cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

17 min
La mirada vacía 2 de 7
Suspense |
01.04.13
  • 4
  • 11
  • 3608
Sinopsis

Aquí os traigo la segunda parte de esta saga de siete. Espero que la disfrutéis.

    Para la Carioca era hora de echar el cierre. Se despidió con un beso en la mejilla, distinto a los que se daban cuando se iban o volvían de vacaciones. Además, ella nunca le besaba cuando salía o entraba de su local. Pero ya tendría tiempo de reflexionar sobre su significado, ahora sentía el cosquilleo agitándole por dentro, debía volver a la taberna irlandesa y remover las fotografías, hasta encontrar algún cabo del que poder tirar.

    Localizó a todos durante la semana siguiente. El camarero era un joven moreno de ascendencia rumana y criado en Villaverde. Se llamaba Hagi y recordaba haber visto llegar a Sasha aquella noche acompañada de su amiga Carmen, luciendo una preciosa cabellera rubia que enmarcaba un lindo rostro de limpios ojos azules resaltados con un poco de lápiz negro y unos carnosos labios pintados de rosa que brillaban bajo las luces indirectas de la taberna, vestida con un top negro que le llegaba justo hasta el ombligo y una minifalda amarilla bajo la que asomaban unas piernas preciosas. Y la recordaba tan nítidamente porque no le había quitado ojo en toda la noche, incluso le propuso quedar al finalizar su turno, pero ella se había negado y cuando él insistió le contestó con una sonrisa que estaba comprometida. Según Hagi, aparte de las personas que mostraban las fotografías no vio a nadie más acercarse a Sasha. Al filo de las cuatro y media vio que hablaba por el móvil, cuando ya se había quedado sola, pero con el jaleo de la barra no pudo escuchar lo que decía. Cuando terminó la conversación pagó la consumición que adeudaba y se marchó.

    La camarera, la misma que le sirviera la Guinnes cuando estuvo allí con Galo, le había prestado menos atención a Sasha, aunque intercambió unas frases con ella para preguntarle donde había comprado la minifalda. Recordaba vagamente haberla visto acompañada pero no prestó atención y solo le sonaba Abril, la motera, una habitual del local. Que ya había contado lo mismo en dos ocasiones a la policía y que insistiendo no iban a conseguir que recordará más, que la dejaran tranquila. Un exabrupto que no venía a cuento, concluyó Javier encogiéndose de hombros mientras ella se alejaba para atender a otros clientes, sin duda la había pillado en mal momento.

    El amigo común de Sasha y Carmen aportó algo más de jugo. Alberto reconoció de primeras que mantenía una relación con Sasha, se entendían bastante bien en la cama y aunque sus encuentros eran discontinuos siempre terminaban encontrando, en las alegrías o en las penas, motivos para terminar retozando juntos. Javier le preguntó si pensaba que ella pudiera estar enamorada, pero la respuesta que recibió fue tajante: No, ninguno estaba enamorado del otro. De hecho cuando alguno de los dos iniciaba una relación de carácter más profundo la relación sexual desaparecía, explicó Alberto, como reprochándole el que no entendiera que dos amigos pudieran tener sexo por el mero placer de tenerlo. Javier comprendía el concepto de amigos con derecho a roce, de hecho su ex parecía ejercitarlo con asiduidad últimamente. No sabía si era un signo de madurez o de inmadurez,  de frialdad emocional o de confusión, pero en cualquier caso una realidad tangible. Como perro viejo dudaba que Sasha volviera una y otra vez a los brazos de su amigo sin sentir nada por él, interpretó que la visión de él era sesgada y adaptada a su conveniencia, ella no estaba para confirmarlo o desmentirlo. Hubiera sido el candidato ideal para sospechoso de no ser porque disponía de una coartada a prueba de bombas, en una discoteca de esas abiertas hasta el amanecer donde le reconocieron empleados y amigos, además de una morenita de oficio peluquera en cuyo piso, que compartía con dos amigas que también lo corroboraron, terminaron follando. Por si acaso le preguntó si había alguien especial al que Sasha hubiera conocido. Nones. Así que nada de nada. Pero antes de marcharse de la taberna irlandesa se la había presentado a su amiga Abril, la motera, la última persona con quien se la vio aquella noche.

    —No coincidió con ella hasta tres días después, un viernes por la noche. Lo primero que le sorprendió fue su edad, sin duda más de treinta, no pertenecía a la generación de Sasha y Alberto. Su aspecto también le impresionó, morena de pelo ondulado con inmensos ojos pardos, de cuerpo proporcionado asentado sobre deliciosas caderas y largas piernas embutidas en medias de tupida rejilla negra y botas de caña alta a juego, insinuada bajo un vestido corto en seda azul que dejaba asomar los hombros. Por los saludos se deducía que era cliente habitual, por las miradas que levantaba el deseo a su paso, y por su atuendo que se divertía provocando. Javier la entró con un poco de reparo, ocultando a duras penas su fascinación y temiendo que le interpretara mal.

    —Hola, perdona que te moleste, pero quería hacerte unas preguntas. Es sobre Sasha, la chica desaparecida. Si no te importa.

    Ella había pedido una Guinnes.

    — ¿Eres policía? Ya he contado lo que sé a tus colegas.

    Su tono de voz era cálido, afectuoso, no se correspondía con su mirada, que a pesar de ser hermosa se mostraba distante.

    —No, soy un amigo de la familia. Estoy verificando las informaciones de la policía, para tranquilidad de sus padres. ¿Podrías dedicarme unos minutos?

    —Por supuesto, no hay problema. Ven, sentémonos a una mesa. ¿Qué quieres tomar?

    —Lo mismo que tú.

    — ¡Hagi, llévanos otra media pinta a la mesa!

    Se mostró locuaz y contestó a todas sus preguntas sin ambages. Compartía con Alberto la afición por las motos, de eso le conocía, aunque no frecuentaban los mismo círculos, aparte de coincidir de vez en cuando en El Clan de los Dublineses. Cuando le saludó al pasar a su lado la noche que desapareció Sasha este se la presentó. Se quedó charlando con ellos y, como no, el tema de conversación giró en torno a los locos moteros y sus veloces cacharros, la princesita rubia hizo de comparsa asintiendo de vez en cuando, su entusiasmo no iba más allá de admirar las máquinas por su estética y hacer de paquete en la moto de su amigo. Al dejarlas Alberto la conversación se fue difuminando en un mutuo y convencional interés por sus vidas privadas, trabajas o estudias, Sasha que si empezaba primero de medicina tras el verano, Abril que si ejercía de directora de recursos humanos en una agencia de transportes, y tengo que irme, ya nos veremos, nos damos un telefonazo y quedamos, Abril que se aleja luciendo su melena morena y su cuerpo serrano y Sasha que se queda sola esperando a su amiga hasta que recibe la fatídica llamada previa a su desaparición. Punto y ni idea.

    Una mujer inquietante, un discurso envolvente y un enigma colgando en el aire. Miel para las moscas, decidió Javier. Como uno de esos abismos imposibles de resistir. Ella propició la posibilidad de volver a encontrarse antes despedirse, tarjeta por medio, aunque sin concretar nada.

    Abandonó la taberna cual pajarillo que se libera del hipnotismo de la serpiente. La próxima en la lista era Carmen, la amiga, por su proximidad hacia Sasha era la que se suponía que podía aportar los datos más valiosos. Javier se molestó en desplazarse hasta su domicilio, aunque mientras concertaba la cita ya intuyó que iba a sacar poco o nada del encuentro. Carmen resultó completamente diferente a su amiga. Menuda, inquieta, un remolino de nervios le impelía a mover continuamente alguna parte de su cuerpo. Su actitud, desafiante. Nadie especial en la vida de Sasha, si lo hubiese habido ella lo sabría, los mismos amigos de siempre y nadie diferente en las últimas semanas. Javier quiso indagar sobre las fotografías del ordenador, quién podía verlas. Solo los amigos, contestó, estaban en una carpeta, no en ninguna página web ni en ninguna red social, las que compartían en el “face” eran inocuas, las otras eran solo para los amigos.

    Con las “otras” te refieres a esas en las que estáis con ropa fresquita…

    ¿Una mueca burlona o una sonrisa torcida?

    —Sí, esas.

    —Sé que las tiene la policía. No quiero verlas, no te preocupes. ¿Pero cómo de fresquitas estáis? Quizás algún hacker se encaprichó al verlas, ya sabes lo que ocurre con la red, que les cierras la puerta y se inventan una ventana.

    Eso sí lo comprendió.

    —Pues nada especial, en camiseta y braguitas, menos que en la piscina. Para los mirones hay cosas mucho más atrevidas pululando por la red.

    No tenía por qué ser un mirón, pero si alguien afectado por algún trastorno de la personalidad. Galo aseguraba que los discos duros habían sido examinados por los especialistas sin encontrar nada, ¿pero y si tenía la habilidad de borrar sus huellas? Hablaría con Carlos, para que recuperara los discos duros, quería una segunda opinión sobre ellos: recurriría a un hacker. Un diseñador gráfico con el que había colaborado aseguraba conocer a uno muy bueno. Por último sacó a relucir el tema de las drogas. Que para nada, ella aún fumaba algún canuto ocasional, pero Sasha ni eso, las copas del fin de semana era todo lo que tomaba. Se despidió de Carmen advirtiéndola que posiblemente tuviera que hacerle más preguntas. La chica dijo que bueno, aunque sin perder su actitud desafiante.

    Recaló en su despacho para dar los últimos retoques a la portada en la que trabajaba y de paso de desahogó revelándole a la Carioca la información obtenida durante aquellos días, que si en principio no resolvía nada al menos servía para ir conformando el puzle. Tocó de refilón su encuentro con Abril, en especial lo referente a su edad y aspecto, omitiendo el detalle de la tarjeta. Pero la Carioca poseía una inteligencia despierta y supo que algo no terminaba de encajar, la minuciosidad con que Javier describía las entrevistas se difuminaba al referirse a aquella mujer. No sabía la causa ni era su intención presionarle, terminaría por explicarse cuando llegara el momento. No se atrevió a besarle, aunque lo deseaba, quería definir su relación en un sentido o en otro, consciente de la atracción que ambos sentían. Sí que le invitó con su mirada a que se decidiera, a que la tomara allí mismo entre sus brazos y la comiera a besos, pero él parecía estar en otra parte. Javier no llegó a percibir la brusquedad de su despedida, absorto en sus cavilaciones.

    Ese sábado pasó a recoger a su hijo Daniel por la mañana temprano. Aún dormía, de manera que mató el rato charlando con Marisa. En algún momento ella alargó el brazo y le acarició el rostro.

    —Qué pena que dejaras de quererme.

    Pretendía seguir hablando, pero él no la dejó. En realidad trataba de controlar el arrebato de ira, no era justo. Le había ignorado a raíz del nacimiento de Daniel, centrando toda su atención en el niño. Y cuando se dio cuenta de que lo estaba perdiendo y quiso reaccionar la magia se había quebrado. Los dos eran culpables, prefirieron rumiar sus frustraciones y dejaron de comunicarse. A que removerlo ahora, cuando tras el trauma del divorcio habían alcanzado un entendimiento que salvó parte de su amistad. Se excusó diciendo que había olvidado algo en el coche, intuía en que podía acabar todo aquello y temía que salieran a luz los reproches. Marisa lo dejo ir con una mirada triste. Mientras bajaba las escaleras se preguntó si no se habría precipitado, quizás ella solo pretendía desahogarse. Los celos, a pesar del divorcio, le hacían suponer que había emprendido una especie de carrera por coleccionar amigos con derecho a roce, pero la amistad entre ambos aún arrastraba los flecos de la separación y no era tan íntima como para tocar esos temas tan personales. ¿Había sido aquel gesto una petición de socorro? No sabía si estaba preparado para afrontar una situación como esa, pero era consciente de que Marisa tenía todas las papeletas para caer en un estado depresivo. No, no podía ignorarla, pero tampoco le convenía precipitarse, reflexionaría y la daría pie a que se explayara al sábado siguiente. Mientras tantearía a su hijo, quizás él supiera algo.

    Una idea desafortunada porque la jodida adolescencia no le permitía ver más allá de sus narices, acabaron discutiendo durante la comida por culpa de las notas, la medía había bajado escandalosamente y donde antes leía notables ahora asomaban suficientes. La reacción de Daniel fue mala, que no se metiera en su vida, que él sabía lo que se hacía, palabras vanas para disculpar su desidia. Finalmente se montó la bronca y su hijo le dejó plantado durante el postre. No, aquel no era su día. La papelería de la Carioca cerraba el sábado por la tarde, de manera que por esa parte nada que hacer. Y no le apetecía irse a casa, a pesar de haber pasado dos años desde el divorcio no terminaba de acostumbrarse a vivir solo. El Clan de los Irlandeses parecía una buena opción, quizás encontrara otra pieza del puzle. Y para que engañarse, el pajarillo añoraba a la serpiente.

 

    Mientras saboreaba su Guinnes trató de ordenar todo lo que sabía sobre la desaparición de Sasha. La presencia de su rostro en la televisión y en la prensa se había diluido dando paso a nuevas noticias, después de todo el cuerpo no había aparecido y sin cadáver se perdía el morbo que movía a la prensa. No era gran cosa una desaparición. Otra gallo hubiera cantado si existiese un asesino confeso, rastros de un vestido roto o algún testigo que la hubiese visto en compañía de un indeseable; en resumen, algo de carnaza. Sabía que Galo se encargaba de que de vez en cuando se filtrara un chivatazo a la prensa, para renovar el interés y que su imagen continuara apareciendo en la pantalla, por si saltaba la liebre, pero aquel ardid ya se había utilizado antes y los periodistas se las sabían todas. Javier intentaba pensar en positivo, puesto que no existía cuerpo del delito, pero sin el apoyo mediático las posibilidades de encontrar a Sasha descendían drásticamente. Al menos la policía, espoleada por Galo, no cejaría en su empeño. Una idea no dejaba de rondarle: la posibilidad de que hubiera sido raptada era casi nula. No en el Barrio de Las Letras, en una noche de fin de semana, incluso aunque la taberna ocupase una posición periférica entre los garitos de Huertas. Sasha habría gritado, alguien la hubiese oído, a esas horas del sábado pasaría gente por la calle. ¿Un violador en una zona tan transitada? Demasiado arriesgado, no tenía sentido. Una persona tuvo que pasar a por ella. Su foto había circulado entre los taxistas y ninguno la había reconocido, tampoco los conductores del Buho, y no quedaban más posibilidades porque el metro estaba cerrado y a nadie se le ocurre hacer autoestop en el centro de la ciudad. Por fuerza tenían que haberla recogido y ese mismo hecho apuntaba hacia un conocido, no quedaba otra. Alguien en quien confiaba. Hablaría con Galo, alguna de las coartadas tenía por fuerza que ser falsa. O si no, algo se les había pasado por alto.

    Un fulgor carmesí le deslumbró.

    — ¿Puedo sentarme?

    Era ella, ataviada con un vestido rojo de látex con tirantes que le llegaba por encima de la rodilla, pegado a su cuerpo como una segunda piel. Calzaba zapatos blancos de tacón. Un pequeño bolso a juego colgaba de su antebrazo y en una mano sujetaba una botella de Desperados y en la otra una jarra de cerámica.

    —Pues claro, toma asiento.

    Sobre Abril convergían buena parte de las miradas masculinas de la taberna, como era costumbre, lo que hacía que Javier se sintiera incómodo.

    — ¿Vas con ese traje en la moto? Provocarás accidentes.

    Ella sonrió, complacida.

    —La moto es para los días que tomo zumo. Ya sabes, si bebes no conduzcas. ¿Sabéis algo de Sasha?

    Se había sentado a su lado y Javier tuvo que ladearse para encararla.

    —De momento nada nuevo, y van pasando las semanas.

    Ella vertió la cerveza aromatizada con tequila sobre la jarra y le dio un trago.

    —Así que no aparece ni muerta ni viva.

    —Al menos no aparece muerta, no perdemos la esperanza —dijo Javier.

    Al sentarse, el vestido de Abril se había subido mostrando gran parte de sus muslos. Javier intentaba mirarla a sus bellos ojos pardos, pero de vez en cuando desviaba la vista hacia abajo.

    — ¿Pero tú qué eres, el abogado de la familia?

    —Solo intento ayudar. Conozco al padre de Sasha desde que éramos críos y tengo un amigo en la policía que me tiene al tanto de la investigación. Ellos husmean por un lado, yo por otro, y luego contrastamos la información.

    No era del todo cierto pero se le parecía bastante, al menos en lo que concernía a Galo.

    — ¿Pero a qué te dedicas? ¿Eres detective?

    Risas de Javier.

    — ¡Que va! Soy diseñador gráfico. Oye, ¿y qué moto tienes?

    Quería cambiar de tercio, no estaba allí para ofrecer información sino para conseguirla. Resultó que ella montaba una Harley, la Dyna Iow Rider. Javier no era un apasionado de las motos, de hecho nunca había tenido ninguna y solo había montado de paquete ocasionalmente, la mayor parte de las veces cuando era pequeño, en la Lambretta de su hermano. Pero se había criado en el mismo barrio que Ángel Nieto, el campeón de los doce títulos más uno, y desde que se acercara a su casa de Pedro Laborde para que su madre, muy ufana, le diera un par de fotografías firmadas, había seguido todos los años las peripecias del mundial de motociclismo.

    —Así que te gustan las carreras —observó Abril—. A primeros de Octubre corren en Estoril, podíamos ir juntos.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y http://ee-ender.blogspot.com.es/

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Me atraen las dicotomías, Abril-Sasha. La descripción de las ropas son certeras, amigo; a mi me apasionan. A mi me cuesta meter en los diálogos expresiones cotidianas, tú lo logras. Hay una frase. "Tú fulgor carmesí", que me ha dado una idea para escribir algo, te la pediría como regalo si yo tuviese más arrojo. Un saludo
    Ummm... esta Abril.. ¡qué directa! Y la pobre Carioca se ha tenido que "mojar las ganas en el café". Muy bien, me está gustando!
    muy buena historia, estaremos al pendiente para cuando publiques los siguientes 5 capitulos :)
    Hombre ¿y Sasha? Javier no avanza nada y se la pierde en elucubraciones... ¡Claro que con una distracción como Abril no hay forma humana de culpar al protagonista! Un escrito fascinante como todos los tuyos Ender, sigo leyendo para saber más de nuestra esfumada Sasha
    Abril, una nueva musa. ¿ Cómo puede centrarse Javier entre tanta belleza? sigo enganchado por respeto a Sasha aunque el deseo vaya por otro ;)
    ¡Ah! Usted perdone entonces :-)
    No, amets, aquel relato fue la base de este.
    Me sorprende que esta ¿novela? tuya sea uno de tus escritos antiguos, tal y como comentas en la sinopsis del primer capítulo, pues muestras una madurez narrativa que incluso supera por momentos a alguno de tus relatos posteriores. Las deducciones psicológicas sobre la desaparecida a las que nuestro "detective, va llegando, son dignas de los grandes novelistas. Eso sí, y perdona el apunte, se me hace un poco larga la espera, entre tanta descripción "situacionista" de algún chispazo de acción que rompa un poco la monotonía. Por lo demás, impecable.
    Me gusta
    Bueno, pues seguimos como al principio en lo que a noticias de Sasha se refiere. Aparecen tres nuevos personajes, Alberto, Carmen y Abril, y ésta última parece reclamar el mayor protagonismo. Desde luego si Javier sigue a este ritmo con una chica espectacular por capítulo, terminará con un auténtico harén, y encima preocupado por las correrías de su ex...No sé yo si se dispersará algo en su investigación...
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

  • 238
  • 4.55
  • 177

A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta