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10 min
LA MALDICIÓN DE LA MONEDA
Suspense |
05.06.18
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Sinopsis

Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir algún fallo o incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir y adaptar el texto.

PARTE 1: LA MONEDA DE PLATA.  

Era mi cumpleaños y estaba tan emocionado que apenas pude pegar ojo aquella madrugada; no tuve ni tiempo para soñar. Me levanté con una sonrisa sobre las diez de la mañana y fui al cuarto de baño para asearme antes de salir a la calle, pero mi madre me interrumpió antes de que pudiera entrar:

  —Recuerda que tienes que ir a casa de la panadera.

  —Vale, que sí. No te preocupes.

  Llamé al timbre de la casa varias veces, pero nadie contestaba y miré por la ventana. Unos ojos aparecieron de pronto. Vaya susto. Era una niña de unos diez años, mi edad. Luego desapareció y alguien abrió la puerta asomándose a través de una pequeña rendija: una anciana con una verruga en la cara y un sombrero de pico, la panadera del barrio. ¿Qué quieres, niño?, me preguntó con una mueca que parecía expresar algo como “si vienes a importunar, te hiervo en aceite” o algo así, haciendo honor a su apariencia. Parecía la bruja de los cuentos y me daba un repelús que no te puedes ni imaginar; bueno, a mi edad era de lo más normal que me diera un poco de miedo, ¿no?

  Mi madre me había enviado allí a recoger una tarta y para invitar a su nieta a mi cumpleaños; debía ser la niña de la ventana. Iba a mi colegio, a la clase B. Yo era de la A y apenas la conocía. Solo sabía que era una niña rara, o eso decían. La apestada. Nadie se juntaba con ella y mi madre quiso invitarla porque decía que si fuera yo, no le gustaría que me pasara lo mismo. Ni a mí tampoco, pero también tenía miedo de que me dieran de lado si venía a mi fiesta. Solo por su nombre, ya nadie le veía como una niña normal: Clotilda. Le llamaban «Cloti, la Tonti», o «la Tonti» a secas; y a veces incluso a los propios maestros se les escapaba y usaban el segundo apodo para dirigirse a ella. Aunque no estaba seguro, el caso es que estaba allí y no tenía más remedio que invitarla a pesar de que podía perder mi reputación convirtiéndome en otro apestado. Lo peor sería mi nombre: Federico. Los niños de antes ya estaban demasiado espabilados para su edad y podía imaginar mi apodo: Fede el cara pene, o algo parecido.

  Mientras volvía a mi casa con la tarta, percibí cómo alguien me seguía y me giré para ver de quien se trataba. Era Clotilda, ni «Cloti, la Tonti», ni «la Tonti» a secas; para mí simplemente era Clotilda. No era mi amiga, pero eso tampoco me daba derecho a humillarle y le trataba como a cualquier otra persona. En realidad no era fea, pero el nombre había arruinado en cierta manera su vida y solo yo le saludaba a veces porque me daba lástima. “La vida es una puta mierda”, mascullé.

  —Hola, Fede. —El cara pene, pensé—. Te he escuchado y no deberías culpar a la vida, sino a la maldad de las personas. La vida es de por sí maravillosa, o eso dice mi abuela.

  —Supongo que tu abuela tiene razón. Por cierto, ella da un miedo...

  —No le hagas caso, le gusta asustar en broma a los niños. Gracias por invitarme. Sé que es cosa de tu madre, pero no me importa —dijo, sonrió y volvió sobre sus pasos.

  A las seis de la tarde, y como anunciaba las tarjetas de invitación, mis amigos del barrio y Clotilda se presentaron en mi casa. Mientras todos reían y corrían, Clotilda se quedó en un rincón, sentada y con las cabeza sobre las rodillas porque nadie quería jugar con ella. Me senté a su lado sin importarme los demás y estuve un rato a su lado, hasta que los otros niños vinieron y casi me obligaron a ir con ellos sin siquiera dejarme que le dijera algo a Clotilda, aunque en realidad no habría sabido el qué. Ella me miró y entendí que no le importaba porque ya estaba acostumbrada a estar sola. Podría haberme quedado, pero no lo hice y me sentí mal; al principio, claro. Luego... ya se sabe cómo son los niños: en cuanto encuentran un divertimiento nuevo se olvidan de ese juguete que tenían antes. No sé si es un buen ejemplo, pero yo me entiendo. Pasó una hora -quizá algo más- hasta que mi madre debió darse cuenta y nos obligó a incluir a Cloti en nuestros juegos. Clotilda. A mi no me importó, pero al resto, por su gesto serio, parecían no estar muy satisfechos y se mostraban indiferentes, cuasi antipáticos. Sin embargo, eso cambió cuando Clotilda abrió una mano con una moneda de plata y, mediante juegos, la hizo desaparecer como si nunca hubiera estado ahí. Volvió a aparecer de nuevo en el bolsillo de mi pantalón y nos dejó a todos con la boca abierta. Deseábamos más trucos como aquel. A modo de broma, me atreví a decir: «Cloti, la maga de las magas» y todo se rieron y le jalearon de tal manera que me sorprendió, pues no parecía una burla como aquellas a las que le sometían en el colegio.

  Mi madre nos llamó a tomar la merienda y nos sentamos a la mesa. Reímos, nos tiramos comida y también jugamos unas partidas con la GameBoy que mis padres me habían regalado por mi cumpleaños. Era un juego en 2-D de Star Wars en blanco y negro, el primero y único que he tenido. Así pasamos un rato más, hasta que poco a poco se fueron marchando y me quedé solo en la mesa sin poder apartar la vista de la GameBoy. Tan concentrado estaba que ni me despedí, ni siquiera cuando Clotilda se acerco y me dijo «te acordarás de este día durante el resto de tu vida» me inmuté. Continué allí mientras mi madre limpiaba la mesa y me miraba plantada al otro lado para ver si me daba cuenta de que debía ayudarla. Sí, me di cuenta, pero no me levanté, no hasta que la consola despareció de mis manos casi como la moneda de Clotilda. Suspiré, miré uno de los bolsillos del pantalón de mi madre y entonces dije: «el truco de Clotilda era mejor». Ambos rompimos a reír y yo aproveché para intentarlo:

  —¿Me la devuelves ya?

  —Anda, no seas granuja. Por hoy ya has tenido suficiente, limpiemos la mesa y luego te vas a la cama.  

  Cuando me desperté por la mañana, la moneda reposaba reluciente sobre la mesita de noche y la cogí para intentar imitar el fascinante truco de Clotilda; aunque no conseguí nada, porque no se trataba de intentarlo, sino de saber cómo lo hacía. La dejé de nuevo donde estaba y fui al cuarto de baño para asearme un poco antes de salir a la calle, pero mi madre me interrumpió antes de que pudiera entrar:

  —Recuerda que tienes que ir a casa de la panadera, y no te olvides de invitar a su nieta.

  —¿Qué? No te entiendo, mamá. ¿Es una broma?

 

PARTE 2: EL VAGABUNDO DEL PARQUE

En principio mi padre me iba a llevar a la playa, pero como el cielo estaba nublado y auguraba una tarde de lluvia, decidió posponer el viaje para otro día y me tuve que conformar con ir al parque de debajo de mi casa. Columpios por agua, no era lo mismo, pero suficiente para mí, porque era de esos niños que se divierten hasta con un mondadientes. Una vez allí, vi a un anciano harapiento sentado en uno de mis columpios preferidos y me dio tanta pena que le pregunté a mi padre si podía darle unas monedas para que se comprara algo de comer. Al principio no quiso hacerlo, pero como le insistí varias veces -y soy bueno para eso- conseguí convencerle. Depositó unas cuantas monedas sobre un paltillo que reposaba vacío sobre el suelo y el anciano nos dio las gracias; luego entabló conversación con nosotros:

  —¿A que no adivinas cuantos años tengo, pequeño?

  —No sé, ¿ochenta?

  —Sí y no.

  —¿Cómo que sí y no? O se tienen o no se tienen —dijo mi padre, frunció el ceño ante el singular comentario y me asió con firmeza de la mano, pues recelaba de las intenciones del anciano—.Yo tengo treinta y ocho años, ni treinta y siete, ni treinta y nueve. 

  —No le entiendo, señor —añadí.

  —Aunque no lo parezca, tengo diez años o algo más de setenta y cinco, según se mire. Los he cumplido hoy mismo y tengo apuntados los 27500 días que llevo atrapado en el tiempo con un cumpleaños que no ha dejado de repetirse una y otra vez, pero lo curioso ha sido que yo he seguido envejeciendo. Una cosa: ¿quieres una moneda que tengo a cambio de vuestro dinero?  

—¿Esta loco? —preguntó mi padre.

—Sí, hace tiempo mi cabeza ya no es la misma. El tiempo... en realidad no ha pasado, ¿o sí? ¿Es esto una especie de paradoja? Bueno, que me desvío de la conversación: ¿y quién no iba a perder la cordura viviendo el mismo día 27500 veces o lo que es lo mismo, más de setenta y cinco años? Intenté el suicidió en más de una ocasión, pero... ¡sorpresa! vuelta a empezar. Harto de que mis padres me llevaran a cientos de doctores para que estudiaran mi caso por ir envejeciendo misteriosamente, escapé de casa y aquí estoy ahora, pensando en que, como el día se va a volver a repetir haga lo que haga, ¿por qué no robar, romper o matar a alguien? No sé, algo que me divierta. Podría empezar por vosotros o... O por Cloti, ese pequeño demonio... Sí, creo que empezaré por ella. Además, quizá así se deshaga esta maldición o lo que sea —dijo, se frotó las manos y rompió a reír de manera tan estridente y dantesca, que mi madre y yo nos alejamos de allí sorprendidos y asustados con la certeza de que aquel hombre no estaba en su sano juicio. 

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Comentarios
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  • Fantástico, de buen rollo, fácil de leer. Me gustó. Saludos
    Gracias a todos por leer, valorar y comentar. En este texto creo que en la primera parte le vendría bien un desarrollo más a amplio para ver lo que le pasa cada día repetido y cómo se comporta el protagonista cada vez. Puede que algún día escriba esa parte, saludos.
    Excelente texto Martín. Coincido con Omar respecto a que la primera parte me enganchó más que la segunda...un abrazo... :)
    Como siempre, me gusta leer lo que escribes, Martín. Aunque en este caso, la primera parte más que la segunda. Me satisface ver que aunque escribes improvisando, tu ritmo de prosa avanza de una manera segura, fluida y natural. Sin vacíos ni incoherencias. Creo que te estás desarrollando bien en este aspecto, y te felicito por eso. Solo extrañaría un poco más de "maldad" en tus textos. Espero que sigas publicando más seguido. Un abrazo, colega. Nos leemos.
    Una maldición y tanto! Buen relato.
    Gracias por tu comentario Relato con un ritmo envolvente y sugestivo. El eterno retorno está presente. Saludos
    ¡Buagg! Me has atrapado de que manera, Martín. Es esplendido, todo muy bien narrado, bien escrito, goza también de muy buen ritmo. Gracias una vez más por compartirnos de lo que escribes. Un abrazo desde el norte de América del Sur!
    bárbaro relato escribiste , fluido y de fácil lectura
    Cuando tenga más tiempo os voy leyendo, gracias. : )
  • Se me ha ocurrido este texto. Los que sean de España lo entenderán mejor ; ) Saludos.

    Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir algún fallo o incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir y adaptar el texto.

    El grupo perfecto para los amantes de la literatura. Cada día intentaré publicar este texto borrando el anterior.

    Pequeña poesía. También la tengo en comunidad tus relatos de Facebook, por si la veis ahí. Espero que os guste ; ) Saludos.

    Relato de mi anterior cuenta. Espero que os guste ; ) saludos.

    Pequeña poesía. También la tengo publicada en la pagina comunidad tus relatos de Facebook por si la veis ahí. Espero que os guste ; ) saludos.

    Siento no poder contar más de esta historia. Quizá algún día pueda ir publicando más cosas, con el permiso de ella, claro. Espero que os divierta ; ) saludos

    Es un ejercicio de plagio de un texto para ver quien lo hacía mejor en el grupo de escritores del que ya he hablado. ENLACE AL GRUPO (TELEGRAM) OS INVITO A PARTICIPAR: https://t.me/joinchat/IMfi-RJPkyOfZU0_vBfIdA) Quería un reto y elegí una poesía del gran Lope de Vega. Fue difícil y al final no creo que se parezcan casi en nada, pero lo intenté. Aquí dejo el enlace a la poesía de Lope: https://www.poemas-del-alma.com/lope-de-vega-a-una-rosa.htm

    Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir algún fallo o incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir y adaptar el texto.

    Relato presentado en un grupo de escritores en el que debía usarse una imagen entre cuatro opciones; yo usé la de un faro. Espero que os guste ; ) saludos. ENLACE AL GRUPO (TELEGRAM) OS OS INVITO A PARTICIPAR: https://t.me/joinchat/IMfi-RJPkyOfZU0_vBfIdA

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