor Domingo en su aula con una regla en la mano.

Mas si al alumno más despistado; y sobre todo si era de una clase social humilde, que siempre era el chivo expiatorio de los castigos del director por las travesuras de los demás, se le ocurría preguntar, el maestro con un aire colérico le increpaba enfurecido:

-¡Es que no escuchas cuando hablo! ¡Estás en las nubes, y por eso siempre serás un inútil,un vago que nunca harás nada de provecho en esta vida! - le humillaba despectivo el señor domingo.

Y es que para estos docentes la sutil pedadogía de un afrancesado Piaget que contemplaba la psicología infantil, y de otros especialistas no era otra cosa que vanas teorías que no valían para nada en la práctica, porque lo que para muchos de estos maestros contaba era la ruda educación que habían recibido de sus progenitores en muchos pequeños pueblos rurales del país; los cuales aunque fueran unos linces en Ciencias y sobre todo en Matemáticas no se sabían explicar y hablaban atropelladamente, así como también se ponían como unos energúmenos si el alumno no entendía la asignatura de los números. En conscuencia muchos chavales se abstenían de preguntar para ahorrarse un rapapolvo.

Sin embargo, por otra parte, Miguel se extrañaba de que hubiesen algunos alumnos que aquellos malos tratos les estumulara un incipiente masoquismo que les hacía confundir el respeto hacia el maestro con el temor, y acababan sometiéndose, y admirando a la implacable firmeza del mismo.

En una ocasión Miguel Fernández pasó por delante del patio de recreo que daba a su aula, y vio tendido en el suelo boca arriba a un alumno a quien una joven maestra con un pañuelo mojado con agua a modo de compresa intentaba cortarle la sangre que manaba de su nariz. Se trataba de su íntimo amigo Manuel con el que había compartido un sinfin de juegos, que debido a algo que habría hecho había recibido de su profesor tales bofetones que le habían provocado aquella hemorragia. Y no era el único caso.

-Papá, el maestro me ha pegado - se quejaba cualquier niño ante su padre a la hora del almuerzo buscando un apoyo afectivo, una protección.

-¡Ah! Será porque te lo habrás merecido - respondía su progenitor impertérrito, puesto que éste esperaba que la escuela educara a su hijo como es debido porque a su juicio la madre le mimaba demasiado, y la autoridad del maestro era incuestionable.

Un día Miguel presenció en la escuela una situación insólita. Resultó que el señor Domingo - el director- fue a visitar el aula de los alumnos mayores, y tuvo un serio altercado con uno de sus profesores empleados delante de sus dicípulos.

- ¡Señor Domingo, hace ya medio mes que me debe unos atrasos de mi sueldo anterior que me hacen falta! - le reclamó ásperamente el empleado, que era un hombre  alto y calvo.

- ¡Pues ahora no le puedo pagar, porque me han salido unos gastos imprevistos. Tendrá que seguir esperando respondió el señor Domingo irascible.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta