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8 min
LA MEMORIA HISTÓRICA 1
Históricos |
30.04.20
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Sinopsis

En España, debido a la terrible pandemia que se ha desatado y que se ha cobrado muchas vidas de las personas de edad avanzada, la memoría histórica está en vías de desaparecer. Este relato pretende contemplar a dicha memoria ya que constituye el legado cultural del que hemos partido todos nosotros. Aunque es posible que a muchos jóvenes les parecerá que están visitando un extraño planeta.

La señora Carmen Valls que era una ama de casa de cuarenta y cinco años coincidió con su amiga del barrio de Barcelona en el que vivía llamada Pilar Qusada, la cual era una mujer aproximadamente de su misma edad en el bautizo de un niño cuya madre era a su vez una sobrina de ésta.

Y en medio del almuerzo que se celebró en un restaurante de la ciudad a mediados de los años 50 del siglo pasado, Carmen le dijo a su amiga:

- Oye. ¿Te has enterado de lo que le ha sucedido a la pobre familia Miravet?

- Sí. Algo he oído - respondió Pilar con una expresión desdeñosa-. Y no me lo puedo creer. La hija Aurora, esa chica que parecía que nunca había roto un plato, dicen que se ha quedado embarazada de un joven con el que salía.

- Pues ya te puedes imaginar el gran disgusto que tendrán sus padres. Esta pareja deberá de casarse cuánto antes. Porque figúrate tú que si él se echa para atrás y abandona a la chica, ella será una madre soltera y todo el  mundo la señalará con el dedo. Será una vergüenza para la familia.

- Claro. Pero no creo que ésto llegue a pasar. Por lo que he oído este chico llamado Cosme es muy formal. No es ni mujeriego, ni bebedor, ni jugador.

- Mejor así. Y Aurora trabaja ¿no? - expresó la señora Carmen Valls.

- Sí. Está empleada en una pastelería del centro de Barcelona.

- Pues cuando se case tendrá que dejar de trabajar para cuidarse de la casa y del hijo.

- Naturalmente. Pero lo malo es que él no gana mucho dinero, no.

- ¿A qué se dedica?

-¡Bah! Es un chupatintas de una empresa que fabrica ropa interior femenina.

- Pues que lástima. Aurora con lo guapita que es, bien podría haber elegido a un "buen partido" que la llevase en bandeja.

- Y tanto que sí. Pero ya ves.

Es una soberana mentira que si en los años 50 habían mujeres que trabajaban en lo que fuera lo hiciesen para emanciparse de la opresión de los hombres; o del padre, como pretenden hacernos creer los partidos políticos de izquierdas. Si muchas de ellas entraban en el Mercado Laboral era para ayudar a la débil economía familiar; aunque la inmensa mayoría de estas damas suspiraban por hallar a un "príncipe azul"; a un hombre adinerado o con posibilidades de serlo, que las rescatase de la pesada rutina del trabajo y de la penuria familiar en la que se veían inmersas. La costumbre era que tan pronto como la  fémina se casaba, ésta tenía que dejar de trabajar para ser una buena ama de casa, y ellas lo aceptaban de muy buen grado. Incluso habían algunas señoritas de la clase media, que al terminar sus Estudios ni se molestaban en ganarse el pan con el sudor de su frente e iban directamente en busca de este mirlo blanco, a ser posible que fuese un "ministrillo" - según decían ellas.

Efectivamente el tal Cosme García que era el sujeto que había dejado embarazada a la hija de la familia Miravet no era ningún desaprensivo sino que era un hombre cabal por lo que enseguida se hizo cargo de la comprometida situación en la que había dejado a la joven y se casó a toda prisa con ella, sobre todo para acallar las habladurías de la gente del barrio. Pues la virginidad de una mujer que era lo mismo que su honorabilidad y por tanto era sagrada,a menos que se fuese una "media virtud" - hoy en día diríamos una mujer liberada de prejuicios-, o una cualquiera no se debía de poner nunca en entredicho.

Precisamente en este mismo contexto sentimental cuando un joven se liaba con una mujer, al mes de salir con ella debía de subir a su casa "a dar la cara" para hablar con el padre y dar estabilidad a la relación. ¿Cuándo pensaba casarse con la hija? ¿Qué tal iba con sus estudios, o con su trabajo? - se le preguntaba al prometido sin ambagues.

- Mi padre dice que este domingo subas a casa a tomar el café - le anunciaba la novia a su galán mientras paseaban por la calle.

- ¡Ah...! ¿Pero no es demasiado pronto para eso? - respondía contrariado el novio.

- Si me quieres sube a hablar con él, anda - presionaba la niña.

- Bueno... Está bien. Lo haré -  aceptaba el novio a regañadientes.

Pero como se ha dicho que Cosme no gozaba de una situación económica demasiado boyante que le permitise alquilar un piso decente, la pareja no tuvo más remedio que irse a vivir con la madre de éste que era una mujer viuda, la cual ya era algo mayor de edad. Y como ellos habían otros tantos con el mismo problema.

De hecho habían bastantes parejas de enamorados que tratando de ahorrar un pequeño capital para encontrar un piso en buenas condiciones en el que vivir, podían estar festejando durante varios meses o incluso años. ¿Entonces cómo solucionaban sus necesidades eróticas si no podían acostarse juntos antes de estar casados? Siempre había una solución intermedia que era la mansturbación, la cual solía practicarse en las últimas filas de los cines de reestreno, por lo que claro está ellos apenas se enteraban de lo que aparecía en la pantalla; aunque el varón de vez en cuando iba a visitar a las "mujeres de mala vida" en el Barrio Chino de la ciudad, quienes podían enseñarle algo sorprendente.

Al cabo de poco tiempo de vivir el matrimonio García en el mismo habitáculo que la madre de Cosme, inevitablemente por un pequeño incidente que se produjo en la cocina un día a la hora del desayuno, surgieron agrias fricciones entre Aurora y su suegra. La madre de Cosme sentía celos de su nuera. No podía soportar que su amado hijo, ese calzonazos, se dejase subyugar por aquella niñata que no sabía ni freir un huevo como Dios manda, y que ella quedase relegada en un segundo plano. ¡Y eso en su propia casa! Pero como Aurora era mucho más locuaz que la madre de su marido, y además la asistía su legimitividad como esposa del hijo, la suegra se tenía que morder la lengua más de una vez.

- ¡No, si al final me vais a matar a disgustos! ¡Voy a tener un ataque al corazón por culpa vuestra y sufriréis remordimientos de conciencia toda vuestra vida! - clamaba histriónicamenete la madre de Cosme para suscitar un infundado sentimiento de culpabilidad a aquellos jóvenes tan desagradecidos para someterlos a su voluntad.

Mas si el marido de Aurora trataba de poner paz entre las dos mujeres, aún era peor porque en el acto ellas hacían un frente común para amonestar al intruso que se había entrometido en el terreno femenino. "¡Tú no me defiendes!" - le gritaba su mujer echa una furia -. "¡Yo que te he cuidado siempre y así me lo pagas!" - le reprochaba su airada madre.

Así que lo más conveniente era dejarlas estar, y que ellas se apañasen ya que la sangre nunca llegaba al río.

No obstante en medio de aquellas tensiones familiares predominaba en la sociedd una rígida moralidad puritana; un sistema tradicional que emanaba del poder eclesiástico que a su vez estaba sustentado por el régimen político. Era lo que se llamaba un Estado Confesional, el cual no era nada nuevo sino que venía de antes de la Guerra Civil, y que la población había asumido sin discusión. Pues de este modelo grandilocuente y tradicional se desprendía un temor reverencial hacia la autoridad del padre de familia y de la jerarquía dominante... al menos en teoría. Se podía maldecir en privado al Gobierno, pero paradógicamente casi todo el mundo se dejaba influir por aquel austero sistema que se consideraba que era el garante de las "buenas costumbres".

Así el tema sexual era tabú. Se decía que dicho tema era algo sucio, indecente y de "mal gusto". Y si por ejemplo en un matrimonio surgía ,algún problema de esta índole, se hablaba veladamente de él, se daba a entender y se le abordaba con eufemismos.

 

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